La locura y sus dioses (XXIX)

Los dioses son voces en nuestra cabeza (Julian Jaynes)

Recientemente he leído -por recomendación de un amigo- un libro de Salvador Freixedo que me ha interesado notablemente a pesar de no compartir ninguna de las hipótesis que el autor plantea en su libro que se titula “Defendamonos de los dioses” y del cual escribí un post aquí. Quizá ustedes se sorprendan de esta declaración por mi parte lo que merece una aclaración: no considero a las ideas como verdaderas o falsas sino como sugerentes o inanes. Una idea puede llegar a una conclusión falsa pero lo importante es que esta idea sugiera y lleve a otra indagación que podrá resultar verdadera o falsa, pero si es sugerente no cabe duda de que habrá cumplido la función de las idea, que no es otra sino servir de apoyo a otra mejor.

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Subjetividad e identidad

Dale a tu subjetividad lo que es de tu subjetividad y a tu identidad lo que es de tu identidad.

Aquellos de mis lectores que hayan leído mis post anteriores y más concretamente el ultimo que titule´: “Las personas del pronombre” ya habrán comprendido cómo el lenguaje articula la subjetividad y la agenticidad, algo que permite reconocerse como autor de algo que se ha hecho o llevado a cabo a través del tiempo y al mismo tiempo reconocerse como autor de algo que simplemente se pensó o imaginó.

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Las personas del pronombre

Tomo prestado un título de Gil de Biedma para confeccionar este post. El título concreto es “Las personas del verbo” y donde el poeta busca precisamente y a través de su memoria las acciones de cada uno de esos sujetos múltiples que habitan sus recuerdos es decir lo que hicimos, las acciones que representan los verbos y sus personas: Yo, tu, él, nosotros, vosotros, ellos. Yo voy a referirme a los pronombres personales: aquel que indica la persona gramatical (yo, mi, me, conmigo) en relación con la primera persona que es la que nos interesa ahora..

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Praxia, apraxia y metapraxia (XVII)

Es seguro que usted recuerda cuando aprendió a atarse los cordones de los zapatos y también es seguro que sigue usted recordando cómo hacerlo. De mismo modo usted sabe vestirse y sabe que vestirse no es solo cubrirse el cuerpo sino seguir una secuencia de hechos: primero hay que quitarse el pijama (si lo lleva puesto) y después seguir por la ropa interior, etc. Eso es una praxia, algo que usted sabe hacer porque lo aprendió y no porque le venga por ciencia infusa, lo aprendió en su infancia y esos algoritmos motores permanecerán en algún lugar de su cerebro hasta que muera o enferme de alguna demencia como por ejemplo el Alzheimer que se caracteriza precisamente por fenómenos apráxicos, agnósicos y afásicos.

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