El mapa mental del odio

El odio es un sentimiento intenso de repulsa a algo o alguien que además incluye el deseo de deshacerse o de eliminar la causa del mismo. El odio está emparentado con el asco, y el desprecio y se trata de un afecto prolongado que no debe confundirse con el rencor, pues el rencor no incluye esa claúsula de eliminación que siempre es física y no solo declarativa. Y está presidido por un sentimiento de enojo, de ira o de hostilidad manifiesta en todo aquello que se relacione con la persona, idea o cosa odiada, aunque sea solamente una relación de desplazamiento semántica.

El odio puede ser comprensible o incomprensible, por ejemplo es comprensible pensar que alguien albergue sentimientos de odio si él mismo o su familia han sufrido daños o han sido asesinados por alguien concreto pero también puede suceder que ese alguien no sea una persona o se desconozca, en tal caso comprenderemos ese odio (sin necesidad de buscar una explicación), también entenderemos que pueda ser desplazado a aquellos que secundariamente se consideren subsidiarios de tal afrenta.

Es por eso que la venganza está relacionada con el odio. Pero lo cierto es que el odio muchas veces es incomprensible y no podemos explicarlo a partir de la biografía de los sujetos que lo sienten. En ocasiones el odio es la consecuencia de elaboraciones patológicas como sucede con el fanatismo o la xenofobia.

Lo cierto es que el odio es un sentimiento difícil de mantener, se trata de algo que el sujeto que lo porta le hace sentir desagradable. Odiar es desagradable pero puede neutralizarse con fantasías de venganza que en cualquier caso operan como «recompensa» diferida en la fantasía del odiador, pues en realidad la venganza es una forma de justicia privada, eones de tiempo anterior a la justicia del Estado tal y como la comprendemos hoy. En la venganza hay una busqueda de justicia o lo que es lo mismo el vengador se toma a sí mismo como una persona justa y moral, hay como un mandato o imperativo justiciero en los odiadores.

Dicho de otra forma: la venganza es el acto que regula un afecto (el odio) que puede ser insoportable para quien lo sufre. O también: que en la venganza hay un deseo de impartir justicia, cuando alguien se venga asesinando a alguien que anteriormente hubo asesinado a un miembro de su familia está sintiendo que el sujeto al que asesinó, se lo merecía. Se trataba pues de un acto de justicia reparativa.

Un acto que se conoce desde la antigüedad y que responde al nombre de «ojo por ojo diente por diente» que lleva implícito un mensaje de proporcionalidad: no se trata de un ojo por dos ojos o de un diente por toda una dentadura, sino de un mandato de proporción. Pero lo cierto es que en aquellos que se toman la justicia por su mano no hay casi nunca proporción y lo usual es que se tome toda la dentadura por un diente perdido. El problema que tiene este ajuste de cuentas privado y subjetivo es que conlleva una cascada de eventos violentos posteriores que no se detienen nunca y que afectan a toda la sociedad. Es por eso que entre nosotros el Estado ha tomado el mando sobre la violencia privada y la prohibe, incluso en los casos de defensa propia (como sucede en España, pero no en otros países como en USA). Nadie puede suplantar al Estado en el reparto de justicia, asegurándose así que se lleven a cabo escaladas de crímenes a cambio de garantizar una justicia objetiva e impersonal y que por desgracia nunca llega a ser reparativa ni proporcional.

Lo importante es retener que la agresión puede tener condicionamientos morales y es por eso que se encuentra emparentada con el asco y la repugnancia moral, sentimientos que tienen relación con el supremacismo moral que muchas veces viene disfrazado de una empatía narcisista, el nombre con el que conocemos a ciertas personas que parecen empáticas siempre y cuando se considere que sus actos son beneficiosos para otros, usualmente alejados de su entorno. Hay que recordar que la empatía evolucionó para la protección de los nuestros, algo que suele emparentarse con la oikofobia. La empatía tiene un cara oscura tal y como comenté en este post.

Cute-agression.-

Pero no todas las formas de agresión son de carácter moral. Hay otra forma de agresión que nos impacta mucho más que esas escaladas de violencia que anteriormente describí. Se trata cuando la víctima es un niño o alguien desamparado o cuando se lleva demasiado lejos la pulsión de matar, como si el individuo hubiera sido cegado por algún misterioso fenómeno de conciencia y hubiera un exceso de rabia contra el agredido, algo que sucede en ciertos crímenes sexuales o cuando hay razones de mucho peso para ir más allá de la muerte en ciertas agresiones. Entonces hablamos de sadismo.

El sadismo es una parafilia (una perversión sexual o no) que consiste en obtener placer del dolor, miedo, terror, o humillación de otras personas. En realidad el sádico no pretende solo disfrutar de sexo cuando agrede a alguien sino más bien gozar de ese poder omnímodo que confiere la dominación total sobre alguien desamparado y a su merced. Es como si el placer sexual hubiera sido sustituido por otra cosa.

Pero en la «cute agression» lo que hay es un deseo de profanar algo sagrado, algo inocente, algo que merece por sí mismo respeto y devoción, empatía, cuidado y compasión. Es un atentado contra la ética de la divinidad,

La ética de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogía de nuestra concepción de la moral. El asco es una mueca de desprecio.

Los cute-agresores lo que buscan es emborronar lo bello, lo inocente, lo bello, la ternura que experimentamos frente a esos seres desvalidos, los enfermos, los niños o aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. Y hay antecendentes en la literatura que nos proporcionan pistas de las razones que impulsan a estos sujetos. Veamos este poema de Baudelaire titulado precisamente «A la que es demasiado alegre» de su libro «Las flores del mal», un verdadero tratado de misoginia y sadismo:

Tu cabeza, tu aire, tu gestobellos como un paisaje alucinante;

como la brisa en un cielo claro juega la risa en tu semblante.
Al triste peatón hace pedazos, deslumbrado por tu carnalidad,

que brota como una claridad desde tus hombros y desde tus brazos.
Los chillones colores con que te maquillas, como las coquetas,

evocan en el corazón de los poetas la imagen de un ballet de flores.
Tus locas faldas sin emblema de tu gusto sofisticado,

loca por la que yo me he enloquecido

te odio, sí, tanto como te amo.
A veces en un jardín sereno por el que se arrastra la atonía,

he sentido, como una ironía, que el sol me desgarraba el seno.
Tanto humillaron mi corazón la primavera y el verdor

que la insolencia de la naturaleza la he castigado en una flor.

Como un cobarde, de forma sigilosa, reptar
querría yo hasta tu boca
cuando la hora del placer convoca
y los tesoros de tu noche disfrutar,

Y castigar tu cuerpo deleitoso
y ensangrentar tu perdonado seno
y hacer en tu costado no sereno
un corte hondo, extenso y profundo,

Y qué vértigo dulce tan intenso
a través de tus labios nuevos,
más brillantes y también más bellos,
infundirte, hermana, mi veneno intenso.

Obsérvese como la contemplación de la belleza femenina es para el poeta insoportable y fantasea con procurarle dolor a su «envidiada modelo». Pero en la ultima estrofa nos da una clave:

¿A qué veneno se refiere el poeta?

Naturalmente el veneno es él mismo o cómo se percibe a sí mismo subjetivamente (mi veneno).

La identificación proyectiva.

La identificación proyectiva es un mecanismo de defensa que consiste en «inyectar» en otro un estado mental propio a fin de dejar de estar bajo su influencia. En este sentido, la identificación proyectiva es una forma de regular los propios afectos, proyectándolos afuera al mismo tiempo que se consigue que el objeto se identifique con esa proyección. Se trata de un mecanismo de muy bajo nivel cognitivo que rara vez consigue estabilizar al sujeto que la emplea. Se trata de un mecanismo narcisista, que puede o no derivar en agresión.

En el caso de Baudelaire podríamos especular que su fantasía sádica se dirige hacia alguien que el poeta califica como bella (pero excesivamente alegre), es esa alegría, esa belleza la que no puede tolerar y por eso toma prestada esta capacidad de nuestra mente para proyectarse fuera de ella. Lo que hay dentro de él es odio en forma de «cute agression», algo infrahumano que equilibra la deshumanización del otro que proyecta en su fantasía. Pero no de cualquier otro, sino de un ser sagrado protegido por la ética de la divinidad pues todos somos en lo más intimo -nuestro cuerpo- inaccesibles y debemos guardar el secreto para nosotros mismos. Mucho más aquellas personas que hemos declarado como bellas o adorables.

El insecto disemina su insecticida para igualar su entorno mental aunque sea eliminando la belleza que él mismo acepta, adora y desea en el otro para sí. Pues en realidad el otro no existe (pero sí sus encantos) , se halla deshumanizado, zombificado como él mismo.

La sociedad de la mente

Marvin Minsky es uno de los popes de la inteligencia artificial y un pionero en el uso de la cibernética tratando de unir la mente cognitiva con los procesos maquinales que describen a la inteligencia artificial (IA), que no es otra cosa sino la aplicación del modo de hacer de nuestra mente al llevarlo al entorno artificial, a fin de reproducir los procesos naturales de nuestro pensamiento. Pero no sólo eso, sino de alcanzar al mismo tiempo cierto conocimiento sobre ellos, que actualmente nos está vedado. Probablemente este veto esté relacionado no solo con la complejidad de nuestra mente sino también en los pasos intermedios que hay entre un elemento y otro, en entender las relaciones y la jerarquía que hay entre ellos.

Lo que Minsky propone en su libro es descomplejizar, es decir reducir los elementos a su aspecto más elemental. Asi habla de agencias y agentes.

Agencias y agentes.-

Para entender qué es un agente solo hemos de observar qué sucede cuando tenemos sed:

1.-Nos levantamos y nos dirigimos hacia la botella de agua (Aproximación)

2.-Cogemos la botella y ponemos el agua en un vaso o la bebemos directamente de la botella (Prensión)

3.-Nos bebemos el agua. (Beber)

Lo importante de esta secuencia donde intervienen diversos agentes que, por supuesto pueden aun descomponerse en sucesivos sub-agentes, es que ninguno de ellos por sí mismo tiene sed, ni sabe qué es la sed. Esa no es la función de los agentes. Su función es llevar a cabo un algoritmo, es decir una secuencia de movimientos que den como resultado el acto de beber. Podríamos decir que los agentes así tomados de uno en uno son tontos, el que sabe lo que quiere es una agencia llamada ¿Qué hacer cuando tenemos sed? o simplemente SED en una jerarquía superior de mando. Los agentes sirven tanto para un roto como para un descosido dependiendo de la agencia que les reclute. Por ejemplo, la agencia COMER puede convocar a los mismos agentes que la agencia BEBER, pues casi todos esos agentes son movimientos coordinados que tratan de pinzar, elegir, llevarse un bocado a la boca, etc.

En realidad este tipo de ideas son calcadas de los zombies de Eagleman que ya describí en un post anterior.

A los niños de dos años les gusta mucho construir torres con madera u otros materiales pero lo que más les gusta es derribar las torres que nosotros los adultos construimos para enseñarles. Es lógico, un niño de esta edad aun no ha desarrollado la pericia muscular (que requiere de movimientos finos) para hacer una torre lo suficientemente alta sin que fracase en el intento. El estrépito de hacer caer la torre cuanto más alta mejor, llena de júbilo la cara de un niño de 2 años. A los 3 años cuando aprenda a hacer torres por sí mismo el placer por la construcción será similar al que sintió al derribarlas un año antes. Dicho de otra forma la agencia CONSTRUIR y la agencia DESTRUIR, están relacionadas pero una de ellas aparece antes que la otra por el desarrollo neurológico del niño, es por eso que la actividad clástica, romper, arrancar piernas a los muñecos, destrozar juguetes o desordenar un armario es anterior a construir relatos subjetivos con los que jugar con esos mismos juguetes u ordenar una estantería. Podríamos decir que hay una dicotomía para nosotros los adultos en el plano pragmático entre construir y destruir, ordenar o desordenar pero desde el punto de vista de las agencias ambas pertenecen a una metaagencia que podríamos denominar como JUGAR, lo mismo sucede entre pintar y emborronar, entre portarse bien y ser travieso, entre mojar la cama y controlar esfínteres. Ninguna limpieza podría aprenderse sin el concurso de su opuesta: la suciedad. Ninguna agencia podría entenderse sin el complemento de la otra.

Lo interesante de estas agencias (de algunas de ellas) es que sirven a un mismo dueño: los afectos y el aprendizaje. Los afectos se regulan precisamente a través de su contrario. Cuando una emoción es demasiado intensa y necesitamos rebajarla echamos mano de su opuesta. Así cuando un niño se frustra porque no es capaz de terminar con éxito una tarea es muy probable que desande el camino echando mano de la destrucción de las pruebas de su fracaso, a través del derribo o tachado de la misma, la indiferencia o de una rabieta. La meta-agencia RABIETA es precisamente la emoción que tiende a regular el sistema cuando la frustración ha llegado a un cierto limite, algo muy frecuente en los niños de 2-4 años precisamente porque no comprenden que algunas cosas son imposibles o improcedentes. La RABIETA no trata de conseguir un objetivo de manipulación como creemos los adultos sino que es una manera de regular una emoción en ausencia de su contraria que probablemente aun no ha sido construida, por ejemplo la diferencia temporal entre hoy, mañana y la semana que viene explica la imposibilidad de esperar. O la imposibilidad de salir a la calle cuando tuvimos que confinarnos en tiempos de pandemia.

En realidad si escribo este post es como prolongación del anterior dónde abordé las relaciones entre el autodesprecio y otros elementos o emociones sociales como la culpa, la empatía, o la oikofobia. Vimos allí que había dos lineas narrativas que discurrían en paralelo pero que existía una de ellas que era consciente mientras que la otra era en parte inconsciente, como en dos niveles de definición. Así hablé de un paralelismo entre el desprecio y el autodesprecio: ambas se encuentran relacionadas entre sí, del mismo modo sucede con el odio y el auto-odio.

El odio -sea por las razones que sea- contiene a su opuesta el auto-odio, ambas mantienen una relación dialéctica, así cuando una crece demasiado la otra se ocupa de aparecer funcionando como un relé, es decir como una inhibición de la primera. Hay como una relación cibernética entre ambas, en una especie de retroalimentación donde operan factores liberadores y también inhibidores : se regulan entre si, siempre y cuando no se franqueen ciertos limites, en cuyo caso el sistema se caotiza y ya no se pueden predecir los resultados o bien se hace periódico en cuyo caso podemos asegurar que se repetirá .

El odio y el auto-odio van en el mismo pack.

Lo sagrado y lo profano.-

Para algunos autores como Durkheim la aparición de la religión procede de esta dicotomia entre lo sagrado y lo profano. Podríamos definir lo sagrado cómo aquello que por su proximidad con la divinidad o por su relación con lo sobrenatural o “aquello que no puede decirse” merece respeto y veneración. Y aunque nosotros vivamos en un mundo donde lo divino ha perdido peso en nuestras creencias, lo cierto es que lo sagrado sigue existiendo por extensión cívica o respondiendo a un fundamento diferente a la existencia de Dios, y hoy podríamos considerar -a pesar de considerarnos laicos- con que seguimos percibiendo como sagradas algunas cuestiones:

1.- La vida humana

2.- El cuerpo, tanto de la mujer como del hombre.

3.- Los niños.

4.- Los ancianos y los enfermos.

5.- La propiedad privada.

6.- Los muertos.

7.- La patría y sus símbolos.

Naturalmente según cada sensibilidad. esta lista podría rellenarse con otras cuestiones, pero me parece procedente detenerme aquí, con la intención de que pensemos en las razones por las que seguimos considerando sagrados algunos preceptos, como por ejemplo el cuidar o proteger a los necesitados, a los débiles o a los dependientes, respetar la vida humana y los cuerpos ajenos en los que nadie -más allá de la ley- puede entrometerse. Hablamos entonces de profanación. Profanar es:

  1. Tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada.»los que profanaren los cadáveres, cementerios o lugares de enterramiento con hechos o actos serán castigados»
  2. .Dañar con palabras o acciones la dignidad, la estima y la respetabilidad de una persona o de una cosa, especialmente la honra y el buen nombre de una persona muerta.

Y es por eso que solo lo sagrado puede ser profanado, mientras que lo profano no merece este calificativo: no es lo mismo que nos roben el móvil que alguien entre en nuestro hogar para defecarse allí dentro. El móvil es una pertenencia profana, nuestro hogar es un lugar sagrado.Por la misma razón nuestro cuerpo es sagrado, es decir íntimo y secreto y no puede ni debe ser violado, es decir usado contra la voluntad de su propietario. Muchas de las víctimas de violación sienten y sufren precisamente por esta cuestión de la profanación a la que muchos terapeutas no atienden al prestar atención únicamente a las cuestiones profanas del delito o a sus efectos psicológicos más conocidos. La violación es una profanación, un sacrilegio, un atentado a lo sagrado. Peor si se ejerce contra un niño o niña y peor si se atenta contra su vida. Aquí hay una concentración de atentados contra lo sagrado (tres crímenes en uno) que hacen pensar en que el odio ha ido demasiado lejos y ha destruido los relés que pudieron hacer de contención a través de la culpa, el autodesprecio o el suicidio. No hay que olvidar que algunos crímenes no pueden ser purgados, reparados o expiados, solo redimidos a través de la muerte. Pero a veces estos asesinos carecen de culpa subjetiva aunque sepan que son culpables. los más lucidos entre ellos se suicidan.

Y los que no se suicidan están dando la razón al argumento que más arriba expuse: cuando se pasan ciertas lineas rojas el sistema se hace periódico, es decir se vuelve a reincidir pues solo el acto de la reincidencia -otro crimen- puede neutralizar la intensidad de las emociones que se generaron en origen.

Lo que es lo mismo que decir que el odio es el opuesto del auto-odio y su remedio.

Y a veces el auto-odio es algo intolerable que precisa del paso al acto que lo calme.

Nota liminar.-

Si estoy en lo cierto seria posible diseñar un sistema predictivo de recaídas en personas homicidas o delincuentes sexuales. Un sistema que además sería lo suficientemente preciso para señalar esta tendencia a la recurrencia. En realidad este sistema ya existe y es utilizado por los psicólogos forenses y las juntas de evaluación técnica con eficacia. Sólo queda que los jueces sean receptivos con estás ideas y no impongan -sobre estas predicciones- su propio esencialismo jurídico.

Edipo y el patriarcado (VII)

Ahora que ya sabemos qué es un padre simbólico podemos empezar a entender como funcionan las prohibiciones edípicas.

Recapitulando: un padre simbólico es aquel que prohibe el incesto y el parricidio. Prohibe pero no impide pues la amenaza de la castración ya quedó atrás durante la etapa que el niño atravesó durante la fase fálica del desarrollo.

Nadie sabe como sucedió, pero lo cierto es que la prohibición del incesto y del parricidio forman parte de un tabú universal inscrito en todas las culturas. Dado que en el paleolítiico no había antropólogos, ni había documentos que nos ilustren sobre como sucedió tal cosa, no tenemos más remedio que recurrir al mito.

En «Totem y tabú» Freud nos ofrece una visión especulativa sobre el origen de la religión y del propio tabú. Más o menos las cosas sucedieron así:

Un padre violento y celoso acaparaba para si a todas las hembras del clan y para evitar que no se las apropien mata y expulsa a todos los varones al hacerse mayores. Un día los hermanos se confabularon contra él, le mataron y le devoraron. Esta viñeta tiene prolongaciones observadas en varias especies donde la poligamia es la norma: elefantes, gorilas y leones. Sin embargo es poco frecuente en los chimpancés, nuestros parientes más próximos, donde la promiscuidad es la regla aunque no por eso deja de haber jerarquías.

Sigamos con Freud: el objeto de esta acción era apropiarse de las hembras que el padre acaparaba, así como su posición de poder. Pero aparece una paradoja: una vez consumado el crimen y devorado el cadáver, los confabulados decidieron restaurar la situación tal y como estaba previamente, es decir autoexcluyéndose por si mismos del fruto de su rapiña.

Lo que el padre había impedido anteriormente por el hecho mismo de su existencia se lo prohibieron luego los hijos a si mismos. Lo que es lo mismo que decir -según Freud- que este crimen inauguró la proscripción del incesto y el complejo de Edipo. Pero no parece demasiado verosímil.

Lo que se inició en todo caso es el patriarcado, es decir una reglamentación social nueva, nótese que la prohibición atañe sobre todo a los hombres, que de este modo encuentran inhibiciones al incesto (a copular con hijas, hermanas y madres, también afecta a las mujeres en tanto control de su sexualidad.

Ahora bien esta explicación freudiana merece un punto y aparte. ¿Por qué iban a imponerse los hijos estas restricciones una vez desaparecido el padre terrible? ¿Por qué no seguir como hasta ahora?

En realidad ciertos mitos griegos apuntan en una misma dirección: Saturno (Cronos) castró a su padre Urano con una hoz porque era un tirano, pero a su vez, Saturno una vez en el poder hizo lo mismo: se dedicaba a devorar a todos sus hijos, hasta que Zeus, salvado in extremis por su madre decide con su ayuda deshacerse de Saturno (Cronos), otra vez aparece el mantra del parricidio, inaugurando el orden Olímpico, en cierto modo parlamentario. Es curioso que Freud eligiera para explicar su complejo el mito de Edipo y no el de Saturno. Otra manera de verlo sería: no es que el niño quiera acostarse con la madre y matar a su padre, sino que es el padre el que quiere acostarse con sus hijas, castrar a sus hijos y seguir en su poltrona.

El efecto Westermarck.-

Edward Westermarck fue un filósofo sueco contemporáneo de Freud que tuvo que vivir en una época desfavorable para sus intereses intelectuales precisamente porque tuvo que competir con las ideas psicoanalíticas que fueron las hegemónicas en la Europa de entreguerras hasta que más tarde cayeron en desgracia. Hoy consideramos a Westermarck un adelantado para su época que intentó trasladar las hipótesis evolucionistas a la psicología.

Lo cierto es que las personas tenemos muy poco interés sexual en nuestros padres, madres, hermanos o hermanas y tendemos a buscar parejas fuera del dominio familiar. Para Freud esta sería precisamente la prueba de su teoría: el horror al incesto seria el responsable de que la gente se buscara la vida más allá de la familia , tribu e incluso clan, cuanto más lejos mejor.

El efecto Westermarck niega sin embargo el deseo incestuoso freudiano: no hay tal deseo incestuoso; por el contrario, -dice Westermarck-, lo que hay es un desinterés por las relaciones incestuosas ya que la reproducción sexual procura la exogamia como estrategia para evitar taras y mantener la variabilidad genética.

¿Quién tiene razón?

Las ideas de Westermarck ponen en evidencia la idea central de Freud de que el niño alberga sentimientos incestuosos hacia su madre y simultáneamente deseos agresivos frente a su padre. Daly y Wilson han señalado que el error de Freud consistió en entender que aunque entre padre e hijo pueda existir rivalidad sexual esta rivalidad no es nunca por la madre, simplemente a los jóvenes no les interesan las mujeres mayores.

Entre los hermanos sin embargo, la rivalidad atraviesa toda la infancia y va dejando sus secuelas para toda la vida, en una u otra forma: es lógico , los hermanos compiten por la comida, la atención y un rol de privilegio en el seno de la familia. La rivalidad entre hermanos (que muy frecuentemente es identificada por los padres como celos) tiene dos objetivos preferenciales:

  • Obtener de los padres más de lo que los padres están dispuestos a dar.
  • Arrebatarles a los hermanos su participación en los beneficios.

Así cada uno de los hermanos adoptará una estrategia u otra, dependiendo del nicho ecológico que quede libre en la familia a fin de salirse cada uno con la suya. Este es un fenómeno que ha sido observado en toda la escala animal, las crías tratan de prolongar su periodo de dependencia de los padres a través de diferentes engaños, haciéndose el tonto, no mudando de plumaje, hacerse caca cuando ya deberían controlar esfínteres, negándose a comer, hacerse el débil o el necesitado, a través de berrinches, pataletas y en el caso de los humanos a través de enfermedades coactivas o ciertos retrasos que hacen recaer sobre el niño más atenciones. Cada cual elige una estrategia distinta con arreglo a su patrimonio genético y adopta, construye y modifica su estrategia puliéndola a medida que va creciendo e implementándola con nuevas sofisticaciones.

Dicho de otra forma las crías compiten por seguir siendo niños y gozar de los bienes que sus padres (y nadie más) les aseguran. Para Westermarck es el destete más que el Edipo la clave de las rivalidades infantiles que en oposición a Freud no son sexuales.

Dicho de otra forma: lo que tiene importancia es la separación de la madre, esa es la verdadera castración que nos viene de serie cuando tenemos un hermanito o cuando se rompe el huevo. Jacques Lacan habló de un primer tiempo del Edipo a esta separación.

Significa que: el destete y el Edipo podrían ser aspectos evolutivos del mismo conflicto y que pone en marcha constelaciones emocionales similares indistingibles en el adulto puesto que tal y como comenté en este post ¿De quién se tienen celos cuando se tienen celos?

¿En qué quedamos, es el niño el que quiere acostarse con la madre o es el padre el que quiere acostarse con las hijas?

Parte de la solución a este dilema viene de la mano de la psicología social.

La atracción y el rechazo se encuentran en los mismos gustos.

Dos psicólogos sociales, Chris Fraley y Michael J. Marks (2010) (comentado también en Research Digest Blog) han puesto a prueba la hipótesis neo-Westmarckiana con dos fascinantes experimentos que son difícilmente compatibles con la sugerencia de un “mecanismo” natural diseñado para evitar el incesto.

Lo que nos lleva de nuevo a echar mano de la psicología evolucionista y a indagar entre las diferencias que se encuentran plegadas y codificadas en los genes y en la cultura. Efectivamente no existe un mecanismo natural para rechazar los escarceos de la parentela (y el incesto), antes al contrario: los niños aceptan el placer proceda de donde proceda (decía Freud que el niño es un perverso polimorfo) siempre y cuando no haya además de eso maltrato o violencia. ¿Para qué tendría que tomarse la evolución el trabajo de construir un rechazo en los individuos con sus progenitores o sus parientes?

Si yo fuera un neo-westermarckiano diría que para evitar descendientes enfermos o con poca perspectiva vital, ¿pero cómo sabían esto en entornos ancestrales nuestros precursores? Evidentemente no sabían nada de genética, ni de alelos incompatibles, ellos no podían saber que la sexualidad entre parientes podía ser letal para los niños nacidos de tales emparejamientos o que era acumulativa. Es también muy dudoso que acumularan la suficiente información para poder transmitir ese peligro a sus vecinos. Pero es obvio que fueron los grupos humanos los que inventaron el tabú del incesto, algo pues cultural, es decir impuesto por el grupo al individuo concreto.

Ahora bien, si el tabú del incesto no se impuso para optimizar la inversión parental en forma de una descendencia viable, ¿qué objeto tenia la prohibición?

Pues para asegurar un reparto justo de las mujeres, claro está pues en definitiva el recurso con valor son las mujeres. Todas las prohibiciones sexuales tienden a regular la posesión y acaparamiento de varias mujeres por un sólo hombre, lo cual resultaría en un conflicto grupal tarde o temprano. Asegurar que los grupos fueran cohesionados, laboriosos y cooperativos requirió recortar y regular el acceso a las hembras y asegurar una sanción, un castigo a los disidentes. Restricción y castigo van pues de la mano.

Dicho de otro modo, el tabú del incesto se inventó para regular cosas bien distintas a las que hoy creemos: las niñas, nuestras hermanas, o nuestras madres, tías y el resto de la parentela no son accesibles para mi, pero pueden serlo para otros que a cambio pueden disponer de una esposa para mi hijo y una nuera para mi familia (Levi-Strauss 1981).

En conclusión eso que llamamos patriarcado surgió como una forma de regular el egoísmo de los hombres y de proteger a las mujeres. Una protección que encontraría un mecanismo evolutivamente estable para asegurar que no existieran hombres deprivados de sexo y mujeres desprotegidas y sin proteínas en su dieta (tal y como cuenta Helen Fisher en el libro que preside este post): le llamaron monogamia y es evidente que es una estrategia que ha tenido mucho éxito.

Bibliografía.-

C. Levy-Strauss: Las estructuras elementales del parentesco

Fraley RC, & Marks MJ (2010). Westermarck, Freud, and the incest taboo: does familial resemblance activate sexual attraction? Personality and social psychology bulletin, 36 (9), 1202-12 PMID: 20647594

Francisco Traver (2019): «Del mito a la clinica»