La enfermedad sagrada (I)

epilepsia

La epilepsia es probablemente la enfermedad más conocida -a juzgar por los documentos escritos que nos han legado sus observadores- y también la mas misteriosa según esos mismos documentos. La razón de su misterio procede de su carácter paroxístico, y su presentación inesperada y brutal que sobrecoge al espectador de tal manera que tradicionalmente se pensaba que el individuo epiléptico había sido “raptado” por una extraña fuerza que se suponía próxima a la divinidad.

De ahí el nombre de enfermedad sagrada.

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Lo inefable, la hiperia y el kindling

Es un requiebro tan suave el que pasa entre el alma y Dios que pido a su Bondad lo de a probar a quien pensare que miento (Teresa de Jesus)

” Es imposible comunicar una experiencia a alguien que no ha tenido la experiencia. Tratar de comunicar la experiencia de esquí de montaña abajo es imposible para alguien que nunca ha estado en esquís. Tratar de comunicar la experiencia de ser en el amor cuando le pasa a la gente que nunca han conocido de esta experiencia es inútil. No se puede hacer. Puedes hablar sólo por analogía. Para un sistema de símbolos mitológico el trabajo debe estar operando en el campo de una comunidad de personas que han tenido esencialmente análogas experiencias; de lo contrario, nada está pasando allí.” (Joseph Campbell)

Kindling

Esta semana santa ha habido una novedad en la programación de RTVE. Por fin han renunciado a Ben-Hur y es por eso que algunos nos hemos sentido abandonados al tiempo que liberados de tan gozosa experiencia. Pero han pasado dos cosas interesantes. La primera de ellas es que se ha hablado mucho del caso Lubitz que ha despertado muchísimo interés entre el personal, tanto es así que mi post anterior ha tenido un record de visitas (casi 10.000 en toda la semana santa) así como un montón de comentarios de esos que vale la pena leer y donde uno vuelve a reconciliarse con el talento colectivo.

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El lado oscuro de la oxitocina

Suele decirse que la oxitocina es la hormona del amor, de la afiliación, de la fidelidad y de la sociabilidad pero la oxitocina tiene un lado oscuro. En realidad conocemos muy poco de los genes implicados en la conducta social, lo que sabemos es que pertenecemos a una especie social y que la cooperación y la rivalidad son dos de los rasgos paradójicos más importantes de nuestro linaje.

Quizá por ese desconocimiento de los genes implicados en nuestro cerebro social, los medios de comunicación se han empeñado en poner el énfasis en la oxitocina. Pero la oxitocina tiene su cara y su cruz como el lector podrá comprender enseguida.

La oxitocina es una hormona que tiene dos efectos bastante distintos en su efecto sobre el cerebro y el resto del cuerpo. En el cuerpo  se dedica a promover los cambios uterinos (contracciones) en el parto, probablemente también en el orgasmo y en la lactancia promoviendo el apego de la madre hacia su bebé. También tiene efectos en el hombre pero estos efectos son mucho más sutiles debido a que en el hombre sus efectos son cerebrales y no corpóreos.

La oxitocina es una especie de hormona opuesta a la testosterona de modo que asegura que el padre de un niño recién nacido no se dedicará a merodear por ahí cuando su mujer se ponga de parto e incluso se ha hablado de una especie de “sindrome de la couvade”, un remedo masculino de las actitudes maternas durante el embarazo y puerperio..

La oxitocina, sin embargo, a ese nivel de sutileza tiene su parte oscura. Se trata de una hormona de afiliación, si pero con lo propio. Fortalece los vínculos con el grupo o los parientes pero debilita los vínculos con los grupos extraños o ajenos. Es por eso que Carsten de Dreu ha hablado de que la oxitocina en realidad es una hormona que favorece el nepotismo por un lado y el etnocentrismo por otro.

En un experimento ya bastante conocido de Dreu exploró los sentimientos morales basados en ciertos test como el del tranvía o del puente. Se trata del famoso experimento de Joshua Greene:

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvia arrojando sobre los railes de la via a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la via.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

La novedad de de Dreu es que llevó a cabo este experimento antes y después de darles a esnifar oxitocina a los probandos.

Además introdujo otra novedad: asignó nombres a las víctimas. dado que de Dreu es holandés y como todo el mundo sabe los holandeses odian a los alemanes y a los árabes. Puso un nombre alemán al tipo del puente. Y más tarde un nombre árabe, Mohamed.

¿Que creen ustedes que pasó?

Pues lo que sucedió fue que antes de esnifar la oxitocina los probandos respondieron más o menos como se esperaba al margen de los nombres, pero sometidos a la oxitocina intranasal, la mayoría estaban dispuestos a sacrificar a un individuo extraño o foráneo para salvar a los compatriotas que por supuesto eran holandeses.

Pero no es que la oxitocina promocione la xenofobia o el prejuicio interacial sino que lo que promueve es la defensa del grupo propio. Así la oxitocina puede convertir al promiscuo en monógamo y al manso en defensor de su grupo.

Lo que hace la oxitocina es promover los vínculos de cooperación entre el individuo y su entorno conocido: sus parientes, amigos y conocidos. Dicho de otra manera el etnocentrismo.

Claro que no hay que fiarlo todo a la oxitocina por dos razones: la primera es que no conocemos qué otros genes están implicados en la sociabilidad. La segunda es que la sociabilidad no es sólo genética. Lo genético es solo un impulso, un empujoncito, una tendencia, el resto es aprendizaje social, es decir hacer lo que hacen nuestros vecinos, copiar aquello en lo que creen, compartir con ellos valores e ideas y esto a pesar de que pueda parecer social es también un rasgo heredable y por tanto genético.

Bibliografia.-

La oxitocina promueve el etnocentrismo.

Una entrevista a Carsten de Dreu

El esquema en peine

Aquello que no ha sido debidamente simbolizado vuelve a aparecer en lo Real (Jacques Lacan)

freud

Recientemente un amigo me recomendó leer este articulo publicado en Tendencias científicas 21 donde ciertos investigadores concluyen que “cuando imaginamos nuestra actividad cerebral fluye en sentido contrario a cuando percibimos”. Lo que es lo mismo que decir que algo parecido sucede cuando soñamos o cuando alucinamos.

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