Amor y civilización (XI)

Dios es amor

No se contenta el alma con menos que Dios (Santa Teresa de Jesus)

Terminé mi anterior post con un argumento extraído de la enciclopedia de Gustavo Bueno donde el autor explica ese concepto tan interesante que tituló «Inversión teológica», que utilicé para señalar la idea de que la secularización habría logrado sustituir la idea de Dios por la del mundo, lo que es lo mismo que decir que la secularización tuvo una secuela muy importante: la naturalización de Dios. Y lo que es lo mismo logró insertar en la mente humana, la idea naturalística de que cada humano es su propio Dios. Lo que es lo mismo que decir que coexisten rastros de divinidad y algo demoníaco en nuestro deseo cuando lo trascendente se transforma en inmanente.

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La sexualidad de las mujeres y el anti-Edipo (II)

Terminé el post anterior afirmando que Edipo modula tanto la sexualidad como la agresividad y lo hace merced a la imposición de un modelo que ha venido en llamarse patriarcado. Ahora bien, no existe solo un modelo de patriarcado sino varios, no es lo mismo el patriarcado que opera en Agfanistán como el que impera en Rusia, China o Alemania. Podríamos definirlo diciendo que el patriarcado es un modelo de filiación que determina quién es el padre de quién. Podría preguntarse ahora porque no es necesario saber quién es la madre de quién, pero esta pregunta es en realidad algo ingenua, pues la dificultad radica en saber quien es el padre de un niño y no quién es la madre que viene definido por sí mismo. La maternidad es axiomática, la paternidad una posibilidad y además incierta.

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La muerte de Edipo (I)

Hace unos días publiqué en twiter un tuit a propósito de esa «epidemia» de niñas que dicen ser niños y que quieren comenzar un programa de cambio de sexo. Decía allí que:

«No es que quieran ser niños es que rechazan su sexualidad, pues ha desaparecido la fase de latencia debido a la sexualización precoz».

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