¿Abuso sexual o yatrogenia? (I)

Primum non nocere

(Aforismo hipocrático)

No cabe duda de que los antecedentes de “abuso sexual”,  -el que se produce en la infancia sobre todo- tiene un enorme prestigio entre los terapeutas actuales. Es una idea fácil de comprender tanto para los psicólogos (no tanto para los psiquiatras) como para los propios pacientes. La lista de trastornos que responderían causalmente a este antecedente no ha parado de crecer en los últimos años y con él se explican todo tipo de patologías psicosomáticas, alimentarias, emocionales o de personalidad, sobre todo cuando los pacientes son mujeres.

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La sociedad del cansancio

byung

El poder ya no reprime para obtener el control sobre los individuos desde que encontró que la diseminación de las oportunidades de ser era un mejor mecanismo que el rigor de la prohibición (M. Foucault)

Comencé a ejercer la Psiquiatría en los 70, de modo que he sido testigo de un fenómeno que, en mi opinión no ha sido lo suficientemente investigado: me refiero a los cambios de la clínica psiquiátrica que se han producido entre aquellos años y el cambio de siglo. Entonces los ingresos eran fundamentalmente psicosis funcionales, esquizofrenias, brotes maniaco-depresivos, paranoias y catatónicos, también cuadros orgánico-cerebrales, y sobre todo epilepsias con síndromes psiquiátricos sobreañadidos.  En el nivel ambulatorio eran raros los cuadros melancólicos o depresivos, no existían los trastornos alimentarios (o eran muy raros). La primer anoréxica que vi, seria ya bien entrada y cercana la década de los 80.  El TLP carecía de traducción nosológica, recuerdo que el primer caso que traté sería también de esa época y lo catalogamos como esquizofrenia. Los alcohólicos han existido siempre pero la drogadicción no existía. Las psicosis infantiles no existían y las encefalopatías sin nombre que atendíamos eran calificadas como oligofrenias sin más, el TDH no sabíamos lo que era. El dolor psicogeno y la fatiga crónica eran una rareza exótica. El autismo era muy raro. Los trastornos de personalidad se englobaban en la etiqueta “psicópatas” siguiendo las descripciones de Kurt Schneider pero no los ingresábamos casi nunca sin patología comórbida de por medio, se trataba de personas muy disfuncionales que tendían a abusar del resto de enfermos.

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