La histeria del trauma (IX)

Nuestra especie es probablemente la más vulnerable de todas las que pueblan la tierra y lo es porque nacemos muy inmaduros. Necesitamos al menos 12 o 13 años (en condiciones de una buena alimentación) para llegar a la madurez sexual. Pero aun asi y debido a la complejidad con que hemos hilvanado nuestras sociedades necesitamos aun algunos años más para emanciparnos de nuestros progenitores, para conseguir las destrezas necesarias para mantener y retener una pareja, para conseguir las suficientes habilidades a fin de poder mantenernos a nosotros mismos y a nuestros hijos y que, a su vez,  estos lleguen a la madurez sexual.

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La histeria del trauma (VI)

La segunda guerra mundial cogió sobre aviso a los médicos militares que habían aprendido bien la lección de la gran guerra del 14-18. Evidentemente, la segunda guerra mundial se llevó a cabo con características técnicas bien distintas de la primera. Básicamente no fue una guerra de trincheras, sino con ejércitos móviles y organizados del modo que el  conocimiento del caso Sassoon había propiciado: pequeños pelotones al mando de un suboficial con liderazgo sobre sus hombres. El apoyo mutuo de los soldados pasó a ser un seguro de vida más allá de las abstracciones que habían gobernado la vida de los soldados en la primera guerra mundial.

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La histeria del trauma (V)

Cuando Freud cayó en la cuenta de que no todas sus pacientes habían sido víctimas de abusos sexuales durante su infancia abandonó la teoría del trauma “janetiana” si bien mantuvo los ejes de su pensamiento en torno a dos cuestiones seminales: había un trauma sexual y sin embargo ese abuso sexual no parecía haber sucedido en la realidad aunque si en la imaginación de sus pacientes.

Esto no quiere decir que abandonara la etiología traumática sexual de las neurosis, -como lamentan algunas pensadoras del mundo feminista- sino que perfeccionó su teoría para entender mejor qué había sucedido históricamente con sus pacientes.

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Histeria del trauma (II)

Freud abandonó Paris y la Salpetrière de Charcot en 1886 y volvió a Viena, donde abrió consulta llevándose consigo una idea y una herramienta. La idea era la de Pierre Janet: que la histeria era una enfermedad de causa traumática, y más concretamente que se debía a un trauma sexual. La herramienta era la hipnosis con la que habia trabajado Charcot y el mismo Janet. El tratamiento consistiría en averiguar qué sucedió escarbando en los recuerdos reprimidos de los pacientes.

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