Empatía y simpatía

La empatía es una simpatía donde no hay identificación, es la buena actitud terapéutica. La simpatía estalla por identificación cuando alguien nos cuenta algo que resuena en nuestro interior, por eso se llama sim-patía. Sin embargo la empatía no depende de esa resonancia, se es empático simplemente porque alguien cuenta algo humano, algo que nos sobrecoge con independencia de si lo hemos experimentado por nosotros mismos o no.
En este sentido la simpatía es una empatía caliente, trabajo de la amígdala que convoca la identificación mientras que la empatía es un trabajo de la corteza cerebral y no implica identificación, la buena herramienta de los terapeutas.
Ayudar no significa intentar arreglar la vida a la gente que sufre sino estar presente, tener presencia y resistir ese impulso tan humano que es aconsejar o intervenir demasiado intrusivamente.
La simpatía no cura sino que atrapa, pero la empatía es curativa solo por el hecho de que deja ir.
Pero hay dos tipos de empatía, una es la empatía del cazador (del psicópata) que sabe discriminar bien a sus presas a veces solo por su manera de caminar y luego la empatía del benefactor, ese que cree en la libertad y que no pretende inmiscuirse en el relato del otro, salvo para confrontar con realismo su verosimilitud.

La empatía del que comprende a secas.

La que cura.

¿Abuso sexual o incesto?

Debe ser por mi formación psicoanalítica que prefiero hablar de incesto en lugar de abuso sexual. El abuso sexual es una figura jurídica que no discrimina si su victima es un niño o un adulto (lo mismo sucede con la palabra violación), mientras que la palabra incesto se refiere sobre todo al intercambio sexual entre parientes (sean biológicos o adoptivos). Más abajo veremos que además existe una versión extendida del termino “incesto” que conocemos con el nombre de “relaciones incestuosas”.

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El triunfo edípico

El limite ha dejado de ser muro y se ha transformado en puerta.

(E. Trias)

El TLP (trastorno border-line o limite) es un trastorno de la personalidad que está en alza, al menos en la frecuencia con que lo diagnosticamos, se supone que su prevalencia es de aproximadamente un 1% de la población general de lo cuales un 85% son mujeres y el resto hombres. De manera que se trata de un trastorno muy frecuente, tanto como la esquizofrenia y el trastorno bipolar y con un claro sesgo en el sexo femenino. Una explicación de este sesgo podria estar relacionado con la idea de que en los hombres se diagnosticaría más el trastorno antisocial que muchas veces se solapa con la sintomatologia limite.

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El complejo virgen-puta

demi-moore

Aquellos de ustedes que leyeron el anterior post ya estarán al tanto de la idea de que existe en las mujeres (y tambien en los hombres aunque en menor medida) una doble subjetividad. Por una parte la mujer es sobre todo una madre, con unos órganos y un sistema hormonal, emocional e inmunitario destinados a la maternidad, es decir a albergar en su seno a una vida ajena. Este solapamiento de madre y feto en un solo cuerpo tiene también correlatos psicológicos que se mantendrán durante toda la vida, hasta tal punto que podriamos dividir a las mujeres en dos grupos, las que han sido y las que no han sido nunca madres, pero incluso estas han tenido -a su vez una madre- por tanto no pueden escapar de su influjo arquetípico. No cabe duda de que llegar a ser madre completa el ciclo biológico y psicológico de la mujer hasta la plenitud.

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