La teoría de los borradores múltiples

El Yo es un centro de gravedad narrativo que no debe buscarse en el cerebro. Es una curiosa costumbre social humana: la de contar nuestra vida, un cuento sobre nosotros mismos (Dennet)

Daniel Dennet es un filósofo escritor y psicólogo cognitivo al que pertenece la cita que preside este post y cuyo campo de investigación es la conciencia humana, esa caja negra de la que aún sabemos poco y que divide a los investigadores en dos clases: los dualistas y los materialistas.

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El observador escondido (XXII)

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

A. Machado.

Después de leer esta estrofa del poema de Antonio Machado titulado “Retrato”, uno podría preguntarse a quién se refiere el poeta como ese “hombre que va siempre conmigo” y con el que mantiene conversaciones. La respuesta más común sería decir que se pueden mantener conversaciones con uno mismo. En realidad todos lo hacemos e incluso podemos describir a ese “otro” como una vocecilla interior que nos guía, nos aconseja o nos afea ciertos comportamientos.. Efectivamente ese otro es una voz. que a veces podemos oír en voz alta cuando estamos sometidos a un peligro importante o en el umbral de la muerte y las más de las veces en forma de cuchicheos con nosotros mismos.

En realidad ese otro con el que conversamos lo podemos conceptualizar como un observador escondido siguiendo la idea de Ernest R.. Hilgard..

Hilgard fue un psicólogo que trabajaba con la hipnosis en su investigación sobre el dolor y enunció la llamada teoría neodisociativa poniendo al dia la vieja teoría de Pierre Janet sobre la hipnosis y la disociación, puesto que la hipnosis se aprovecha de un mecanismo fisiológico del que todos disponemos de una forma más o menos intensa: la disociación. El OE es capaz de preservar la vida del Yo y su cuerpo cuando las cosas se ponen feas escindiendo y compartimentalizando la experiencia. Dicho de otro modo el OE es el responsable de que determinadas personas que han sufrido experiencias traumáticas se disocien y mantengan separados aspectos de su experiencia, algo que sin duda es un mecanismo de supervivencia. Una experiencia que es sin duda gradual y que da lugar a fenómenos bien distintos en forma de un espectro disociativo que podemos recordar aqui.

Hilgard a través de la hipnosis describió este fenómeno que llamó “observador escondido” (OE) que curiosamente no se somete a las técnicas hipnóticas y que de alguna forma es el guardián, el “ángel de la guarda” del Yo. El OE es un fragmento de la conciencia que se ocupa sobre todo de la supervivencia del Yo y de su cuerpo:  el mentor del YO y también su hacker.

El Yo piensa, recuerda, olvida, planea, actúa, huye, lucha, aprende y se ocupa sobre todo de dotar de sentido a las sensaciones y a las percepciones. Pero el OE no hace nada de eso, solo se percata, es decir se da cuenta pero no sabe. Solo el Yo es capaz de adquirir conocimiento a partir de la información que recibe.

El OE ha recibido muchos nombres a lo largo de la historia y su concepto se funde con el cristiano de alma o el de esencia. Solo los humanos tenemos alma, algo que nos hace humanos y nos separa de los zombies, de los robots y de la IA, porque para tener alma (OE) es necesario venir de serie disociado (Spaltung), es decir poseer esa doble conciencia de la que hablé en el post anterior y que no supone una dualidad de conciencia pues el OE no es una segunda conciencia sino una parte fenoménica de ella, algo anterior al propio Yo y que se diferencia de otras instancias psíquicas como del inconsciente o Super Ego (conviene no confundirla con él) puesto que la OE es consciente a poco que hagamos un pequeño ejercicio mental que consiste en dejar fluir la mente sin prestar atención a nada concreto. El OE se manifiesta cuando no estamos haciendo nada y es por eso que mi impresión es que está relacionada o se solapa con el concepto de red neural por defecto.

La idea central de Raichle -su descriptor- es que existen en nuestro cerebro ampliamente distribuidos dos circuitos que se encargan de cosas bien distintas, una red ejecutiva central que se encarga de procesar datos de la realidad (sensación y percepción), de esa realidad que requiere atención y que está guiado por los input externos, es decir la que está orientada a la realidad externa. Junto a ello hay una red neuronal que se activa precisamente cuando no hacemos nada, es decir cuando dejamos de prestar atención ejecutiva a esa misma realidad, cuando descansamos, oímos música, o simplemente contemplamos el mar o paseamos. Es decir cuando hacemos algo no orientado a propósito alguno.

Lo interesante de este concepto es que la actividad de la red neuronal por defecto equivale a la actividad intrínseca del cerebro y que es inversamente proporcional a la vía atencional, es decir se activa cuando la otra se inhibe y se inhibe cuando la otra se activa. Este descubrimiento se debe a Raichle un investigador que se dio cuenta mientras trabajaba con imágenes funcionales por resonancia magnética que cuando los pacientes no hacían nada que requiera atención activaban el circuito “por defecto” que volvía a inhibirse cuando se le ordenaba alguna tarea.

Otra cuestión interesante es que el gasto de energía (oxigeno y glucosa) es similar en ambos casos de lo que se deduce que la red neuronal por defecto no está diseñada para “descansar” sino para pensar de otra manera. En realidad nuestro cerebro no descansa nunca pero como contrapartida se lava los platos sucios el solo sin necesidad de un lavavajillas externo.

Dar de comer al precúneo.-

Emiliano Bruner es un paleoneurobiólogo del grupo de investigadores de Atapuerca que recientemente (2014) ha publicado (junto con otros) ciertas hipótesis evolutivas acerca de nuestro cerebro. Aquí hay una entrevista muy interesante sobre sus hallazgos que tienen relación con esta red neuronal por defecto. Para Bruner y -por explicarlo de una forma breve-, la enfermedad de Alzheimer seria el precio que pagaría nuestra especie por disponer de esa red neuronal que cuando se bloquea quizá a consecuencia de esos complejos amiloides que se consideran causales en esa red, impiden que funcione adecuadamente pues existen interferencias eléctricas en la comunicación entre neuronas. En este sentido lo que nos hizo humanos es precisamente esta capacidad de nuestro cerebro para divagar cuando no hacemos nada. En otro orden de cosas hoy se sospecha que la esquizofrenia y el TDH supondrían una hiperfunción de esta red neuronal mientras que el Alzheimer o lo que conocemos como “cerebro preocupado” serían subproductos de una hipofunción de la misma.

Y el núcleo central de esa red se llama precúneo.

El precúneo es una estructura escondida en un repliegue parieto-temporal de forma cuadrada  y que es por así decir la estación de termino de un circuito que recorre el cerebro de atrás-adelante implicando a otras estructuras, como el hipocampo, la corteza cingulada, el neocortex y el lóbulo parietal. Bien, el precúneo sería el lugar donde reside nuestro autoconocimiento, algo así como la conciencia de sí, que mantiene relaciones de circuiteria con la memoria personal y la formación de memorias nuevas. Aparentemente la función de este circuito está relacionada con la idea del “conócete a ti mismo” y la introspección, el único viaje que al parecer de Rilke podíamos emprender en nuestra vida: un viaje hacia dentro. Sin embargo la excesiva introspección puede resultar letal para el Yo y algo parecido sucede en la esquizofrenia donde podemos observar el estropicio que sobre la percepción y las interpretaciones sobre lo percibido suceden cuando esa introspección se hace continua, intensa y repetitiva..

Lo interesante de este circuito es que cada persona lo va a utilizar de una manera diferente – suponiendo que lo ejecute de vez en cuando- las personas con una historia personal de formación poética o musical podrán ejecutarlo siguiendo las mismas propiedades que rigen en otras estructuras. El experto seguirá siendo experto aun utilizando su red neuronal por defecto. Algo así le sucedía a Newton: no podía dejar de ser un físico-matemático ni siquiera cuando especulaba viendo caer a la manzana.  Eso mismo pasa en nuestros sueño: si nos interpelan es porque recrean nuestros escenarios, nuestros recuerdos, nuestras ideas, los personajes que conocimos y los estímulos diurnos. Es por eso que nuestros sueños nos pertenecen del mismo modo que los ensueños diurnos, se trata de patrones entrelazados no por el azar sino por la no-linealidad de nuestra conductividad cerebral. No todo el mundo puede soñar cualquier sueño , ni todo el mundo puede agrupar patrones del mismo modo, unos originalmente y otros de forma enloquecedora. Es por eso que el genio y la locura se muestran tan cercanos.

El espectador no está en el cuadro.¿ O si?

En esta litografía de Escher podemos observar como el espectador está en el cuadro y es el mismo que sostiene la esfera con su mano.

Espectador y escena se funden de forma recursiva.

Del mismo modo el OE interviene en el Yo o circuito ejecutivo central de una forma u otra. Ya he hablado de la disociación pero me gustaría hablar ahora de la esquizofrenia pero no solo de ella sino de las patologías mentales mas severas donde vemos comprometido el juicio sobre la propia enfermedad. Es bien sabido que los enfermos mentales padecen una especie de anosognosia, una falta de reconocimiento de la propia patología. La idea políticamente correcta es pensar que los enfermos más graves se niegan a ser tratados porque rechazan los fármacos, o el estigma psiquiátrico . Pero esta idea es algo tautológica pues ¿si un enfermo no sabe que está enfermo cómo va a tener en cuenta el estigma psiquiátrico?

Estoy de acuerdo con Amador cuando dice que la falta de conciencia de enfermedad es una consecuencia de la anosognosia:

“La esquizofrenia supone una avería de esa parte de la mente que hace de función racional superior, la autocrítica o mejor la autoconciencia pueden ser consideradas como una función de funciones. Lo primero que se pierde en una avería de este tipo que afecta a los lóbulos frontales es precisamente la capacidad de autoobservación, la capacidad crítica con uno mismo, en este sentido la esquizofrenia seria una especie de anosognosia mental, un desconocimiento que no estaría afectando a la capacidad de integrar un órgano enfermo en el esquema corporal sino la incapacidad de integrar determinadas funciones superiores como la autoevaluación o la autoobservación en la propia mente”.

Xavier Amador esta hablando del observador escondido sin saberlo.

Xavier Amador además cree que la no-conciencia del esquizofrénico (o del paciente mental grave) es conceptualmente algo distinto a la negación. Para Amador la negación sería un mecanismo psicológico destinado a la autoprotección desde el Yo, algo comprensible en términos de manutención de la autoestima, por ejemplo el alcohólico que se engaña con respecto al grado de su dependencia y que cree que su consumo de alcohol está bajo control. Propone diferenciar anosognosia (un déficit cognitivo neurobiologico) de la negación:

Pero en realidad y aunque la palabra “esquizofrenia” nos remite a la disociación por la partícula “esquizo”, en realidad no se trata de un trastorno disociativo sino de un fenómeno opuesto al que llamaré soldadura: del Yo con la OE.

Mantener tu precúneo encendido el mayor tiempo posible es la labor de cualquier persona que quiera mantenerse creativa y sana.

Haz lo que quieras pero hazlo sin propósito alguno, todos los datos de los que disponemos señalan en la dirección de que eso que llamamos inspiración es un proceso que lleva a cabo nuestro cerebro mientras descansa y a veces de forma inconsciente, posteriormente cuando retomamos la tarea atencional que se requiere para componer un poema por ejemplo, las ideas fluyen de una manera aparentemente mágica, pero el trabajo ya viene hecho de atrás. Componer un poema, una idea científica o el movimiento de una sinfonía, se lleva a cabo mientras nuestro cerebro descansa, cuando no hace nada: un verdadero elogio de la holgazanería.

 

Bibliografía.-

  • Marcus E. Raichle, «La red neuronal (por defecto)», Investigación y Ciencia, 404, mayo de 2010, págs. 20-26.

¿Vivimos en una simulación? (XXI)

La idea de que el mundo y eso que entendemos como realidad es una simulación es una idea antigua que ya podemos encontrar en Platón y en su mito de la caverna. También la podemos encontrar en pensadores como Ouspensky y en toda la tradición esotérica, en realidad es una idea que forma parte de la filosofía pop de todos los tiempos, así hasta llegar a Matrix, una película excepcional que plantea todos los contornos de esta idea en sucesivos dilemas filosóficos.

Pero la idea que sobrevuela en la propia idea de la simulación, es ésta. ¿si vivimos en una simulación quien está al mando de la misma? ¿Quien tiene el proyector de las sombras, quien nos tiene prisioneros en esa especie de mundo imaginario? Es el demiurgo, es Dios, son los extraterrestres o una avanzada civilización cósmica? ¿Es esa simulación un programa de ordenador al que no tenemos acceso y que gobierna nuestro destino en manos de una élite de dominadores espaciales?

La verdad es que la metáfora del ordenador ha aparecido para aportar más transparencia a esta idea. Platón no conocía esta tecnología y sin embargo fue capaz de imaginarla pero hoy la metáfora se ha hecho universal y fácil de entender gracias a la informática y a los juegos de ordenador: la realidad que percibimos no es la auténtica realidad sino una simulación que tomamos como realidad. Ese es el dogma pop que defienden algunos de mis conciudadanos y al que no me adhiero, mi idea es que percibimos la realidad que es necesaria para habitar el mundo que habitamos, es decir que nuestra percepción está adaptada a nuestras necesidades de supervivencia.

Lo cierto es que no hay nadie al mando, eso parece desprenderse de este articulo publicado por Paul Ratner y que puede simplificarse con esta idea: el universo se autosimula en un bucle extraño.

En este momento el lector debería refrescar sus recuerdos sobre qué es un bucle extraño aqui y aqui. Y seguir después mi argumentación.

La definición de la wiki:

“Un bucle extraño es una jerarquía de niveles, cada uno de los cuales puede consistir en objetos, procesos, o prácticamente cualquier otra cosa (esa es la noción general). Cada nivel está vinculado a otro al menos por algún tipo de relación. Un bucle extraño jerárquico, sin embargo, está “enredado” (Hofstadter se refiere a él como una “heterarquía“), en el que no hay bien definidos un nivel más alto o más bajo. Los niveles están organizados de tal forma que, desplazándose a través de ellos, finalmente uno vuelve al punto de partida, es decir, al nivel original. Ejemplos de bucles extraños que ofrece Hofstadter incluyen muchas de las obras de M. C. Escher, el flujo de información entre la red de ADN y enzimas a través de la síntesis de proteínas y la replicación del ADN, y declaraciones “gödelianas” (en alusión a Kurt Gödel) que son autorreferentes en los sistemas formales.”

O la definición del propio Hofsdadter:

“Y, sin embargo, cuando digo “bucle extraño”, tengo otra cosa en mente – un concepto menos concreto, más difícil de alcanzar. Lo que quiero decir por “bucle extraño” es – aquí va, de todos modos, una primera punzada – no un circuito físico abstracto, sino un bucle en el que, en la serie de etapas que constituyen el ciclo-alrededor, hay un cambio de un nivel de abstracción (o estructura) a otro, lo que se siente como un movimiento hacia arriba en una jerarquía de alguna manera y, sin embargo, los sucesivos “hacia arriba” cambian a su vez para dar lugar a un ciclo cerrado. Esto es, a pesar de la sensación de que salgan cada vez más de su propio origen, uno termina, con el consiguiente choque, exactamente donde se había comenzado. En resumen, un bucle extraño es un lazo de retroalimentación paradójica a nivel cruzado”.

Yo lo definiría de otro modo:

Un bucle extraño es un bucle, es decir una iteración o repetición de algo que llega a adquirir conciencia de sí mismo, vida propia.

Y un bucle es la repetición de un patrón de forma infinita, y lo es porque lleva instrucciones de saltar de nivel tal que así:

Una mano pinta a otra mano que a su vez dibuja la mano original.

La verdad es que estos cuadros de Escher nos permiten contemplar imágenes muy bellas e interesantes que nos llevan a comprender esta figura que llamamos bucle pero nos impiden comprender que un bucle -al menos los más interesantes para nosotros- son los bucles conductuales. Qué queremos decir cuando decimos “te repites” o de “ahi no sales”.

Eso que Freud llamaba “pulsión repetitiva”, es mucho más interesante para comprender cómo nuestra conciencia está en realidad emergiendo de un bucle infinito. Y lo hace por lo siguiente: ahora estoy escribiendo este post y tecleando en mi ordenador pero al mismo tiempo tengo una representación mental, no solo de lo que quiero escribir sino también de mi mismo tecleando en el ordenador. Hay pues al menos una dualidad en el hecho de escribir: de una parte mi tecleo y de otra mi representación de mi mismo tecleando. Dicho de otro modo, todo estado mental se representa también  a sí mismo.

Para Hofsdadter tanto la conciencia como la subjetividad son dos extraños bucles, de ahí aparece un sujeto que observa y que es un concepto más allá de un Yo que percibe, recuerda o fantasea. El Yo está ahí enmedio de mis pensamientos pero no solo como uno más de ellos sino como su autor y espectador. Y esta es la diferencia fundamental con la IA, un robot puede procesar enormes cantidades de información pero no puede tener presencia fenoménica antes sus pensamientos, no es un sujeto. Un sujeto es sobre todo una conciencia de agencia, de propiedad o mismidad (eso lo he hecho yo, eso lo pensé yo, eso no es cosa mía), el Yo es la objetivación de ese sujeto (Yo lo pensé, yo lo recuerdo o no recuerdo nada).

Cuando dirigimos nuestra atención hacia el Yo hablamos de introspección. Algo que cuando abusamos puede llegar a causar estropicios en el Yo, puesto que la función del Yo no equivale a la función del sujeto y lo cierto es que no está nada preparado para ello. Cuando el Yo quiere hacer de sujeto entonces decimos que el sujeto es un esquizofrénico y se manifiesta por un extrañamiento de los propios pensamientos que parecen haber sido robados o depositados ahí por otra persona. Los síntomas nucleares de la esquizofrenia están causados sin duda alguna por esta hipertrofia de la atención sobre el propio Yo que llevan a cabo determinadas personas en un ejercicio constante de introspección tóxica. Lo saludable es una presencia implícita del Yo en los estados mentales propios sin participar de un modo militante, sin adherirse del todo a lo que pensamos, soñamos, imaginamos o fantaseamos aunque guardando un ligero rastro de agencia: “eso lo pensé pero no lo hice, lo imaginé pero no lo llevé a cabo, eso lo soñé no sucedió en realidad”

Volviendo a la pregunta que da titulo a este post, me interesa contestarla de forma ambigua: Si, vivimos en una simulación que crea nuestra propia conciencia a través de un bucle extraño. La diferencia entre una persona normal y un enfermo mental es la capacidad de distanciarse y no fusionarse demasiado con todo aquello que nuestro Yo se complace en pensar y caer en la cuenta de que este bucle no es un bucle infinito y que lo podemos interrumpir a voluntad, siempre y cuando nuestra voluntad no esté demasiado comprometida u oscurecida por el propio bucle. Pues el bucle nos lleva hacia arriba hacia otra vuelta de tuerca que añade complejidad a la propuesta anterior pero que a cambio no tiene más remedio que sepultar las proposiciones que le llevaron hasta alli.

Es asi como pasamos de particulas elementales a planes, propósitos, pensamientos, recuerdos y estados mentales.Perola idea no es nueva:

La idea de una doble conciencia ( y en realidad una conciencia recursiva) pertenece a William James, se puede explicar del siguiente modo:

William James propuso que el desarrollo del flujo de conciencia (o conciencia continua) está asociado con una “doble consciencia”. Observó que cuando recordamos algo, no solo traemos episodios de nuestra vida sino que es un episodio de nuestro propio pasado: el que estamos recordando, algo que también sucede en los sueños que aunque no reproduzcan fielmente lo que sucedió nos interpelan.

Mientras recordamos, nos damos cuenta de nuestra existencia personal – no somos solo lo “conocido” sino también el que conoce. Esto es lo que W. James quiere decir cuando habla de doble consciencia, un conocedor (un observador escondido) que se puede referir como “yo” (I) y lo conocido que puede referirse como “soy” (me, en inglés). Es desde la posición de “yo” (I) que nuestra atención es dirigida, desde nuestras diversas experiencias de vida se unifican para formar un sentimiento de existencia personal, y desde donde la identidad personal se construye.

Dicho de otro modo: la identidad es una ilusión razonable puesto que en realidad no podemos entrar en el centro de la misma, en ese núcleo vacío o como dice Hofsdadter, “la gema” que rperesentaría la esencia de nuestro ser, lo que somos en realidad pero seamos lo que seamos nunca lo sabremos por haber quedado sepultada bajo un montón de basura creencial.

Me explico: no todas las creencias son basura y la mayor parte de ella son atajos que nos permiten navegar por el mundo sin necesidad de estar pensando continuamente en la mejor opción. Llamo basura creencial a las creencias autoreferentes, sobre todo a aquellas que parecen haberse fundido con el Yo y no dejan espacio para navegar en otra dirección.

Toda psicosis comienza con una ocurrencia y un bucle extraño se apodera de ella añadiendo elementos compatibles, una excesiva atención dirigida a una ocurrencia banal, puede dar como resultado un desquicio total de la personalidad.

En en este sentido que construimos simulaciones sobre nosotros mismos y sobre nuestro mundo interpersonal y a veces estas simulaciones tienen como subproducto la enfermedad mental.

 No vivimos en una simulación pero nuestro cerebro puede simular cualquier cosa.