Edipo y el patriarcado (VII)

Ahora que ya sabemos qué es un padre simbólico podemos empezar a entender como funcionan las prohibiciones edípicas.

Recapitulando: un padre simbólico es aquel que prohibe el incesto y el parricidio. Prohibe pero no impide pues la amenaza de la castración ya quedó atrás durante la etapa que el niño atravesó durante la fase fálica del desarrollo.

Nadie sabe como sucedió, pero lo cierto es que la prohibición del incesto y del parricidio forman parte de un tabú universal inscrito en todas las culturas. Dado que en el paleolítiico no había antropólogos, ni había documentos que nos ilustren sobre como sucedió tal cosa, no tenemos más remedio que recurrir al mito.

En “Totem y tabú” Freud nos ofrece una visión especulativa sobre el origen de la religión y del propio tabú. Más o menos las cosas sucedieron así:

Un padre violento y celoso acaparaba para si a todas las hembras del clan y para evitar que no se las apropien mata y expulsa a todos los varones al hacerse mayores. Un día los hermanos se confabularon contra él, le mataron y le devoraron. Esta viñeta tiene prolongaciones observadas en varias especies donde la poligamia es la norma: elefantes, gorilas y leones. Sin embargo es poco frecuente en los chimpancés, nuestros parientes más próximos, donde la promiscuidad es la regla aunque no por eso deja de haber jerarquías.

Sigamos con Freud: el objeto de esta acción era apropiarse de las hembras que el padre acaparaba, así como su posición de poder. Pero aparece una paradoja: una vez consumado el crimen y devorado el cadáver, los confabulados decidieron restaurar la situación tal y como estaba previamente, es decir autoexcluyéndose por si mismos del fruto de su rapiña.

Lo que el padre había impedido anteriormente por el hecho mismo de su existencia se lo prohibieron luego los hijos a si mismos. Lo que es lo mismo que decir -según Freud- que este crimen inauguró la proscripción del incesto y el complejo de Edipo. Pero no parece demasiado verosímil.

Lo que se inició en todo caso es el patriarcado, es decir una reglamentación social nueva, nótese que la prohibición atañe sobre todo a los hombres, que de este modo encuentran inhibiciones al incesto (a copular con hijas, hermanas y madres, también afecta a las mujeres en tanto control de su sexualidad.

Ahora bien esta explicación freudiana merece un punto y aparte. ¿Por qué iban a imponerse los hijos estas restricciones una vez desaparecido el padre terrible? ¿Por qué no seguir como hasta ahora?

En realidad ciertos mitos griegos apuntan en una misma dirección: Saturno (Cronos) castró a su padre Urano con una hoz porque era un tirano, pero a su vez, Saturno una vez en el poder hizo lo mismo: se dedicaba a devorar a todos sus hijos, hasta que Zeus, salvado in extremis por su madre decide con su ayuda deshacerse de Saturno (Cronos), otra vez aparece el mantra del parricidio, inaugurando el orden Olímpico, en cierto modo parlamentario. Es curioso que Freud eligiera para explicar su complejo el mito de Edipo y no el de Saturno. Otra manera de verlo sería: no es que el niño quiera acostarse con la madre y matar a su padre, sino que es el padre el que quiere acostarse con sus hijas, castrar a sus hijos y seguir en su poltrona.

El efecto Westermarck.-

Edward Westermarck fue un filósofo sueco contemporáneo de Freud que tuvo que vivir en una época desfavorable para sus intereses intelectuales precisamente porque tuvo que competir con las ideas psicoanalíticas que fueron las hegemónicas en la Europa de entreguerras hasta que más tarde cayeron en desgracia. Hoy consideramos a Westermarck un adelantado para su época que intentó trasladar las hipótesis evolucionistas a la psicología.

Lo cierto es que las personas tenemos muy poco interés sexual en nuestros padres, madres, hermanos o hermanas y tendemos a buscar parejas fuera del dominio familiar. Para Freud esta sería precisamente la prueba de su teoría: el horror al incesto seria el responsable de que la gente se buscara la vida más allá de la familia , tribu e incluso clan, cuanto más lejos mejor.

El efecto Westermarck niega sin embargo el deseo incestuoso freudiano: no hay tal deseo incestuoso; por el contrario, -dice Westermarck-, lo que hay es un desinterés por las relaciones incestuosas ya que la reproducción sexual procura la exogamia como estrategia para evitar taras y mantener la variabilidad genética.

¿Quién tiene razón?

Las ideas de Westermarck ponen en evidencia la idea central de Freud de que el niño alberga sentimientos incestuosos hacia su madre y simultáneamente deseos agresivos frente a su padre. Daly y Wilson han señalado que el error de Freud consistió en entender que aunque entre padre e hijo pueda existir rivalidad sexual esta rivalidad no es nunca por la madre, simplemente a los jóvenes no les interesan las mujeres mayores.

Entre los hermanos sin embargo, la rivalidad atraviesa toda la infancia y va dejando sus secuelas para toda la vida, en una u otra forma: es lógico , los hermanos compiten por la comida, la atención y un rol de privilegio en el seno de la familia. La rivalidad entre hermanos (que muy frecuentemente es identificada por los padres como celos) tiene dos objetivos preferenciales:

  • Obtener de los padres más de lo que los padres están dispuestos a dar.
  • Arrebatarles a los hermanos su participación en los beneficios.

Así cada uno de los hermanos adoptará una estrategia u otra, dependiendo del nicho ecológico que quede libre en la familia a fin de salirse cada uno con la suya. Este es un fenómeno que ha sido observado en toda la escala animal, las crías tratan de prolongar su periodo de dependencia de los padres a través de diferentes engaños, haciéndose el tonto, no mudando de plumaje, hacerse caca cuando ya deberían controlar esfínteres, negándose a comer, hacerse el débil o el necesitado, a través de berrinches, pataletas y en el caso de los humanos a través de enfermedades coactivas o ciertos retrasos que hacen recaer sobre el niño más atenciones. Cada cual elige una estrategia distinta con arreglo a su patrimonio genético y adopta, construye y modifica su estrategia puliéndola a medida que va creciendo e implementándola con nuevas sofisticaciones.

Dicho de otra forma las crías compiten por seguir siendo niños y gozar de los bienes que sus padres (y nadie más) les aseguran. Para Westermarck es el destete más que el Edipo la clave de las rivalidades infantiles que en oposición a Freud no son sexuales.

Dicho de otra forma: lo que tiene importancia es la separación de la madre, esa es la verdadera castración que nos viene de serie cuando tenemos un hermanito o cuando se rompe el huevo. Jacques Lacan habló de un primer tiempo del Edipo a esta separación.

Significa que: el destete y el Edipo podrían ser aspectos evolutivos del mismo conflicto y que pone en marcha constelaciones emocionales similares indistingibles en el adulto puesto que tal y como comenté en este post ¿De quién se tienen celos cuando se tienen celos?

¿En qué quedamos, es el niño el que quiere acostarse con la madre o es el padre el que quiere acostarse con las hijas?

Parte de la solución a este dilema viene de la mano de la psicología social.

La atracción y el rechazo se encuentran en los mismos gustos.

Dos psicólogos sociales, Chris Fraley y Michael J. Marks (2010) (comentado también en Research Digest Blog) han puesto a prueba la hipótesis neo-Westmarckiana con dos fascinantes experimentos que son difícilmente compatibles con la sugerencia de un “mecanismo” natural diseñado para evitar el incesto.

Lo que nos lleva de nuevo a echar mano de la psicología evolucionista y a indagar entre las diferencias que se encuentran plegadas y codificadas en los genes y en la cultura. Efectivamente no existe un mecanismo natural para rechazar los escarceos de la parentela (y el incesto), antes al contrario: los niños aceptan el placer proceda de donde proceda (decía Freud que el niño es un perverso polimorfo) siempre y cuando no haya además de eso maltrato o violencia. ¿Para qué tendría que tomarse la evolución el trabajo de construir un rechazo en los individuos con sus progenitores o sus parientes?

Si yo fuera un neo-westermarckiano diría que para evitar descendientes enfermos o con poca perspectiva vital, ¿pero cómo sabían esto en entornos ancestrales nuestros precursores? Evidentemente no sabían nada de genética, ni de alelos incompatibles, ellos no podían saber que la sexualidad entre parientes podía ser letal para los niños nacidos de tales emparejamientos o que era acumulativa. Es también muy dudoso que acumularan la suficiente información para poder transmitir ese peligro a sus vecinos. Pero es obvio que fueron los grupos humanos los que inventaron el tabú del incesto, algo pues cultural, es decir impuesto por el grupo al individuo concreto.

Ahora bien, si el tabú del incesto no se impuso para optimizar la inversión parental en forma de una descendencia viable, ¿qué objeto tenia la prohibición?

Pues para asegurar un reparto justo de las mujeres, claro está pues en definitiva el recurso con valor son las mujeres. Todas las prohibiciones sexuales tienden a regular la posesión y acaparamiento de varias mujeres por un sólo hombre, lo cual resultaría en un conflicto grupal tarde o temprano. Asegurar que los grupos fueran cohesionados, laboriosos y cooperativos requirió recortar y regular el acceso a las hembras y asegurar una sanción, un castigo a los disidentes. Restricción y castigo van pues de la mano.

Dicho de otro modo, el tabú del incesto se inventó para regular cosas bien distintas a las que hoy creemos: las niñas, nuestras hermanas, o nuestras madres, tías y el resto de la parentela no son accesibles para mi, pero pueden serlo para otros que a cambio pueden disponer de una esposa para mi hijo y una nuera para mi familia (Levi-Strauss 1981).

En conclusión eso que llamamos patriarcado surgió como una forma de regular el egoísmo de los hombres y de proteger a las mujeres. Una protección que encontraría un mecanismo evolutivamente estable para asegurar que no existieran hombres deprivados de sexo y mujeres desprotegidas y sin proteínas en su dieta (tal y como cuenta Helen Fisher en el libro que preside este post): le llamaron monogamia y es evidente que es una estrategia que ha tenido mucho éxito.

Bibliografía.-

C. Levy-Strauss: Las estructuras elementales del parentesco

Fraley RC, & Marks MJ (2010). Westermarck, Freud, and the incest taboo: does familial resemblance activate sexual attraction? Personality and social psychology bulletin, 36 (9), 1202-12 PMID: 20647594

Francisco Traver (2019): “Del mito a la clinica”

El padre simbólico (VI)

Contemple esta señal de tráfico, muy conocida por todos nosotros. Se trata de un símbolo que prohibe algo, en este caso prohibe circular en esa dirección.

Nótese que prohibe pero no impide.

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El fetichismo

La rama dorada es una obra de campo del antropólogo George Frazer que fue la primera lectura que tuve que acometer mientras me formaba en psicoanálisis y terapia psicoanalítica. Se trata de una obra en dos tomos aunque existe una versión simplificada; en ella Frazer aborda sobre todo la cuestión del pensamiento mágico, no en vano el libro lleva un subtitulo “magia y religión”. Una obra que Freud leyó en su día y que dio lugar a “Totem y tabú”, donde Freud nos explica como se constituyó en nuestro psíquismo, la prohibición del incesto y del parricidio.

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