El zombie empático (VII)

Lo más importante que el lector de esta serie ha de recordar es que los zombis son mentirosos, por definición, todos ellos lo son. Y lo son porque emergieron en una época que ya no existe: en tiempo ancestral. En aquel tiempo donde se dieron en nosotros los humanos las adaptaciones más importantes y que en gran parte heredamos de nuestros ancestros homínidos.

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Plantillas, borradores y zombies (VI)

Los que leyeron el post anterior ya saben a estas horas que «la teoria de los esquemas» plantea una hipótesis interesante pues abarca gran parte de las teorias del aprendizaje. Se trata de la idea de que andamos formando plantillas, una especie de andamios sobre los que construimos nuestra cognición.

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Relaciones entre zombies (III)

En el post anterior comencé a explicar cómo se relacionan los zombies entre sí y en este momento me propongo extender esa explicación hasta los mínimos detalles. Hablé allí de que en realidad imaginamos dos formas de relación: una es guardando el turno, es decir «primero uno y luego el otro», como guardando la cola del pan hasta que nos toque, una especie de oscilación periódica. La otra es el colapso, es decir que uno de ellos colapse la expresión del otro. Estas dos formas son la manera en que se relacionan dos zombies polares o duales, o sea son la excepción y lo que está mas cerca de la patología, pero en la practica los zombies no se relacionan así. Veámoslo más de cerca.

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El autoengaño (XXXIX)

No cabe duda de que el engaño no es una estrategia humana, sino que está muy diversificada en la naturaleza, tanto en la vida animal como en la vegetal. Engañar es una estrategia diseñada para optimizar el resultado de la reproducción y para minimizar las cargas de la misma. Lo ideal es poder reproducirse sin gastar energías en eso que se ha llamado «inversión parental». Engañar es pues un asunto de medraje, de lo que se trata es de ganar recursos y estatus al menor coste posible.

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