Enfermar por desbordamiento

narciso y eco

Narciso y Eco

Hace algún tiempo escribí un post que titulé “histeria desbordada” donde presentaba el caso de una muchacha que presentó un cuadro grave de conversión donde se pueden apreciar a las claras la yatrogenia médica sobre el cuerpo de aquella muchacha. Apuntaba allí -a propósito del narcisismo- que contrariamente a lo que la gente cree, el narcisista no es una persona que se quiera mucho a sí misma, sino un arreglo pulsional de emergencia para protegerse de la falta de amor, de cuidado o de interés por nuestros primeros cuidadores. El narcisismo primario nos viene de serie y ya describí en este post a qué nos referimos con esta palabra.

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Los cuatro cuerpos de tu mente

El cuerpo es ubicuo

Hildegarda de Bingen

No cabe duda de que el problema mente-cuerpo es una de las patatas calientes de la neurociencia y que todavía no se ha aclarado. En mi opinión la causa de este misterio es que mientras el cuerpo (la materia corporal) ha cambiado poco o nada en toda nuestra evolución, la mente y la mentalidad ha cambiado y sigue cambiando en función del “espíritu de cada época”. Dicho de otra manera: la mente cambia más rápidamente que el cuerpo que apenas lo hace.

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La manzana de la discordia (IV)

 

La manzana de la discordia

Discordia es una deidad griega ya señalada por Hesíodo en su Teogonia pero que conocemos bien y mejor por su intervención en la Ilíada de Homero; entre sus vicios más importantes estaba la facultad de tejer líos entre las personas, tanto es así que se le atribuyen -entre otras maldades- el desencadenamiento de la guerra de Troya.

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El angel de la guarda

Angel de la guarda

dulce compañía

No me desampares

ni de noche ni de día

no me dejes solo

que me perdería.

Esta era la oración que los niños de cuando entonces rezábamos antes de irnos a dormir. La preocupación de nuestros padres era precisamente esa: que nos perdiéramos y que alguien se nos llevara a algún lugar. Un “alguien” que no tenia una intencionalidad concreta, no era un pederasta (entonces no había pederastas y si los había estaban muy cerca), ni había tráfico de órganos, ni de niños. Dicho de otra manera entonces no se raptaban niños perdidos por la calle, al menos en mi entorno, pero nuestro padres (concretamente nuestras madres) estaban aterrorizadas, ante la posibilidad de que nos raptaran. También existía miedo a las enfermedades, concretamente a la TBC, entonces no había vacunas por tanto los niños pasábamos, si o si por todas las enfermedades posibles que eran mucho más virulentas que ahora, con diferencia.

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