Lo autógeno que hay en ti

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Hace un tiempo me invitaron a dar una conferencia en una Fundación que tiene como cometido el tratamiento, prevención y rehabilitación de toxicómanos. En dicha Fundación trabajan en la actualidad dos colaboradores que durante años anduvieron trabajando y formándose en “Patología dual” en mi Servicio de Psiquiatría del Consorcio Hospitalario de Castellón. En la actualidad aquellos becarios de investigación son los líderes de ese proyecto y con el pretexto de la publicación de mi libro “Consejos al joven terapeuta”, me propusieron dar una conferencia en la sede de su institución.

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¿Habría que legalizar las drogas? (II)

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Imagine por un momento que siguiendo los consejos de Arthur Koestler un laboratorio decidiera sintetizar un fármaco “antiterritorial” o piense si alguien investigara un fármaco contra la envidia o simplemente para aumentar la sociabilidad o los rendimientos intelectuales. Tal fármaco no sería un fármaco pues solo se considera fármaco a aquellos que van destinados a curar o mitigar enfermedades, sólo es fármaco aquella droga indicada para tratar una enfermedad o como coadyudante de la misma. Dicho de otra manera, tal fármaco sería considerado una droga psiquedélica, una droga con efectos en el cerebro y pasaría a ser ilegal. No se vendería como tal fármaco pero el tráfico ilegal lo vendería como rosquillas.

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La sociedad del cansancio

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El poder ya no reprime para obtener el control sobre los individuos desde que encontró que la diseminación de las oportunidades de ser era un mejor mecanismo que el rigor de la prohibición (M. Foucault)

Comencé a ejercer la Psiquiatría en los 70, de modo que he sido testigo de un fenómeno que, en mi opinión no ha sido lo suficientemente investigado: me refiero a los cambios de la clínica psiquiátrica que se han producido entre aquellos años y el cambio de siglo. Entonces los ingresos eran fundamentalmente psicosis funcionales, esquizofrenias, brotes maniaco-depresivos, paranoias y catatónicos, también cuadros orgánico-cerebrales, y sobre todo epilepsias con síndromes psiquiátricos sobreañadidos.  En el nivel ambulatorio eran raros los cuadros melancólicos o depresivos, no existían los trastornos alimentarios (o eran muy raros). La primer anoréxica que vi, seria ya bien entrada y cercana la década de los 80.  El TLP carecía de traducción nosológica, recuerdo que el primer caso que traté sería también de esa época y lo catalogamos como esquizofrenia. Los alcohólicos han existido siempre pero la drogadicción no existía. Las psicosis infantiles no existían y las encefalopatías sin nombre que atendíamos eran calificadas como oligofrenias sin más, el TDH no sabíamos lo que era. El dolor psicogeno y la fatiga crónica eran una rareza exótica. El autismo era muy raro. Los trastornos de personalidad se englobaban en la etiqueta “psicópatas” siguiendo las descripciones de Kurt Schneider pero no los ingresábamos casi nunca sin patología comórbida de por medio, se trataba de personas muy disfuncionales que tendían a abusar del resto de enfermos.

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