Perversos y transgresores


La madre de un homosexual se dirigió por carta a Sigmund Freud para preguntarle acerca de la elección erótica de su hijo, buscando asesoramiento y preguntando al mismo tiempo si el psicoanálisis podía ayudar a su hijo a recosiderar su posición. Freud le contestó lo siguiente: que la homosexualidad no representa en si misma una ventaja pero no era una enfermedad, ni un vicio ni una debilidad moral. Le explicó su teoria de la libido y su hipótesis de que la homosexualidad era una detención en el desarrollo libidinal que afectaba al deseo y al objeto de deseo. Le explicó su teoria de la disposición bisexual de la libido humana y trató de tranquilizarla respecto a la salud mental de su hijo. (Aqui está la carta en cuestión).

La paradoja que encierra la respuesta de Freud procede del hecho de haber utilizado la palabra “detención” mientras que en otro lugar utiliza la palabra “variante”. Evidentemente no es lo mismo que la libido homosexual esté detenida que sea distinta. En el primer caso precisaría de una especie de “liberación” externa lo que justificaría un tratamiento de removimiento a fin de levantar los obstáculos que impiden el avance de la libido detenida. En el segundo caso no haría falta hacer nada salvo integrar y admitir los diversos tipos de deseos y de subjetividades que los humanos recorremos en nuestra búsqueda de goce.

La pregunta que subyace a esta ambigüedad de Freud, es la siguiente: ¿es la homosexualidad una perversión?

O más directamente ¿qué entendemos hoy como perversión?

¿Es lo mismo perversión que transgresión?

No, para entender bien las diferencias es necesario decir que no todos los preceptos sociales merecen la pena ser respetados, hay algunos preceptos que son innecesarios o francamente injustos. ¿Es el adulterio hoy una falta que merece la pena respetarse?

Sin embargo el limite de lo que merece la pena ser respetado está en nuestros juicios morales. La perversión es una averia moral y no tanto una avería médica, de ella da cuenta la ley, esa guia que acompaña al deseo y le pone limites. Ahora bien, no hay que confundir el deseo con la pulsión, en este post he hablado precisamente de ello. La pulsión siempre es parcial, destructiva y fragmentadora, mientras que el deseo es en cierta manera algo que acaece y se forma en el campo del otro. El deseo siempre es algo que pasa por el otro, el objeto aqui se encuentra establecido, no hay deseo sin ese otro que le hace de dique y de soporte esencial. Es verdad que a veces el deseo se asoma a la pulsión, la explora, la palpa o la excava pero no se detiene en ella, se limita a prolongarse en si mismo, a volverse a enroscar en un deseo renovado. Sin embargo el perverso es básicamente un ser que habita en su pulsión de poder y se identifica con ella.

Como ejemplo de ese “asomarse” del deseo hacia la pulsión ,en este caso una pulsión anal podemos observar esta fotografia a medio camino entre el arte y la obscenidad:

Como guia para navegantes se podrian determinar tres condiciones que separan al transgresor del perverso:

  • El perverso daña o inflinge daño en el cuerpo del otro.
  • El perverso no considera el goce en el otro.
  • El perverso humilla, cosifica o no respeta la dignidad del otro.

La transgresión sin embargo es la condición de cualquier goce, el transgresor es un disidente, un hereje de la moral convencional.

La transgresión es el arte del deseo erótico y tal y como dice Bataille el erotismo está en la base de la busqueda y encuentro con lo sagrado, algo que se encuentra e su vecindad mientras que la perversión es su lado inmoral, incivico y destructivo. Todo deseo es transgresor por naturaleza pues aspira a la libertad, es excesivo y explora lo nuevo. La búsqueda de nuevos placeres, nuevos perfiles, nuevas perspectivas como hacia Jerjes, dueño de medio mundo y degustador de todos los deleites conocidos que convocó un concurso para que alguien hallara para él un placer nuevo. Entre el transgresor y el perverso, el limite está ocupado por la ley, pero tambien en salvaguardar la dignidad del otro, el respetarlo en su integridad corporal y sobre todo en tenerlo en cuenta en su propio goce que no tiene porque coincidir con el nuestro y que a veces se situa en un polo opuesto o le es complementario.

No estoy hablando tampoco de la cristiana reciprocidad porque muchas veces la transgresión consiste precisamente en escenificar las relaciones de poder en el paroxismo de la desigualdad: “ir a la suya” puede resultar la forma creativa con que el poder se manifiesta en el goce fálico y es tan politicamente incorrecto que revela en sí misma toda su potencial disidencia.

Las relaciones humanas incluso aquellas presididas por el amor o el parentesco están presididas por el deseo de poder. El poder no es algo que elijamos como compañero de viaje sino algo que nos estructura desde que nacemos, algo inevitable, no hay más remedio que integrar a nuestras figuras paternas que no son solo figuras de cuidado y amor, sino tambien de disciplina, castigo y gobierno. En ellos se funden ambas cualidades y desde pequeños tenemos que lidiar con esa ambivalencia que se produce alrededor del hecho de que aquellos que nos aman son al mismo tiempo aquellos que nos dominan y en ultima instancia aquellos en cuyas manos está nuestra vida, nuestra integridad. Es por eso que nuestras relaciones con los padres están siempre teñidas de amor y de agresión, son ambivalentes por naturaleza, teñidas de obediencia y de rebelión. Más tarde esa relación se traslada al sistema educativo, alli tenemos que vernoslas con premios y castigos, humillaciones y derrotas, exigencias y palizas en el patio, llantos y matriculas de honor.

Y luego aparece la amistad: ¿quÉ podemos decir salvo que es en la amistad donde nos vamos a encontrar con el acero de la rivalidad simultaneamente con la camaraderia y el altruismo?

Dicho de otro modo: las relaciones humanas estan teñidas de libido o sea de amor y de deseo de poder. No hay amor sin deseo de poder, ni deseo de poder que no proceda del sexo.

El mundo laboral es un buen ejemplo de las relaciones de poder que se establecen entre los compañeros y los jefes, esos seres admirados, temidos, envidiados y odiados simultáneamente. La jerarquia laboral es uno de los lugares más inhóspitos por los que discurre nuestro periplo de la vida y donde consumimos nuestro tiempo entre desesperanzas, alianzas, intrigas, traiciones y derrotas. Ahi forjamos una estrategia de supervivencia instalándonos en los intersticios de esa red no siempre explicitada y clara a veces incognoscible en las leyes y reglas que gobiernan sus intercambios.

¿Y que sucede en el amor?

Lo que sucede es que el deseo de poder está oculto, se esconde y se reniega de él, como si hubieramos renunciado a hacernos de notar, como si no nos importara nada. La realidad es que es en la pareja humana donde se dan las grandes batallas por el poder y tambien en relación con los hijos, que ya muy prontito aprenden -segun su subjetividad particular- a haberselas con ese dilema y a tratar de imponerse a la opinión de sus padres.
En nuestros entornos opulentos el único poder tolerable, es el democrático, el único liderazgo admisible es el que procede del buen hacer, del saber o de la superioridad moral, aquel que tiene poder (influencia, prestigio y saber) en el sentido social laboral de la palabra, debe operar por seducción y nunca por imposición. Esa es la barrera que divide al transgresor del perverso. El perverso no negocia ni seduce, impone en el sentido mas sadiano de la palabra, fuerza y repite mecánicamente un mismo ritual destinado a cosificar al otro o a reducirlo a escombros.

Una manera de entender esta diferencia entre transgresion y perversion es que el perverso es una patologia moral, mientras que el transgresor es aquel que pone patas arriba un consenso que no comparte, alguien que se confronta con una prohibición injusta.

En este sentido y volviendo a la pregunta que la madre americana le hizo a Freud, la homosexualidad no es una perversión sino en todo caso una transgresión, una disidencia politica que se hace contra la moral convencional que sacraliza las relaciones reproductivas hombre-mujer. Lo cierto es que la mayor parte de los perversos verdaderos son heterosexuales y además de eso beatos, moralistas, conservadores y reaccionarios: “vicios privados, publicas virtudes” esa es la verdad estadística.

Bibliografia:

Fernando Colina: “Deseo sobre deseo”

Francisco Traver: “Un estudio sobre el masoquismo”

Georges Bataille: “El erotismo

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5 pensamientos en “Perversos y transgresores

  1. No me creo que el reduccionismo en terminos de violencia y sexo que se hace del comportamiento humano sea acertado, da la impresion de que uno se deja barbas o no dependiendo de la fijacion que pueda tener con su zona pubica o que alguien se dedica al bricolage porque puedes soltarle martillazos a las tablas y asi establecer una relacion de poder con estos. Es ridiculo. Al menos al citado modelo teorico le hacen falta media docena de deidades mas para tener al menos la misma potencia que tienen las mitologias clasicas en esto de representar la influencia de diversas unidades elementales en el comportamiento y poder asomarse a una fraccion sustancial del comportamiento humano. Alguien podria recertarles gorros de papel de aluminico a sus pacientes para aliviar las influencias de Gepearides para que dejaran asi la tabaca , yo lo haria.

  2. Pingback: Saber y no saber « La nodriza de las hadas y el rey carmesí

  3. Y sin embargo, en ese “escenificar las relaciones de poder en el paroxismo de la desigualdad” siempre se puede ir más lejos aún sin caer en el no-respeto, se entiende. Siempre queda algo que no se había explorado aún, algo que el azar no nos había dado la opción de degustar, ese pasito más que nos invade la expresión de una dicha inefable por tratarse de un descubrimiento nuevo. Y siempre queda abierta, además, esa posibilidad de lo que podría llamarse “tocar fondo”, una sombra que quizá sí quiera dejarse alcanzar si caminamos en la dimensión correcta, la próxima vuelta de tuerca en esa espiral multidimensional del deseo.
    No se cansa uno (una) de leer cosas así, de verlas en forma de palabras por el mejor neuropoeta de la galaxia 🙂

  4. Amigo Iñigo, lo que dices es verdad, no hay ninguna explicación sobre el hecho mental que no sea reduccionista y aunque todo el mundo reniega del dualismo lo cierto es que no tenemos más remedio que admitir que el dualismo no conoce aun un sucesor digno de explicar el hecho mental y que recorra explicativamente desde el átomo hasta la conducta toda la secuencia de hechos concatenados que seguro que existen. No disponemos aun de una teoria explicativa que vaya de abajo a arriba o de arriba abajo y que de cuenta de la complejidad de lo mental. Porque es verdad que no hay mente (humana) sin cerebro pero tampoco sin género, familia, etnia, sociedad, cultura, historia o mito. O sea que el asunto es muy complicado si.
    Por eso el reduccionismo que yo practico es aquel nivel de definición que me permite entender mejor el deseo, las pulsiones, la conducta humana y lo hago desde la perspectiva psicoanalitica que es la que mas me convence de todas las aproximaciones a lo humano. Y si, eso es una simplificación probablemente falsa, pero es lo que hay.

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