Contra el debate


DIALOGO Y DEBATES

No cabe ninguna duda de que las nuevas tecnologías han propiciado un renacimiento de las oportunidades de debatir. Foros, blogs, opinadores y activistas se reunen con frecuencia para dar sus puntos de vista sobre temas bien diversos.

Sin embargo, los debates en Internet vienen con trampa: una de ellas es la bien conocida como “troleo” y que viene favorecida por el anonimato. Otra es la evidencia de que los debates no disminuyen sino que incrementan las diferencias de opinión lastrando las opiniones hacia los extremos. En Twitter por ejemplo se dan ejemplos bien numerosos e intensos de como las opiniones se extienden hasta el paroxismo, si bien se extinguen bien por sí mismas, bien por el silencio de uno de los participantes, o bien por la amortización de la discusión.

Pero lo cierto es que los debates han demostrado su ineficacia de cara a conseguir atrapar una mínima coincidencia a fin de explorar un problema concreto. Este post tratará de alumbrar alguna evidencia sobre la imposibilidad de debatir nada, y es por eso que antes de nada hay que hacerse la siguiente pregunta ¿Qué diferencia el debate del diálogo?

El debate se basa en un principio lógico: la gente tiene opiniones sobre las cosas (aunque estas personas son una minoria como luego veremos). En realidad los debates alimentan -crean opinión- fundamentalmente en aquellos que no tienen opinión sobre algo pero intentan averiguar alguna cosa sobre un determinado tema.

Supongamos que usted quiere comprarse un electrodoméstico y visita las opiniones sobre él en cualquier foro. Alli encontrará opiniones a favor y en contra. Eso es lo normal, pero también las encontrará interesadas de personas pagadas por la propia empresa o por la oposición para criticar o alabar un determinado producto. Discriminar las opiniones de los “foreros” de buena fe de los que actuan por interés es muy complicado. Podríamos decir que los agit prop contaminan el discurso hasta invalidarlo. Nadie puede fiarse de estos foros ni de las opiniones que alli se vierten.

Pero hay una forma decisiva para identificar y diferenciar los debates de los diálogos:

En el debate siempre hay posiciones polarizadas y lo más importante es señalar que no hay debate sin ataque a la posición opuesta, no hay debate sin ofensa ni argumentación ad personam. De lo que se trata en el debate es de ridiculizar, menospreciar o encontrar la debilidad o contradicciones de los argumentos del contrario. El debate acaba siempre con un ganador y un perdedor, algo que podemos ver en los debates televisados, donde se busca precisamente este efecto. Hay que señalar ahora que los debates en TV son especialmente sangrientos precisamente porque el espectáculo requiere víctimas y el ganador es siempre aquel que más grita, más insulta, más argumentos esgrime de carácter personal precisamente porque eso es el espectáculo. Pero hay un corolario: en TV siempre gana aquel que menos razón tiene, pero que se emplea con todos sus recursos para vencer.

Pondré a continuación algunos ejemplos de debates permanentes que dividen las opiniones de los opinadores: 1) el aborto, 2) la homeopatia y 3) la inmigración. Se trata de temas espinosos que están casi siempre en los debates de las redes, lo interesante es que las redes reclutan las posiciones más extremas mientras que en la vida real las personas se mantienen en una neutralidad silenciosa respecto a estos asuntos. Son temas que inducen polarización, los antiabortistas esgrimen sus argumentos morales o religiosos como bandera y los pro-abortistas los derechos de la mujer. Enmedio se situa la gran mayoria de la población, esa que no quiere imponer a nadie sus opiniones pero que tampoco tolera que nadie se entrometa en ellas. Se trata de una población silenciosa que no se pronunciará sobre el asunto porque sospecha el trasfondo ideológico o religioso, es decir se huele que el debate está trucado por los agitadores.

Y que sabe que nunca un antiabortista podrá convencer a un pro-abortista o al contrario. Y eso incapacita el debate pero salva la propaganda.

¿Qué es lo que hace que las opiniones sobre cualquier tema se polaricen?

Alli donde llega la politica con su carga ideológica se produce un fenómeno de perversión de las opiniones. Todos tenemos la sensación de que tenemos razón en nuestras apreciaciones personales, pero solamente unos pocos han llegado a la posibilidad de relativizar sus propias ideas sobre las cosas.

Y es ahi donde entra el concepto de diálogo. El diálogo es el debate con reglas:

1.- Admitir que no necesariamente tenemos razón o toda la razón.

2.- Admitir que el otro puede tener razón en su forma de enfocar un determinado problema.

3.- Tener la sensación de que ambos contendientes vamos en el mismo barco en busca de enriquecimiento y de busqueda de la verdad.

4.- No utilizar argumentos de desvalorizacion del contrario por muy sutiles que estos sean.

5.- El diálogo supone algún tipo de suspensión del juicio, es decir la epoché. Oir sin juzgar.

6.- Admitir los argumentos de autoridad: un experto en algo sabe sobre los temas de su competencia mas que un aficionado. El margen de error del no-experto es mucho mayor.

En mi opinión la epoché es la variable critica, un ejercicio mental que convierte un debate en un diálogo. Y aunque muchas veces la epoché es escéptica es necesario decir algunas palabras sobre el escepticismo: hay dos clases de escepticismo, uno fuerte y otro débil.

El esceptisimo débil es el que practica mucha gente militante de circulos escépticos y que podriamos llamar para entendernos “Pensamiento progresista” que son ateos, materialistas y conocidos militantes de cualquier causa que no defienda la ciencia pura y dura y que no cuestiona jamás el metodo cientifico. Este tipo de escépticos (Dawkins sería uno de sus más conocidos representantes) son furibundos debatidores con un fanatismo casi religioso en favor de la ciencia, una idea política, una forma de concebir el mundo o una religión. Lo que les identifica no es lo que defienden sino lo que atacan: la parapsicologia, la acupuntura, la religión, la homeopatia y -según ellos- todas las supersticiones que identifican siempre con la estupidez o la credulidad humanas ignorando la idea de que ciertas supersticiones son muy materialistas y nada sobrenaturales.

Un ejemplo de estas supersticiones en las ciencias biomédicas es el método del “doble ciego” que intenta discriminar en ensayos clinicos el placebo con un medicamento “activo”. Otra de las supersticiones comunmente sostenidas por la ciencia es que las experiencias individuales no deben ser tenidas en cuenta salvo aquellos datose extraidos por la estadistica. Asi una experiencia personal por mas evidencia que acumule siempre puede ser descartada por resultar ilusoria. Necesitamos una ciencia de caso unico o de experiencias inusuales, mientras tanto la ciencia no se recicle en este sentido seguiremos debatiendo lo ilusorio de lo real.

El escepticismo fuerte es aquel que está abierto a lo nuevo o a lo desconocido y no ignora las evidencias que se acumulan y que proceden de testimonios individuales semejantes. Un ejemplo es la experiencia que muchas personas tienen sobre la divinidad o la Presencia divina. Esta es una experiencia muy común y aquel que la tiene o la ha tenido no va a renunciar a ella por muchas explicaciones científicas -por otra parte inexistentes- que se encuentren para ello. Nadie puede renunciar a saber lo que sabe (tal y como Galileo nos contó) y nadie puede -por otra parte- refutar la experiencia de otro ni siquiera apelando a la ciencia. Lo cierto es que la ciencia no puede explicar ciertas experiencias subjetivas, existe un cierre categorial que procede precisamente del método cientifico.

Por otra parte para dialogar no es necesario la aceptacion total de las ideas del otro. Pasa con fecuencia que uno discrepa con otro en algunas cuestiones pero admite al otro en su totalidad, con sus sesgos y sus errores si los tuviera. Todos tenemos sesgos y ¿si todos los tenemos como no los va a tener mi debatidor?

La epoché permite aparcar las diferencias y centrarse en las semejanzas, fortalecer las alianzas en la busqueda de consensos.

Pero la epoché tiene enemigos personales y en mi opiníon tres son los principales: la ideología, la ignorancia y la politización de la vida. Tres enemigos terribles dificiles de batir.

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11 pensamientos en “Contra el debate

  1. Muy de acuerdo, de parte de un escéptico fuerte. Lo de los “tres enemigos terribles” de la ‘epoché’ me recuerda aquella otra tríada letal de Nietzsche, los tres enemigos a muerte del hombre independiente: “quienes no poseen nada, los ricos y los partidos” (‘Humano, demasiado humano’, II, I, 293). Tanto juicio concatenado anima, pero también entristece. Más que enriquecerme -que lo hacen-, tus palabras me hacen más fuerte. Gracias entonces por ayudarme a sobrepasar el día.

  2. Hola Paco. recuerdo que alguna vez te sugerí que el concepto de “empatía” deribado de “la teoría de la mente” era impreciso y que fusionaba dentro de uno dos conceptos que ami parecer sería más útil de mantener separados. Ahora resulta que este tipo, Henry Markram, propone exactamente lo mismo. http://esmateria.com/2014/03/13/el-cerebro-de-este-chico-podria-descifrar-el-autismo/3/ (en el séptimo párrafo). Te tenía y te tengo mucho aprecio, tus publicaciones o más bien mi lectura y mi reinterpretación de ellas me ha nutrido muchísimo pero debo confesar que realmente me jode que no me hayas tomado en serio. Buenas noches. (Puedes borrar esta publicación si así lo deseas: dado que no tengo un correo tuyo es que dispuse comunicarme por este medio)

    • ¿Que significa eso de que no te he tomado en serio? Claro que te tomo en serio hombre, si no comento nada es porque no se me ocurre nada que decir, por otra parte ese articulo que enlazas lo lei precisamente ayer y es muy interesante en tanto en cuanto señala que al autismo no seria un deficit de algo sino un exceso, una falta de poda neuronal. Gracias

      • Pero para la “ciencia oficial”, el autismo -y también el síndrome de Asperger- sigue siendo un ‘defecto’, una carencia de “algo” que produce discapacidad. Es comprensible, pues todo lo que no se atenga a la ‘normalidad’, la rebasa por arriba o por abajo… A esto se añade que la ideología dominante llama ‘discapacidad’ a todo aquello que no se atiene, por defecto, a la normalidad. Por esto, y con toda razón, Schopenhauer considera al genio un ‘monstrum per excessum’. Pero para los aludidos dominantes la genialidad no existe… ‘Eppur si muove!’. Y así, de los dos extremos de la normalidad, sólo es políticamente aceptable, y por lo tanto correcto, el extremo por defecto. “Una falta de poda neuronal”… Ya se encargan ellos, los dominantes, de podar y, si es necesario, de excluir o anular. No podría ser de otra forma, pues los normales imponen “actitudes normales” y exigen “conductas normales”. En ello les va el negocio.

  3. Podríamos especular acerca de una causa remota relevante que pudiese explicar si las actitudes polarizadas supusieron una ventaja evolutiva. Resolver ipso facto la dicotomía “O estás conmigo o contra mí”, en todas y cada una de las acciones de la vida ancestral, pudo ser crucial para la eficacia biológica.

    De igual modo, más tarde, quizás a la par que se iban configurando los estados, la ignorancia, la politización de la vida y la ideología pudieron seguir confiriendo ventajas dentro del grupo.

    Y así… hasta hoy…

    Saludos

    • El problema de nuestra especie es que es al mismo tiempo egoísta y altruista Sabemos que somos una especie social y que sin este vinculo social no podríamos sobrevivir, pero una vez hemos conseguido ser aceptados por el grupo tratamos de encontrar ventajas a vivir en él. Son como dos tendencia opuestas cada una de las cuales tironea en un sentido diferente. Y todo parece indicar que la cohesión social es un fin difícil de alcanzar: solamente la religión o los distintos nacionalismos o etnocentrismos han logrado captar ese consenso necesario para vivir de un modo social.
      Salirse con la suya es el eslogan mas seguido y es posible que eso tenga equivalentes ancestrales.

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