Janet y el trauma

JORNADA SOBRE:
“PERSPECTIVAS ACTUALES SOBRE LA HISTERIA:¿SÍNTOMA O ENFERMEDAD?”
ENFOQUES PSICOLÓGICOS, NEUROLÓGICOS, PSIQUIATRICOS Y NEUROPSIQUIATRICOS

SECUELAS PSICOTRAUMÁTICAS EN EL NÚCLEO DE LA CLINICA HISTÉRICA: LAS ENSEÑANZAS DE PIERRE JANET

Dr. F. Orengo García
Médico psiquiatra

1.-    Introducción: las huellas de Pierre Janet en la Neurología
Pierre Janet  sigue siendo de gran actualidad para la neurología y psiquiatría actuales. También para los restantes campos de la medicina, sobre todo cuando se tienen presentes y no se olvidan los principios descritos por él sobre distintos fenómenos corporales. Muchos de ellos, aparentemente enigmáticos, especialmente en el campo de la medicina de urgencias, pueden encontrar sin esfuerzo una explicación aplicando la sistemática sobre las manifestaciones histéricas elaborada por Janet en la Salpetriere hace ya muchos años.

Quiero señalar al comienzo de mi presentación que gran aprte de ella esta basada a la inspiración y a los textos generosamente ofrecidos por la Dra. M. Kütemeyer de Colonia, gran neuróloga de orientación dinámica y con conocimientos extensos en Psicosomática. Estos fueron adquiridos con uno de los padres de la Psicosomática alemana Viktor von Weizäcker en Heidelberg  y con Dieter Janz gran seguidor de Charcot y sus discípulos, sobre todo de Freud y de P. Janet en la Freie Universität de Berlin.

En este contexto, permítanme una breve alusión a lo que se hacia hace ya muchos años en Alemania. Para darse una idea del concepto que sobre la práctica neurológica se tenia en Berlin y que en esta reunión intentamos por todos los medios se ponga de nuevo en evidencia, el modelo seguido por Janz heredado de su maestro Paul Vogel,  insistía en la integración entre la aplicación de las técnicas neurológicas más precisas y sofisticadas y el conocimiento exhaustivo de la biografía del paciente.

Una consecuencia de este modo integrador de ver las cosas es que, en la práctica neurológica, se tenían en cuenta las manifestaciones histéricas del paciente con el mismo grado de interés que otras de tinte “orgánico”. Para ello, se seguía el procedimiento puesto en práctica por Janet en la Salpetriere consistente, por un lado, en ocuparse y establecer un contacto con el paciente lo más intenso y duradero que sea posible, por otro en fijar por escrito todas las observaciones realizadas y escuchadas de viva voz.

2.-    Sistemática de los fenómenos corporales de la histeria
Es bien sabido que fue a través de Charcot y de sus discípulos que la histeria fue acogida por primera vez de forma científica en la historia de la medicina. Fue por el enfoque e impulso realizado por Charcot en la Salpetriere que los síntomas, sobre todo los físicos o corporales de la histeria, fueron investigados sistemáticamente. Los resultados de esta investigación fueron reveladores: los fenómenos corporales variados, con frecuencia de apariencia arbitrariamente cambiante, se manifiestan de acuerdo a leyes estrictas y claramente nombrables que muestran inconfundibles características, por lo que el diagnóstico no puede errarse. Estas características señalan de manera inequívoca a procesos psíquicos subyacentes.

2.1    Un filósofo en la Salpetriere

Pierre Janet, sobrino del filósofo Paul Janet, era ya profesor titular de Filosofía en la Universidad, cuando empezó a estudiar Medicina. Lo hizo, bajo la influencia de su hermano cirujano Jules,  para poder tomar parte en las investigaciones que llevaba a cabo Charcot para desentrañar los secretos de las manifestaciones histéricas. Charcot se prometía de la ayuda de Janet una aportación de un pensador conocedor de conceptos muy útil en la sistematización ordenada de los variopintos síntomas histéricos. Por esta razón acogió a Janet en su clínica de Paris en la que estaban alojadas unas 3000 pacientes que, debido a las drásticas manifestaciones sintomáticas convulsivas que presentaban, habían sido excluidas de las instituciones psiquiátricas.

2.2.    Metodica

De una manera que podríamos denominar acribica, profundizó Janet en la idiosincrasia y sintomatología de cada paciente, registrando y documentando a lo largo de años y años las más finas variaciones de sus manifestaciones clínicas.

No olvidó en esta tarea apuntar “palabra a palabra” todas las manifestaciones de las pacientes al mismo tiempo que fijaba sus propias observaciones minuciosamente, también aquellas que no podía sistematizar adecuadamente. Pues, precisamente aquellos hallazgos que en principio no encajaban en el cuadro clínico observado hasta ese momento, podían volverse posteriormente una pieza fundamental en la compresión global del acontecer histérico (sobre todo en lo que posteriormente analizaremos con el término de “contraposición” o “contrasentido”.

Esta paciente dedicación médica debe ser considerada también como única, porque aquellas a las que iba dirigida eran las mujeres desechadas de otros lugares, “depositadas” en la Salpetriere y por tanto carentes de oportunidad alguna, muchas de ellas con experiencia de cárcel y prostíbulo.

A estas “olvidadas” ofreció el investigador Janet el honor de manifestarse y de mostrar su insustituible aportación al entendimiento y compresión de la histeria.

Como consecuencia de la aplicación del método comunicacional, registró la aparente variabilidad anárquica de los fenómenos corporales de las pacientes, detectando una agrupación sintomática de la que se ponían de manifiesto claras regularidades y leyes. Más concretamente: los preceptos clínicos encontrados por Charcot en 1886 contenían una base conceptual mas amplia y sólida. Muchas características clínicas de la histeria pudieron ser entendidas mejor de esta manera, incluso algunas pudieron ser descritas y apreciadas por vez primera.

2.3    Dinámica del trauma

El concepto de Janet sobre el origen y la formación de los síntomas histéricos solo puede ser mencionada aquí de forma esquemática. Remito a su obra, p.ej.”The major symptoms of Hysteria”. http://www.archive.org/details/majorsymptomsofh00janeiala
New York, London: Hafner. Janet, P. (1929) y a la pagina web de Onno van der Hart (http://www.onnovdhart.nl/) o a la del Instituto Pierre Janet (http://pierre-janet.com/).

En cualquier caso, queda claro que el trauma psíquico juega un papel destacado. El razonamiento en el que se basa este aserto es el siguiente: con frecuencia, las experiencias traumáticas debido a su carácter insoportable, no pueden ser integradas en el mundo experiencial y en el recuerdo. Las fuertes impresiones psíquicas y los pensamientos catastróficos ligados con el trauma quedan – como medida de protección – separados (“desagregados”) del resto del psiquismo y llevan una vida propia en el subconsciente. Allí quedan fijados, cristalizados o congelados permaneciendo ininfluenciables o inmodificables a través de las funciones superiores de la consciencia capaces de “corregir” dicha impresión en un Yo que, por otro lado, sigue con su desarrollo evolutivo.

La inevitable y necesaria expresión de la experiencia traumática, en constante y repetido intento de elaboración e integración en el flujo de la consciencia, sucede exclusivamente y de manera involuntaria separada de esta. Esta separación que llamamos disociación se expresa,  demasiadas veces, solo a través del cuerpo. Es en la corporalidad donde se expresa en clave lo acontecido y padecido (aunque también en las fantasías y afectos derivados de ello).

Esta expresión “en clave” en lo corporal, se torna descifrable si se comprende la condición disociada o disociativa y su forma de expresión. Es decir, si se entiende que una parte de las funciones corporales queda separada del resto, se disocia, y se pone al servicio de la elaboración traumática. La correspondiente función corporal disociada – p.ej. en un grupo de movimientos o en algún lugar y en diversas calidades de la sensibilidad – queda “ocupada”, tomada,  por el recuerdo traumático y por ello inservible y en disposición de ser usada para otras funciones y tareas (Janet, 1893).

Los síntomas disociativo / histéricos – los psíquicos como estados de sonambulismo con amnesias y los físicos como parálisis, contracturas y anestesias – reflejan con precisión los procesos internos escindidos, disociados del resto. De acuerdo a Janet, los síntomas corporales se corresponden con los psíquicos y ambas formas de la elaboración de lo traumático pueden representarse mutuamente y las unas arrojar luz sobre las otras.

Ambas siguen las mismas leyes y muestran en gran medida idénticos rasgos o características entendibles desde la dinámica de lo traumático: en ambos, los síntomas psíquicos y físicos, impone su excesiva intensidad y su súbita aparición.

Los rasgos o características más importantes se mencionan a continuación, especialmente al hilo de los síntomas corporales:
(Janet, 1893; 1909; 1929;

2.4    Dinámica de los síntomas
(1)Los síntomas histéricos se expresan siempre de forma excesiva, correspondiéndose con la presión excesiva  de los recuerdos y afectos largamente encapsulados así como correspondiéndose con la intensidad del shock invasivo de la propia experiencia traumática original. Ésta, enterrada en el subconsciente, incapaz de ser ordenada y controlada por las fuerzas de la consciencia, mantiene por ello su violencia arcaica de manera intacta a lo largo del tiempo.

Con la fuerza desbordante del ataque histérico, esta violencia se reescenifica en el presente, como si la escena traumática estuviera aconteciendo de nuevo en ese momento (por ello, la meta de toda terapia del trauma es que este pueda volverse pasado).

(2) Los síntoma histéricos, sobre todo los determinados por el trauma, muestran un comienzo súbito y se manifiestan a lo largo de la evolución en forma de ataques o crisis debido a que entre medias vuelven a funcionar los mecanismos protectivos de autodefensa, es decir la disociación es efectiva. Esto quiere decir que, en fases con sintomatología pobre, en la que solo persisten síntomas discretos y en las que el mecanismo disociativo consigue una escisión efectiva en el sistema nervioso, se va acumulando el potencial traumático reprimido y desatendido. En un momento dado,  través de una presión interna creciente (o por aflojamiento de la defensa ante una repetición de una situación relacionada con lo traumático)  a modo de una erupción volcánica en evolución, explotar súbitamente para hacerse con espacio. Así se origina la crisis convulsiva, el temblor o la crisis de dolor (3).

Al contrario que los trastornos neurológicos que tienen un fundamento anatómico, los trastornos histéricos se ponen de manifiesto según leyes afectivas que ignoran la anatomía del sistema nervioso y que se ajusta al conocimiento experiencial que tiene la persona de su propio cuerpo. Esta noción anatómica está influenciada por diferentes conceptos y creencias populares a veces incluso supersticiosas, en definitiva, completamente subjetivas. Las alteraciones de la sensibilidad son “inanatómicas”  y presentan formas “en calcetín”, “en guante” o, incluso como mangas de camisa que terminan abruptamente en el hombro o que se distribuyen como anillos alrededor de las articulaciones. Con frecuencia, partes del cuerpo únicas como genitales, nariz o cavidad bucal quedan o bien afectadas o bien completamente exentas de trastorno en su totalidad.

Las parálisis histéricas o el temblor están acentuados en zonas próximas al tronco al contrario que las parálisis radiculares o cerebrales que se establecen por lo general distalmente. El dolor histérico localizado en la cara viaja “como un cuchillo ardiente” desde la mandíbula inferior sobre la mejilla y la frente  atravesando las fronteras del territorio del trigémino. El dolor lumbar se proyecta en ambas piernas, hacia arriba o unilateralmente en la ingle, y como muy tarde cuando al paciente se le doblan las rodillas y la cadera, se hace evidente que se trata de un acontecer histérico.(4)

Con frecuencia antecede al síntoma histérico una afección en el cuerpo: una operación,  una infección, lo más frecuente un accidente. La anestesia, la regresión de la infección originan una disminución (aflojamiento) de las defensas de forma que el potencial de trauma puede hacerse con un espacio en el cuerpo. El accidente, el shock,   la súbita interrupción de la rutina diaria, la conmoción de la seguridad personal, la real o temida herida de la integridad corporal, todos estos aspectos muestran una fatal similitud con la vivencia original traumática (pues representan una pérdida de control) y ocasionan que el accidente sufrido se convierta automáticamente en una situación de repetición insuperable. Muchos dolores persistentes misteriosamente, situaciones penosas de algunos enfermos tras latigazo cervical, o bien parálisis o contracturas que se ven en las consultas ambulatorias de Trauma y Medicina de Urgencias pueden encontrar una explicación en conocimiento de esta dinámica (5).

Después del accidente se precisa de una latencia hasta la aparición súbita del síntoma histérico, de un tiempo de “elaboración psíquica” (Charcot 1866) o, dicho de otra forma, de un “tiempo de incubación psicosomático”. Esto quiere decir: la trasformación del recuerdo del trauma en un síntoma físico es una actividad creativa que necesita su tiempo. (6)

Las sensaciones corporales subjetivas y los fenómenos motores visibles reflejan los procesos internos de manera escénica. Como síntoma prodrómico frecuente describen las pacientes una sensación de globo en la garganta, como una bola, como una pelota que sube desde abajo y que queda encasquillada o atorada en la garganta. Esta sensación dificulta tragar y oprime el paso de aire dificultando de esta manera el habla.

En este síntoma está capturada la dinámica de los recuerdos y afectos insoportables que emergen con fuerza desde el subconsciente y que poco antes de su liberación, es decir antes de su expresión verbal , quedan mantenidos en el lugar del tránsito de la inervación involuntaria a la voluntaria o consciente.

Del tipo de expresiones motoras como por ejemplo en una crisis convulsiva, puede deducirse el afecto o la emoción predominante de manera escenificada. En el temblor de los brazos y piernas queda expresado el miedo, en la convulsión tónica la ira contenida. En el “arc en cercle” u opistotono la defensa pasiva, en el clonus y en  el pataleo, de nuevo la ira incontrolable, en los gemidos y quejidos la pena y la tristeza, en el coma o pérdida de consciencia psicógena la impotencia, la parálisis emocional y el agotamiento. (7) .

Otra observación calve es que la mayoría de los fenómenos histéricos están construidos de forma polar o bipolar, contrapuesta. Cada síntoma está hermanado con su opuesto, un hallazgo impresionante, que muestra con claridad la ambivalencia de la persona afectada (Janet, 1929).

La tormenta de movimientos de la crisis convulsiva tónica es interrumpida por fases de inmovilidad absoluta, los llamados comas psicógenos. El trastorno histérico de la marcha muestra junto a la inhibición del paso una hipermotilidad en el plano vertical (caminar sobre las puntas de los dedos,  doblarse las rodillas, subidas y bajadas acrobáticas del tronco). En las regiones analgésicas se encuentran siempre puntos extremadamente dolorosos hipersensibles, las “zonas histerogénicas” a través de cuyo tocamiento se desencadenan o hacen desaparecer tormentas de movimientos o arc en circle. Por el contrario y siguiendo la misma pauta, en el punto máximo de la crisis de dolor pueden encontrarse sobre la zona del cuerpo dolorosa aéreas analgésicas en la piel.

El oscilar, la simultaneidad de la hiper y analgesia, la concurrencia de escenificación de lo traumático y su disociación ocultadora, todo ello está contenido y atrapado en estos hallazgos contrapuestos (Fischer & Riedesser, 2003). El dolor disociativo es vivido de manera escénica-agresiva (“infernal”) y es descrito mediante metáforas invasoras (por ej. “Punzadas con un cuchillo, rayo de fuego, como a golpe de formón y martillo”) que se corresponden con la experiencia traumática invasora y al mismo tiempo con metáforas “inorgánicas” (la pierna dolorosa es “como una piedra, la espalda dolorosa “como cemento”) como expresión de la autodefensa y del intento de no sentir el dolor insoportable. La cabeza, atravesada por las crisis de dolor como “por un rayo”, se siente al mismo tiempo como “comprimida como en un casco”.

Janet no se para ante las funciones vegetativas en el descubrimiento de los fenómenos histéricos (1893; 1909). También en este ámbito se detecta de nuevo el principio de la oposición de los contrarios. De manera repetida se describen edemas, hinchazones intermitentes de la cara y de las extremidades como expresión de los afectos y emociones que han quedado “embalsadas” y fijadas en el cuerpo. Como contraposición a estos “embalsamientos de liquido” de base emocional se presentan las observables anhidrosis unilaterales, con frecuencia sitas en el lado analgésico. Además de estas anomalías, Janet describe también aquellas zonas de la piel que, por efecto de contracciones vasculares, no sangran cuando son pinchadas con una aguja (antiguos “Stigma diaboli” de la Inquisición) en contraposición con los hematomas y hemorragias espontáneas sin lesión (“estigmas de Cristo”→ Observación nº  1). Las alteraciones de la micción, de la conducta alimentaria, de la digestión así como los dolores en órganos internos queden solo citados en este contexto.

3    Resumen: Relevancia de la sistemática de los fenómenos histéricos

La enorme variedad de los fenómenos histéricos descritos por Janet solo puede ser mostrada de forma resumida. Lo que es decisivo es el principio que subyace a todos los fenómenos corporales, la inequívoca dinámica del síntoma (excesiva, en crisis en presencia de una predisposición orgánica, in anatómica, escénica y contrapuesta o polar). Estas características señalan a ojos vista el carácter histérico del síntoma físico.

Las características clínicas típicas – que se corresponden con rígidos  principios afectivos – pueden ayudar a realizar un diagnóstico precoz seguro de los trastornos disociativo – histéricos. De esta manera una forma de procedimiento diagnóstico grosera y dañina basada en el principio de “si no es orgánico entonces tiene que ser psíquico” se torna obsoleta y superflua.

Por esta razón no deja de ser asombroso que la sistemática de Janet y de la escuela de Charcot haya tenido tan escasa repercusión en la medicina. La mayor parte de los médicos apenas conocen las características clínicas descritas, entre otras razones porque no están recogidas en los sistemas internacionales de clasificación de enfermedades.

En la CIE 10 no aparecen los criterios diagnósticos ni bajo los trastornos disociativos (F44), ni bajo los somatoformes (F45) ni entre los postraumáticos (F 43). Falta por completo la decisiva indicación respecto a lo excesivo y critico de la sintomatología histérica, todo aquello que la hace propia y que en el médico fatalmente desinformado le genera una actitud de intervención fatal, invasiva causante de mayor sufrimiento y trauma.

Y esta aseveración debe preceder a otra advertencia definitiva: en presencia, aunque sea solo una sospecha, de un trastorno histérico debe retroceder la actividad y el activismo médicos a favor de una lentitud vigilante, de una actitud altamente receptiva, comunicativa y favorecedora del acto del recordar como fue practicada y descrita por Janet.

Esa parte de exceso o “excesividad”  en la sintomatología que seduce al médico hacia el activismo inútil, disminuye en cuanto este, a través del conocimiento de los criterios, puede ordenar y organizar los correspondientes síntomas, es decir hace una contención conceptual del problema. Esta compresión conceptual de lo que está pasando, origina en el profesional la distancia liberadora que le protege frente a un envolvimiento emocional innecesario y perjudicial en la situación, otorgándole la fortaleza y compostura interna que facilitan una contención emocional necesaria, o mejor aún que la hacen posible.

Observación
(1) Las heridas que no cicatrizan en personas con traumatizaciones psíquicas pertenecen a este mismo contexto. También el fenómeno opuesto como son las cicatrices en crecimiento continuo y los queloides que posiblemente expresarían un exagerado autodefensa (Kütemeyer, 2003). En algún momento se lega a una oscilación entre ambos polos cuando en la psicoterapia se toca una herida biográfica y de manera súbita de un prominente queloide se destilan gota a gota – como lagrimas – en forma de una secreción lechosa.

También las “heridas crónicas abiertas” se extienden de forma exagerada y sin respetar los límites anatómicos más allá de la herida original, forman cráteres y bolsas en la profundidad de la piel, largas fistulas que producen importantes hinchazones así como fuertes dolores psicógenos que desaparecen cuando se suprimen los analgésicos , y muestran una producción extrema e incontenible de secreciones purulentas. Una herida de estas características se abre después de un periodo de latencia, súbitamente como si se tratara de una crisis, después de la curación de la misma por primera intención. La herida recién curada explota como si debajo de ella se hubiera constituido un cono de presión ascendente que expresa una presión emocional exagerada. La que llamamos “herida psicógena” muestra por tanto todas las características típicas expresadas por Janet siendo perfectamente distinguible de una curación por segunda intención.

Literatura

Bühler, K.-E. & Heim, G. (2002) Psychisches Trauma und fixe Ideen.

Pierre Janets dynamisch-handlungspsychologische Konzeption dissoziativer Störungen. Zeitschrift für Klinische Psychologie, Psychiatrie und Psychotherapie, 50, 394-408
Bühler, K.-E. & Heim, G. (2005) Die Konzeption des „Unterbewussten“ und des psychischen Automatismus bei Pierre Janet. In: M.B. Buchholz & G. Gödde (Hrsg.), Macht und Dynamik des Unbewussten. Auseinandersetzungen in Philosophie, Medizin und Psychoanalyse (S. 296-320). Gießen: Psychosozial.
Charcot, J.M. (1886). Neue Vorlesungen über die Krankheiten des Nervensystems, insbesondere über Hysterie. Übersetzt von Sigmund Freud. Leipzig, Wien: Toeplitz & Deuticke.
Fischer, G., & Riedesser, P. (2003). Lehrbuch der Psychotraumatologie (3. Aufl.). München: Reinhardt.
Freud, S. (1888). Hysterie. In: A. Villaret (Hg.), Handwörterbuch der gesamten Medizin, Bd. 1 (S. 886-92). Stuttgart: Enke. [Nachdruck in Psyche 7 (1953) 486-500; 481-485; m. Vorwort von Paul Vogel. Mit editorischer Vorbemerkung in: A. Richards, & I. Grubrich-Simitis (Hg.): Gesammelte Werke, Nachtragsband ( S. 69-82). Frankfurt/M: Fischer (1987)].
Freud, S. (1893). Quelques Considérations pour une Etude Comparative des Paralysies Motrices Organiques et Hystériques. GW 1 (S. 37-55). [Deutsche Übersetzung (1998) „Einige Betrachtungen zu einer vergleichenden Studie über organische und hysterische motorische Lähmungen“, von M.L. Knott & M. Kütemeyer, Jahrbuch der Psychoanalyse 39, 9-45].
Heim, G. (1999). Pierre Janet (1859-1947), „Médecin-philosophe“, Psychologe und Psychotherapeut. Nervenarzt, 70, 1019-1024.
Janet, P. (1893). L’état mental des hystériques. Paris: Alcan (1911) [Deutsche Übersetzung des 1. Teiles (1894) „Der Geisteszustand der Hysterischen. Die psychischen Stigmata.“ von Max Kahane. Leipzig, Wien: Deuticke. Reprint 2004].
Janet, P. (1909). Les Nevroses. Paris: Flammarion.
Janet, P. (1929). The major symptoms of Hysteria. New York, London: Hafner.
Janz, D. (1991). Psychosomatische Aspekte von Lähmungen. In K.J. Neumärker, M. Seidel , D. Janz & H.W. Kölmel (Hg.): Grenzgebiete zwischen Psychiatrie und Neurologie. Berlin: Springer.
Janz, D. (1998). Die Epilepsien. Spezielle Pathologie und Therapie (2. Aufl.). Stuttgart: Thieme.
Janz, D. & Christian, W. (1957). Impulsiv-Petit mal. Deutsche Zeitschrift für Nervenheilkunde 176, 346-386.
Kütemeyer, M. (2001). Neurologie und Psychosomatik. Erinnerungen an die Janz’sche Klinik. In: Die Wahrheit der Begegnung. Anthropologische Perspektiven der Neurologie. Festschrift für Dieter Janz (S. 191-214,). Würzburg: Königshausen & Neumann.
Kütemeyer, M. (2003). Psychogener Schmerz als Dissoziation. Psychotherapie Soz. 5, 320-337.
Kütemeyer, M., & Masuhr, K.F. (1981). Psychosomatische Aspekte in der Neurologie. In A. Jores (Hg.): Praktische Psychosomatik. Ein Lehrbuch für Ärzte und Studierende der Medizin (2. Aufl.; S. 353-70). Bern, Stuttgart, Wien: Huber.
Kütemeyer, M., Masuhr K.F. & Schultz-Venrath, U. (2005). Kommunikative Anfallsunterbrechung. Zum ärztlichen Umgang mit Patienten im Status pseudoepilepticus. Zeitschrift für Epileptologie, 18, 71-77.
Kütemeyer, M. & Schultz-Venrath, U. (1996). Neurologie. In T.v. Uexküll (Hg.): Psychosomatische Medizin (5.Aufl.; S. 1067-1085). München, Wien, Baltimore: Urban & Schwarzenberg.
Lamprecht, F. (1979). Neurologie. In P. Hahn (Hg.): Die Psychologie des 20. Jahrhunderts, Bd. IX Psychosomatik (S.533-578). München: Kindler.
Lempert, T. & Schmidt, D. (1990a). Natural history and outcome of psychogenic seizures. Journal of Neurology, 237, 35-38.
Lempert, T., Brandt, T., Dieterich, M., & Huppert, D. (1994). How to identify psychogenic disorders of stance and gait. A video study in 37 Patients. Journal of Neurology, 238, 140-146.
Lempert, T., Dieterich, M., Huppert, D. & Brandt, T. (1990b). Psychogenic disorders in neurology: frequency and clinical spectrum. Acta Neurologica Scandinavica, 82, 335-340.
Masuhr, K.F. (1986). Das Münchhausen-Syndrom. In H. Studt (Hg.), Psychosomatik in der Inneren Medizin (S.102-108). Berlin, Heidelberg: Springer.
Masuhr, K.F.(1994a). Psychogene Aphonie und psychogene Amaurose. Aktuelle Neurologie, 21, 16.
Masuhr, K.F., & Neumann, M. (2004). Neurologie (5. Aufl.). Stuttgart :Thieme.
Meierkord, H. (1986). Sensibilitätsstörungen bei peripherer idiopathischer Facialisparese. Berlin: Med. Diss.
Rabe, F. (1966). Hysterische Anfälle bei Epilepsie. Nervenarzt, 37, 141-150.
Rabe, F. (1970a). Diagnostische Probleme bei der Unterscheidung von hysterischen und epileptischen Anfällen. Nervenarzt, 41, 426-429.
Rabe, F. (1970b). Die Kombination hysterischer und epileptischer Anfälle. Das Problem „Hysteroepilepsie“ in neuer Sicht. Berlin, Heidelberg, New York: Springer.
Schmitz, B. (2005). Anfälle. In B. Schmitz , & B. Tettenborn (Hg.), Paroxysmale Störungen in der Neurologie (S. 225-246). Heidelberg: Springer.
Schöndienst, M. (2002). Von einer sprachtheoretischen Idee zu einer klinisch-linguistischen Methode. Psychotherapie Soz. 4 ,253-269.
Spehlmann, R. (1953). Sigmund Freuds neurologische Schriften. Eine Untersuchung zur Vorgeschichte der Psychoanalyse. Heidelberg: Springer.

Abbildung 1:
Merkmale dissoziativer Störungen nach seelischem Trauma

In: Fiedler P (Hrsg) Trauma, Dissoziation, Persönlichkeit. Pierre Janets Beiträge zur modernen Psychiatrie, Psychologie und Psychotherapie. Pabst Science Publishers, Lengerich 2006

Anuncios

4 pensamientos en “Janet y el trauma

  1. Primeramente agradecer por el trabajo recopilatorio, soy estudiante de psic. en la UBA, hay una cuestión que no sé si es triste o alegre, y es que cuando estudié la conceptualización del trauma en la etiología de la histeria en mi facultad, no se ahondó mucho en lo propuesto por Janet. Pero habría una diferencia con respecto a Freud. Janet, corríjanme si me equivoco, considera la causa última del síntoma histérico, o el conjunto de ellos, un mecanismo de endeblez psíquica que produce la disociación propia para la no tramitación ante un trauma efectivo, o alguna serie de ellos. Desde este punto de vista sí se puede hablar de trauma psíquico, pero ello es un factor desencadenante de una predisposición genética. En cambio en Freud, la etiología de la histeria se basa en una causa de orden último en la impresión anímica que el trauma provocó, es decir, considera que a raíz de un trauma ya sea físico o no, una impresión penosa en lo anímico puede devenir en trauma, por su asociación con contenidos anteriores irreconciliables de la consciencia, y que dichos contenidos irreconciliables conducen a una efectividad del trauma como tal sin los cuales no tendría la fuerza de trauma, el cual se deniega a la asociación consciente, de modo tal que ocupa un espacio no consciente, quedando el afecto estrangulado. Esto se denomina trauma en segundo tiempo, ya que el trauma causa un efecto patológico efectivo después que se “incubaron” las representaciones penosas. Ahora bien, lo que caracterizaría a la nosología de la histeria es, tras hacerse efectivo lo traumático, ¿qué ocurre? Freud acá introduce que la denegación a la consciencia de ese afecto estrangulado, sólo si hay mecanismo de conversión, deriva en síntoma histérico, si no hay mecanismo de conversión histérico, puede derivar en otro tipo de síntomas, ahora bien, lo que se puede criticar es, acaso, ¿el mecanismo de conversión es algo de índole genética o no? Si es genético se puede pensar como una traba hereditaria, pero si no, se lo puede plantear como el propio mecanismo de denegación, que bajo el imperio de constancia de la economía psíquica, mantiene relegado en planos no conscientes cierto orden representacional, es decir, ocurre la defensa psíquica, y producto de ella, al negarse algún área consciente de la corteza cerebral (acá ligo con saberes neurocientíficos), es redirigida dicha información sináptica hacia otros lugares, los cuales pueden llegar a innervar otro tipo de nervios que pueden tener como consecuencia una innervación motora o autónoma, o algún área en específico del cuerpo acaso una zona histerógena en particular, entonces es aquí, no atendiendo a la explicación de la endeblez de la consciencia, sino que atendiendo a la descripción sintomática de los pacientes, que lo descrito por Janet puede ser de especial ayuda. En especial si ese movimiento que implica este esfuerza de desalojo de la consciencia llega a inervar ciertas áreas, ahora mi pregunta la nosología se dará por los síntomas mismos, o acaso hay alguna forma de saber que cierto ordenes de afectos pueden inervar ciertas áreas, la pregunta está entonces sobre el movimiento psíquico de lo consciente hacia esas “otras zonas”, hay una regularidad, la regularidad tiene algún correlato genético, o es un movimiento de puro azar, lo cual descartaría por la persistencia de los mismos síntomas en mismos pacientes. ¿Es válido este desglose que hago o no tiene lógica desde un saber neurocientífico?, porque desde mi razón psicoanalítica sí lo tendría. Saludos!!

    • Bueno, vamos por partes:
      Janet sostuvo siempre la teoría de la seducción, es decir creía que los síntomas histéricos eran traumáticos, pero d índole sexual. Freud al principio sostuvo también esa teoría hasta que la abandonó por la teoría del impulso inaceptable. Cambió de opinión cuando comenzó a tratar muchachas d otra extracción social, ya no encontraba seducciones infantiles y por tanto a ya raíz de este hallazgo construyó la teoría sexual de las neurosis. Estos es, no hacia falta haber sido sometido a seducción bastaba la constelación edifica propia del deseo del niño para que hubiera o no trauma según como se resolviera.
      Janet acuñó el término psicastenia para explicar esa “debilidad” o “endeblez” de la que hablas. Para él la psicastenia era la etiología común de todas las neurosis. Una especie de flojedad en las asociaciones.
      Y también describió otra cosa muy importante: la disociación. No puede entenderse la conversión sin entender la disociación que es un mecanismo que nos viene de serie, una especie de mecanismo que nos procura analgesia, y anestesia en momentos donde no podemos luchar ni huir. Hoy le conocemos como congelación, bien descrito por Scaer. Tengo varios post sobre ese proceso.
      Y si, la disociación es un mecanismo de origen genético , todos podemos disociarnos ven un momento determinado, se habla incluso de un espectro disociativo desde el trance hasta el coma histérico o pseudocatatonia catatonica.
      Y si, esa doble anatomia, ese doble cuerpo puede explicarse con los razonamientos que has escrito.

      • Es de especial interés lo que me comentas, sobre todo lo que la perspectiva de Janet puede aportar para la clasificación de las enfermedades en salud mental. Yo apenas soy un estudiante, pero veo conflictivo el encuadre nosológico del DSM-V, por otro lado el psicoanalítico propio de Freud tampoco me convence del todo. Yo nunca entendí muy bien el afán de usar la nominación de neurosis, cuando considero que psicastenia en su raíz etimológica es más apropiado para describir una tendencia que tiene el organismo, sobre todo humano, por el lenguaje y demás, a ser embestido por agentes del medio externo, es decir, me parece que habla más de una correlación de lo que el atravesamiento por lo socio-cultural puede provocar sobre el sistema nervioso y por lo tanto, en la constitución del sujeto, siempre que se lo entienda como el influjo que el medio tiene por sobre el sujeto, yo sí pondría la angustia como ese cualitativo-cuantitativo de fondo que provoca el pasaje por lo socio-cultural. Luego, si se han de medir los factores hereditarios de predisposición, prefiero utilizar el término de neurastenia y que en todo caso si ha de existir un cruce correlativo entre factores adquiridos y heredados, ese sea el grado de neuroticismo. Respecto de la disociación prefiero comprenderla más como un mecanismo de defensa antes que una falla en la conducta, pero no creo que sea una represión al modo de Freud, más bien me parece un mecanismo subconsciente ante influjos externos que superan ciertos umbrales o que revisten riesgo aparente de supervivencia lo que le daría mayor legitimidad a estos estudios etológicos, ahora quizás cuando en esa disosciación se esquiva su contenido, y éste entra en asociación con contenidos traumáticos anteriores, ahí sí quizás funcione al modo Freudiano de represión secundaria, propio del trauma retroactivo en segundo tiempo. En este sentido es que yo no preferiría pensar lo psicasténico como una endeblez psíquica innata, sino como un producto adquirido de lo que el paso por la experiencia material nos deja como marcas a través de innumerables procesos disociativos y otros mecanismos, pero que bien dichos procesos disociativos que han quedado como marcas, puedan así estar influidos por factores neurasténicos, es decir más hablaría de grados variables psicasténicos-neurasténicos que se fijarán en última instancia por la vida sexual del paciente, lato sensu, y este cruce nos dará lo patológico. En fin, en este sentido considero que lo conversivo no sé hasta que punto sea algo hereditario, para mi tendría que ver con una cuestión de redirigir una información sináptica hacia otro lugar, y que en ese traslado contra-corriente, pueda llegar a centros o núcleos asociativos o de inervación de lo más diverso, lo que explicaría que la conversión entonces podría ser más bien el resultado de un flujo del mecanismo de disociación que haya encallado en alguna inervación motora ya sea somática o autónoma, pero ¿y si llega a una inervación sensitiva? ello explicaría que ciertos sintomas de “trastorno disociativo” en el fondo tmbn son una conversion, pero que no hayan llegado ni a musculo ni a “zonas histerogenas” sino que un órgano del sentido, por ejemplo. Pero bueno en fin, esto que digo ya me quedó muy especulativo, por ahí puede que sean todas causas netamente orgánicas, y que aquello del mecanismo de la conversion no sea más que un fantasma para cuadros sintomáticos sin respuesta aparente por la falta de desarrollo tecnologico que habia, creo que los niveles de trastornos conversivos se ha reducido considerablemente, lo que algo dice, y desprestigia la teoría de lo psico-somatico, igualmente han aumenta mucho los trastornos de ansiedad/angustia y panic attacks, pero no se cual sea la correlacion, es algo interesante de pensar, pero no tengo idea de datos estadisticos respecto de esto, aunque puedo al menos hacer las asociaciones entre los fenomenos para dejarlo como preguntas, por lo bajo. A lo que voy, a mi no me gusta ver los síntomas histericos como algo neurodegenerativo, me parecen sintomas que si existieron en esos cuadros realmente, y si es que no se debian a otras neuropatias, eran producto de la opresion misma que la mujeres vivian en esa epoca y que por mero aguante de la psiquis, empezaron a somatizar todos esos sintomas por mecanismo de disociación-conversiva. Es solo una opinion especulativa, en todo caso es algo lindo para investigar! Igualmente te doy las gracias, me parece un blog muy interesante!

      • La somatización ya fue descrita por Briquet que también trabajaba en la Salpètriere con histéricas y aunque posteriormente se supuso que la somatización muscular no era histérica, en mi opinión se debió a las conceptualizaciones de Alexander que intentó construir una medicina psicosomática sin mucho éxito. Hoy que la conversión ya casi ha desaparecido vemos con más frecuencia somatizaciones que alcanzan tanto al músculo liso como al estriado, lo que significa que la conversión ha agravado su presentación y parece haber desaparecido su simbolismo histerógeno. Pero yo creo que esto se debe a la versatilidad de las presentaciones neuróticas que siguen patrones culturales. Hoy la parálisis ha cedido su terreno al dolor y a la fatiga, pero Briquet sigue existiendo:
        https://pacotraver.wordpress.com/2007/12/22/briquet-y-su-sindrome/

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s