Miedo, dolor y neurocepción

No cabe ninguna duda de que el miedo y el dolor han proporcionado a nuestra especie buenas prestaciones para nuestra supervivencia. El miedo porque nos ha permitido evitar peligros y el dolor porque cuando el daño ya era inevitable nos obliga a permanecer quietos, inmóviles y esperar mejores tiempos. Los individuos hipofóbicos y aquellos que son incapaces de sentir dolor suelen vivir mucho menos tiempo que cualquiera de sus congéneres, incluso conocemos una enfermedad rara que se llama “insensibilidad congénita al dolor” No conocemos -sin embargo una insensibilidad congénita al miedo- pero sabemos que existen individuos hipofóbicos que reciben distintos nombres según el contexto, valientes, temerarios, héroes e incluso psicópatas. Por contra, a los muy miedosos les llamamos cobardes pero la cobardía no es la única posibilidad de reconocer el miedo. En este post me propongo elaborar una nosotaxia del miedo atendiendo a su origen y terminar introduciendo al lector sobre un concepto que pretende servir de apoyo a las ideas que comencé a esbozar en el anterior post donde abordé las relaciones entre el vago, la defecación y el miedo.

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Razones para defecar

Cuando era estudiante de medicina vivía en un piso con otros compañeros y tenia una vecina con la que llegué a tener cierta amistad, basada en sus confidencias y mi disposición a escucharla, (entonces ya señalaba mis preferencias por la psiquiatría). Un buen día ella me llamó por teléfono urgiendo a que subiera a su casa para ayudarla: al parecer estando en el WC había tenido un desvanecimiento motivado por el gran dolor que le provocaba su colón irritable. Entonces no tenía una idea muy clara de qué era eso del colón irritable y me limité a constatar que mi vecina era una histérica que exageraba, Más tarde comprendí que sufría un colón irritable completo con dolor, espasmos y desvanecimientos que nada tenían que ver con la histeria sino con el síncope vagal y los espasmos dolorosos de colon.

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Más acá del Edipo (VIII)

Aquellos lectores que hayan llegado hasta aquí después de leer todas las vicisitudes que la libido recorre en su camino hacia “la frontalización” es decir ese camino que recorre siguiendo el neurodesarrollo ya habrán caído en la cuenta de que el llamado complejo de Edipo es el eje de torsión sobre el que el ser humano va a girar durante toda su vida, tratando de discriminar qué parejas son potencialmente sexuales y cuales otras son familiares y por tanto prohibidas. Hay que hacer notar que las prohibiciones edípicas afectan tanto a los hombres como a las mujeres: a los primeros marcando lineas rojas sobre la disponibilidad y no disponibilidad de ciertas mujeres y a ellas restringiendo su libertad sexual, pues no hay nada tan perturbador para ese orden que llamamos “patriarcado” que una mujer promiscua, un pederasta o un violador.

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La libido (III) Los terribles dos años

El niño va a ir progresando durante esos meses en que aun está en el primer año de vida tanto motóricamente como verbalmente y en sus juegos donde cada vez irá incorporando nuevas ideas cada vez más complejas como esconder un objeto para terminar encontrándolo fingiendo que no sabe donde está, aprendiendo el nombre de las cosas aunque sin saber nombrarlas, y a la vez dejará de interesarse en aquellas cosas que ya sabe después de haberlas repetido hasta el paroxismo. El niño adquiere teoria de la mente

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