Amor y civilización (XI)

Dios es amor

No se contenta el alma con menos que Dios (Santa Teresa de Jesus)

Terminé mi anterior post con un argumento extraído de la enciclopedia de Gustavo Bueno donde el autor explica ese concepto tan interesante que tituló «Inversión teológica», que utilicé para señalar la idea de que la secularización habría logrado sustituir la idea de Dios por la del mundo, lo que es lo mismo que decir que la secularización tuvo una secuela muy importante: la naturalización de Dios. Y lo que es lo mismo logró insertar en la mente humana, la idea naturalística de que cada humano es su propio Dios. Lo que es lo mismo que decir que coexisten rastros de divinidad y algo demoníaco en nuestro deseo cuando lo trascendente se transforma en inmanente.

Sigue leyendo

El lado oscuro del sentido (X)

Matarse no es lo mismo que morirse

A lo largo de mi vida profesional he tenido ocasión de enfrentarme a decenas de casos de suicidios consumados y a centenares de parasuicidios, es decir intentos de suicidio frustrados por la baja letalidad del método empleado. En Urgencias he atendido a pacientes graves, menos graves, bipolares o melancólicos, y también a pacientes dudosos que he tenido que evaluar a fin de proponer o no un internamiento involuntario.

Sigue leyendo

Altas prestaciones no intelectuales (VII)

Cuando yo estudiaba Bachiller todavía existía aquello de los pupitres numerados, cada uno de nosotros tenia un numero que estaba relacionado con nuestras prestaciones en el curso anterior. De manera que las primeras filas siempre estaban destinadas a los «empollones» y las ultimas plazas a los que -entonces se llamaban- «burros». Los demás -las medianías andábamos siempre por el medio, unas veces más atrás y otras más adelante.

Sigue leyendo

Locos y enloquecidos (III)

Aunque ustedes no lo crean, acostumbrados como estamos a decir que existe una especie de epidemia de trastornos mentales en nuestras sociedades opulentas, lo cierto es que las enfermedades mentales son una rareza. Han existido siempre, pero en casos muy puntuales y con distintas presentaciones según la época, por eso decimos que son patoplásticas, es decir adaptan sus síntomas al espíritu de su tiempo.

Sigue leyendo