Instrucciones para enloquecer (I)

La mente consume muchos mas recursos de los que el cerebro dispone (Bergson)

El verbo “enloquecer”  contiene al menos dos acepciones, la primera hace referencia a una conducta irracional, incomprensible, algo que no puede explicarse a través de la inteligencia o la comprensión humanas. La segunda acepción es la clínica y se refiere al territorio de la psicosis o la melancolía a la que consideramos una patología y que aunque no pueda ser comprensible -en la conceptualización de Jaspers- al menos es explicable médica o psiquiátricamente.

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El sexo estresado

sexo estresado

En un reciente articulo titulado “El estrés y la paradoja de la felicidad femenina” publicado en Cultura 3.0, Claire Lehman aborda la paradoja de que las mujeres de hoy se sienten en general mucho más infelices que las mujeres de los años 60, que son -según ella y otros autores- cuando se alcanzó al menos en Occidente el cénit de la felicidad y liberación femeninas, una situación que no ha hecho sino empeorar subjetivamente (y aquí reside precisamente la paradoja) a pesar de que  los niveles de igualdad y de independencia que hoy disfrutan las mujeres son incomparables en relación con aquellos de la década prodigiosa (la generación del 68).

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La identidad border-line (XXIV)

La histeria de conversión clásica, el trastorno por somatización (sindrome de Briquet) y el trastorno border-line junto con el trastorno disociativo multiple comparten un origen traumático y tambien algunas peculiaridades clínicas. Quizá la más importante de todas sea la hipnotizabilidad-sugestibilidad que comparten todas ellas. Muy alta en el trastorno disociativo múltiple (hablamos entonces de virtuosismo disociativo) y muy baja en el TLP.

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La histeria del trauma (VI)

La segunda guerra mundial cogió sobre aviso a los médicos militares que habían aprendido bien la lección de la gran guerra del 14-18. Evidentemente, la segunda guerra mundial se llevó a cabo con características técnicas bien distintas de la primera. Básicamente no fue una guerra de trincheras, sino con ejércitos móviles y organizados del modo que el  conocimiento del caso Sassoon había propiciado: pequeños pelotones al mando de un suboficial con liderazgo sobre sus hombres. El apoyo mutuo de los soldados pasó a ser un seguro de vida más allá de las abstracciones que habían gobernado la vida de los soldados en la primera guerra mundial.

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