El efecto Flynn moral

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En la década de los 80 James Flynn un sociólogo neozelandés descubrió que el coeficiente intelectual (IQ) estaba aumentando unos tres puntos cada diez años desde principios del siglo XX. A este fenómeno se le conoce con el nombre de efecto Flynn y se trata, como no, de algo muy polémico de lo que ya hablé en este post que titulé “Cerebros jibarizados”, como siempre sucede, hay quien piensa que el efecto Flynn es cierto mientras que otros han desarrollado otras teorías como la de la autodomesticación o la gracilización para explicar las paradojas de ese crecimiento supuesto del IQ en la población.

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La infancia extendida

El niño es el padre del hombre
(Woodsworth)

axoloteEste curioso pececillo es el ocelote (Ambystoma mexicanum), el lector puede observar que en su parecido a cualquier personaje de Walt Disney radica precisamente su gracia y la ternura que nos inspira. Se trata de una especie neótenica, es decir es un pececillo muy “mono” que parece guardar ese encanto que los niños pequeños y las crias de ciertos mamíferos atesoran y que tanto nos seduce.

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Psicoanálisis y neurociencia

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Cuando yo era estudiante de medicina se decía que entre lo psíquico y lo somático existia como una grieta, una especie de agujero que recibía el nombre de “hiato órgano-psiquico”. Lo cierto es que hoy ya nadie habla del citado agujero y todo el mundo da por cierto que mente y cuerpo se comunican con un flujo bidireccional que no encierra ningún misterio.

Pero lo cierto es que si es un misterio, nada menos que representa el gran misterio, una versión más o menos oculta del problema dificil de la neurociencia.

 

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Spitz y los organizadores

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René Spitz fue un psiquiatra austriaco de orientación psicoanalítica muy poco conocido a pesar de sus importantes hallazgos relativos a la crianza y al desarrollo psíquico de los niños de corta edad.

Fue discípulo de Sigmund Freud y su actividad asistencial se desarrolló en orfanatos o en Hospitales donde había niños que o bien habían sido abandonados por sus madres o bien eran huérfanos, si bien algunos de ellos se reencontraban con sus objetos de cuidado y amor puntualmente. Fue así como Spitz desarrolló sus trabajos, esta vez observacionales sobre la conducta de estos niños institucionalizados y casi todos ellos deprivados de afecto.

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