Instinto, pulsión y deseo

Junio 14, 2008 at 4:46 pm (antropologia, biologia, cerebro, evolución, genetica, lenguaje, mente, psicoanalisis, psicologia, sexo, sociedad) (, )

La palabra instinto ha sufrido intensos reveses durante buena parte del siglo XX, una de las razones por las que la palabra “instinto” ha tenido difícil acomodo entre las ciencias de la naturaleza, es que empasta mal con la concepción humanística del hombre. Efectivamente los neurocientíficos ya no hablan de instinto sino acaso de la neurobiologia del placer o de “sistemas de recompensa”, los etólogos y los psicólogos evolucionistas han descubierto la palabra “fitnessque tiene una acepción blanda: algo asi como la escultura del cuerpo y una acepción dura, que es la que manejan los cientificos y que tiene que ver con la aptitud, es decir con lo instintivo, con ese mandato que viene a decir: sobrevive y reprodúcete.

De manera que el fitness sería la competencia para sobrevivir y reproducirse, algo que tiene que ver con el rango, la alimentación, el tamaño, la agresividad o las destrezas o estrategias diversas que podemos ver en la naturaleza y en las distintas especies destinadas a conseguir comida y sexo, pero tambien seguridad y prebendas, maternaje y altruismo. Todo esto es objeto del estudio por parte de biólogos, etólogos y psicólogos evolutivos, y tiene que ver con lo instintivo pero sólo tiene que ver con lo humano en tanto que lo humano emergió precisamente de ese caldo de cultivo a través de lo que llamamos selección natural.

Dicen algunos que no existe mente sin cerebro, es verdad. Pero tambien es verdad que no existe mente, sin género, sin cultura, sin familia, sin sociedad, sin etnia, sin historia y sin mito. De manera que puestos a nombrar todas las variables o estructuras que tienen que ver con lo mental lo justo es nombrarlas a todas. Ese es uno de los propósitos de este blog, que se llama precisamente asi: Neurociencia y neurocultura, ¿cómo se interelacionan pues ambas realidades: la biológica y la cultural?

Esa es una pregunta que vale un millón de dólares y probablemente un premio Nobel. La razón de esta ignorancia en parte se debe a la jerga, es decir no hay un lenguaje consensuado para abordar ambas realidades de modo simultáneo.

No sé la respuesta a esa pregunta, pero algunos investigadores han construido teorias y modelos explicativos para fundir ambas realidades, muchos de ellos han sido nombrados en este blog. Sin embargo me interesa ahora nombrar algo que en mi opinión tiene mucho interés para entender como en lo humano el instinto pierde importancia en relación con los animales, para ello aclararé algunas diferencias entre nosotros los humanos y nuestros primos precursores los simios:

  • Suele decirse con frecuencia que los animales no tienen mente, es mentira, los animales tienen mente, claro que si. Mi perro tiene mente, no hay más que observarle la cara y los ojos, ahi hay una mente pero una mente de perro. Una mente diseñada para su fitness, para sobrevivir en una “cultura” canina.
  • Nuestro parecido genético con el chimpancé es tal (99,5%) que hay que preguntarse como es posible que esa pequeña diferencia del 0,5% sostenga tantas diferencias entre la mente humana y la de ellos. Algunos autores sostienen que la clave de estas diferencias no pueden explicarse del todo a través de esas pequeñas diferencias genéticas, pero que por el contrario la cultura humana y la cultura chimpancé tienen más diferencias que el propio genoma y quizá en estas diferencias está la clave de que los hombres y los chimpancés seamos tan distintos.
  • Una de las diferencias más notables entre la mente humana y la chimpancé es que nuestra mente es recursiva, es decir “sabe que sabe”, esto no le ocurre a ningún animal conocido. Una especie de repliegue que hace que seamos conscientes de ser conscientes.
  • La siguiente diferencia notable es que somos conscientes de nuestra finitud, es decir tenemos una representación mental de la muerte, sabemos que nos moriremos, ningún animal lo sabe y si lo sabe nosotros no hemos podido demostrarlo, por eso el suicidio entre los animales no existe por más que algunas conductas animales puedan hacernos recordar esa tendencia tan humana de quitarse de enmedio por la razón que fuere.
  • Nuestra inteligencia y nuestra capacidad de aprendizaje (neuroplasticidad) es tan poderosa que no hay ningún animal que nos llegue a la suela de los zapatos. Se trata de un desarrollo que nuestro cerebro ha realizado sobre todo en eso que los biólogos llaman “el cerebro social”, nuestra capacidad para relacionarnos, anticiparnos, mentir, inventar falsedades, tramar intrigas, adivinar las intenciones del otro y urdir estrategias destinadas a mejorar nuestro estatus, son infinitas si nos comparamos con los chimpancés que tambien tienen habilidades en este sentido pero mucho menos sofisticadas.
  • La cultura que los humanos hemos construido está regida no por las leyes de lo complicado sino por las leyes de la complejidad. Significa que las relaciones que se establecen en un sistema complejo están presididas por la incertidumbre: la razón de esta impredictibilidad es que en cierto modo los vínculos que enlazan a un elemento con otro están ocultos y por tanto las reglas para orientarse en lo social son de una enorme dificultad. Baste como ejemplo la dificultad que tenemos los humanos para discriminar la complejidad moral de nuestros actos y por tanto la dificultad para elaborar códigos morales.
  • Los humanos tenemos un hándicap enorme con respecto a los animales: tardamos mucho en madurar, no nos hacemos adultos hasta bien pasados los 18 o 20 años, antes precisamos de cuidados maternales y enseñanzas (nursing y teaching) para orientarnos en ese mundo tan complejo que la sociedad humana ha diseñado para albergarnos. No basta con seguir a la madre para adquirir cierto fitness como hacen los animales sino que necesitamos ser acariciados, llamados, hablados, lamidos, enseñados y castigados, de otra forma nuestras posibilidades de supervivencia social se reducen. Estas dificultades de supervivencia son las que probablemente hicieron evolucionar el imprinting de los animales y transformarse en apego, un constructo psicológico descrito por Bowlby y que se refiere a la participación de nuestro cerebro emocional en la construcción de un vinculo duradero entre individuos y cuyo paradigma es la relación materno-filial, un vínculo pensado para que sea duradero y sólido.

John Bowlby cuyo constructo del apego vino a enlazar y sustituir el imprinting instintivo con la teorización de la sexualidad oral Freudiana.

  • Por último señalaré uno de los pilares de la cultura humana: el tabú del incesto que regula el acceso de unos individuos a otros y que establece y formula las relaciones de parentesco. Ningúna “cultura” animal soporta este tabú, aunque los simios rechacen mantener relaciones sexuales entre madres e hijos a los que parece reconocen de por vida.

Por todas estas razones las manifestaciones de lo instintivo en hombres y animales no pueden ser las mismas, el sólo hecho de que los humanos seamos conscientes de nuestra finitud explica el que nos afanemos durante toda nuestra vida en alcanzar la inmortalidad, la pervivencia de nuestros hechos y no tan sólo de nuestro genoma: el egoismo humano no está tan determinado para hacer pasar nuestros genes a la generación siguiente sino nuestra memoria, nuestros actos o nuestras obras.

A Freud se le atribuye un estudio de lo instintivo y haber sido el primero en observar el peso de los instintos en las decisiones aparentemente racionales de los humanos, sin embargo Freud nunca habló de instintos sino de pulsiones. El asunto es que la palabra alemana “trieb” fue traducida por instinto de forma equivocada pues la distancia que existe entre la pulsión y el instinto es la misma que existe entre apego e impronta.

La pulsión es el instinto después de pasar por el filtro de lo humano y lo que caracteriza precisamente a lo humano es lo cultural y la dificultad y lentitud de su crianza.

La pulsión es el instinto parcializado, dado que el instinto en los humanos ha de sufrir determinadas vicisitudes para alcanzar la genitalidad que coincide con la eclosión hormonal de la adolescencia. Dicho de otro modo, la sexualidad infantil no es un calco de la sexualidad adulta, un niño no es un adulto en pequeñito sino un adulto en potencia que ha de sortear determinados obstáculos para que su “instinto” se asiente en eso que a los animales les viene dado sólo por la naturaleza del crecimiento. Los humanos no sólo crecemos sino que además maduramos: aprendemos y desaprendemos.

Esta es una consecuencia de la parcialización del cuerpo de la mujer en la mirada del hombre. en este caso la parcialización afecta a los glúteos que obturan y tapan ejerciendo una función de velo a tres orificios libidinizados.

La pulsión es siempre parcial porque ha de asentarse, fijarse o erotizarse siguiendo un determinado orden secuencial de orificios, el orden es más o menos asi:

  • primero se erotiza la piel, la boca y el oído.
  • luego se erotizan los orificios excrementicios, ano y uretra, pero también los ojos (mirada) y movimiento (actividad muscular).
  • Y más tarde se erotizan los órganos genitales, a esto le llamamos ya sexualidad adulta, la libido ha alcanzado su cúspide evolutiva y el individuo ya puede ejercer su fitness. Se encuentra en condiciones de sublimar, es decir de destinar el sobrante de su energía sexual a inversiones sociales.

La consecuencia es que la sexualidad humana está hecha de retales, de secciones de pequeñas pulsiones parciales erotizadas y filtradas más tarde por el tabú del incesto que añade una dificultad más a este dificil viaje sexual de la libido humana: el individuo tiene que mantener reprimida su sexualidad infantil fuertemente pegoteada a la madre y buscar un sustituto lo suficientemente alejado de él para no ser reconocido pero lo suficientemente cercano para poder establecerse como objeto de amor.

De ahí la dificultad.

Y de ahi que en los humanos no es posible hablar de instinto sino de pulsión. es por eso que sólo los humanos nos suicidamos, nos drogamos, damos la vida por una idea, nos hacemos daño a nosotros mismos o no nos reproducimos de forma electiva, tenemos preferencias, condiciones para el amor, filias y fobias y un gusto especial por Wagner o por Mahler, por los plátanos o por el puré de patatas. Es por eso que sólo los humanos somos libres y no estamos determinados por las leyes de la naturaleza, hemos ido más allá.

Y la pulsión no termina aqui su viaje porque además ha de ser filtrada por otro agente: el lenguaje que divide el mundo en afuera y adentro, entre sujeto y objeto. Ahi es donde emerge el deseo como una interiorización de la pulsión y es donde la pulsión vestida con palabras aparece de nuevo en escena, pues ninguna pulsión acaba satisfaciéndose -en lo real- si no puede ser dicha.

Además la pulsión en forma de deseo tiene que pasar por el filtro del otro, no hay deseo sin otro y muchas veces nuestro deseo es el deseo-del-otro.

Lo humano pues está tan alejado de lo instintivo y del fitness que es verosimil y comprensible que la teoria del instinto haya ido mutando a lo largo del siglo XX hasta permutar aquella lógica aplastante que unia mujer=maternidad u hombre=guerra.

Hay demasiadas evidencias que nos indican que el deseo humano está sujeto precisamente a las leyes de la fragmentación, de la parcialización y que nada teleológico se encuentra en su deseo, ni determinismo radical: sólo los humanos podemos renunciar a sobrevivir o a reproducirnos.

No hay pues causa final y ni siquiera la teoría de la búsqueda de placer o de recompensa nos sirve para entender lo humano.

12 comentarios

  1. Ana di Zacco dijo:

    Aich, me tocas uno de mis temas favoritos (asociacionismo) respecto a la teoría del placer-recompensa. Thorndike va y dice en el s. XX, que “todo acto que produce satisfacción acaba siendo asociado a esa situación y, en consecuencia, cuando ésta vuelve a presentarse, el acto correlativo tiene más posibilidades de repetirse…” Sólo que eso ya lo dijo Alexander Bain en el siglo anterior (¿acaso no se lo leyó?) cuando observó a un corderito recién nacido intentar encontrar la mama de su madre cordera y repetir ensayos hasta el éxito alimenticio (vital), y eso para no remontarnos a Aris. Agh, el instinto, y agh, el asociacionismo (un día escribiré ese post sobre él)…
    Es interesantísimo el tema pulsional y -como no- lo bien que lo explicas,como todo siempre (¿verdad, María Inés? jaja).
    Sólo he echado de menos un par de diferencias hombre-animal: una es el sentido del humor, y la segunda es que es único animal que destroza conscientemente su hábitat, y no quiero sonar como de los verdes, pero es así, creo. Bueno, otra que he pensado últimamente sería que, si los animales hablaran, no utilizarían el tiempo condicional, ese futuro del mundo del imaginario del “what if”.
    Encandilada y subyugada sigo, empero :)

  2. pacotraver dijo:

    Si, el sentido del humor me quedó en el tintero y tambien la risa, pero da la casualidad de que lei el otro dia una articulo en donde cierta primatologa demostró que los papiones son capaces de hacer “putadas” a sus compañeros e incluso de hacerles bullying. Y se hartan de reir cuando contemplan lo que hacen sus compañeros sobre todo si la victima es un tramposo. O sea que seguramente el sentido del humor ya está en estado larvario entre los primates

  3. ministro iñigo dijo:

    Menudo lujazo de sofa, ¿muebles Tuco?

  4. Arg.M. dijo:

    Ya sé de qué video habláis! es buenísimo!…

  5. pacotraver dijo:

    ¿De qué hablais? No entendí nada.

  6. Marìa Inès Mogaburu dijo:

    Yo tampoco entiendo de què hablan esos dos, pero concuerdo con Ana, muy bien explicado el tema de la pulsiòn.
    Che, Paco, mi gata no sòlo tiene mente, sino que, lejos del imprinting, ha superado el apego, y se ha identificado conmigo, aunque sòlo en parte.

  7. pacotraver dijo:

    jajajajajajaja, la capacidad de los humanos para identificarse con sus mascotas es extraordinaria, tanto que les lleva a atribuirles a ellas una capacidad tan humana como la identificación. Pero hablando de gatos Maria Inés parece que me has leido el pensamiento pues mi próximo post va dedicado a esos seres tan “cucos” que son los gatos. Po cierto ¿por qué las mujeres son tan gatunas y los hombres tan perrunos?

  8. Arg.M. dijo:

    Bueno, yo hablaba de un video que circula por ahí -a propósito de lo que dice Paco sobre papiones que hacen jugarretas a sus colegas- que es muy divertido, imaginé que también lo habría visto. Eso era. Uf.

  9. Ana di Zacco dijo:

    Yo diría que porque el perro es yang y el gato es yin :)
    Ya sabes, sol-luna, extro-intro, polo positivo-polo negativo, empirismo-racionalismo, Venus-Marte, contracción-dilatación, Bach-Beethoven, él y ella en definitiva. El perro es extro, hidráulico que dirías tú, y el gato es intro, prudente y de psiquis retorcida. Algo así, bueno, no sé, ni idea :)

  10. Perversos y transgresores « neurociencia-neurocultura dijo:

    [...] acompaña al deseo y le pone limites. Ahora bien, no hay que confundir el deseo con la pulsión, en este post he hablado precisamente de ello. La pulsión siempre es parcial, destructiva y fragmentadora, [...]

  11. El largo y tortuoso camino del deseo « neurociencia-neurocultura dijo:

    [...] siempre entre prohibiciones, no viene dado por la naturaleza como sucede en el instinto (en este post puede consultarse la diferencia entre instinto, pulsión y deseo). El deseo puede asomarse de vez [...]

  12. Caníbales « neurociencia-neurocultura dijo:

    [...] Naturalmente no estoy empleando aquí la palabra sexual en el sentido de genitalidad, la palabra sexual debe entenderse como sinónimo de libido. Como la libido que habita en ese lugar que he llamado pulsión y que se caracteriza por la repetición, la destructividad y la oscuridad de sus propósitos que nada tienen que ver con la adaptación que el deseo humano propicia. Para entender mejor las relaciones y diferencias entre instinto, pulsión y deseo remito al lector a este post. [...]

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