Enfermedades «como si» (IV)

La personalidad «como si» es una patología mental descrita por una psicoanalista, más concretamente por Helene Deutsch en 1934. Hoy le llamamos trastorno border-line o trastorno limite de la personalidad. Le llamó así porque lo que llamó la atención de la descriptora era la idea de que en esta patología nada parecía ser lo que era, no se trataba de neurosis ni de psicosis sino de algún tipo de desarrollo intermedio entre ambas. Quizá por eso habló de personalidad “como si”, “se parece pero no es”.

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Hacia una ciencia de la espiritualidad (IV)

Como ya hemos visto en post anteriores los efectos de los psiquedélicos dependen de la dosis, así podemos hablar de micro y de macrodosis, para experimentar efectos psicodélicos es necesario recurrir a las macrodosis (dosis efectivas) que nos permiten alcanzar el efecto psicodélico propiamente dicho, quedarse por debajo de estas dosis (microdosis) nos lleva a una experiencia similar a las anfetaminas o a la del cannabis, algo que fortalece la creatividad, el contacto social, la logorrea o la ausencia de fatiga, aunque del cannabis ya comenté que dependiendo de su pureza podemos esperar tanto efectos psicoliticos como psicodélicos.

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Emociones fuera del plato (II)

Muchas cosas pierde el hombre/

Que a veces las vuelve a hallar/

Pero les debo enseñar/

Y es bueno que lo recuerden/

Si la vergüenza se pierde/

Jamás se vuelve a encontrar”

Martin Fierro

En el post anterior ya vimos el concepto de «espacio hiperpersonal», se trata de un espacio intimo, algo que sentimos como una prolongación de nuestra identidad. Hablé de que el smartphone se había convertido en un espacio hiperpersonal que había evolucionado desde el antiguo móvil que sólo hacia o recibía llamadas hasta el momento actual en que podemos conectarnos a Internet.

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Entornos hiperpersonales (I)

Cuando yo era niño, cenábamos en el pueblo en casa de mis abuelos, aquellas casas que estaban siempre abiertas tanto en invierno como en verano, solo la puerta distinguía la estación. El caso es que mis abuelos tenían un negocio de riegos agrícolas y era usual que la gente viniera a todas horas a su casa para pedir cita y turnos para regar sus arboles o cosechas. En aquella casa había una alta frecuentación como si se tratara de un ambulatorio, era bastante normal que entraran hasta el comedor, solo anunciando su visita con un «Ave Maria», desde el umbral y penetraran hasta el final sin importarles que estuviéramos cenando, comiendo o en la intimidad de la casa. Dicho de otra forma, entonces no había intimidad, o al menos era bastante diferente a lo que entendemos como tal hoy en día. La intimidad solo existía en la alcoba y no completamente.

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