El solipsismo radical (XXXII)

(Del latín “solus”: única; “ipsé”: mismo.) Teoría idealista subjetiva según la cual sólo existen el hombre y su conciencia, de modo que el mundo objetivo, incluidos los seres humanos, existe únicamente en la conciencia del individuo. En principio, toda filosofía idealista subjetiva llega inevitablemente al solipsismo. Quienes se han aproximado más a esta concepción han sido Berkeley y  Fichte . El punto de vista solipsista priva de todo sentido a la actividad humana y a la ciencia. Por este motivo, los filósofos idealistas subjetivos intentan evitar el solipsismo extremo, para lo cual proclaman la existencia de una conciencia genérica, supraindividual, divina. El fundamento gnoseológico del solipsismo radica en considerar la sensación como fuente absoluta del conocimiento.

En el post anterior ya adelanté que las relaciones entre lo material y lo espiritual ha sido uno de esos dilemas que han ocupado a las mentes más calenturientas de nosotros los humanos. Primero fue Descartes, representante del racionalismo que intentó delimitar los campos de lo “cognoscente”, es decir aquello que podemos saber de lo “extenso” es decir de aquello que escapa a nuestra capacidad de entendimiento. Descartes no resolvió el problema sino que profundizó en la dualidad, por una parte estaría la materia y por otra el territorio de lo espiritual, cosa de teólogos y sacerdotes. Ni que decir que para Descartes gran parte de nuestra vida psíquica estaría dentro de ese campo no cognoscible que identificaba con la divinidad.

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Sexo con Shakespeare

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si quiere leerla.

La psicología es la tumba de los héroes (E. Cioran)

Jillian Brenan es el nombre de la autora de este libro que desgraciadamente no ha sido todavía traducido al castellano, de modo que he tenido que recurrir a una amiga -buena traductora- que me ha hecho un resumen de esta novela de no-ficción, como se dice ahora. A medio camino entre la ficción y el testimonio de una sexualidad parafílica (según los cánones al uso) y que más allá de una descripción de las preferencias sexuales de su protagonista (los azotes) nos proporciona una visión que va más allá de lo psicológico y de las hipótesis manidas sobre el trauma para convocarnos en una lectura que por lo menos en lo que a mi respecta me sitúa frente a la duda sobre los mecanismos que animan este tipo de preferencias sexuales alejándome cada vez más de las ideas sobre el trauma infantil como hipótesis etiológica universal.

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Un metalenguaje para una psiquiatría post-industrial (I)

Hay que recordar que “enfermedad mental” es un oximoron. Solo la materia puede enfermar. El problema es que aun no hemos sido capaces de averiguar qué es lo que enferma en las “enfermedades mentales”, pero tenemos algunas pistas: podríamos ponernos de acuerdo en que lo que enferma es la razón, es decir esa chispa divina que solo está al alcance de nosotros los sapiens después de haber conseguido ser pensantes.

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