Empatía y simpatía

La empatía es una simpatía donde no hay identificación, es la buena actitud terapéutica. La simpatía estalla por identificación cuando alguien nos cuenta algo que resuena en nuestro interior, por eso se llama sim-patía. Sin embargo la empatía no depende de esa resonancia, se es empático simplemente porque alguien cuenta algo humano, algo que nos sobrecoge con independencia de si lo hemos experimentado por nosotros mismos o no.
En este sentido la simpatía es una empatía caliente, trabajo de la amígdala que convoca la identificación mientras que la empatía es un trabajo de la corteza cerebral y no implica identificación, la buena herramienta de los terapeutas.
Ayudar no significa intentar arreglar la vida a la gente que sufre sino estar presente, tener presencia y resistir ese impulso tan humano que es aconsejar o intervenir demasiado intrusivamente.
La simpatía no cura sino que atrapa, pero la empatía es curativa solo por el hecho de que deja ir.
Pero hay dos tipos de empatía, una es la empatía del cazador (del psicópata) que sabe discriminar bien a sus presas a veces solo por su manera de caminar y luego la empatía del benefactor, ese que cree en la libertad y que no pretende inmiscuirse en el relato del otro, salvo para confrontar con realismo su verosimilitud.

La empatía del que comprende a secas.

La que cura.

Los hallazgos del 2016

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1) Para mi el libro del año,se trata de una obra de Bruce Perry que con ayuda de una periodista -Maia Szalavitz- confeccionan al alimón,una extensa casuística de historias de niños traumatizados, supervivientes en todo caso de graves traumas. Casos bastante extremos pero que recorren todos los registros del trauma en edad infantil: el descuido-abandono, el maltrato fisico o el abuso sexual. Al mismo tiempo que se comentan desde el punto de vista neurobiológico como inciden todos estos traumas en el neurodesarrollo, según la teoria neurosecuencial del propio Perry y que se puede entender según un modelo de maduración secuencial de las partes del cerebro, desde la más antigua (el tronco cerebral) hasta las más modernas ( la corteza cerebral) pasando por el sistema límbico sede de las emociones conectada a su vez al tronco a través del mesencefalo. Existe pues una conectividad de abajo-arriba presidida por una jerarquía entre zonas cerebrales, siendo el tallo encefálico nuestro sistema regulador del estrés.

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El mito del amor materno

“Deberían los hombres buscar otra manera de engendrar a la prole sin sexo femenino, y así no sufriría mal alguno el varón” (Euripides en boca de Medea).

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Claro que una madre puede arrepentirse de haber sido madre

Todo el mundo sabe que el arquetipo materno contiene un tabú universal, la madre es un intocable cercano a lo sagrado y por eso, la maternidad es también un hecho que se supone arcangélico, algo más allá de lo humano. Pero la verdad es que también sabemos todos que las madres no solo aman a sus hijos sino que también les rechazan y muchas veces les odian. En casos extremos -como Medea- les asesinan.

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Trauma y estrés

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Cuando un niño aprende una nueva palabra su corteza cerebral se estresa, cuando llora o siente hambre el cerebro del niño se estresa de forma conjunta con su aparato digestivo, cuando hacemos footing nuestro sistema vascular se estresa, cuando suena el despertador nuesto organismo se estresa y es precisamente porque se estresa que nos levantamos de la cama.

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