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Antipsiquiatras y chusqueros

La antipsiquiatria fue una corriente informal mezcla de ideologías, filosofia y de prácticas supuestamente emancipadoras que tuvo su apogeo en los años 60 y 70 y que acogía -como se dice ahora- a múltiples sensibilidades descontentas con el trato de se les daba a los enfermos mentales en aquellas instituciones llamadas manicomios. Para abreviar y hacer a esta corriente comprensible para el publico en general, la idea central de la antipsiquiatría -que bebía de fuentes bien diversas aunque habría que citar a Ronald Laing y David Cooper, un psiquiatra y un místico anglosajón como precursores- era que la enfermedad mental no existía, esta era la corriente más radical y otra menos radical suponía que de existir la locura era utilizada por el poder como una forma de dominio y control social, de este modo los manicomios eran algo así como las cárceles de los locos, los psicofármacos un dopaje obligado y los psiquiatras los carceleros custodios de este orden social.

Esta idea foucaultiana y diseminada por los filósofos izquierdistas supervivientes del Mayo del 68 y ahora instalados en la escuela de Frankfort, sostenían la falsa idea de que los locos no existirían de no ser porque se encontraban alienados por ciertas estructuras de poder que vigilaban las conductas individuales y castigaban aquellas conductas que se les antojaban como demasiado emancipadas del pensar común. Naturalmente esta idea es falsa y la Psiquiatría fue en realidad un movimiento humanístico que liberó -hasta donde pudo- a los enfermos mentales de castigos, desprecios, humillaciones, persecuciones, exilios y abandonos. Fue precisamente Pinel un psiquiatra el primero en quitar las cadenas a los locos, sin embargo su iniciativa no dio los resultados esperados, pues:

“Vació los manicomios pero las cárceles se llenaron de locos y el Sena de cadáveres”.

No era tan fácil , los locos -al menos las formas más graves- por definición son personas que necesitan cuidados de por vida, supervisión, tutela, alimentación, un hábitat seguro así como cuidados médicos y de enfermería, rehabilitación y sobre todo socioterapia, es decir aumentar sus capacidades y habilidades sociales, pues la tendencia de la enfermedad mental es devoradora con todas estas cualidades si alguna vez se adquirieron. Liberarles de sus cadenas fue un acto político y no tanto humanitario.

En realidad la antipsiquiatria fracasó precisamente por no estar bien apoyada en sus fundamentos científicos y fiarlo todo a una consigna revolucionaria. La antipsiquiatría tuvo éxito sobre todo en Italia a partir de las ideas desinsitucionalizadoras de Franco Basaglia, donde se inició una obra de revisión sobre los manicomios. En realidad psiquiatras y antipsiquiatras de entonces estábamos de acuerdo en que los manicomios eran instituciones totalitarias, poco higiénicas y que generaban por sí mismos las mismas patologías que pretenden curar, algo que demostró Erving Goffman..

¿Qué era un manicomio?

Un manicomio era una institución destinada al cuidado de los enfermos mentales que allí se albergaban, aunque lo cierto es que no todos los usuarios de aquellos antros eran verdaderos enfermos mentales. En aquel lugar era fácil ingresar pero muy difícil de salir salvo por fuga. En España estuvo en vigor desde 1931 hasta 1976 una ley de internamiento muy reaccionaria y dictada al principio de la República, baste decir que bastaba una orden gubernativa, un certificado médico o el mandato de un alcalde para ingresar a alguien a veces de por vida en uno de esos establecimientos.

A partir de 1976 entra en funcionamiento una ley nueva de internamiento psiiquiátrico: propone dos vías de ingreso, una voluntaria y otra involuntaria. La vía involuntaria es siempre una vía urgente. Supongamos que usted es llevado por la policía a Urgencias de un Hospital y un psiquiatra aconseja el internamiento por riesgo para sí mismo o de otros. Lo que se hace al día siguiente es que el paciente queda a disposición del juez, quien aprueba o rechaza el internamiento, hasta que el el psiquiatra aconseje. Esta manera de proceder es limpia y democrática y sustituye la vieja idea de “orden publico” por la más nueva de “principio de salud pública”.

En realidad la antipsiquiatría tuvo como epifenómeno el llevar a las autoridades publicas el fenómeno manicomial que era algo a resolver con urgencia. No se podían mantener en pleno siglo XX esas instituciones tan nefastas gobernadas por monjas y con un personal sin ninguna preparación técnica como cuidadores y donde los médicos se dedicaban a “pasar visita” de un modo estereotipado.

Yo trabaje en un manicomio y podría llenar de anécdotas este y sucesivos post, pero lo más importante es que en los años 70 hubo un recambio de profesionales en esos lugares que llevamos a cabo su transformación, si bien de forma bastante anárquica tal y como podemos leer en el libro coral que preside este post y en el que mi servicio tuvo un capitulo. En realidad fuimos los primeros en integrar, -no sin grandes resistencias- a la Psiquiatría en el seno de un Hospital General ya en 1980, algo que más tarde fue sancionado por la “Comisión Espino”, nombre informal con el que cierto grupo de expertos aconsejaron al ministro de Sanidad de entonces las pautas que deberían guiar a la asistencia de este tipo de enfermos, promovía lo siguiente:

  • Creación de unidades de Hospitalización psiquiátrica en los Hospitales Generales.
  • Alta precoz con el fin de disminuir el estigma ligado a la Hospitalización y la dependencia del Hospital.
  • Creación de USMs (unidades de Salud mental) ambulatorias cada 60.000 habitantes y con carácter multiprofesional.
  • Creación de unidades de salud mental infantil ambulatorias, con la misma dotación que las de adultos.
  • Creación de espacios a”medio camino” entre el Hospital y la comunidad.
  • Cierre de los manicomios.

La idea tuvo éxito si bien como siempre sucede en este tipo de planteamientos, no se cumplió de forma uniforme en todo el territorio español y aun hoy existen manicomios dependientes de las Diputaciones que no han logrado integrar su actividad en la sanidad publica general y se mantienen como islas de otra época.

Pero sí cuento todo esto es para criticar el planteamiento de Podemos que recientemente ha planteado una reforma de la salud mental en el Parlamento. No he tenido acceso al texto de forma completa y hablo de oídas después de leer este articulo de Pablo de Lora que tituló “De locos” y publicado en “The objective”.

Lo interesante de esta propuesta es que quienes la hacen insisten en promover cosas que ya se están haciendo en la práctica y es seguro que no tienen la menor idea de lo que están diciendo y probablemente lo que persiguen es acabar con los ingresos involuntarios.

Las normas del proyecto transpiran una radical desconfianza hacia el tratamiento psiquiátrico y sus profesionales, como si vulneraran rutinariamente su deontología: ¿a qué viene establecer que «las personas medicadas con fármacos que deseen reducir su consumo o dejar de consumirlos tendrán derecho a un acompañamiento especializado por parte de profesionales sanitarios para la reducción progresiva de la medicación…»? (artículo 16.2.). ¿Debe ser una ley orgánica, y no una guía clínica elaborada por expertos, el instrumento para tasar los supuestos en los que un paciente podrá ser internado u hospitalizado contra su voluntad (artículo 34)? ¿Tienen alguna noticia de la realidad clínica quienes en este proyecto de ley sostienen que los centros deben tender a la eliminación de la «… contención mecánica y otras formas de coerción, farmacológicas o de otro tipo…» (artículo 33) o que los «proveedores de salud mental»(¿los médicos psiquiatras?) deberán desarrollar servicios y equipos de intervención en crisis libres de coerción y con «perspectiva comunitaria» (artículo 34)?”

¿Crear algún chiringuito para decidir sobre ingresos involuntarios?

Parece que volvemos a Pinel.

Mi opinión es que esta ley es un brindis al sol, una “boutade” de esas que se llevan al Parlamento para epatar y confundir al personal y que no miren hacia el recibo de la luz y no es que yo no crea que la salud mental necesita una revisión, para empezar deberíamos cambiarle el nombre a esa idea de que la salud mental depende de los profesionales. En realidad la salud mental depende de los políticos y de la economía, ámbitos donde los profesionales poco podemos decir aunque habría mucho de qué hablar.

Para empezar debería empezarse por dotar los servicios con el personal que se comprometió en la “Comisión Espino”, y sobre todo desarrollar esa idea de “lugares a medio camino” que nunca fueron desarrollados y sobre todo darle un empujón a la llamada psiquiatría comunitaria o tratamiento asertivo comunitario, ya que tenemos en Avilés un modelo al que poder imitar.

Y eso sin enfrentarlo políticamente a los modelos ya implantados, no se trata de sustituir el modelo actual por otro más barato sino que sirvan ambos para complementarse.

Y sobre todo estar vigilantes para que el modelo manicomial no se reproduzca con jóvenes tutelados o ancianos dependientes, algo que en mi opinión necesita una reforma más que integral.

Estado actual de la Psiquiatría (2012)

Locuras normalizadas

No cabe duda de que el icono más común del loco en nuestro imaginario, es el de aquel que se creía Napoleon. Lo cierto es que este tipo de locos delirantes han desaparecido del mapa, se trataba -con seguridad- de enfermos de sífilis cuaternaria, aquellos pacientes asilados del siglo XIX que llenaron los manicomios de esa época, con mucha más frecuencia que las psicosis funcionales según cuenta Edward Hare.

Se trataba de megalomanías, es decir el paciente sentía que era alguien de una mayor importancia a la que tenía realmente, con un elitista origen o con una fortuna personal en algún paraíso de cuando entonces. No es raro que los pacientes se creyeran Napoleon, pues la sífilis se expandió por Europa a través de las guerras napoleonicas y afectó sobre todo a la tropa francesa. Tampoco es raro que fueran los franceses los primeros en habilitar instituciones de cuidado de estos veteranos de guerra, los viejos manicomios o asilos de locos.

Yo no he visto nunca a nadie que se creyera Napoleon y tampoco he visto muchos casos de sífilis cerebral, pero si he visto algunos pacientes que creían ser quien no eran, usualmente un famoso, como Eddy Mercx o Ben Bella. Uno era un ciclista maniaco y el otro un prisionero de un campo de concentración en Argelia que terminó en mi Hospital por razones que ignoro.

Lo cierto es que estos delirios grandiosos, como los de los inventores, los personajes celebres o ricachones de allende el mar ya no se ven en la clínica y han sido sustituidos por los delirios paranoides, persecutorios, alusión o influencia.

La psicopatología clásica ha cambiado pero no de una forma radical, la psiquiatría ha logrado catalogar todas las formas psicopatológicas que podemos considerar psicóticas, es decir enfermas. Lo que estamos presenciando en la actualidad es la emergencia de nuevos casos que se sitúan en los bordes de la patología sin ser o configurar una patología mental conocida. ¿A qué se debe este fenomeno?

Locura y razón.-

La palabra locura no es asimilable al termino “enfermedad mental”. Las patologías mentales son una forma de locura pero no las únicas formas que adquiere la locura, guardamos el término “psicosis” para aplicarlo a estas formas de perdida de la razón que implican conductas irracionales y donde el loco está rematadamente loco para casi todo, es decir no hay ambito en su psiquismo que se salve del escrutinio del profano tanto como del experto. Dicho de otra manera, la mayor parte de los locos no son psicóticos, ni lo contrario de la locura es la cordura: lo contrario u opuesto de la locura es la normalidad. Los seres normales pueden enloquecer pero no los cuerdos tal y como podemos ver en el esquema de Cooper. Se enloquece por un exceso de normalidad y ser normal es no estar loco pero poseen muchos riesgos o vulnerabilidades para llegar a serlo.

En palabras de David Cooper:

“Desde el momento del nacimiento, la mayor parte de las personas evolucionan a través del aprendizaje social en la familia y en la escuela hasta llegar a alcanzar la normalidad social. Y, una vez alcanzado este estadio de normalidad, el desarrollo suele estancarse. hay quienes se derrumban en algún momento de este proceso y retroceden a lo que en el diagrama anterior llamamos locura. otros, muy pocos, atraviesan el estado de inercia o estancamiento representado por la estadística normalidad y prosiguen evolucionando hacia la cordura” (o estadíos transpersonales de Wilber), conservando la conciencia del criterio de normalidad social y manteniendo un estilo de vida que trata en todo momento de evitar la invalidación social que procede de la identificación del loco con la persona de conciencia avanzada. Conviene darse cuenta de que  la normalidad es un estado de alienación tan lejano de la locura como de la cordura. La cordura se parece a la locura pero existe una distancia importante, una diferencia: este es el punto omega.

Como vemos la locura es un atajo, el camino corto para llegar al punto omega.

Realidad y ficción.-

Hay locos de verdad y locos de mentira, uno de ellos, el más conocido para nosotros es D. Quijote. Se trata de un personaje de ficción, bien distinto de los locos que antaño poblaban los manicomios. D. Quijote no sale del libro y no consume recursos sanitarios. D. Quijote es un personaje de ficción, significa que tiene una existencia algo especial en comparación con aquel Napoleon o Eddy Mercx. se trata de una existencia como estructura, no óntica. No es un ser, que está y es y solo adquiere existencia en tanto en cuanto remite a la novela, que efectivamente existe y tiene un soporte material en multitud de libros, pero no tiene una existencia operativa, es decir no pertenece al mismo nivel de existencia que los locos de verdad.

Significa que podemos hacernos el loco, imitar a los locos, estar loco en un aspecto cualquiera y razonar notablemente como hacen los psicópatas, ellos padecen una especie de locura moral pero en el resto pueden llegar a ser encantadores.

La ficción es inseparable de la realidad y obtiene de ella los materiales para construir sus relatos. D. Quijote tiene un sueño, convertirse en un caballero andante y viajar por el mundo sorteando peligros, enfrentando poderes tiránicos y liberando de sus cadenas a los condenados por la mala suerte. Y lo lleva a cabo como el loco real que se creía Napoleon, pues es la ficción quien les anima: la capacidad que tenemos los humanos de hacer verosímil lo inalcanzable o lo poco probable. Unos tienen mas suerte que otros en lograrlo, pero es cierto que la locura es -como dice Jesus G Maestro- una incompatibilidad con la realidad.

Pero aunque la realidad nos viene pre-dada lo cierto es que se alimenta de ficciones, es por eso que podemos imaginar casi cualquier cosa, algunos consiguen vivir tal y como proponía Cooper y no entrar en conflicto con la realidad a pesar de sus características especiales de cordura, pero una parte de ellos -esos seres incompatibles- resbalan por la pendiente y se convierten en enfermos mentales, su locura ha devenido trastorno mental, la forma más domesticada de la locura.

Pero lo más probable es que locura no implique enfermedad y solo actos irracionales, es decir podemos estar locos pero no clínicamente locos. La razón mas conocida de esta condición, es ser famoso, adquirir poder, aumentar nuestro estatus o ser una persona bien distinta de la que creemos ser. En cualquier caso una incompatibilidad con la realidad que podemos imaginar como una ficción de nosotros mismos.

Locura y razón forman parte de lo humano y no presiden nuestra mente de una manera uniforme con una supuesta hegemonía de lo razonable , todos hemos estado locos en breves periodos de tiempo o al menos, hemos tomado decisiones irracionales, hemos cometido “torpezas” que solo después de un cierto tiempo osamos a verlas en su estúpida dimensión. Las emociones entendidas como pasiones (pathos) nos juegan malas pasadas a casi todos con mayor o menor intensidad.

De la neurosis al “todo es posible”.-

Decir neurosis es decir conflicto intrapsíquico. El siglo XIX y parte del XX se caracterizó por conflictos entre el deseo y la inhibición del mismo a través de la parte moral individual (el Superyó freudiano) o la inhibición social, el deseo pugnaba por transgredir la norma y a su vez la norma se ocupaba de inhibir el deseo, esta inhibición daba lugar a distintos síntomas neuróticos que eran -según la versión tradicional freudiana- el resultado del compromiso pulsional. La pulsión emergía disfrazada en forma de síntomas irreconocibles para el Yo y para el sancionador, por decirlo de una manera comprensible. Este juego entre el deseo y la parte moral tenia diversos destinos, uno era la neurosis que se caracterizaba por la represión del deseo que sólo se manifestaba en cierto modo bajo un disfraz, el otro era la perversión que era considerado por Freud, la otra cara (el negativo de la neurosis). En la perversión podía observarse claramente qué es lo que el neurótico reprimía: precisamente lo que el perverso hacía sin ningún tipo de restricción.

La neurosis se establecía pues entre los polos permitido/prohibido cabiendo dos soluciones individuales: la transgresión o la inhibición, también la conformidad o el aplazamiento como estrategias normativas y adaptadas. Es por eso que el síntoma fundamental de este tipo de conflictos fuera la angustia. La angustia era el subproducto de esa inhibición.

Pero alrededor de los años 60 del pasado siglo sucedió algo muy trascendente, algo que nos cambió el cerebro a gran parte de los europeos. Y que conocemos como revolución sexual.

Aunque más que revolución sexual tendriamos que hablar de revolución reproductiva y vino de la mano de una tecnologia farmaceutica: la pildora anticonceptiva.

La pildora anticonceptiva  supuso una revolución tambien en otros ámbitos y no solo en la disociación entre sexo y reproducción, tuvo una gran influencia sobre todo en la emancipación de los individuos, en su independencia.

Y sobre todo de las mujeres que pudieron asi convertirse en sujetos históricos como los hombres,

La contracepción es la tecnología que permitió a las mujeres elegir el momento, el cómo, con quién y cuando quedar embarazadas, mientras se multiplicaban los contactos sexuales previos al matrimonio o al compromiso reproductivo, dicho de otro modo, la contracepción es la que permitió multiplicar los contactos sexuales sin el peaje del embarazo que hasta los años 60 era la regla.

El paso al compromiso reproductivo sufrió un enorme retraso lo que dio lugar a un descenso de la natalidad que hoy consideramos en algunos paises ya más que preocupante al tiempo que se introdujeron -paradójicamente- también otras libertades como la del aborto libre o casi libre que en toda Europa se ha consagrado como un principio de derechos femeninos elementales.

Por otra parte la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, no hubiera sido posible en una sociedad tradicional, fuere agricola o industrial, sencillamente en un mundo sin anticonceptivos la mujer no hubiera podido incorporarse de un modo tan generalizado no ya a los trabajos más devaluados o manuales sino a las carreras y estudios complejos que exigen mucha más postergación en la edad de tener el primer hijo.  De estos cambios hablé ya en un post anterior. Sobre las consecuencias que estos cambios tuvieron en el imaginario femenino y social hablaré en otra ocasión.

Pero a mi modo de ver las cosas, el mayor cambio que se operó en el psiquismo individual tanto de hombres como de mujeres fue el desplazamiento del conflicto permitido/prohibido al conflicto posible/imposible y aquí es donde aparece la ficción. Desamortizadas todas las referencias morales, el limite de lo que” debe ser” pasó a desplazarse hasta lo que es posible imaginar y hacer. “Si quieres puedes” reza hoy el eslogan post-moderno. De la neurosis que intentaba transgredir lo prohibido se pasó a que no hubiera nada prohibido lo que nos llevó de cabeza al sentimiento de fracaso y de vacío.

De manera que la primera consecuencia que tuvo este fenómeno en la mente individual es que cualquier cosa es elegible, qué cuerpo puedo tener, qué sexo me corresponde, qué identidad adoptar. Si todo es elegible a la carta y no consigo que mi deseo se haga realidad entonces es que algo estoy haciendo mal, soy un incapaz y carezco de la potencialidad que todo humano parece tener. No es raro pues que la depresión sea la enfermedad de nuestro tiempo y del siglo XXI.

La depresión o melancolia siempre existió, de eso no cabe ninguna duda pero ha modificado su sintomatología y su frecuencia. Hace muchos años que no veo una melancolía psicótica, con aquellos delirios de culpabilidad, de condenación o de inmortalidad, el dolor moral clásico ha sido sustituido por una vivencia de incapacidad, de fatiga, incapacidad física o de incompetencia. El estado de ánimo triste continua existiendo, así como el trastorno del sueño pero el resto de la fenomenología depresiva ha cambiado y ya no la consideramos una neurosis como Freud sino como un trastorno especifico e independiente de estado.

Lo que sucede: sin limites, sin prohibiciones, sin referentes y sin castigos creíbles no hay inhibición. y por tanto la culpa campa a sus anchas. Naturalmente esta falta de inhibiciones no nos afecta a todos, pero algunas personas pueden ser muy susceptibles a esta falta de controles internos que son en definitiva internalizaciones de los controles externos. Sin este límite el individuo queda prisionero de su causa motriz o eficiente sin ninguna otra consideración, como un carpintero es la causa de la mesa si bien en la mesa hay otras causas que la definen mucho antes de llegar a sus manos.

Y en mi opinión en este reduccionismo causal hay mucho de locura y poco o nada de enfermedad mental. Ni siquiera los criminales actuales gozan de la suficiente profesionalidad y se dedican a hacer chapuzas, casi nunca en un crimen hay un plan ejecutor planeado para escapar del escrutinio de la ley, el individuo ni siquiera fue capaz de planearlo como haría un psicópata o un profesional del crimen y esto les hace aparecer como maldades gratuitas cuando no como crímenes sin sentido.

En conclusión: mi idea es que tenemos que rescatar el concepto de locura sin asimilarle al concepto de enfermedad mental y disponer de nuevas leyes y nuevas intervenciones sociales que vayan más allá de la psicopatología clásica a la hora de clasificar las nuevas formas de locuras modernas que -como el lector ya habrá adivinado- se alimentan de las creencias que compartimos todos los que participamos de un mismo tiempo y cultura.

Destetados

Aquellos de ustedes que leyeron mi ultimo post sabrán que allí me preguntaba si el apego de los niños y las niñas tenia alguna diferencia. Hice una pequeña encuesta en twitter para averiguar cual era la opinión de otros usuarios y ver si coincidía con la mía. El resultado fue positivo, el 61% de los encuestados estaban de acuerdo en que el apego de los niños con su madre era más intenso y duradero que el de las niñas. Más tarde pregunté sobre otra cuestión ¿Cual era la causa de esta diferencia? Aquí he de decir que no obtuve ninguna respuesta satisfactoria pero si alguna pista.

Y la pista mas valiosa que he encontrado fue la que me dio una psicóloga a la que apenas conozco, y me dijo brevemente: “la relación entre madre e hija es obvia y la semejanza tiene como dos destinos, uno la separación y otro la apropiación. No se si lo digo con sus mismas palabras pero esto es lo que a fin de cuentas comprendí.

Lo que sugiere esta respuesta es que la semejanza (sexual por supuesto) opera como un separador, como desencanto en la niña y como aliciente – la diferencia- en el niño. Algo que por cierto ya había dicho Freud con otras palabras: para él , la niña se decepciona de la madre cuando se da cuenta de que no tiene pene. A mi esta explicación nunca me gustó demasiado porque los niños no comienzan a interesarse por las cuestiones sexuales hasta los 4 años más o menos, pero la observación de diferentes tipos de apego es anterior. Los 3 años pueden ser un buen observatorio para explorar estos tipos de apego.

Naturalmente no tenemos ningún instrumento para medir la intensidad del apego, pero tenemos a nuestra disposición algunos métodos observacionales: la ansiedad de separación y la angustia del extraño que no son la misma cosa pero suelen manifestarse en el mismo paquete.

Los niños comienzan sentir ansiedad de separación hacia los 8 meses y protestan ante la partida de la madre, cuando ha de ir a trabajar o cuando han de llevarle a la guardería, las despedidas en las filas de los colegios de primera infancia suelen ser dramáticas al menos los primeros días y lo primero que se observa es que no todos los niños de la fila tienen la misma madurez, puesto que en esa edad una diferencia de tres meses es suficiente para marcar la diferencia. Los niños suelen requerir la presencia de la madre para jugar y suelen llorar o mostrar enfado si la madre no les mira, no juega o no se somete a sus normas con el juego.

Lo mismo sucede a la hora de dormir, un verdadero ritual para niños y madres, con lecturas, acompañamientos y compañia de cama. Los niños exigen mucho de sus madres y durante cierto tiempo, niños y niñas no muestran ninguna diferencia significativa en cuanto a la manifestación de su ansiedad de separación. No olvidemos que el mayor terror de un niño es el abandono y la separación -no es un abandono para nosotros-, puesto que se recupera a la madre, pero para un niños la separación debe ser una herida emocional que ha de resolver con sus propios medios. Las heridas emocionales no son traumas con T sino traumas con t, es decir son fisiológicos y forman parte del neurodesarrollo. La repetición del estimulo acabará por configurar un sentimiento de comfianza en el niño, sabe que inevitablemente la reunión se producirá con el tiempo, aunque el tiempo para un niño no es el mismo que para un adulto, más que eso, el niño tarda mucho tiempo en poder procesar el tiempo en términos cronológicos aproximados a la realidad del discurrir de las horas.

Pero el apego de los niños es feroz si lo comparamos con el de las niñas y se mantiene mucho más allá de los 4 años, mientras que las niñas durante ese tiempo 3-4 años son capaces de 1)controlar esfínteres 2) comer solas 3) ir solas al baño 4) establecer vínculos con otros niños y 5) elaborar frases con sentido y comunicarse de una forma más clara con otros 6) conocen más palabras sueltas. 7) sus juegos son más sociales y más complejos.

Dicho de otra manera: las niñas maduran antes.

Mi hipótesis es que este adelanto de las niñas hacia los niños (un adelanto que se mantendrá durante toda la primaria) se debe a haber superado la ansiedad de separación con más rapidez que los niños. Las niñas se relacionan con su padre de otra manera bien distinta a como lo hicieron con su madre y aunque los roles son intercambiables todos sabemos como las niñas se vinculan muy amorosamente con sus padres y con mayor rivalidad con sus madres, y como los niños a su vez lo hacen con sus madres, si bien los niños también están muy interesados con sus padres aunque este cariño o admiración no les hace renunciar a esos rescoldos del apego materno con el que conviviran mucho tiempo. Con el padre no entrarán en franca rivalidad hasta los 12- 13 años.

El suficiente hasta la madurez sexual pues un niño es un niño hasta que tiene relaciones sexuales, no porque las relaciones sexuales le conviertan en adulto sino porque para mantener relaciones sexuales hay que dejar de ser niño. El sexo no admite juegos, es algo muy serio. Podríamos decir que un adolescente varón transfiere pronto o tarde, a un sustituto materno ese apego infantil que quedó interrumpido por la madurez sexual. La actividad sexual por su parte no precisa apego ni amor, me refiero a los primeros escarceos donde el chico fluctúa de un ligue a otro sin necesidad de querer o amar a ninguna. Lo mismo sucede con las niñas en la adolescencia.

Sin embargo la mujer no necesita reeditar su apego con su madre con sus parejas sexuales pues ella misma es una mujer encarnada y tiene lo que hay que tener para seducir a los hombres, pero ha de pasar por el padre, ha de atravesar la ley paterna para estructurarse psicológicamente en la vida. esta etapa puede ser trágica con su madre a la que puede llegar a sentir como un policía de sus sentimientos o como alguien que le niega su sexualidad.

Los que si reeditan sus heridas emocionales son los padres a través de sus hijos, pues obviamente la madre también tiene apego por su hijo, de no tenerlo ningún niño sobreviviría, el apego es para siempre y nos afecta a todos, hombres y mujeres con o sin hijos. Los hijos simplemente nos obligan a revisar los nuestros y reeditarlos, es decir reescribirlos en tiempo real.

Luciano Lutereau es un psicoanalista argentino especializado en niños que ha escrito y dictado múltiples seminarios (que podéis visualizar en youtube). El libro que preside este post es uno de los que más me han gustado de todos los que he leído de él. Y aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice estoy muy en la linea de su manera de hacer divulgación sobre temas que hasta ahora el psicoanálisis trataba de una forma espinosa y siempre en cenáculos de especialistas. Luciano lo que hace es descender al mundo de las preocupaciones de los padres y casi sin querer decepcionarles acerca de la posibilidad de ofrecer literatura de autoayuda, en un tema que en cualquier caso lo que precisa es algo de contra-ayuda, es decir transmite la idea de que no existe una crianza perfecta ni una crianza buena o mejor que otra. Algo que no es baladí puesto que vivimos en una época insólita, sin comparación con cualquier otra anterior en cuanto a las preocupaciones que los padres tienen con la crianza de sus hijos.

Esta preocupación es un efecto secundario de la época en que vivimos y los padres tienen una sensación difusa de que algo están haciendo mal cuando sus hijos presentan alguna dificultad, en la separación, en el control de esfínteres, el el sueño, en el rechazo de la comida, en su socialización con otros niños o en el progreso del lenguaje.

Demasiadas preocupaciones sobre las que penden amenazas inconcretas en forma de diagnósticos psiquiátricos, como el autismo, el TDH, el negativismo desafiante o el mutismo selectivo. Conozco demasiados casos de falsos positivos en todos estos diagnósticos para rechazar el sentido común de Lutereau cuando afirma que un diagnósticos psiquiátrico es siempre algo a demostrar (no confundir con los neurológicos) y que muchas veces obedecen mas a dificultades de los padres para trajinar con aquella reedición de sus apegos que en una verdadera patología de sus hijos.

No basta con cumplir criterios para un trastorno u otro, hay que valorar la dinámica familiar y ver que está sucediendo en el obscenario.

Y recuerde, mas allá del trauma con T (negligencia, maltrato o abuso sexual) no hay crianzas buenas ni crianzas malas, ni por supuesto existe una crianza con apego, con teta o sin teta, pues el apego nos viene de serie a hijos y a padres aunque lo hayamos olvidado.

Y un epilogo: la teta es la metáfora del apego para todos los niños pero no para las niñas que en cualquier caso representarán en su cuerpo -a veces con cirugías innecesarias- ese fetichismo de los niños. Pues eso es el fetichismo, una metáfora.

¿Tienen niños y niñas el mismo tipo de apego con su madre?

El apego nos viene de serie y es una plataforma de despegue que con tiempo irá transfiriendo su energía de un lugar a otro y circulando a través de unos limites concretos. El apego tiene también un no-limite y este es el goce de algunas patologías post modernas que son precisamente las negadoras del limite.

Leia ayer este articulo sobre el odio de mi colega lacaniano Javier Arenas en su blog, titulado “Un psicoanalista en zapatillas” cuando caí en la cuenta de que la pregunta que se hacía en su articulo es la misma pregunta que yo me hago constantemente y a la que solo de una forma parcial me he respondido y sobre todo provisional,

La pregunta que se hace Javier es ésta: ¿Por qué la anorexia mental y los trastornos alimentarios son tan frecuentes en las chicas? La proporción no deja lugar a dudas, 10 chicas por cada chico es bastante elocuente. Claro que esta asimetría, no sucede solo con los trastornos alimentarios, también la podemos encontrar y en el mismo sentido con el TLP (trastorno limite de la personalidad) 4 a 1 y en sentido contrario con las adicciones. Efectivamente, las toxicomanías son más frecuentes en los chicos que en las chicas, como también sucede con el suicidio. Lo interesante es que las patologías clásicas son más o menos simétricas, así la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el TOC tienen una incidencia y prevalencia similar en ambos sexos.

En el articulo de Arenas podemos leer algunas teorizaciones lacanianas sobre este tema. Hay algunos conceptos interesantes, conceptos crípticos para el profano tales como el “matrimonio con el falo”, el “no todo” femenino, el “sin límite” anoréxico, etc. Conceptos que podemos dar por sabidos y comprendidos aunque en realidad no sea así, lo cierto es que necesitan de alguna explicación.

Por eso me propongo en este post, dar mi propia versión y si es posible ensayar otro lenguaje, otra jerga que pueda resultar más descriptiva para los que compartimos un mismo idioma, más allá del lacanés.

Para empezar con mi argumentario acerca de esta asimetría en la presentación de trastornos alimentarios comenzaré con una pregunta ¿Es el apego de los niños y de las niñas con su madre igual en intensidad y duración?

Cualquiera de ustedes que tenga un hijo y una hija al menos podrá tener a mano una pequeña muestra para responderse esta pregunta. Pero les adelantaré una evidencia, los niños tienen con su madre un tipo de vinculo muy intenso y sobre todo duradero, un vinculo para toda la vida. Personalmente creo que -al contrario de lo que suponen los analistas- este vinculo no es sexual y aparece precozmente es decir mucho antes de que lo sexual comience a manifestarse en los intereses del niño. Mi opinión es en este sentido contraria a la hipótesis sexual ,mas que eso creo que este vinculo del niño con su madre es asexual y tiene el propósito de asegurar que va a ser asexual para toda la vida.

Este vinculo fue estudiado por un antropólogo llamado Westermarck contemporáneo de Freud que teorizó sobre el mismo. Aquí dejo un post donde hablé precisamente de ello. La idea fundamental de Westermarck -contraria a la de Freud- es que los niños compiten por los bienes que proceden de la relación con su madre, con sus hermanos y su padre pero esta competencia no está relacionada con la posesión sexual de la madre, sino con la posesión de la teta. Es el destete -la separación de la madre- su cercanía o lejanía como objeto primordial de seguridad y de amor, lo que les interesa a los niños y lo que temen y no una castración genital a no ser que utilicemos la palabra castración como metáfora de una separación.

Niños y niñas establecen este tipo de vinculo de forma similar pero en cada uno de ellos van a suceder cosas bien diferentes sobre esa plataforma original que tiene como resultado liberar su psíquismo: de forma temprana en las niñas y “nunca del todo” en los varones que perseguirán durante toda su vida revivir esta primitiva dependencia con la madre.

Suele decirse que las niñas maduran más rápidamente que los niños y es cierto, algo que podemos perseguir hasta más o menos los 11 años, una edad donde esta maduración se iguala. Durante la escuela primaria las niñas parecen estar más despiertas que los niños a la hora de aprender en la escuela, a la hora de manejar el lenguaje y a la hora de comprender y de establecer oraciones con sentido. Las niñas controlan esfínteres antes que los niños y como todo el mundo sabe se expresan verbalmente mucho mejor que ellos.

Si las niñas maduran antes que los niños es porque superan más rápidamente esta dependencia con la madre, Freud pensaba que las niñas se decepcionan de su madre porque le adjudican un menor valor que al padre, algo que procede del hecho de averiguar que la madre no tiene pene y de ahí la construcción de lo fálico en las niñas. Pero yo no estoy de acuerdo con esta idea (salvo como metáfora). En realidad la teoría psicoanalíitca es una teoría metafórica, literaria para más señas y como Jesus Maestro dice la literatura es la negación de la literalidad, lo que se describe en la literatura y los personajes literarios no es lo que sucede en la realidad, no es algo que viva en la operatividad de la realidad sino en la estructura de la apariencia.

Las mujeres en general -me refiero a las adultas- pueden tener un vinculo extendido con su madre persistente y duradero pero se trata de un vinculo utilitario para la crianza, de sus propios hijos o la logística del hogar o el cuidado o asistencia en las enfermedades, pero lo que las va a caracterizar de por vida y en el mejor de los casos, es la espesura de este vinculo, las hijas y sus madres suelen llevarse mal, a pesar de vivir juntas o más próximas, incluso enredadas en múltiples conflictos. Los chicos, por el contrario parecen más independientes cuando han logrado establecer un vinculo a largo plazo con un otro distinto a ese otro mOTHER que es el objeto original, algo que requerirá de muchos esfuerzos e inversiones por su parte. Separarse de la madre no es fácil para los chicos.

Las mujeres tienen una relación bien distinta con ese otro mOTHER con el cual a veces pueden fundirse en una relación simbiótica y otras veces llegar a pactos de no agresión bien fundamentados. Las niñas no se decepcionan con la madre porque no tenga pene, sino porque ellas ya poseen lo que necesitan para ser madres y convertirse a su vez en esa mOTHER para sus hijos, vienen cableadas de serie con las prestaciones necesarias para ser madres -aun antes de serlo- por lo que no necesitan ninguna madre tal y como los chicos la precisan.

Las niñas suelen orientarse hacia el padre o algún hermano mayor con el que mantienen una relación especial y de manera bastante precoz, pero esto no es porque sientan “envidia del pene” o porque quieran casarse con su padre, sino porque existe un “empuje hacia el hombre”, pues el apego es transferible de un sujeto a otro, una especie de empuje fálico que lleva a las niñas a identificarse con lo que les falta, es decir un hombre. Las niñas suelen hablar ya de novios en la escuela primaria en una edad donde los niños no parecen estar interesados en estas cuestiones. Los niños toman a las niñas como compañeros de juegos aunque están poco interesados en jugar en la liga de las niñas al contrario que ellas. Es lógico, el niño carece de incentivos para competir con niñas y muchos incentivos para conseguir el respeto de sus amigos. Pero las niñas tienen muchos incentivos para jugar en la liga de los chicos pues ya tienen lo que les viene de serie: la femineidad. Y las niñas suelen ser muy femeninas hasta la pubertad.

Y la femineidad tiene un enorme poder, una mujer bella -según los cánones de cada época- y joven denota fertilidad si además viene acompañada de delgadez. Las mujeres quieren ser delgadas porque eso aumenta su valor en el mercado de parejas, si bien la delgadez contiene no pocas paradojas como veremos más adelante. Lo cierto es que las mujeres tienen en general una amplia disconformidad con su cuerpo, como si se consideraran defectuosas y es lógico que así sea, pues su fitness depende de la apariencia.

Ser mujer es muy complicado y lo es porque -admitámoslo- el cuerpo de la mujer está sometido a cambios y vaivenes derivados de sus ciclos menstruales, sus retenciones de agua, sus dismenorreas, y como no la abrumadora tarea de la crianza que hoy se combina con otras obligaciones laborales. Ser fértil es un problema pero la menopausia no es mejor: la deprivación hormonal hace aparecer nuevos malestares en el cuerpo que se suman a los anteriores y sobre todo a la caída de valor en el mercado del atractivo. La vida de una mujer media transcurre entre el dolor, los achaques, las dietas, los embarazos, la disconformidad con el cuerpo, el estrés de la crianza, la preocupación por los hijos, revisiones ginecológicas y un insoportable cansancio. Es obvio que las mujeres han de esforzarse más que los hombres en cualquier trabajo mental si quieren estar en el mercado del éxito laboral, pero sólo en el caso de ser madres.

Si no lo son, lo cierto es que pueden vivir una vida bastante cómoda si tienen la suficiente belleza u otras cualidades que le hagan cotizar al alza. tanto si tienen una pareja como si no la tienen el poder que acumula una mujer joven, fértil y delgada es superior al poder que cualquier hombre pueda acumular. Dicho de otra manera: el poder no está bien repartido entre el género femenino, como tampoco lo está en el masculino, unos pocos y pocas acaparan el éxito que a otros se les niega por sus condiciones de vida.

Si contamos con la escasez de modelos femeninos realmente atractivos, más allá de la apariencia, ser mujer es poco deseable, es por eso que los psicólogos evolucionistas hablan de la “cruel atadura” y es por eso que algunas mujeres optan tal y como disponen los modelos feministas por masculinizarse. El empuje hacia el hombre otra vez, pues hubo un tiempo en que el feminismo pretendió convertir a los hombres en mujeres pero este movimiento fracasó y ahora el modelo es ser directamente hombres, pero otra vez estamos en el terreno de la apariencia y no de la literalidad.

El problema de la mujer es pues un problema que procede de su naturaleza y no de la opresión de los hombres. Lo mismo sucede con los hombres en otro sentido, pues los hombres no se preocupan tanto de su aspecto físico sino de su estatus, una guerra que mantienen durante toda su vida combinada por su apego feroz a veces centrado en el sexo y otras veces en el poder. No olvidemos que el apego puede transferirse.

Las paradojas de la delgadez.

Me referiré sobre todo a una: Si es cierto que la anoréxica busca ser delgada para ser atractiva ¿por qué quedarse en los huesos, pasando así a ser absolutamente indeseable?

Bueno, hay muchas razones para explicar este fenómeno donde parece que las dietas circulan por un carril “close to the edge” (cerca del abismo) donde es fácil caerse al precipicio. Aqui hay un buen articulo sobre este concepto, que es algo así como haberse pasado de frenada, lo que los ingleses llaman runaway.

Pero hay otra manera de pensarlo y es algo que está en la esencia de la metafísica de la anorexia: la lucha contra el cuerpo parece que desaparece cuando se han sobrepasado ciertos limites de inanición, parece que lo que entonces sucede en el plano mental es un estado de singularidad que -volviendo a Lacan- podemos rotular como goce suplementario. Se trata de un goce que va más allá del limite fálico y que por tanto no tiene limite. La existencia de la anoréxica ya no discurre en la liminalidad. No es de extrañar que el ayuno y la mortificación del cuerpo se halle en todas las tradiciones ascéticas o místicas del mundo. Todo parece indicar que estas prácticas propician un estado mental donde lo liminal parece haberse disuelto y haberse sustituido por un goce inefable que además no se puede nombrar con palabras.

Faltaría explicar porqué los hombres no optan por esta estrategia de forma similar a las mujeres pero creo que lo dejaré para un próximo post..