Infancias atroces (I)

perro

Voy a dedicar esta entrada y la próxima a hablar de un libro de  Bruce Perry que es un psiquiatra infantil americano y que me ha parecido extraordinario, no solo por los casos que presenta en su casuística-casos atroces y probablemente extremos- sino también por la teorización sobre los distintos mecanismos adaptativos que pone en marcha el traumatizado y que servirán de eje de rotación donde síntomas posteriores vendrán a enredarse, poniendo especial énfasis en la disociación asi como los distintos itinerarios que siguen estos mismos traumas en la edad adulta. Asi el lector podrá seguir distintos tipos de abuso y maltrato, el sexual, pero tambien los efectos del abandono,de presenciar escenas atroces, el trauma alimentario de aquellos que son alimentados de una manera mecánica o vacía por cuidadores sin empatía o despersonalizados, los entornos inciertos o los cuidados discontinuos. Aprenderá el lector algunas cosas sobre la crianza: que la predictibilidad, la repetición y las sincronías son la base de sustentación del despliegue fisiológico de todos los recursos mentales que llamamos crecimiento y maduración.

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Los ojos del psicópata

la-amigdala

Ted Bundy fue un asesino en serie de los más sanguinarios que ha dado la edad moderna y también de los más mediáticos y seductores: concedió entrevistas incluyendo a psiquiatras y desarrolló incluso una teoría sobre su maldad que atribuía a una infancia desgraciada (por otra parte banal y muy similar a la que viven millones de niños en el mundo) a sus contactos con la pornografia y al alcohol, existe aquí un documental donde el lector interesado puede averiguar alguna cosa sobre sus teorías acerca de su querencia por matar mujeres y también la oportunidad para ver su cara y su mirada.

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La traumática historia del trauma (XVII)

Tendria unos 16 o 17 años y corria un encierro delante de los toros, lo haciamos todos los años con todos nuestros amigos de entonces, pero aquel dia algo se torció y me caí casi cuando el toro que me perseguía acababa de entrar en la plaza, creo que tropecé, el toro me miró (según me contaron) pero no me embistió. No sufrí ningun daño pero quede congelado por el terror. Durante un tiempo indeterminado no sentí nada aunque mantuve la conciencia, lo se porque recuerdo que me protegí la cabeza,un estado de calma, un estado endorfínico.

Cuando el toro se fue, mis amigos me levantaron y se burlaron de mi, se me llevaron detrás de una barrera y me quedé solo tratando de descongelarme, lo hice pensando en lo que habia pasado (aunque no pude recordar los detalles), moviéndome, sacudiendome el polvo y volviendo al ruedo.

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La traumática historia del trauma (XVI)

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En cualquier caso es el cuerpo quien soporta la carga

 

Me preguntaba en el post anterior cómo era posible que la paciente que describí hubiera desarrollado un TEPT en ausencia del criterio A, es decir el desencadenamiento a través de un estrés agudo, intenso y objetivo. Para intentar arrojar un poco de luz sobre este tipo de episodios leves pero con consecuencias clinicas  graves, hemos de considerar dos aspectos fundamentales:

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