Rizoma y taxonomía

Haced rizoma y no raíz (Deleuze y Guatari)

No cabe duda de que nuestra especie es dimórfica, significa que hombres y mujeres nos diferenciamos no solo en nuestros genitales sino en nuestro tamaño, velocidad, fuerza y agresividad mayor en los machos que en las hembras. Evolutivamente hablando, estas diferencias señalan hacia nuestros orígenes ancestrales en una cuestión fundamental: procedemos de un linaje de simios donde la rivalidad entre los machos ha sido muy intensa, incluso feroz y es por eso que la evolución seleccionó positivamente esta diferencia sexual.

A cambio de esa rivalidad ancestral nosotros los machos hemos desarrollado mecanismos de inhibición de la misma: darse la mano, la lealtad, el compañerismo o la camaradería entre los hombres es la consecuencia de aquella primitiva rivalidad que se vio -a lo largo de la evolución de nuestra especie- modulada por estos inhibidores. ¿Pero qué pasó en el caso de las hembras de nuestra especie?

Las mujeres no necesitaron competir entre ellas y es por eso que no han desarrollado inhibidores específicos para la rivalidad intrasexual. A cambio desarrollaron cooperaciones rizomáticas, esto es ayuda y asistencia en aquellas situaciones que representaban una amenaza para ellas y no cabe duda de que el embarazo, el parto y el largo periodo de dependencia de los bebés de sus madres supuso en ambientes ancestrales una de las razones para que la cooperación de las mujeres entre sí, resultara más que necesaria, es por eso que en las hembras hablamos de aloparentalidad, es decir una forma de vinculo de ayuda que venía a imitar a la parentalidad real, cualquier mujer se siente interpelada a ayudar a otra en una situación de crianza en ambientes ancestrales. La primera comadrona fue sin duda una mujer y Artemisa fue la diosa que representaba esta cooperación.

Esta situación ha dado lugar a un desfase entre nuestras adaptaciones ancestrales y el mundo en el que vivimos hoy. Ya no es necesaria la concurrencia de todas las mujeres de la aldea para ayudar a una parturienta, pues por no haber ya no hay ni partos en aquellas condiciones. Ni en la crianza posterior tienen ya lugar alguno, las tías, como llamábamos en los pueblos antiguamente a las mujeres mayores, como si todos estuviéramos emparentados. La aloparentalidad es la única forma de cooperación que existe entre las mujeres, la sororidad de la que hablan algunas feministas, es imposible. Tienen razón algunos políticos cuando dicen que para criar a un niño es necesaria toda una aldea. Pero ya no hay aldeas y cada cual se las apaña con lo que puede, usualmente mujeres emparentadas con la parturienta. Las abuelas.

Lo que si existe hoy debido a los cambios sociales es una enorme rivalidad intrasexual femenina, es como si las mujeres hubieran tenido que optar -a fin de magnificar su descendencia (su fitness)- por aquella rivalidad ancestral entre los machos que hoy evidentemente ha languidecido por diversas razones siendo las evolutivas las más importantes. Pues recordémoslo, las mujeres no han desarrollado inhibidores de su rivalidad al contrario de los hombres. Hasta tal punto que algunos autores sospechan que ciertas enfermedades mentales de las adolescentes tienen que ver con esta rivalidad si lo entendemos como causa ancestral.

Otra de las derivadas de este dimorfismo es el tipo de pensamiento.El pensamiento masculino es vertical, jerárquico y el pensamiento femenino es horizontal o rizomático.

¿Qué es el rizoma?.-

Algunas plantas se desarrollan bajo tierra a través de brotes que pueden ramificarse en cualquier punto, así como engrosarse transformándose en un bulbo o tubérculo; el rizoma de la botánica, que puede funcionar como raíztallo o rama sin importar su posición en la figura de la planta, sirve para ejemplificar un sistema cognoscitivo en el que no hay puntos centrales —es decir, proposiciones o afirmaciones más fundamentales que otras— que se ramifiquen según categorías o procesos lógicos estrictos. El gengibre es un buen ejemplo de crecimiento rizomático, como puede verse no crece hacia arriba ni hacia abajo sino hacia los lados.

 Deleuze y Guattari sostienen lo que, la estructura del conocimiento no se deriva por medios lógicos de un conjunto de primeros principios, sino que se elabora simultáneamente desde todos los puntos bajo la influencia recíproca de las distintas observaciones y conceptualizaciones (Deleuze & Guattari 1980). Esto no implica que una estructura rizomática sea necesariamente lábil o inestable, aunque exige que cualquier modelo de orden pueda ser modificado; en un rizoma existen líneas de solidez y organización fijadas por grupos o conjuntos de conceptos afines.

Esta noción del conocimiento —y la psique; Guattari era psicólogo de orientación psicoanalítica lacaniana— está motivada por la intención de mostrar que la estructura convencional de las disciplinas cognoscitivas no refleja simplemente la estructura de la naturaleza, sino que es un resultado de la distribución de poder y autoridad en el cuerpo social. Pero personalmente me inclino más a pensar en que estos autores desconocen la teoría de la evolución y tampoco saben que fue Euler a través de su teoría de grafos que ya se adelantó algunos siglos a su punto de vista. El pensamiento vertical viene de serie a nuestra especie. Y es por eso que los hombres construyen taxonomías y otros como Euler las cuestionan, pues la teoría de grafos lo que hace es ir más allá del pensamiento vertical taxonómico y estudiar como se comportan ciertos elementos en relación con otros o dicho de otra manera su comportamiento rizomático. Esta teoría ha dado lugar a la teoría de redes que es lo que me interesa abordar más abajo. .

¿Qué es una taxonomia?

Aristóteles fue uno de los primeros en utilizar este término, en el 300 antes de Cristo, para designar esquemas jerárquicos orientados a la clasificación de objetos científicos. El botánico Carlos Linneo (1707-1778) designó con el término taxonomía a la clasificación de los seres vivos en agrupaciones jerárquicamente ordenadas de más genéricas a más específicas (reino, clase, orden, género, y especies). A partir de esta concepción clásica, se desarrolló la taxonomía como un subcampo de la biología dedicado a la clasificación de organismos de acuerdo con sus diferencias y similitudes. De acuerdo con Grove, los principios que proporcionaban una guía rigurosa para la construcción de taxonomías eran la base lógica, la observación empírica, la estructura jerárquica basada en la herencia de propiedades, la historia evolutiva, y la utilidad pragmática.

Las taxonomías son la base sobre la que se ha edificado la ciencia y como no la medicina a fin de construir esquemas comprensibles de elementos dependientes unos de otros, aun hoy clasificamos las enfermedades según un listado de síntomas, estas clasificaciones son nosotaxias y siguen el enunciado de la taxonomía: un sistema jerarquizado donde los elementos se ordenan según su importancia tejiendo una especie de árbol siempre orientado de arriba-abajo. Lo contrario del rizoma.

La teoria de redes.-

Los planteamientos de la TR no son nuevos. El interés por analizar las relaciones entre elementos tiene su antecedente en los trabajos del matemático Leonhard Euler (1707-1787), que fue a su vez la semilla de la teoría de grafos (uno de los instrumentos típicos de análisis en la TR). Desde entonces, y con procedimientos matemáticos, la TR se usa para revelar redes complejas en biología, física, meteorología, epidemiología, lingüística, producción científica, datos computacionales (ej.: circulación de la información en Internet y en redes sociales), en sociología, ciencia política o psicología.

De hecho, la idea de representar redes conectivas entre individuos es justamente la quintaesencia del sociograma, herramienta creada por el psicólogo de la Gestalt Jacob Moreno (1889-1974). En una red hay dos elementos básicos representados: nodos (o vértices, que representan los elementos o unidades de análisis, y aristas (o nexos) que visualizan la conexión entre los nodos.

Esta teoría de redes está aplicándose en la actualidad en la definición de una nueva psicopatología. Cada nodo está ocupado por un elemento (por ejemplo un síntoma) y se relaciona con otros nodos constituyendo una figura regular o irregular (en cualquier caso un patrón geométrico).

La TR propone que las categorías diagnósticas no son reales ni deben ser objeto de escrutinio clínico o científico. Sólo existirían síntomas que, mediante conexiones causales entre ellos, van configurando redes de síntomas. El objetivo de la TR no es analizar, o llegar a diagnosticar, ninguna entidad subyacente sino encontrar patrones de síntomas que covaríen dinámicamente. .En realidad la suposición de que existe una entidad subyacente generadora de síntomas es una idea que prevalece en el quehacer psiquiátrico y clínico en general, pero lo cierto es que nuestras clasificaciones categoriales no son correctas.

Por ejemplo si una persona consulta por tristeza, dificultad para dormir, fatiga y anhedonia diremos que sufre un trastorno afectivo mayor, lo cual nos lleva al modelo médico y a la creencia en la existencia de una entidad que desde algún lugar produce síntomas que identificamos como típicos de ese trastorno pero en realidad el argumento es tautológico. ¿Si no puede dormir porque tengo una depresión qué causa mi depresión?¿O mi depresión lo explica todo?

Lo cierto es que usted puede padecer insomnio por una diversidad de cirunstancias, asi muchas enfermedades fisicas y psiquicas tienen en común este desagradable síntoma. La ansiedad (el TAG) y la depresión son de hecho dos enfermedades comórbidas (comparten muchos sintomas), como también sucede en la depresión y el TOC o en la anorexia y la bulimia o en la esquizofrenia y la depresión.

En la teoría de redes aplicada a la psicopatología nuestra lectura rizomática seria otra:

Llegaríamos a la conclusión de que existen síntomas co-ocurrentes con una frecuencia llamativa por ejemplo la obsesión por la limpieza y el lavado de manos, o la ansiedad y la depresión, la preocupación y el insomnio. Existen pues nodos centrales, es decir síntomas que tienen mucho peso y lo tienen porque tienen muchas entradas y salidas, es decir tienen muchas aristas y por tanto muchos enlaces a otros síntomas y rutas distintas.

En psicopatología el pensamiento rizomático (horizontal) se trataría de una alternativa radical a los sistemas diagnósticos basados en taxonomías y en la suposición de que existen entidades superiores y de alguna forma subyacentes que explicarían por sí mismas todo el cuadro sintomático.

En el próximo post trataré de poner ejemplos concretos sobre esta cuestión.

Necesidad, contingencia y libre albedrío

Aquí aparece otra vez la ley del tres. Tres instancias que proceden de una dualidad: la que representa el par necesario-contingente que es mediado por un «tertium inter pares«, el libre albedrío.

Es necesidad aquello que nos viene de serie o que no pertenece a nuestras decisiones, nacemos en un tiempo, un lugar, hijos de nuestros padres pero no de otros, dotados de una inteligencia innata, un patrimonio genético, un temperamento y sobre todo, un sexo. Nada de eso puede elegirse, viene determinado. Lo necesario determina un sujeto mítico dotado de necesidades míticas que necesita a alguien que las pueda atender y complacer: alimentación, cuidados, juegos, etc, en suma crianza, pasamos muchos años siendo completamente dependientes de estos cuidados sin los cuales nadie podría sobrevivir con sus propios medios. Pero poco a poco emerge lo contingente.

Lo contingente puede definirse como aquello que puede suceder o no, no depende de nuestras elecciones sino que simplemente sucede sin que haya intervenido nuestro albedrío en el evento. Pertenece a una nube de sucesos que están relacionados con las posibilidades, así podemos relacionarlo con lo posible pero no sería correcto pensarlo de este modo pues también lo necesario es posible. Lo contingente tiene mucho que ver con nuestro concepto de destino, es una posibilidad de entre otras muchas que se despliegan o no ¿presididas por el azar o la necesidad?

«Aquel Domingo no sabia que hacer, y en aquel tiempo los amigos no quedábamos como ahora, sino que nos escontrábamos en ciertos lugares como Barro, La Casa Vella o el Forn. Aquel día decidí pasarme por el Forn a tomarme una copa y entonces conocí a Teresa la que más tarde sería mi mujer». Si no hubiera decidido ir al Forn no la hubiera conocido y por tanto no me hubiera casado con ella, mis hijos no existirían y tampoco mis nietos. De manera que un futuro es algo que procede del pasado, de una elección que dejó de ser banal y se infiltró de algo más.

Pues este evento puede contemplarse de dos maneras: la primera es pensarlo como predestinación, es decir como si alguna fuerza supraindividual me hubiera llevado de la mano aquel día a pasarme por el Forn. La segunda forma es pensarlo desde una posibilidad que se consteló «a posteriori», algo que dotó de sentido a mi elección de ir al Forn. Algo que procede de «lo nunca visto», «lo nunca pensado» «lo nunca vivido» que nos coge por sorpresa, en aquel caso, una conversación banal sobre cuestiones baladís que de una manera u otra conectó con algo muy profundo de mi subjetividad y me llevó a volver a repetir la experiencia.

Como vemos no era necesario ir al Forn, era algo casual, sin embargo la casualidad se reveló significativa casi inmediatamente, pues la necesidad es sobre todo repetición de lo que fue u ocurrió, sin embargo en mi encuentro con Teresa, hubo algo nuevo, algo que se reveló significativo, lleno de sentido, algo que describe al amor.

Pues el amor es repetición de un calco indeleble que dejó nuestra madre en el inconsciente, pero no solo es una repetición sin más, sino algo que Jacques Lacan llamó contingencia, que preside las leyes del encuentro, es decir lo impredecible. El amor está en esa cresta necesidad/contingencia, y en este sentido cobra verdadero valor ese concepto de amor a primera vista pues el amor emergió como una forma de dotar de sentido. a algo que va más allá de la repetición de la Necesidad. El amor es una huella pero una huella excedente, algo más que un recuerdo. (M. Recalcatti)

Los negacionistas del libre albedrío no sabrán como interpretar el hecho real de que ir al Forn fue fruto de mi albedrio, nada me obligaba a ir allí y no a Barro. Los que creen que todo esta determinado tienen un problema para explicarme porque decidí ir al Forn. a pesar de que mi paleta de elecciones estaba llena de posibilidades aquel Domingo. Aunque el hecho de ir al Forn fue fruto de mi decisión lo cierto es que esa decisión hubiera quedado en el limbo de lo intrascendente -de la repetición- de no ser por mi elaboración posterior.

Pues efectivamente, donde el albedrío se manifiesta de un modo radical es en la significación del encuentro, pues el albedrío es la tercera fuerza que se pone en juego para que Necesidad y Contingencia no se enreden dando la impresión de que estamos determinados por necesidad o por capricho. Es un colchón de seguridad, algo que resuelve en gran medida los embates del pathos y del ethos.

Hace pocos dias publiqué en twitter uno de mis aforismos que rezaba asi:

«La función del amor es domesticar las pulsiones sexuales»

Una contertulia me respondió diciéndome o más bien retándome a que domesticara las suyas, algo así como un desafío a mi publicación, como si pensara que sus pulsiones sexuales son ingobernables. Esta contertulia parecía confundir su pathos (su pulsión sexual) como indomable, algo que estaba más allá de su albedrío y de las contingencias, algo forzado. Algo que mucha gente cree sobre sí mismo y su manera de ser, algo así como si «lo que uno cree sobre sí mismo» es equivalente a «lo que realmente es», una posición esencialista negadora del libre albedrío y en parte de la contingencia. Y ningún ser humano tiene un Yo esencial. «Ser uno mismo» es un consejo falaz, nadie es uno mismo, porque ese «uno mismo» es contingente.

Lo cierto es que la pulsión sexual está fuertemente intervenida por regulaciones grupales y sociales. No existe otra pulsión con más controles y autocontroles (ethos) que la pulsión sexual pues la verdad sobre este hecho es que la pulsión sexual liberada de todos estos controles sería destructiva tanto para algunos sujetos como para la sociedad misma.

Es por eso que surgió el amor, un tercero que interviene en la eterna discordia entre el individuo y el grupo, una especie de fantasma que se encarama entre lo elegible y lo forzado (Zwang) que viene a disipar las fricciones continuas entre lo posible y lo probable.

El eterno debate sobre si el albedrío existe o no. La opinión de un negacionista.

Mi opinión sobre el albedrío.

La teoría de los borradores múltiples

El Yo es un centro de gravedad narrativo que no debe buscarse en el cerebro. Es una curiosa costumbre social humana: la de contar nuestra vida, un cuento sobre nosotros mismos (Dennet)

Daniel Dennet es un filósofo escritor y psicólogo cognitivo al que pertenece la cita que preside este post y cuyo campo de investigación es la conciencia humana, esa caja negra de la que aún sabemos poco y que divide a los investigadores en dos clases: los dualistas y los materialistas.

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