En busca del Ikigai (VIII)

El Ikigai es una palabra japonesa que nos remite a un concepto difícil de traducir a nuestro idioma y que induce -según se verá en este post- a algunos errores conceptuales que pretendo aclarar. Para comenzar podemos decir que ikigai significa algo así como «el sentido de la vida», pero no debemos dejarnos atrapar por esta definición, pues el sentido de la vida es algo demasiado abstracto y algunos autores han propuesto la idea de «ese algo que nos hace levantarnos por la mañana de la cama» que a mi me parece demasiado concreto, pues hay muchas razones sensatas para hacerlo. La más corriente es que tenemos que trabajar y el trabajo puede dotar de sentido a la vida pero también puede ser una tortura para quien no disfruta demasiado de él.

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Altas prestaciones no intelectuales (VII)

Cuando yo estudiaba Bachiller todavía existía aquello de los pupitres numerados, cada uno de nosotros tenia un numero que estaba relacionado con nuestras prestaciones en el curso anterior. De manera que las primeras filas siempre estaban destinadas a los «empollones» y las ultimas plazas a los que -entonces se llamaban- «burros». Los demás -las medianías andábamos siempre por el medio, unas veces más atrás y otras más adelante.

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Zombies y fractales (IV)

Tal y como vimos en el post anterior el lenguaje posee una característica intrinseca muy importante: es capaz de construir realidades a partir del pensamiento. Pero esta realidad generada lingüisticamente no es una realidad en el mismo sentido que esa farola contra la que me rompí la cabeza yendo en mi motocicleta. Se trata de una realidad bien distinta, algo así como lo que entendemos como ficción, algo así como lo que llamamos lteratura.

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La locura y sus dioses (XXIX)

Los dioses son voces en nuestra cabeza (Julian Jaynes)

Recientemente he leído -por recomendación de un amigo- un libro de Salvador Freixedo que me ha interesado notablemente a pesar de no compartir ninguna de las hipótesis que el autor plantea en su libro que se titula «Defendamonos de los dioses» y del cual escribí un post aquí. Quizá ustedes se sorprendan de esta declaración por mi parte lo que merece una aclaración: no considero a las ideas como verdaderas o falsas sino como sugerentes o inanes. Una idea puede llegar a una conclusión falsa pero lo importante es que esta idea sugiera y lleve a otra indagación que podrá resultar verdadera o falsa, pero si es sugerente no cabe duda de que habrá cumplido la función de las idea, que no es otra sino servir de apoyo a otra mejor.

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