Filosofía del inconsciente

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Cuando yo era un adolescente  ya estaba muy interesado en la filosofía, aun antes de saber de qué se ocupaba tal disciplina. Solía preguntarme lo que hoy entendemos como preguntas filosóficas, un ejemplo: ¿Por qué vemos los sueños si estamos dormidos con los ojos cerrados?. También solía comunicar estas dudas a mis amigos que usualmente las liquidaban con la frase “Tu le das demasiado a la calabaza”. Por lo visto la tarea de pensar/filosofar estaba mal vista y yo diría que aun lo está. El caso es que después de estas descalificaciones dejé de preguntar , hasta que un día
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La oxitocina del abuelo

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Hace poco que soy abuelo en firme, entiéndase bien, no es que antes de haber pasado por la experiencia no supiera nada de abuelos, todos los hemos tenido, pero claro, no es lo mismo “tener abuelos” que “ser abuelos”. Ya me lo habían adelantado algunos amigos que lo fueron antes de mí. Todos me abrumaban con la siguiente idea: “ser abuelo es una experiencia inolvidable que hay que vivir para poderse entender”, uno de mis ex compañeros del Hospital, me dijo hace muy poco que “era como un orgasmo”. Yo asistía incrédulo al desfile de elevadas propuestas que trataban de explicar el fenómeno pero claro, no lo había vivido.

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La sociedad del cansancio

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El poder ya no reprime para obtener el control sobre los individuos desde que encontró que la diseminación de las oportunidades de ser era un mejor mecanismo que el rigor de la prohibición (M. Foucault)

Comencé a ejercer la Psiquiatría en los 70, de modo que he sido testigo de un fenómeno que, en mi opinión no ha sido lo suficientemente investigado: me refiero a los cambios de la clínica psiquiátrica que se han producido entre aquellos años y el cambio de siglo. Entonces los ingresos eran fundamentalmente psicosis funcionales, esquizofrenias, brotes maniaco-depresivos, paranoias y catatónicos, también cuadros orgánico-cerebrales, y sobre todo epilepsias con síndromes psiquiátricos sobreañadidos.  En el nivel ambulatorio eran raros los cuadros melancólicos o depresivos, no existían los trastornos alimentarios (o eran muy raros). La primer anoréxica que vi, seria ya bien entrada y cercana la década de los 80.  El TLP carecía de traducción nosológica, recuerdo que el primer caso que traté sería también de esa época y lo catalogamos como esquizofrenia. Los alcohólicos han existido siempre pero la drogadicción no existía. Las psicosis infantiles no existían y las encefalopatías sin nombre que atendíamos eran calificadas como oligofrenias sin más, el TDH no sabíamos lo que era. El dolor psicogeno y la fatiga crónica eran una rareza exótica. El autismo era muy raro. Los trastornos de personalidad se englobaban en la etiqueta “psicópatas” siguiendo las descripciones de Kurt Schneider pero no los ingresábamos casi nunca sin patología comórbida de por medio, se trataba de personas muy disfuncionales que tendían a abusar del resto de enfermos.

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Un libro de anti-ayuda

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Decía Karl Jaspers que la psiquiatría sin filosofía no es nada, él mismo era psiquiatra  y se pasó al campo de la filosofía por problemas de salud, pero no existe otro psiquiatra que haya logrado integrar sus conocimientos filosóficos a la psiquiatría como Jaspers. Algo que el lector interesado puede escarbar en su obra magna: Psicopatología general, una obra maestra de lo que se conoce con el nombre de fenomenología, la ciencia que se ocupa de los fenómenos observables y que la diferencia del psicoanálisis, que se ocupa preferentemente de los fenómenos ocultos.

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