Las tres plataformas del amor

Es muy posible que la siguiente afirmación que voy a hacer, cree en usted cierta disonancia: «El amor no nos viene de serie», pero no se venga abajo y siga leyendo mis argumentos. El amor no nos viene de serie, lo que nos viene de serie, en nosotros los mamíferos es el apego. El apego puede definirse como una serie de reflejos innatos como el hozar, el reflejo de prensión o el mamar. Pero el apego tiene también una parte conductual que consiste en:

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El nuevo inconsciente: una reconceptualización (XXIX)

En nuestro cerebro habitan dos instancias – en realidad patrones filogenéticos-, una empírica y realista que usamos para rendirnos o retirarnos cuando entendemos que nuestros esfuerzos serán en vano y otra antiempírica y autoafirmante destinada a simular que hemos vencido o disimular que no nos importa.

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Continuidades y discontinuidades de la información (XX)

Después de leer el post anterior el lector sagaz ya habrá comprendido que nuestro cerebro posee dos formas de procesar la información, dos talentos aunque en distinta proporción según la idiosincrasia de cada cual. Recordaremos que una de esas formas era la lógica y otra la paralógica. Lo interesante es que ambas formas se encuentran en una continua tensión entre ellas o dicho de otra manera no son formas de procesamiento colaborativas sino que se encuentran en cierta tensión dialéctica, podríamos hablar  de guerra de sexos o de tensiones entre lo apolíneo y lo dionisíaco, o de lo textual versus la imagen.

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El ojo y el laberinto

Nuestra tarea no es otra sino socavar el poder de la Gran Madre

Erich Neumann

Ahora que estamos en vísperas de carnaval, una fiesta dedicada a lo dionisíaco, al caos, al sexo y a la confusión de sexos, me parece un momento idóneo para hablar de esa tensión, esa dialéctica eterna entre lo femenino y lo masculino, entre lo terrestre y lo celeste, entre lo recto y lo curvo, entre naturaleza y cultura, entre Apolo y Dioniso.

La Venus de Willendorf

No cabe ninguna duda de que mujer y naturaleza se encuentran unidas por vínculos de toda clase, fundamentalmente por uno de los misterios más robustos de nuestra especie: me refiero a la fertilidad, al misterio de la fertilidad. Y para ello voy a referirme a la Venus de Willendorf, una estatuilla paleolítica de indudable interés que señala hacia nuestros primeros cultos que fueron eminentemente ctónicos.

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