El mapa mental del odio

El odio es un sentimiento intenso de repulsa a algo o alguien que además incluye el deseo de deshacerse o de eliminar la causa del mismo. El odio está emparentado con el asco, y el desprecio y se trata de un afecto prolongado que no debe confundirse con el rencor, pues el rencor no incluye esa claúsula de eliminación que siempre es física y no solo declarativa. Y está presidido por un sentimiento de enojo, de ira o de hostilidad manifiesta en todo aquello que se relacione con la persona, idea o cosa odiada, aunque sea solamente una relación de desplazamiento semántica.

El odio puede ser comprensible o incomprensible, por ejemplo es comprensible pensar que alguien albergue sentimientos de odio si él mismo o su familia han sufrido daños o han sido asesinados por alguien concreto pero también puede suceder que ese alguien no sea una persona o se desconozca, en tal caso comprenderemos ese odio (sin necesidad de buscar una explicación), también entenderemos que pueda ser desplazado a aquellos que secundariamente se consideren subsidiarios de tal afrenta.

Es por eso que la venganza está relacionada con el odio. Pero lo cierto es que el odio muchas veces es incomprensible y no podemos explicarlo a partir de la biografía de los sujetos que lo sienten. En ocasiones el odio es la consecuencia de elaboraciones patológicas como sucede con el fanatismo o la xenofobia.

Lo cierto es que el odio es un sentimiento difícil de mantener, se trata de algo que el sujeto que lo porta le hace sentir desagradable. Odiar es desagradable pero puede neutralizarse con fantasías de venganza que en cualquier caso operan como «recompensa» diferida en la fantasía del odiador, pues en realidad la venganza es una forma de justicia privada, eones de tiempo anterior a la justicia del Estado tal y como la comprendemos hoy. En la venganza hay una busqueda de justicia o lo que es lo mismo el vengador se toma a sí mismo como una persona justa y moral, hay como un mandato o imperativo justiciero en los odiadores.

Dicho de otra forma: la venganza es el acto que regula un afecto (el odio) que puede ser insoportable para quien lo sufre. O también: que en la venganza hay un deseo de impartir justicia, cuando alguien se venga asesinando a alguien que anteriormente hubo asesinado a un miembro de su familia está sintiendo que el sujeto al que asesinó, se lo merecía. Se trataba pues de un acto de justicia reparativa.

Un acto que se conoce desde la antigüedad y que responde al nombre de «ojo por ojo diente por diente» que lleva implícito un mensaje de proporcionalidad: no se trata de un ojo por dos ojos o de un diente por toda una dentadura, sino de un mandato de proporción. Pero lo cierto es que en aquellos que se toman la justicia por su mano no hay casi nunca proporción y lo usual es que se tome toda la dentadura por un diente perdido. El problema que tiene este ajuste de cuentas privado y subjetivo es que conlleva una cascada de eventos violentos posteriores que no se detienen nunca y que afectan a toda la sociedad. Es por eso que entre nosotros el Estado ha tomado el mando sobre la violencia privada y la prohibe, incluso en los casos de defensa propia (como sucede en España, pero no en otros países como en USA). Nadie puede suplantar al Estado en el reparto de justicia, asegurándose así que se lleven a cabo escaladas de crímenes a cambio de garantizar una justicia objetiva e impersonal y que por desgracia nunca llega a ser reparativa ni proporcional.

Lo importante es retener que la agresión puede tener condicionamientos morales y es por eso que se encuentra emparentada con el asco y la repugnancia moral, sentimientos que tienen relación con el supremacismo moral que muchas veces viene disfrazado de una empatía narcisista, el nombre con el que conocemos a ciertas personas que parecen empáticas siempre y cuando se considere que sus actos son beneficiosos para otros, usualmente alejados de su entorno. Hay que recordar que la empatía evolucionó para la protección de los nuestros, algo que suele emparentarse con la oikofobia. La empatía tiene un cara oscura tal y como comenté en este post.

Cute-agression.-

Pero no todas las formas de agresión son de carácter moral. Hay otra forma de agresión que nos impacta mucho más que esas escaladas de violencia que anteriormente describí. Se trata cuando la víctima es un niño o alguien desamparado o cuando se lleva demasiado lejos la pulsión de matar, como si el individuo hubiera sido cegado por algún misterioso fenómeno de conciencia y hubiera un exceso de rabia contra el agredido, algo que sucede en ciertos crímenes sexuales o cuando hay razones de mucho peso para ir más allá de la muerte en ciertas agresiones. Entonces hablamos de sadismo.

El sadismo es una parafilia (una perversión sexual o no) que consiste en obtener placer del dolor, miedo, terror, o humillación de otras personas. En realidad el sádico no pretende solo disfrutar de sexo cuando agrede a alguien sino más bien gozar de ese poder omnímodo que confiere la dominación total sobre alguien desamparado y a su merced. Es como si el placer sexual hubiera sido sustituido por otra cosa.

Pero en la «cute agression» lo que hay es un deseo de profanar algo sagrado, algo inocente, algo que merece por sí mismo respeto y devoción, empatía, cuidado y compasión. Es un atentado contra la ética de la divinidad,

La ética de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogía de nuestra concepción de la moral. El asco es una mueca de desprecio.

Los cute-agresores lo que buscan es emborronar lo bello, lo inocente, lo bello, la ternura que experimentamos frente a esos seres desvalidos, los enfermos, los niños o aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. Y hay antecendentes en la literatura que nos proporcionan pistas de las razones que impulsan a estos sujetos. Veamos este poema de Baudelaire titulado precisamente «A la que es demasiado alegre» de su libro «Las flores del mal», un verdadero tratado de misoginia y sadismo:

Tu cabeza, tu aire, tu gestobellos como un paisaje alucinante;

como la brisa en un cielo claro juega la risa en tu semblante.
Al triste peatón hace pedazos, deslumbrado por tu carnalidad,

que brota como una claridad desde tus hombros y desde tus brazos.
Los chillones colores con que te maquillas, como las coquetas,

evocan en el corazón de los poetas la imagen de un ballet de flores.
Tus locas faldas sin emblema de tu gusto sofisticado,

loca por la que yo me he enloquecido

te odio, sí, tanto como te amo.
A veces en un jardín sereno por el que se arrastra la atonía,

he sentido, como una ironía, que el sol me desgarraba el seno.
Tanto humillaron mi corazón la primavera y el verdor

que la insolencia de la naturaleza la he castigado en una flor.

Como un cobarde, de forma sigilosa, reptar
querría yo hasta tu boca
cuando la hora del placer convoca
y los tesoros de tu noche disfrutar,

Y castigar tu cuerpo deleitoso
y ensangrentar tu perdonado seno
y hacer en tu costado no sereno
un corte hondo, extenso y profundo,

Y qué vértigo dulce tan intenso
a través de tus labios nuevos,
más brillantes y también más bellos,
infundirte, hermana, mi veneno intenso.

Obsérvese como la contemplación de la belleza femenina es para el poeta insoportable y fantasea con procurarle dolor a su «envidiada modelo». Pero en la ultima estrofa nos da una clave:

¿A qué veneno se refiere el poeta?

Naturalmente el veneno es él mismo o cómo se percibe a sí mismo subjetivamente (mi veneno).

La identificación proyectiva.

La identificación proyectiva es un mecanismo de defensa que consiste en «inyectar» en otro un estado mental propio a fin de dejar de estar bajo su influencia. En este sentido, la identificación proyectiva es una forma de regular los propios afectos, proyectándolos afuera al mismo tiempo que se consigue que el objeto se identifique con esa proyección. Se trata de un mecanismo de muy bajo nivel cognitivo que rara vez consigue estabilizar al sujeto que la emplea. Se trata de un mecanismo narcisista, que puede o no derivar en agresión.

En el caso de Baudelaire podríamos especular que su fantasía sádica se dirige hacia alguien que el poeta califica como bella (pero excesivamente alegre), es esa alegría, esa belleza la que no puede tolerar y por eso toma prestada esta capacidad de nuestra mente para proyectarse fuera de ella. Lo que hay dentro de él es odio en forma de «cute agression», algo infrahumano que equilibra la deshumanización del otro que proyecta en su fantasía. Pero no de cualquier otro, sino de un ser sagrado protegido por la ética de la divinidad pues todos somos en lo más intimo -nuestro cuerpo- inaccesibles y debemos guardar el secreto para nosotros mismos. Mucho más aquellas personas que hemos declarado como bellas o adorables.

El insecto disemina su insecticida para igualar su entorno mental aunque sea eliminando la belleza que él mismo acepta, adora y desea en el otro para sí. Pues en realidad el otro no existe (pero sí sus encantos) , se halla deshumanizado, zombificado como él mismo.

Destetados

Aquellos de ustedes que leyeron mi ultimo post sabrán que allí me preguntaba si el apego de los niños y las niñas tenia alguna diferencia. Hice una pequeña encuesta en twitter para averiguar cual era la opinión de otros usuarios y ver si coincidía con la mía. El resultado fue positivo, el 61% de los encuestados estaban de acuerdo en que el apego de los niños con su madre era más intenso y duradero que el de las niñas. Más tarde pregunté sobre otra cuestión ¿Cual era la causa de esta diferencia? Aquí he de decir que no obtuve ninguna respuesta satisfactoria pero si alguna pista.

Y la pista mas valiosa que he encontrado fue la que me dio una psicóloga a la que apenas conozco, y me dijo brevemente: «la relación entre madre e hija es obvia y la semejanza tiene como dos destinos, uno la separación y otro la apropiación. No se si lo digo con sus mismas palabras pero esto es lo que a fin de cuentas comprendí.

Lo que sugiere esta respuesta es que la semejanza (sexual por supuesto) opera como un separador, como desencanto en la niña y como aliciente – la diferencia- en el niño. Algo que por cierto ya había dicho Freud con otras palabras: para él , la niña se decepciona de la madre cuando se da cuenta de que no tiene pene. A mi esta explicación nunca me gustó demasiado porque los niños no comienzan a interesarse por las cuestiones sexuales hasta los 4 años más o menos, pero la observación de diferentes tipos de apego es anterior. Los 3 años pueden ser un buen observatorio para explorar estos tipos de apego.

Naturalmente no tenemos ningún instrumento para medir la intensidad del apego, pero tenemos a nuestra disposición algunos métodos observacionales: la ansiedad de separación y la angustia del extraño que no son la misma cosa pero suelen manifestarse en el mismo paquete.

Los niños comienzan sentir ansiedad de separación hacia los 8 meses y protestan ante la partida de la madre, cuando ha de ir a trabajar o cuando han de llevarle a la guardería, las despedidas en las filas de los colegios de primera infancia suelen ser dramáticas al menos los primeros días y lo primero que se observa es que no todos los niños de la fila tienen la misma madurez, puesto que en esa edad una diferencia de tres meses es suficiente para marcar la diferencia. Los niños suelen requerir la presencia de la madre para jugar y suelen llorar o mostrar enfado si la madre no les mira, no juega o no se somete a sus normas con el juego.

Lo mismo sucede a la hora de dormir, un verdadero ritual para niños y madres, con lecturas, acompañamientos y compañia de cama. Los niños exigen mucho de sus madres y durante cierto tiempo, niños y niñas no muestran ninguna diferencia significativa en cuanto a la manifestación de su ansiedad de separación. No olvidemos que el mayor terror de un niño es el abandono y la separación -no es un abandono para nosotros-, puesto que se recupera a la madre, pero para un niños la separación debe ser una herida emocional que ha de resolver con sus propios medios. Las heridas emocionales no son traumas con T sino traumas con t, es decir son fisiológicos y forman parte del neurodesarrollo. La repetición del estimulo acabará por configurar un sentimiento de comfianza en el niño, sabe que inevitablemente la reunión se producirá con el tiempo, aunque el tiempo para un niño no es el mismo que para un adulto, más que eso, el niño tarda mucho tiempo en poder procesar el tiempo en términos cronológicos aproximados a la realidad del discurrir de las horas.

Pero el apego de los niños es feroz si lo comparamos con el de las niñas y se mantiene mucho más allá de los 4 años, mientras que las niñas durante ese tiempo 3-4 años son capaces de 1)controlar esfínteres 2) comer solas 3) ir solas al baño 4) establecer vínculos con otros niños y 5) elaborar frases con sentido y comunicarse de una forma más clara con otros 6) conocen más palabras sueltas. 7) sus juegos son más sociales y más complejos.

Dicho de otra manera: las niñas maduran antes.

Mi hipótesis es que este adelanto de las niñas hacia los niños (un adelanto que se mantendrá durante toda la primaria) se debe a haber superado la ansiedad de separación con más rapidez que los niños. Las niñas se relacionan con su padre de otra manera bien distinta a como lo hicieron con su madre y aunque los roles son intercambiables todos sabemos como las niñas se vinculan muy amorosamente con sus padres y con mayor rivalidad con sus madres, y como los niños a su vez lo hacen con sus madres, si bien los niños también están muy interesados con sus padres aunque este cariño o admiración no les hace renunciar a esos rescoldos del apego materno con el que conviviran mucho tiempo. Con el padre no entrarán en franca rivalidad hasta los 12- 13 años.

El suficiente hasta la madurez sexual pues un niño es un niño hasta que tiene relaciones sexuales, no porque las relaciones sexuales le conviertan en adulto sino porque para mantener relaciones sexuales hay que dejar de ser niño. El sexo no admite juegos, es algo muy serio. Podríamos decir que un adolescente varón transfiere pronto o tarde, a un sustituto materno ese apego infantil que quedó interrumpido por la madurez sexual. La actividad sexual por su parte no precisa apego ni amor, me refiero a los primeros escarceos donde el chico fluctúa de un ligue a otro sin necesidad de querer o amar a ninguna. Lo mismo sucede con las niñas en la adolescencia.

Sin embargo la mujer no necesita reeditar su apego con su madre con sus parejas sexuales pues ella misma es una mujer encarnada y tiene lo que hay que tener para seducir a los hombres, pero ha de pasar por el padre, ha de atravesar la ley paterna para estructurarse psicológicamente en la vida. esta etapa puede ser trágica con su madre a la que puede llegar a sentir como un policía de sus sentimientos o como alguien que le niega su sexualidad.

Los que si reeditan sus heridas emocionales son los padres a través de sus hijos, pues obviamente la madre también tiene apego por su hijo, de no tenerlo ningún niño sobreviviría, el apego es para siempre y nos afecta a todos, hombres y mujeres con o sin hijos. Los hijos simplemente nos obligan a revisar los nuestros y reeditarlos, es decir reescribirlos en tiempo real.

Luciano Lutereau es un psicoanalista argentino especializado en niños que ha escrito y dictado múltiples seminarios (que podéis visualizar en youtube). El libro que preside este post es uno de los que más me han gustado de todos los que he leído de él. Y aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice estoy muy en la linea de su manera de hacer divulgación sobre temas que hasta ahora el psicoanálisis trataba de una forma espinosa y siempre en cenáculos de especialistas. Luciano lo que hace es descender al mundo de las preocupaciones de los padres y casi sin querer decepcionarles acerca de la posibilidad de ofrecer literatura de autoayuda, en un tema que en cualquier caso lo que precisa es algo de contra-ayuda, es decir transmite la idea de que no existe una crianza perfecta ni una crianza buena o mejor que otra. Algo que no es baladí puesto que vivimos en una época insólita, sin comparación con cualquier otra anterior en cuanto a las preocupaciones que los padres tienen con la crianza de sus hijos.

Esta preocupación es un efecto secundario de la época en que vivimos y los padres tienen una sensación difusa de que algo están haciendo mal cuando sus hijos presentan alguna dificultad, en la separación, en el control de esfínteres, el el sueño, en el rechazo de la comida, en su socialización con otros niños o en el progreso del lenguaje.

Demasiadas preocupaciones sobre las que penden amenazas inconcretas en forma de diagnósticos psiquiátricos, como el autismo, el TDH, el negativismo desafiante o el mutismo selectivo. Conozco demasiados casos de falsos positivos en todos estos diagnósticos para rechazar el sentido común de Lutereau cuando afirma que un diagnósticos psiquiátrico es siempre algo a demostrar (no confundir con los neurológicos) y que muchas veces obedecen mas a dificultades de los padres para trajinar con aquella reedición de sus apegos que en una verdadera patología de sus hijos.

No basta con cumplir criterios para un trastorno u otro, hay que valorar la dinámica familiar y ver que está sucediendo en el obscenario.

Y recuerde, mas allá del trauma con T (negligencia, maltrato o abuso sexual) no hay crianzas buenas ni crianzas malas, ni por supuesto existe una crianza con apego, con teta o sin teta, pues el apego nos viene de serie a hijos y a padres aunque lo hayamos olvidado.

Y un epilogo: la teta es la metáfora del apego para todos los niños pero no para las niñas que en cualquier caso representarán en su cuerpo -a veces con cirugías innecesarias- ese fetichismo de los niños. Pues eso es el fetichismo, una metáfora.

¿Tienen niños y niñas el mismo tipo de apego con su madre?

El apego nos viene de serie y es una plataforma de despegue que con tiempo irá transfiriendo su energía de un lugar a otro y circulando a través de unos limites concretos. El apego tiene también un no-limite y este es el goce de algunas patologías post modernas que son precisamente las negadoras del limite.

Leia ayer este articulo sobre el odio de mi colega lacaniano Javier Arenas en su blog, titulado «Un psicoanalista en zapatillas» cuando caí en la cuenta de que la pregunta que se hacía en su articulo es la misma pregunta que yo me hago constantemente y a la que solo de una forma parcial me he respondido y sobre todo provisional,

La pregunta que se hace Javier es ésta: ¿Por qué la anorexia mental y los trastornos alimentarios son tan frecuentes en las chicas? La proporción no deja lugar a dudas, 10 chicas por cada chico es bastante elocuente. Claro que esta asimetría, no sucede solo con los trastornos alimentarios, también la podemos encontrar y en el mismo sentido con el TLP (trastorno limite de la personalidad) 4 a 1 y en sentido contrario con las adicciones. Efectivamente, las toxicomanías son más frecuentes en los chicos que en las chicas, como también sucede con el suicidio. Lo interesante es que las patologías clásicas son más o menos simétricas, así la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el TOC tienen una incidencia y prevalencia similar en ambos sexos.

En el articulo de Arenas podemos leer algunas teorizaciones lacanianas sobre este tema. Hay algunos conceptos interesantes, conceptos crípticos para el profano tales como el “matrimonio con el falo”, el “no todo” femenino, el “sin límite” anoréxico, etc. Conceptos que podemos dar por sabidos y comprendidos aunque en realidad no sea así, lo cierto es que necesitan de alguna explicación.

Por eso me propongo en este post, dar mi propia versión y si es posible ensayar otro lenguaje, otra jerga que pueda resultar más descriptiva para los que compartimos un mismo idioma, más allá del lacanés.

Para empezar con mi argumentario acerca de esta asimetría en la presentación de trastornos alimentarios comenzaré con una pregunta ¿Es el apego de los niños y de las niñas con su madre igual en intensidad y duración?

Cualquiera de ustedes que tenga un hijo y una hija al menos podrá tener a mano una pequeña muestra para responderse esta pregunta. Pero les adelantaré una evidencia, los niños tienen con su madre un tipo de vinculo muy intenso y sobre todo duradero, un vinculo para toda la vida. Personalmente creo que -al contrario de lo que suponen los analistas- este vinculo no es sexual y aparece precozmente es decir mucho antes de que lo sexual comience a manifestarse en los intereses del niño. Mi opinión es en este sentido contraria a la hipótesis sexual ,mas que eso creo que este vinculo del niño con su madre es asexual y tiene el propósito de asegurar que va a ser asexual para toda la vida.

Este vinculo fue estudiado por un antropólogo llamado Westermarck contemporáneo de Freud que teorizó sobre el mismo. Aquí dejo un post donde hablé precisamente de ello. La idea fundamental de Westermarck -contraria a la de Freud- es que los niños compiten por los bienes que proceden de la relación con su madre, con sus hermanos y su padre pero esta competencia no está relacionada con la posesión sexual de la madre, sino con la posesión de la teta. Es el destete -la separación de la madre- su cercanía o lejanía como objeto primordial de seguridad y de amor, lo que les interesa a los niños y lo que temen y no una castración genital a no ser que utilicemos la palabra castración como metáfora de una separación.

Niños y niñas establecen este tipo de vinculo de forma similar pero en cada uno de ellos van a suceder cosas bien diferentes sobre esa plataforma original que tiene como resultado liberar su psíquismo: de forma temprana en las niñas y «nunca del todo» en los varones que perseguirán durante toda su vida revivir esta primitiva dependencia con la madre.

Suele decirse que las niñas maduran más rápidamente que los niños y es cierto, algo que podemos perseguir hasta más o menos los 11 años, una edad donde esta maduración se iguala. Durante la escuela primaria las niñas parecen estar más despiertas que los niños a la hora de aprender en la escuela, a la hora de manejar el lenguaje y a la hora de comprender y de establecer oraciones con sentido. Las niñas controlan esfínteres antes que los niños y como todo el mundo sabe se expresan verbalmente mucho mejor que ellos.

Si las niñas maduran antes que los niños es porque superan más rápidamente esta dependencia con la madre, Freud pensaba que las niñas se decepcionan de su madre porque le adjudican un menor valor que al padre, algo que procede del hecho de averiguar que la madre no tiene pene y de ahí la construcción de lo fálico en las niñas. Pero yo no estoy de acuerdo con esta idea (salvo como metáfora). En realidad la teoría psicoanalíitca es una teoría metafórica, literaria para más señas y como Jesus Maestro dice la literatura es la negación de la literalidad, lo que se describe en la literatura y los personajes literarios no es lo que sucede en la realidad, no es algo que viva en la operatividad de la realidad sino en la estructura de la apariencia.

Las mujeres en general -me refiero a las adultas- pueden tener un vinculo extendido con su madre persistente y duradero pero se trata de un vinculo utilitario para la crianza, de sus propios hijos o la logística del hogar o el cuidado o asistencia en las enfermedades, pero lo que las va a caracterizar de por vida y en el mejor de los casos, es la espesura de este vinculo, las hijas y sus madres suelen llevarse mal, a pesar de vivir juntas o más próximas, incluso enredadas en múltiples conflictos. Los chicos, por el contrario parecen más independientes cuando han logrado establecer un vinculo a largo plazo con un otro distinto a ese otro mOTHER que es el objeto original, algo que requerirá de muchos esfuerzos e inversiones por su parte. Separarse de la madre no es fácil para los chicos.

Las mujeres tienen una relación bien distinta con ese otro mOTHER con el cual a veces pueden fundirse en una relación simbiótica y otras veces llegar a pactos de no agresión bien fundamentados. Las niñas no se decepcionan con la madre porque no tenga pene, sino porque ellas ya poseen lo que necesitan para ser madres y convertirse a su vez en esa mOTHER para sus hijos, vienen cableadas de serie con las prestaciones necesarias para ser madres -aun antes de serlo- por lo que no necesitan ninguna madre tal y como los chicos la precisan.

Las niñas suelen orientarse hacia el padre o algún hermano mayor con el que mantienen una relación especial y de manera bastante precoz, pero esto no es porque sientan «envidia del pene» o porque quieran casarse con su padre, sino porque existe un «empuje hacia el hombre», pues el apego es transferible de un sujeto a otro, una especie de empuje fálico que lleva a las niñas a identificarse con lo que les falta, es decir un hombre. Las niñas suelen hablar ya de novios en la escuela primaria en una edad donde los niños no parecen estar interesados en estas cuestiones. Los niños toman a las niñas como compañeros de juegos aunque están poco interesados en jugar en la liga de las niñas al contrario que ellas. Es lógico, el niño carece de incentivos para competir con niñas y muchos incentivos para conseguir el respeto de sus amigos. Pero las niñas tienen muchos incentivos para jugar en la liga de los chicos pues ya tienen lo que les viene de serie: la femineidad. Y las niñas suelen ser muy femeninas hasta la pubertad.

Y la femineidad tiene un enorme poder, una mujer bella -según los cánones de cada época- y joven denota fertilidad si además viene acompañada de delgadez. Las mujeres quieren ser delgadas porque eso aumenta su valor en el mercado de parejas, si bien la delgadez contiene no pocas paradojas como veremos más adelante. Lo cierto es que las mujeres tienen en general una amplia disconformidad con su cuerpo, como si se consideraran defectuosas y es lógico que así sea, pues su fitness depende de la apariencia.

Ser mujer es muy complicado y lo es porque -admitámoslo- el cuerpo de la mujer está sometido a cambios y vaivenes derivados de sus ciclos menstruales, sus retenciones de agua, sus dismenorreas, y como no la abrumadora tarea de la crianza que hoy se combina con otras obligaciones laborales. Ser fértil es un problema pero la menopausia no es mejor: la deprivación hormonal hace aparecer nuevos malestares en el cuerpo que se suman a los anteriores y sobre todo a la caída de valor en el mercado del atractivo. La vida de una mujer media transcurre entre el dolor, los achaques, las dietas, los embarazos, la disconformidad con el cuerpo, el estrés de la crianza, la preocupación por los hijos, revisiones ginecológicas y un insoportable cansancio. Es obvio que las mujeres han de esforzarse más que los hombres en cualquier trabajo mental si quieren estar en el mercado del éxito laboral, pero sólo en el caso de ser madres.

Si no lo son, lo cierto es que pueden vivir una vida bastante cómoda si tienen la suficiente belleza u otras cualidades que le hagan cotizar al alza. tanto si tienen una pareja como si no la tienen el poder que acumula una mujer joven, fértil y delgada es superior al poder que cualquier hombre pueda acumular. Dicho de otra manera: el poder no está bien repartido entre el género femenino, como tampoco lo está en el masculino, unos pocos y pocas acaparan el éxito que a otros se les niega por sus condiciones de vida.

Si contamos con la escasez de modelos femeninos realmente atractivos, más allá de la apariencia, ser mujer es poco deseable, es por eso que los psicólogos evolucionistas hablan de la «cruel atadura» y es por eso que algunas mujeres optan tal y como disponen los modelos feministas por masculinizarse. El empuje hacia el hombre otra vez, pues hubo un tiempo en que el feminismo pretendió convertir a los hombres en mujeres pero este movimiento fracasó y ahora el modelo es ser directamente hombres, pero otra vez estamos en el terreno de la apariencia y no de la literalidad.

El problema de la mujer es pues un problema que procede de su naturaleza y no de la opresión de los hombres. Lo mismo sucede con los hombres en otro sentido, pues los hombres no se preocupan tanto de su aspecto físico sino de su estatus, una guerra que mantienen durante toda su vida combinada por su apego feroz a veces centrado en el sexo y otras veces en el poder. No olvidemos que el apego puede transferirse.

Las paradojas de la delgadez.

Me referiré sobre todo a una: Si es cierto que la anoréxica busca ser delgada para ser atractiva ¿por qué quedarse en los huesos, pasando así a ser absolutamente indeseable?

Bueno, hay muchas razones para explicar este fenómeno donde parece que las dietas circulan por un carril «close to the edge» (cerca del abismo) donde es fácil caerse al precipicio. Aqui hay un buen articulo sobre este concepto, que es algo así como haberse pasado de frenada, lo que los ingleses llaman runaway.

Pero hay otra manera de pensarlo y es algo que está en la esencia de la metafísica de la anorexia: la lucha contra el cuerpo parece que desaparece cuando se han sobrepasado ciertos limites de inanición, parece que lo que entonces sucede en el plano mental es un estado de singularidad que -volviendo a Lacan- podemos rotular como goce suplementario. Se trata de un goce que va más allá del limite fálico y que por tanto no tiene limite. La existencia de la anoréxica ya no discurre en la liminalidad. No es de extrañar que el ayuno y la mortificación del cuerpo se halle en todas las tradiciones ascéticas o místicas del mundo. Todo parece indicar que estas prácticas propician un estado mental donde lo liminal parece haberse disuelto y haberse sustituido por un goce inefable que además no se puede nombrar con palabras.

Faltaría explicar porqué los hombres no optan por esta estrategia de forma similar a las mujeres pero creo que lo dejaré para un próximo post..