Locos y enloquecidos (III)


Aunque ustedes no lo crean, acostumbrados como estamos a decir que existe una especie de epidemia de trastornos mentales en nuestras sociedades opulentas, lo cierto es que las enfermedades mentales son una rareza. Han existido siempre, pero en casos muy puntuales y con distintas presentaciones según la época, por eso decimos que son patoplásticas, es decir adaptan sus síntomas al espíritu de su tiempo.

Sin embargo, los individuos somos muy vulnerables a enloquecer, de uno u otro modo y las sociedades en las que vivimos pueden enloquecer colectivamente resultando en varias combinaciones distintas según el individuo concreto. Y lo hacemos porque nuestra mentalidad es una hija de su tiempo y nos afectan las creencias compartidas por toda la sociedad, de tal modo que una forma de definir el delirio verdadero es pensarlo como una creencia que formaliza un disenso con lo que piensa el resto de la sociedad. Además es inflexible y presidido por la certeza y por supuesto -lógicamente hablando- se trata de una creencia falsa.

Hoy, existen muchas personas que sin estar locos sostienen creencias falsas y lo hacen con un consenso de otros enloquecidos que piensan lo mismo. En este sentido creer que la tierra es plana, no es un delirio, aunque se trate de una idea falsa e irreductible. A diferencia del delirio, los «terraplanistas» obtienen un consenso con los que piensan del mismo modo y una cierta ganancia de estatus al pensar algo raro, algo insólito o exótico. Es como si el delirio se hubiera normalizado por falta de intolerantes, sin que los delirios verdaderos hayan desaparecido.

De manera que obtener un cierto numero de seguidores que nos hagan la ola mejicana y nos legitimen en nuestra heterodoxia es un aliciente que no tienen -por cierto- los verdaderos paranoicos: ellos están solos con su delirio y casi nunca obtienen apoyo a sus creencias o solo de familiares muy cercanos y dominados por ellos como sucede en el «delirio a deux».

¿Qué sucede cuando nuestras sociedades se vuelven locas? ¿Cómo definir una sociedad delirante y qué consecuencias tiene sobre los individuos? ¿Qué mecanismos se ponen en juego para que una idea se asiente entre las creencias subjetivas de las personas concretas?

Durante mi vida profesional he vivido ya algunas experiencias históricas que me hacen sospechar que en realidad las enfermedades mentales (verdaderas) no han aumentado y sin embargo la gente está bastante convencida de lo contrario, como parece demostrar el numero de consultas a la que nos vemos sometidos los profesionales, una verdadera epidemia de trastornos mentales parece haber colapsado los sistemas de salud mental, algo que como veremos más abajo tiene mucho que ver con las expectativas de la población acostumbrada a una asistencia universal en cualquier adversidad.

Pero hay una buena noticia: la mayor parte de estas consultas no se deben a enfermedades mentales graves sino adaptativas, es decir reactivas a un estrés determinado junto con otra variable: la escasa resiliencia a pequeñas o grandes adversidades propia de un Estado de bienestar que parece que se nos viene abajo. Se trata del pánico moral.

A principios de lo 70 nos encontramos con las drogas (la heroína fue la primera fase de esta aparición) más tarde con los trastornos alimentarios, primero la anorexia y luego la bulimia, más tarde apareció el TLP (trastorno border-line de la personalidad), la fibromialgia y la fatiga crónica. Un poco más tarde las autolesiones y los suicidios de adolescentes. Recientemente estamos asistiendo a una nueva epidemia de trastornos que podríamos llamar transgénero. Y luego vino la pandemia.

Todas estas «enfermedades» ya existían en la antigüedad, al menos desde que tenemos noticias y documentación. Drogarse y hacerse adicto no es nuevo, la anorexia ya existía en la Edad media, la bulimia tiene algo de novedad (fue descrita en 1972), pero hay serias sospechas de que está ligada al hedonismo y a la orgía. Las autolesiones siempre han existido, en forma de azotes y cilicios, cierto es que limitada a ciertos entornos. La fibromialgia ya había sido descrita en el siglo XIX con el nombre de neurastenia y aunque el TLP fue descrito en 1934, nada nos impide pensar que hubiera podido existir ya antes si entendemos el TLP como un trastorno de la impulsividad y la desregulación emocional. Y con las pandemias qué decir, la ultima seria en España fue la gripe de 1918 (la cucaracha) que desapareció de forma misteriosa tal y como había aparecido.

Lo que caracteriza a estas «enfermedades» es que si bien siempre existieron, su prevalencia era muy baja (descontando las pandemias) y afectaba sobre todo a personas que vivían en ciertos ambientes. Lo que ha cambiado es que hoy estas enfermedades presentan formas epidémicas, es decir afectan a grupos importantes de población que comparten estilos de vida, creencias sobre las causas de las enfermedades y sobre todo a los que viven en un mismo país o cultura determinada. Por ejemplo el transexualismo ha existido siempre pero se ceñía a una población de homosexuales varones muy limitada, siendo la transexualidad de mujer a hombre muy rara y circunscrita casi siempre a la ropa o a un seudónimo. Hoy como bien sabemos existe una epidemia de «disfóricas de genero» entre las adolescentes rompiendo la regla de una mayor prevalencia de hombre a mujer. Lo que más abunda hoy es la disforia entre las chicas.

De manera que no hay enfermedades nuevas sino malestares que parecen haberse salido de su caja de Pandora quizá por huelga de su dueña. Y cuya consecuencia es la amplia difusión y el contagio en el grupo como estábamos acostumbrados a ver en la histeria antaño.

Relaciones entre el delirio propiamente dicho y las locuras normalizadas.-

Hoy creemos que el el delirio es una forma de restitución, es decir de cicatrización. La creencia delirante es como la cicatrización de una herida que, abierta seguiría dando problemas o supurando. Por eso el delirante comenzó a psicotizarse años atrás y cuando el delirio aparece la locura es ya antigua como decía Clérambault. Dicho de otra manera, el delirio es un intento de curación de algo que permanece ensombrecido u oculto y es por eso que los psicóticos que no deliran tienen las formas más graves de esquizofrenia. Pero el delirio no es la única forma de restitución. Está el arte, el sexo, la religión y los símbolos. Escribir es una forma de restitución como aseguran muchos escritores obligados a escribir por esa pulsión interna de encontrar asilo en el caos que genera la realidad y el deseo. Otra forma muy común de restituir algo es a través de la conversación sobre todo de las mujeres que son las que parece que tienen más deseos de explicarse y también de compartir con sus iguales.

Hoy por ejemplo lo estético, lo corporal, las preocupaciones por el físico, por la alimentación, por la educación de los niños son formas de restituir algo y cuando opera como cicatrizante cualquier cosa se parece al delirio sin serlo. Ocuparse obsesivamente del cuerpo termina por funcionar como si fuera un delirio. Por eso a las patologías actuales les llamamos «como si». Operan como si fueran enfermedades mentales verdaderas pero no lo son: son en todo caso enfermedades inducidas por la cultura. Es decir por las creencias que compartimos con los demás. Algo más relacionado con lo experimental que con lo espontáneo.

La imagen que se tiene de uno mismo (representación mental) y la que ofrecemos a los demás se ha convertido en un intermediario privilegiado (en nuestra cultura) entre lo fenoménico y su representación mental. Por eso hablamos de cuerpo y corporalidad. Por eso nos interesa tanto lo que los demás piensen de nosotros, pues como dicen algunas anoréxicas «lo que quiero es estar bien conmigo misma» y lo que ocultan: «para que los demás me acepten».

¿Qué hay entre la realidad fenoménica y su representación mental?

Puede haber imágenes y hay que recordar ahora que la imagen es imaginaria e ideal. Si la imagen se interpone entre la percepción y su representación vamos a encontrarnos con interferencias que operan desde el lado del ideal, es por eso que la delgadez como ideal se opone a una representación correcta de la corporalidad y es por eso que una anoréxica puede verse gorda, pues cada vez que interpela a su cuerpo en esa tarea va creciendo la disforia con respecto al cuerpo real. Es por eso que una chica o chico puede verse como un chico o una chica en un cuerpo de hombre o de mujer. Apresado/a suelen decir. Es por eso que una persona puede sentirse cansada sin haber hecho nada que la fatigue. Es por eso que una persona no pueda estar sola y al mismo tiempo no soportar la compañía del otro, pues el otro nunca está a la altura de sus expectativas de alcanzar la independencia para autoregularse.

Si la imagen es privilegiada por una cultura determinada lo que es de esperar es que existan patologías relacionadas con estas interferencias.

Más arriba puse las etapas de epidemias de patologías mentales que en mi vida profesional he observado y todas tienen en común algo: una incongruencia entre el deseo personal y la percepción fenoménica casi siempre ligada al cuerpo y una consecuencia: la disforia, es decir una disconformidad. Cuando esto sucede, este espacio imaginario puede ser rellenado con cualquier cosa, no importa si es falsa sí cumple su objetivo de relleno. Pero una vez rellenado el hueco el individuo tratará de defender al okupa de la policía o cualquier intento de desocuparlo.

Al fin y al cabo la salud no es un incentivo cuando se es tan desgraciado.

El mayor incentivo hay que buscarlo en el deseo.

2 comentarios en “Locos y enloquecidos (III)

  1. No estar de acuerdo con la realidad siempre es el problema, no con la misma, si no con uno mismo. Toda vida es perfecta, no es necesario realizar, alcanzar, cambiar, asegurar nada. Es terrible que el ser humano necesite en el mejor de los casos de toda una vida para darse cuenta que el verdadero poder personal sencillamente radica en dejar ser, en la tranquilidad, en la armonía, en la escucha. Todo lo que no sea eso solo provoca agitación y no ayuda a nada ni a nadie y, menos a uno mismo.

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  2. Llegar a ser uno mismo con la paz que eso trae, en un mundo que busca los estereotipos como forma de dominar y manipular, es la única realidad hacia la que tenemos que caminar. Abrazo grande y gracias por toda esta concientización

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