Enfermedades «como si» (IV)


La personalidad «como si» es una patología mental descrita por una psicoanalista, más concretamente por Helene Deutsch en 1934. Hoy le llamamos trastorno border-line o trastorno limite de la personalidad. Le llamó así porque lo que llamó la atención de la descriptora era la idea de que en esta patología nada parecía ser lo que era, no se trataba de neurosis ni de psicosis sino de algún tipo de desarrollo intermedio entre ambas. Quizá por eso habló de personalidad “como si”, “se parece pero no es”.

Mi opinión es que hay más de una enfermedad «como si» y no solo un tipo de personalidad sino que estos dinamismos involucran a no pocas patologías, desde la anorexia mental hasta la depresión. En realidad la equivalencia que hacemos con el TLP es anecdótica pues existen otras enfermedades como sí. La adicción a drogas o a videojuegos, los trastornos alimentarios, las autolesiones, la disforia de género de aparición tardía, el suicidio de adolescentes o la epidemia de trastornos psiquiátricos derivados de la pandemia de COVID nos ofrecen ejemplos de como estas patologías se establecen «como si». Como si fueran enfermedades naturales cuando lo que son es patologías experimentales, es decir inducidas por las creencias compartidas por la población general.

La multicausalidad.-

Todo el mundo estará de acuerdo en que estas patologías son multicausadas pero hay dos maneras de pensar la multicausalidad:

  1. La primera y seguramente la más frecuente es pensar que la enfermedad es una sumatoria de causas que van acumulándose y reforzándose unas a otras hasta dar como resultado una constelación de síntomas a las que damos un nombre concreto.
  2. La segunda manera de verlo es que cada persona reacciona a distintas causas con formas patologicas diversas que se agrupan por «contagio» social. Esta es la etiologia de ciertas enfermedades «como si» como la anorexia mental.

Esta segunda manera de verlo es completamente opuesta a la primera y significa que cada persona reacciona a distintas causas de una misma manera: a este fenómeno le llamamos equifinalidad, es decir que por distintas causas y razones los individuos enferman de forma muy parecida dando la impresión de que la enfermedad es unitaria y que tiene una única causa.

Pero en realidad la causa de la anorexia mental es la anorexia mental. Más abajo despejaré lo que parece una tautología.

¿Por qué una niña decide dejar de comer?

Por una multitud de causas inespecíficas 1) la traición de una amiga, 2) la divulgación de un secreto, 3) el divorcio de los padres 4) Un cambio de domicilio o de colegio 5) la obligación de convivir con la nueva pareja o los nuevos hijos del padre o la madre 6) el acoso escolar por cualquier causa 7) la exclusión social del grupo 8) el pasar sola la mayor parte del tiempo 9) el inicio de un duelo por la perdida de un familiar 9) la enfermedad de la madre o padre, etc. Las causas son siempre aparentemente banales y bastante irreconocibles por los observadores. Lo cierto es que estas causas resultan dramáticas por sus efectos.

Pues una vez establecido el cuadro clínico de inanición, las niñas recuperan parte de la sensación de control sobre su medio y porqué no decirlo, mejoran de su estado de animo que antaño era subdepresivo y ahora es algo así como hipertímico. No cabe duda de que la inanición mejora el estado de ánimo a la vez que favorece la obsesividad, es decir explica el mantenimiento de la patología. A la vez que salvaguarda un buen montante de narcisismo. Lo que explica la resistencia a abandonar el hábito de restricción alimentario.

Naturalmente estas «causas» pueden dar lugar a otras patologías como depresión, suicidios inexplicables o autolesiones compulsivas, tambien consumo de tóxicos o disregulación del humor: el individuo no puede estar solo ni puede soportar estar acompañado y se las arregla para resultar incomodo o intratable por un compañero o compañera.

Todo esto significa que las enfermedades «como si» no tienen una causa «comprensible» o de la suficiente entidad para que sean reconocidas como enfermedades psiquiátricas clásicas, no son neurosis, ni psicosis, ni delirios, ni manías, ni TOCs. Lo más parecido es la antigua histeria que ya ha desaparecido de los manuales DSM.

¿Qué tienen en común estas enfermedades con la histeria?

Al menos dos cosas:

  1. La primera es la desproporción que encontramos entre los resultados de la conducta y las razones para entenderla o explicarla. Todos podemos capturar biográficamente un trauma grave y sabemos que los traumas explican la patología actual de forma diferida. Un trauma grave explica gran parte de los síntomas que agrupamos en casos de TEPT (trastorno de estrés postraumático) pero qué decir de estos pequeños estresores de la vida corriente, de las adversidades de la vida que todos tenemos que sufrir de un modo u otro. ¿Cómo explicar el destrozo que se genera por un «quitame allá esas pajas» o una reacción extrema a un insulto como llamarte gorda?
  2. Mi opinión personal es que estas niñas -las que terminan con una patología como si- ya venían con otras heridas que no fueron identificadas y la situación de sobresocialización que vivimos en los ambientes escolares fue el desencadenante de su patología. Pero la mala noticia es que estas enfermedades se contagian, pero se contagian no como los virus sino ofreciendo por su divulgación social una amplia plataforma para escudarse su problema individual en una patologia concreta.

Dicho de otra manera: la existencia de una patología opera como un atractor para que múltiples sufrimientos se enrosquen en ella. Por eso el vampirismo no tiene ya seguidores pues ya no existe como patología reconocida, lo mismo sucede con la histeria. Y por eso los sufrimientos individuales aun siendo inespecíficos buscan una ubicación en el dogma médico. Una vez establecido el diagnóstico los problemas individuales pasan a un segundo plano: lo que importa ahora es coger peso y normalizar la alimentación.

Por eso los que nos dedicamos a tratar a estas jóvenes pacientes hacemos las dos cosas: el tratamiento moral que implica lla tutela de la alimentación en Hospitales de día diseñados para tal cosa, la provisión de información para mejorar la enfermedad pero sobre todo ocuparnos del problema individual de cada niña que es diferente para cada una de ellas y sobre todo prestando atención a este conflicto individual y no cargar las causas en lo que en realidad son efectos.

Es verdad que hay que rehabilitar los problemas con la comida pero lo más importante es atender al locus de control.

Hay anoréxicas hostiles y hay anorexicas pasivas y obedientes. Todo depende de la escisión que hayan hecho con anterioridad. Lo bueno y lo malo ¿dónde se situan? Las que hicieron la escisión en epoca esquizo-paranoide (la más precoz) suelen ser recalcitrantes y hostiles, suelen encajar en el papel de «malas mientras que las que hicieron la escisión en época «posición depresiva» (gracias Melanie Klein) son mas pasivas y buenas. Pero en realidad una paciente buena solo significa que tiene su maldad reprimida, es decir oculta en el inconsciente y dispuesta para la proyección, mientras que la paciente mala tiene la maldad del otro condensada en su conciencia, pero su bondad esta disociada en el inconsciente.

Un buen trabajo psicoterapeutico en las pacientes con este tipo de patologías «como si» es averiguar donde demonios está oculta la maldad, la destructividad, la agresividad, las ganas de matar pues no hay que olvidar que la rabia, la perdida, la separación, el desamor y el duelo son las principales emociones implicadas en esta clase de patologías que comprometen gravemente la vida y no solo la vida propia sino que también son una especie de venganza contra el mundo y los seres significativos de nuestra infancia de los que son incapaces e despegarse precisamente a causa de no haber podido superar la depresión (posición depresiva kleiniana) de aceptar que somos un cuerpo separado de la madre. separado para siempre. Irremediablemente.

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