El mapa mental del odio

El odio es un sentimiento intenso de repulsa a algo o alguien que además incluye el deseo de deshacerse o de eliminar la causa del mismo. El odio está emparentado con el asco, y el desprecio y se trata de un afecto prolongado que no debe confundirse con el rencor, pues el rencor no incluye esa claúsula de eliminación que siempre es física y no solo declarativa. Y está presidido por un sentimiento de enojo, de ira o de hostilidad manifiesta en todo aquello que se relacione con la persona, idea o cosa odiada, aunque sea solamente una relación de desplazamiento semántica.

El odio puede ser comprensible o incomprensible, por ejemplo es comprensible pensar que alguien albergue sentimientos de odio si él mismo o su familia han sufrido daños o han sido asesinados por alguien concreto pero también puede suceder que ese alguien no sea una persona o se desconozca, en tal caso comprenderemos ese odio (sin necesidad de buscar una explicación), también entenderemos que pueda ser desplazado a aquellos que secundariamente se consideren subsidiarios de tal afrenta.

Es por eso que la venganza está relacionada con el odio. Pero lo cierto es que el odio muchas veces es incomprensible y no podemos explicarlo a partir de la biografía de los sujetos que lo sienten. En ocasiones el odio es la consecuencia de elaboraciones patológicas como sucede con el fanatismo o la xenofobia.

Lo cierto es que el odio es un sentimiento difícil de mantener, se trata de algo que el sujeto que lo porta le hace sentir desagradable. Odiar es desagradable pero puede neutralizarse con fantasías de venganza que en cualquier caso operan como «recompensa» diferida en la fantasía del odiador, pues en realidad la venganza es una forma de justicia privada, eones de tiempo anterior a la justicia del Estado tal y como la comprendemos hoy. En la venganza hay una busqueda de justicia o lo que es lo mismo el vengador se toma a sí mismo como una persona justa y moral, hay como un mandato o imperativo justiciero en los odiadores.

Dicho de otra forma: la venganza es el acto que regula un afecto (el odio) que puede ser insoportable para quien lo sufre. O también: que en la venganza hay un deseo de impartir justicia, cuando alguien se venga asesinando a alguien que anteriormente hubo asesinado a un miembro de su familia está sintiendo que el sujeto al que asesinó, se lo merecía. Se trataba pues de un acto de justicia reparativa.

Un acto que se conoce desde la antigüedad y que responde al nombre de «ojo por ojo diente por diente» que lleva implícito un mensaje de proporcionalidad: no se trata de un ojo por dos ojos o de un diente por toda una dentadura, sino de un mandato de proporción. Pero lo cierto es que en aquellos que se toman la justicia por su mano no hay casi nunca proporción y lo usual es que se tome toda la dentadura por un diente perdido. El problema que tiene este ajuste de cuentas privado y subjetivo es que conlleva una cascada de eventos violentos posteriores que no se detienen nunca y que afectan a toda la sociedad. Es por eso que entre nosotros el Estado ha tomado el mando sobre la violencia privada y la prohibe, incluso en los casos de defensa propia (como sucede en España, pero no en otros países como en USA). Nadie puede suplantar al Estado en el reparto de justicia, asegurándose así que se lleven a cabo escaladas de crímenes a cambio de garantizar una justicia objetiva e impersonal y que por desgracia nunca llega a ser reparativa ni proporcional.

Lo importante es retener que la agresión puede tener condicionamientos morales y es por eso que se encuentra emparentada con el asco y la repugnancia moral, sentimientos que tienen relación con el supremacismo moral que muchas veces viene disfrazado de una empatía narcisista, el nombre con el que conocemos a ciertas personas que parecen empáticas siempre y cuando se considere que sus actos son beneficiosos para otros, usualmente alejados de su entorno. Hay que recordar que la empatía evolucionó para la protección de los nuestros, algo que suele emparentarse con la oikofobia. La empatía tiene un cara oscura tal y como comenté en este post.

Cute-agression.-

Pero no todas las formas de agresión son de carácter moral. Hay otra forma de agresión que nos impacta mucho más que esas escaladas de violencia que anteriormente describí. Se trata cuando la víctima es un niño o alguien desamparado o cuando se lleva demasiado lejos la pulsión de matar, como si el individuo hubiera sido cegado por algún misterioso fenómeno de conciencia y hubiera un exceso de rabia contra el agredido, algo que sucede en ciertos crímenes sexuales o cuando hay razones de mucho peso para ir más allá de la muerte en ciertas agresiones. Entonces hablamos de sadismo.

El sadismo es una parafilia (una perversión sexual o no) que consiste en obtener placer del dolor, miedo, terror, o humillación de otras personas. En realidad el sádico no pretende solo disfrutar de sexo cuando agrede a alguien sino más bien gozar de ese poder omnímodo que confiere la dominación total sobre alguien desamparado y a su merced. Es como si el placer sexual hubiera sido sustituido por otra cosa.

Pero en la «cute agression» lo que hay es un deseo de profanar algo sagrado, algo inocente, algo que merece por sí mismo respeto y devoción, empatía, cuidado y compasión. Es un atentado contra la ética de la divinidad,

La ética de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogía de nuestra concepción de la moral. El asco es una mueca de desprecio.

Los cute-agresores lo que buscan es emborronar lo bello, lo inocente, lo bello, la ternura que experimentamos frente a esos seres desvalidos, los enfermos, los niños o aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. Y hay antecendentes en la literatura que nos proporcionan pistas de las razones que impulsan a estos sujetos. Veamos este poema de Baudelaire titulado precisamente «A la que es demasiado alegre» de su libro «Las flores del mal», un verdadero tratado de misoginia y sadismo:

Tu cabeza, tu aire, tu gestobellos como un paisaje alucinante;

como la brisa en un cielo claro juega la risa en tu semblante.
Al triste peatón hace pedazos, deslumbrado por tu carnalidad,

que brota como una claridad desde tus hombros y desde tus brazos.
Los chillones colores con que te maquillas, como las coquetas,

evocan en el corazón de los poetas la imagen de un ballet de flores.
Tus locas faldas sin emblema de tu gusto sofisticado,

loca por la que yo me he enloquecido

te odio, sí, tanto como te amo.
A veces en un jardín sereno por el que se arrastra la atonía,

he sentido, como una ironía, que el sol me desgarraba el seno.
Tanto humillaron mi corazón la primavera y el verdor

que la insolencia de la naturaleza la he castigado en una flor.

Como un cobarde, de forma sigilosa, reptar
querría yo hasta tu boca
cuando la hora del placer convoca
y los tesoros de tu noche disfrutar,

Y castigar tu cuerpo deleitoso
y ensangrentar tu perdonado seno
y hacer en tu costado no sereno
un corte hondo, extenso y profundo,

Y qué vértigo dulce tan intenso
a través de tus labios nuevos,
más brillantes y también más bellos,
infundirte, hermana, mi veneno intenso.

Obsérvese como la contemplación de la belleza femenina es para el poeta insoportable y fantasea con procurarle dolor a su «envidiada modelo». Pero en la ultima estrofa nos da una clave:

¿A qué veneno se refiere el poeta?

Naturalmente el veneno es él mismo o cómo se percibe a sí mismo subjetivamente (mi veneno).

La identificación proyectiva.

La identificación proyectiva es un mecanismo de defensa que consiste en «inyectar» en otro un estado mental propio a fin de dejar de estar bajo su influencia. En este sentido, la identificación proyectiva es una forma de regular los propios afectos, proyectándolos afuera al mismo tiempo que se consigue que el objeto se identifique con esa proyección. Se trata de un mecanismo de muy bajo nivel cognitivo que rara vez consigue estabilizar al sujeto que la emplea. Se trata de un mecanismo narcisista, que puede o no derivar en agresión.

En el caso de Baudelaire podríamos especular que su fantasía sádica se dirige hacia alguien que el poeta califica como bella (pero excesivamente alegre), es esa alegría, esa belleza la que no puede tolerar y por eso toma prestada esta capacidad de nuestra mente para proyectarse fuera de ella. Lo que hay dentro de él es odio en forma de «cute agression», algo infrahumano que equilibra la deshumanización del otro que proyecta en su fantasía. Pero no de cualquier otro, sino de un ser sagrado protegido por la ética de la divinidad pues todos somos en lo más intimo -nuestro cuerpo- inaccesibles y debemos guardar el secreto para nosotros mismos. Mucho más aquellas personas que hemos declarado como bellas o adorables.

El insecto disemina su insecticida para igualar su entorno mental aunque sea eliminando la belleza que él mismo acepta, adora y desea en el otro para sí. Pues en realidad el otro no existe (pero sí sus encantos) , se halla deshumanizado, zombificado como él mismo.

Su Majestad el síntoma

En el post anterior prometí poner algún ejemplo aplicable a la teoria de redes o lo que es lo mismo el pensamiento rizomático aplicado a la psicopatologia. Vamos a proceder partiendo de la base de que las entidades subyacentes que suponemos de los trastornos psiquiátricos no existen. Entiendase bien, no existen esas entidades pero si existen los síntomas.

En realidad los síntomas psiquiátricos tienen una existencia ontologica bien distinta a las entidades psicopatológicas. Estas, la depresión, la esquizofrenia, la anorexia mental o el TOC, tienen también cierto grado de existencia, mucho más semántica que operativa. Podemos quedar a tomar café con alguien que tenga alucinaciones visuales pero no podemos quedar a tomar café con una esquizofrenia. También podemos quedar a tomar café con alguien etiquetado de esquizofrenia pero es seguro que no comparecerá en el café. Dicho de otro modo a la esquizofrenia no se le puede meter el dedo, sin embargo un síntoma es algo concreto, que puede medirse, sufrirse, contarse, escucharse y observarse.

Las entidades psiquiátricas son algo que suponemos como causa de ciertos síntomas pero no de otros. Esta idea nos lleva a construir nosografías, es decir clasificaciones de las patologías mentales y lo hacemos a partir de taxonomías tal y como nos enseñó Linneo, (1707-1778) que designó con el término taxonomía a la clasificación de los seres vivos en agrupaciones jerárquicamente ordenadas, de más genéricas a más específicas (reino, clase, orden, género, y especies). A partir de esta concepción clásica, se desarrolló la taxonomía como un subcampo de la biología dedicado a la clasificación de organismos de acuerdo con sus diferencias y similitudes.

Y como no, estas taxonomías se aplicaron a la clasificación de las enfermedades, tanto las médicas como las mentales. Y es cierto que este proceder tuvo mucho éxito en las clasificaciones médicas, pues nos permitieron predecir el curso, invocar una causalidad (por ejemplo un tumor cutáneo puede ser maligno o banal) pero no tanto en la clasificaciones psiquiátricas. ¿Cual es la razón de esta diferencia entre lo médico y lo psiquiátrico? 

El principal obstáculo que nos encontramos en las taxonomías psiquiátricas es el enorme solapamiento de criterios de unas especies a otras. Tomemos como ejemplo la depresión.

Solapamiento.-

La depresión puede ser considerada de muchas maneras y de hecho hay múltiples subclasificaciones. Así hablamos de trastorno afectivo mayor (cuando el episodio es muy severo), trastorno afectivo mayor con melancolía (cuando además aparecen delirios psicóticos), pero también podemos hablar de depresiones crónicas (distimia) que parece algo más cercano al carácter que a un estado puntual. La depresión además puede ser adaptativa, reactiva a un estrés concreto, algo que es bastante frecuente en la clínica y que nos puede afectar a todos, pero también las hay postparto, bipolares (cuando hay virajes a la manía), por mudanza, involutivas (edad senil), pero también somatógenas, es decir depresiones vinculadas a una enfermedad médica (hipotiroidismo, cáncer de páncreas), toma de corticosteroides o ciertos medicamentos, etc.

Dicho de otra manera, no parece que la etiqueta «depresión» sea una enfermedad unitaria sino que tiene muchas variantes y con distintas causas, algunas conocidas y otras desconocidas. Más bien parece que la depresión sea un síndrome transversal que una categoría diagnóstica discreta.

Las categorías pertenecen a esa manera de pensar taxonómica que no parecen apresar de forma coherente lo que nos sucede mentalmente. Otro ejemplo es la esquizofrenia. Estamos condenados a pensar que la esquizofrenia es una enfermedad mental discreta (una especie), sin embargo la esquizofrenia tiene muchas variedades: paranoide, simple, esquizoafectiva (con síntomas afectivos sobreañadidos), la antigua hebefrenia y catatonía que parecen haber desaparecido misteriosamente de la clínica y la forma desorganizada. Es decir suponemos que todas estas formas clínicas pertenecen a una única entidad subyacente llamada «esquizofrenia» desde Kraepelin para acá, pero no tenemos ninguna prueba de que sean la misma enfermedad, hasta tal punto que algunos autores hablan de esquizofrenias en plural.

Comorbilidad.-

Otro problema que se presenta en estas taxonomías es que los pacientes pueden cumplir criterios no para uno sino para varios trastornos psicopatológicos. Antes he hablado del trastorno esquizoafectivo que sería una mezcla de síntomas de la serie esquizofrenia y otros del trastorno bipolar. Lo mismo sucede sucede con la anorexia y la bulimia, entre el TLP (trastorno limite de la personalidad) y la bulimia y el solapamiento de varios criterios de los trastornos de la personalidad que justifican el item de «trastorno inespecífico de la personalidad».

Un persona que tenga una artritis reumatoide, tiene una artritis reumatoide, pero no un artritis psoriásica o una artrosis ni una conectivopatía sistémica o una espondilitis anquilosante. Parece que en medicina este tipo de planteamientos sirven y mucho para el diagnostico, es decir para diferenciar unas entidades de otras con implicaciones en el pronóstico y en el tratamiento.

La comorbilidad, es decir la necesidad de varios diagnósticos en psiquiatría es una prueba de que nuestra manera de clasificar las enfermedades psiquiátricas está equivocada y nos encierra en una jaula epistemológica que no resuelve los problemas reales de los pacientes reales, ni la forma de entenderlos, algo que nos lleva a ciertas tautologías: «la mató porque deliraba, porque era una esquizofrénica».

Las excepciones.-

Lo cierto es que nuestro culto por las taxonomías nos ha hecho ser miopes para otros síntomas sutiles que o bien no son bien conocidos y por tanto detectables o bien no encajan en las clasificaciones actuales. Pongo el ejemplo del mentismo o prolijidad, una psicopatología del pensamiento, es decir un síntoma cognitivo. En este diccionario médico, aparece una definición que me hace pensar que quien la ha escrito no ha visto en su vida tal síntoma. Es verdad que el mentismo es la producción de ideas, imágenes o discursos repetitivos u obsesivos pero esto no aclara demasiado este síntoma. Se refiere a esas personas pegajosas (ictiósicas, descritas por Françoise MInkowska) que catalogamos como «pesados», personas que siempre hablan de lo mismo y que repiten un tema o varios temas relacionados casi siempre relativos a su vida, su genealogía o las vicisitudes de su estirpe. pareciera que no saben hablar de otra cosa, son monotemáticos y todo el mundo les evita porque son iterativos y redundantes y con excesiva familiaridad, cercanía y tendientes a tocar a sus interlocutores, uno se aburre después de cruzar varias frases con ellos. Este es un ejemplo de un síntoma menor que casi nadie apresa porque se ve ya muy poco. En realidad fue descrito como un síntoma psíquico de ciertas demencias y sobre todo de la epilepsia (carácter ictiósico) y hoy la epilepsia ha dejado de manifestar síntomas psíquicos. Pero el mentismo sigue existiendo a pesar de la practica desaparición de la epilepsia. Hoy sería clasificado como un síntoma menor del trastorno bipolar a pesar de que muchos de los pacientes que lo presentan no hayan tenido nunca episodios maniacos ni depresivos, es decir no es uno de los criterios para este trastorno. Dicho de otra forma: el mentismo es un síntoma huérfano, una víctima de las taxonomías que privilegian siempre los síntomas robustos de sus clasificaciones.

Su Majestad el Insomnio.-

Si me preguntaran cual es el síntoma más frecuente en la población general y de algún modo ubicuo, me decantaría por el insomnio, un síntoma que atraviesa toda la psicopatología y que afecta a múltiples enfermedades médicas e incluso a personas normales. Si lo miramos aisladamente INSOMNIO no nos remite a causa alguna y es por eso que tenemos que estudiar sus enlaces, sus conexiones. Así INSOMNIO comparte con mucha frecuencia enlaces con RUMIA o con PREOCUPACION, también con ANSIEDAD. Se trata de relaciones biunívocas, es decir circulares, la RUMIA provoca INSOMNIO pero también INSOMNIO provoca RUMIA. Mantiene también relaciones con otros síntomas como TRISTEZA, DOLOR, MIEDO o EXCITACION, de un modo menos intenso.

Si INSOMNIO tiene tanto peso es porque mantiene relaciones (entradas y salidas) con otros muchos síntomas psicopatológicos o médicos y va configurando constelaciones de síntomas bien distintos para cada individuo, así decimos que existen razones afectivas, de ansiedad, bien distintas según cada persona sin olvidar esos síntomas que co-ocurren casi con total seguridad. Esto hace que INSOMNIO sea un síntoma muy frecuente en la vida de muchos de nosotros y explica porque el consumo de BZD (benzodiacepinas) sea tan frecuente, si bien las BZD contienen otras muchas pegas cuando se toman a largo plazo.

A INSOMNIO le pasa como a esos famosos que tienen miles de seguidores en twitter si bien ellos no siguen más que a unos pocos, se protegen así de la circularidad es decir de los enlaces biunívocos de ida y vuelta.

En la teoría de redes aplicada a la psicopatología nuestra lectura rizomática seria bien distinta de aquella que se ocupa de encontrar causas al INSOMNIO:

Llegaríamos a la conclusión de que existen síntomas co-ocurrentes con una frecuencia llamativa por ejemplo la obsesión por la limpieza y el lavado de manos, o la ansiedad y la depresión, la preocupación y el insomnio. Existen pues nodos centrales, es decir síntomas que tienen mucho peso y lo tienen porque tienen muchas entradas y salidas, es decir tienen muchas aristas y por tanto muchos enlaces a otros síntomas y rutas distintas.

En psicopatología el pensamiento rizomático (horizontal) se trataría de una alternativa radical a los sistemas diagnósticos basados en taxonomías y en la suposición de que existen entidades superiores y de alguna forma subyacentes que explicarían por sí mismas todo el cuadro sintomático.

Rizoma y taxonomía

Haced rizoma y no raíz (Deleuze y Guatari)

No cabe duda de que nuestra especie es dimórfica, significa que hombres y mujeres nos diferenciamos no solo en nuestros genitales sino en nuestro tamaño, velocidad, fuerza y agresividad mayor en los machos que en las hembras. Evolutivamente hablando, estas diferencias señalan hacia nuestros orígenes ancestrales en una cuestión fundamental: procedemos de un linaje de simios donde la rivalidad entre los machos ha sido muy intensa, incluso feroz y es por eso que la evolución seleccionó positivamente esta diferencia sexual.

A cambio de esa rivalidad ancestral nosotros los machos hemos desarrollado mecanismos de inhibición de la misma: darse la mano, la lealtad, el compañerismo o la camaradería entre los hombres es la consecuencia de aquella primitiva rivalidad que se vio -a lo largo de la evolución de nuestra especie- modulada por estos inhibidores. ¿Pero qué pasó en el caso de las hembras de nuestra especie?

Las mujeres no necesitaron competir entre ellas y es por eso que no han desarrollado inhibidores específicos para la rivalidad intrasexual. A cambio desarrollaron cooperaciones rizomáticas, esto es ayuda y asistencia en aquellas situaciones que representaban una amenaza para ellas y no cabe duda de que el embarazo, el parto y el largo periodo de dependencia de los bebés de sus madres supuso en ambientes ancestrales una de las razones para que la cooperación de las mujeres entre sí, resultara más que necesaria, es por eso que en las hembras hablamos de aloparentalidad, es decir una forma de vinculo de ayuda que venía a imitar a la parentalidad real, cualquier mujer se siente interpelada a ayudar a otra en una situación de crianza en ambientes ancestrales. La primera comadrona fue sin duda una mujer y Artemisa fue la diosa que representaba esta cooperación.

Esta situación ha dado lugar a un desfase entre nuestras adaptaciones ancestrales y el mundo en el que vivimos hoy. Ya no es necesaria la concurrencia de todas las mujeres de la aldea para ayudar a una parturienta, pues por no haber ya no hay ni partos en aquellas condiciones. Ni en la crianza posterior tienen ya lugar alguno, las tías, como llamábamos en los pueblos antiguamente a las mujeres mayores, como si todos estuviéramos emparentados. La aloparentalidad es la única forma de cooperación que existe entre las mujeres, la sororidad de la que hablan algunas feministas, es imposible. Tienen razón algunos políticos cuando dicen que para criar a un niño es necesaria toda una aldea. Pero ya no hay aldeas y cada cual se las apaña con lo que puede, usualmente mujeres emparentadas con la parturienta. Las abuelas.

Lo que si existe hoy debido a los cambios sociales es una enorme rivalidad intrasexual femenina, es como si las mujeres hubieran tenido que optar -a fin de magnificar su descendencia (su fitness)- por aquella rivalidad ancestral entre los machos que hoy evidentemente ha languidecido por diversas razones siendo las evolutivas las más importantes. Pues recordémoslo, las mujeres no han desarrollado inhibidores de su rivalidad al contrario de los hombres. Hasta tal punto que algunos autores sospechan que ciertas enfermedades mentales de las adolescentes tienen que ver con esta rivalidad si lo entendemos como causa ancestral.

Otra de las derivadas de este dimorfismo es el tipo de pensamiento.El pensamiento masculino es vertical, jerárquico y el pensamiento femenino es horizontal o rizomático.

¿Qué es el rizoma?.-

Algunas plantas se desarrollan bajo tierra a través de brotes que pueden ramificarse en cualquier punto, así como engrosarse transformándose en un bulbo o tubérculo; el rizoma de la botánica, que puede funcionar como raíztallo o rama sin importar su posición en la figura de la planta, sirve para ejemplificar un sistema cognoscitivo en el que no hay puntos centrales —es decir, proposiciones o afirmaciones más fundamentales que otras— que se ramifiquen según categorías o procesos lógicos estrictos. El gengibre es un buen ejemplo de crecimiento rizomático, como puede verse no crece hacia arriba ni hacia abajo sino hacia los lados.

 Deleuze y Guattari sostienen lo que, la estructura del conocimiento no se deriva por medios lógicos de un conjunto de primeros principios, sino que se elabora simultáneamente desde todos los puntos bajo la influencia recíproca de las distintas observaciones y conceptualizaciones (Deleuze & Guattari 1980). Esto no implica que una estructura rizomática sea necesariamente lábil o inestable, aunque exige que cualquier modelo de orden pueda ser modificado; en un rizoma existen líneas de solidez y organización fijadas por grupos o conjuntos de conceptos afines.

Esta noción del conocimiento —y la psique; Guattari era psicólogo de orientación psicoanalítica lacaniana— está motivada por la intención de mostrar que la estructura convencional de las disciplinas cognoscitivas no refleja simplemente la estructura de la naturaleza, sino que es un resultado de la distribución de poder y autoridad en el cuerpo social. Pero personalmente me inclino más a pensar en que estos autores desconocen la teoría de la evolución y tampoco saben que fue Euler a través de su teoría de grafos que ya se adelantó algunos siglos a su punto de vista. El pensamiento vertical viene de serie a nuestra especie. Y es por eso que los hombres construyen taxonomías y otros como Euler las cuestionan, pues la teoría de grafos lo que hace es ir más allá del pensamiento vertical taxonómico y estudiar como se comportan ciertos elementos en relación con otros o dicho de otra manera su comportamiento rizomático. Esta teoría ha dado lugar a la teoría de redes que es lo que me interesa abordar más abajo. .

¿Qué es una taxonomia?

Aristóteles fue uno de los primeros en utilizar este término, en el 300 antes de Cristo, para designar esquemas jerárquicos orientados a la clasificación de objetos científicos. El botánico Carlos Linneo (1707-1778) designó con el término taxonomía a la clasificación de los seres vivos en agrupaciones jerárquicamente ordenadas de más genéricas a más específicas (reino, clase, orden, género, y especies). A partir de esta concepción clásica, se desarrolló la taxonomía como un subcampo de la biología dedicado a la clasificación de organismos de acuerdo con sus diferencias y similitudes. De acuerdo con Grove, los principios que proporcionaban una guía rigurosa para la construcción de taxonomías eran la base lógica, la observación empírica, la estructura jerárquica basada en la herencia de propiedades, la historia evolutiva, y la utilidad pragmática.

Las taxonomías son la base sobre la que se ha edificado la ciencia y como no la medicina a fin de construir esquemas comprensibles de elementos dependientes unos de otros, aun hoy clasificamos las enfermedades según un listado de síntomas, estas clasificaciones son nosotaxias y siguen el enunciado de la taxonomía: un sistema jerarquizado donde los elementos se ordenan según su importancia tejiendo una especie de árbol siempre orientado de arriba-abajo. Lo contrario del rizoma.

La teoria de redes.-

Los planteamientos de la TR no son nuevos. El interés por analizar las relaciones entre elementos tiene su antecedente en los trabajos del matemático Leonhard Euler (1707-1787), que fue a su vez la semilla de la teoría de grafos (uno de los instrumentos típicos de análisis en la TR). Desde entonces, y con procedimientos matemáticos, la TR se usa para revelar redes complejas en biología, física, meteorología, epidemiología, lingüística, producción científica, datos computacionales (ej.: circulación de la información en Internet y en redes sociales), en sociología, ciencia política o psicología.

De hecho, la idea de representar redes conectivas entre individuos es justamente la quintaesencia del sociograma, herramienta creada por el psicólogo de la Gestalt Jacob Moreno (1889-1974). En una red hay dos elementos básicos representados: nodos (o vértices, que representan los elementos o unidades de análisis, y aristas (o nexos) que visualizan la conexión entre los nodos.

Esta teoría de redes está aplicándose en la actualidad en la definición de una nueva psicopatología. Cada nodo está ocupado por un elemento (por ejemplo un síntoma) y se relaciona con otros nodos constituyendo una figura regular o irregular (en cualquier caso un patrón geométrico).

La TR propone que las categorías diagnósticas no son reales ni deben ser objeto de escrutinio clínico o científico. Sólo existirían síntomas que, mediante conexiones causales entre ellos, van configurando redes de síntomas. El objetivo de la TR no es analizar, o llegar a diagnosticar, ninguna entidad subyacente sino encontrar patrones de síntomas que covaríen dinámicamente. .En realidad la suposición de que existe una entidad subyacente generadora de síntomas es una idea que prevalece en el quehacer psiquiátrico y clínico en general, pero lo cierto es que nuestras clasificaciones categoriales no son correctas.

Por ejemplo si una persona consulta por tristeza, dificultad para dormir, fatiga y anhedonia diremos que sufre un trastorno afectivo mayor, lo cual nos lleva al modelo médico y a la creencia en la existencia de una entidad que desde algún lugar produce síntomas que identificamos como típicos de ese trastorno pero en realidad el argumento es tautológico. ¿Si no puede dormir porque tengo una depresión qué causa mi depresión?¿O mi depresión lo explica todo?

Lo cierto es que usted puede padecer insomnio por una diversidad de cirunstancias, asi muchas enfermedades fisicas y psiquicas tienen en común este desagradable síntoma. La ansiedad (el TAG) y la depresión son de hecho dos enfermedades comórbidas (comparten muchos sintomas), como también sucede en la depresión y el TOC o en la anorexia y la bulimia o en la esquizofrenia y la depresión.

En la teoría de redes aplicada a la psicopatología nuestra lectura rizomática seria otra:

Llegaríamos a la conclusión de que existen síntomas co-ocurrentes con una frecuencia llamativa por ejemplo la obsesión por la limpieza y el lavado de manos, o la ansiedad y la depresión, la preocupación y el insomnio. Existen pues nodos centrales, es decir síntomas que tienen mucho peso y lo tienen porque tienen muchas entradas y salidas, es decir tienen muchas aristas y por tanto muchos enlaces a otros síntomas y rutas distintas.

En psicopatología el pensamiento rizomático (horizontal) se trataría de una alternativa radical a los sistemas diagnósticos basados en taxonomías y en la suposición de que existen entidades superiores y de alguna forma subyacentes que explicarían por sí mismas todo el cuadro sintomático.

En el próximo post trataré de poner ejemplos concretos sobre esta cuestión.

Antipsiquiatras y chusqueros

La antipsiquiatria fue una corriente informal mezcla de ideologías, filosofia y de prácticas supuestamente emancipadoras que tuvo su apogeo en los años 60 y 70 y que acogía -como se dice ahora- a múltiples sensibilidades descontentas con el trato de se les daba a los enfermos mentales en aquellas instituciones llamadas manicomios. Para abreviar y hacer a esta corriente comprensible para el publico en general, la idea central de la antipsiquiatría -que bebía de fuentes bien diversas aunque habría que citar a Ronald Laing y David Cooper, un psiquiatra y un místico anglosajón como precursores- era que la enfermedad mental no existía, esta era la corriente más radical y otra menos radical suponía que de existir la locura era utilizada por el poder como una forma de dominio y control social, de este modo los manicomios eran algo así como las cárceles de los locos, los psicofármacos un dopaje obligado y los psiquiatras los carceleros custodios de este orden social.

Esta idea foucaultiana y diseminada por los filósofos izquierdistas supervivientes del Mayo del 68 y ahora instalados en la escuela de Frankfort, sostenían la falsa idea de que los locos no existirían de no ser porque se encontraban alienados por ciertas estructuras de poder que vigilaban las conductas individuales y castigaban aquellas conductas que se les antojaban como demasiado emancipadas del pensar común. Naturalmente esta idea es falsa y la Psiquiatría fue en realidad un movimiento humanístico que liberó -hasta donde pudo- a los enfermos mentales de castigos, desprecios, humillaciones, persecuciones, exilios y abandonos. Fue precisamente Pinel un psiquiatra el primero en quitar las cadenas a los locos, sin embargo su iniciativa no dio los resultados esperados, pues:

«Vació los manicomios pero las cárceles se llenaron de locos y el Sena de cadáveres».

No era tan fácil , los locos -al menos las formas más graves- por definición son personas que necesitan cuidados de por vida, supervisión, tutela, alimentación, un hábitat seguro así como cuidados médicos y de enfermería, rehabilitación y sobre todo socioterapia, es decir aumentar sus capacidades y habilidades sociales, pues la tendencia de la enfermedad mental es devoradora con todas estas cualidades si alguna vez se adquirieron. Liberarles de sus cadenas fue un acto político y no tanto humanitario.

En realidad la antipsiquiatria fracasó precisamente por no estar bien apoyada en sus fundamentos científicos y fiarlo todo a una consigna revolucionaria. La antipsiquiatría tuvo éxito sobre todo en Italia a partir de las ideas desinsitucionalizadoras de Franco Basaglia, donde se inició una obra de revisión sobre los manicomios. En realidad psiquiatras y antipsiquiatras de entonces estábamos de acuerdo en que los manicomios eran instituciones totalitarias, poco higiénicas y que generaban por sí mismos las mismas patologías que pretenden curar, algo que demostró Erving Goffman..

¿Qué era un manicomio?

Un manicomio era una institución destinada al cuidado de los enfermos mentales que allí se albergaban, aunque lo cierto es que no todos los usuarios de aquellos antros eran verdaderos enfermos mentales. En aquel lugar era fácil ingresar pero muy difícil de salir salvo por fuga. En España estuvo en vigor desde 1931 hasta 1976 una ley de internamiento muy reaccionaria y dictada al principio de la República, baste decir que bastaba una orden gubernativa, un certificado médico o el mandato de un alcalde para ingresar a alguien a veces de por vida en uno de esos establecimientos.

A partir de 1976 entra en funcionamiento una ley nueva de internamiento psiiquiátrico: propone dos vías de ingreso, una voluntaria y otra involuntaria. La vía involuntaria es siempre una vía urgente. Supongamos que usted es llevado por la policía a Urgencias de un Hospital y un psiquiatra aconseja el internamiento por riesgo para sí mismo o de otros. Lo que se hace al día siguiente es que el paciente queda a disposición del juez, quien aprueba o rechaza el internamiento, hasta que el el psiquiatra aconseje. Esta manera de proceder es limpia y democrática y sustituye la vieja idea de «orden publico» por la más nueva de «principio de salud pública».

En realidad la antipsiquiatría tuvo como epifenómeno el llevar a las autoridades publicas el fenómeno manicomial que era algo a resolver con urgencia. No se podían mantener en pleno siglo XX esas instituciones tan nefastas gobernadas por monjas y con un personal sin ninguna preparación técnica como cuidadores y donde los médicos se dedicaban a «pasar visita» de un modo estereotipado.

Yo trabaje en un manicomio y podría llenar de anécdotas este y sucesivos post, pero lo más importante es que en los años 70 hubo un recambio de profesionales en esos lugares que llevamos a cabo su transformación, si bien de forma bastante anárquica tal y como podemos leer en el libro coral que preside este post y en el que mi servicio tuvo un capitulo. En realidad fuimos los primeros en integrar, -no sin grandes resistencias- a la Psiquiatría en el seno de un Hospital General ya en 1980, algo que más tarde fue sancionado por la «Comisión Espino», nombre informal con el que cierto grupo de expertos aconsejaron al ministro de Sanidad de entonces las pautas que deberían guiar a la asistencia de este tipo de enfermos, promovía lo siguiente:

  • Creación de unidades de Hospitalización psiquiátrica en los Hospitales Generales.
  • Alta precoz con el fin de disminuir el estigma ligado a la Hospitalización y la dependencia del Hospital.
  • Creación de USMs (unidades de Salud mental) ambulatorias cada 60.000 habitantes y con carácter multiprofesional.
  • Creación de unidades de salud mental infantil ambulatorias, con la misma dotación que las de adultos.
  • Creación de espacios a”medio camino» entre el Hospital y la comunidad.
  • Cierre de los manicomios.

La idea tuvo éxito si bien como siempre sucede en este tipo de planteamientos, no se cumplió de forma uniforme en todo el territorio español y aun hoy existen manicomios dependientes de las Diputaciones que no han logrado integrar su actividad en la sanidad publica general y se mantienen como islas de otra época.

Pero sí cuento todo esto es para criticar el planteamiento de Podemos que recientemente ha propuesto una reforma de la salud mental en el Parlamento. No he tenido acceso al texto de forma completa y hablo de oídas después de leer este articulo de Pablo de Lora que tituló «De locos» y publicado en «The objective».

Lo interesante de esta propuesta es su redundancia: quienes la hacen insisten en promover cosas que ya se están haciendo en la práctica y es seguro que no tienen la menor idea de lo que están diciendo y probablemente lo que persiguen es acabar con los ingresos involuntarios.

«Las normas del proyecto transpiran una radical desconfianza hacia el tratamiento psiquiátrico y sus profesionales, como si vulneraran rutinariamente su deontología: ¿a qué viene establecer que «las personas medicadas con fármacos que deseen reducir su consumo o dejar de consumirlos tendrán derecho a un acompañamiento especializado por parte de profesionales sanitarios para la reducción progresiva de la medicación…»? (artículo 16.2.). ¿Debe ser una ley orgánica, y no una guía clínica elaborada por expertos, el instrumento para tasar los supuestos en los que un paciente podrá ser internado u hospitalizado contra su voluntad (artículo 34)? ¿Tienen alguna noticia de la realidad clínica quienes en este proyecto de ley sostienen que los centros deben tender a la eliminación de la «… contención mecánica y otras formas de coerción, farmacológicas o de otro tipo…» (artículo 33) o que los «proveedores de salud mental»(¿los médicos psiquiatras?) deberán desarrollar servicios y equipos de intervención en crisis libres de coerción y con «perspectiva comunitaria» (artículo 34)?»

¿Crear algún chiringuito para decidir sobre ingresos involuntarios?

Parece que volvemos a Pinel.

Mi opinión es que esta ley es un brindis al sol, una «boutade» de esas que se llevan al Parlamento para epatar y confundir al personal y que el personal no mire hacia el recibo de la luz y no es que yo no crea que la salud mental necesita una revisión, para empezar deberíamos cambiarle el nombre a esa idea de que la salud mental depende de los profesionales. En realidad la salud mental depende de los políticos y de la economía, ámbitos donde los profesionales poco podemos decir aunque habría mucho de qué hablar.

Para empezar deberíamos dotar los servicios con el personal que se comprometió en la «Comisión Espino», y sobre todo desarrollar esa idea de «lugares a medio camino» que nunca fueron desarrollados y darle un empujón a la llamada psiquiatría comunitaria o tratamiento asertivo comunitario, ya que tenemos en Avilés un modelo al que poder imitar.

Y eso sin enfrentarlo políticamente a los modelos ya implantados, no se trata de sustituir el modelo actual por otro más barato sino que sirvan ambos para complementarse.No se trata de elegir entre Hospital o comunidad, ambos dispositivos son necesarios.

Y sobre todo estar vigilantes para que el modelo manicomial no se reproduzca con jóvenes tutelados o ancianos dependientes, algo que en mi opinión necesita una reforma más que integral.

Estado actual de la Psiquiatría (2012)