Lógica y paralógica (XIX)


Disponemos de dos modos de razonar, uno es el estilo lógico que se caracteriza por ser binario, sometido a la contradicción, que no atiende a los casos intermedios, le conocemos con el nombre de pensamiento científico basado en datos y en evidencias, un tipo de pensamiento bien conocido como lógica aristotélica y que es mucho más frecuente en varones al no ser parasitado por otras consideraciones, -llamémoslas de momento emocionales-. Por otro lado disponemos de otro registro llamado paralógico, que es difuso y desprecia los extremos, es una forma de pensar como de centro si se me permite la analogía política. Es un tipo de pensamiento que no se siente cómodo en la dicotomía de la lógica. Se trata de un tipo de pensamiento de predominio femenino que atiende a variables emocionales y que siente aversión por los extremos.

Naturalmente nuestros cerebros disponen de ambos modos de razonar, tanto los hombres como las mujeres, o al menos se trata de lo ideal pues combinar los datos con la narrativa es la mejor forma de orientarse en la realidad, tal y como conté en este post..

Pero lo cierto es que no todos los cerebros están equilibrados o balanceados con ambos tipos de recursos, así es cierto que algunas personas (los científicos profesionales y también los obsesivos) suelen ser excesivamente lógicos si no disponen de una formación humanística que les haga de contrapeso. Un científico que solo conoce su ciencia siempre será un mal científico, de ello han dado pruebas más que sobradas los grandes hombres de ciencia.

Pues el pensamiento lógico por sí mismo está mal dotado para comprender la complejidad, mientras que el pensamiento paralógico para que sea eficiente ha de estar sometido a ciertas reglas lógicas que le señalen sus limites. Dicho de una forma más clara: el pensamiento complejo precisa de una combinación de esquemas mentales de lógica y paralógica, pero es en la paralogia donde el pensamiento complejo se encuentra más cómodo. Es por eso que algunos sostienen que la mujer ostenta un mejor talento para la complejidad que el hombre. Pero también -añado- un mayor riesgo para el descarrilamiento psicosomático sobre todo en los casos de cerebro femenino extremo.

Probablemente no es cuestión de sexos sino de cerebros tal y como aprendimos de Baron-Cohen.

Pero hay algo de verdad en esa idea de que la mujer se encuentra mejor dotada para enfrentar la complejidad. Siempre que se de una condición: la educación.

Una de las razones por las que la histeria y los síntomas de conversión ha casi desaparecido de las consultas psiquiátricas es el acceso de la mujer a la educación. Es cierto que aun existen síntomas psicosomáticos somatomorfos de predominio femenino pero la histeria clásica ha sufrido una revolución conceptual . La educación da oportunidades cognitivas para navegar las contradicciones sociales que apresan a las mujeres sobre todo en la adolescencia y juventud y a la vez operan como un facilitador de la comprensión de la complejidad, siempre y cuando de esa educación se desprenda una formación mixta entre lo general y la especialización. La especialización es un verdadero enemigo del pensamiento complejo tanto en el hombre como en la mujer.

Una de las razones del predominio del pensamiento paralógico en la mujer es su pro-sociabilidad, dicho de otro modo: el pensamiento paralógico es un subproducto de la gracilización cerebral, es decir de la pro-sociabilidad de la mujer, enemiga de extremos y con una profunda aversión hacia la agresión, la discusión y el enfrentamiento. Dicho en términos de Baron-Cohen  la masculinidad tiende a la obsesividad, y la feminidad a la histeria y a sus nuevas formas. Añadiendo (esa sí es una genial novedad) que el autismo es una supramasculinización de la conducta, mientras que los cerebros femeninos extremos dan lugar a patologías emparentadas con la anorexia mental según otros autores.

La obsesividad en este sentido es una desviación extrema del pensamiento lógico. Quien haya tenido oportunidad de tratar pacientes obsesivos habrá comprendido la clase de lógica que les aflije (me estoy refiriendo al rasgo obsesividad del carácter y no al TOC, su desviación extrema). Un tipo de lógica aplastante pero que carece de alma, que carece de los mediadores emocionales que hacen de una idea, o una decisión algo adaptativo, algo conmensurable, algo deseable, todo parece indicar que el obsesivo mata el deseo en origen.

No hay peores decisiones que aquellas que son tomadas de forma lógica radical prescindiendo de otro tipo de consideraciones. Por ejemplo los obsesivos dudan constantemente de lo que tienen que hacer pero no valoran el tiempo y energías que pierden ejecutando listas, reglas, u órdenes. Elegir algo es siempre un conflicto para un obsesivo vacilante pues el control no puede ejercerse en un entorno de incertidumbre en el que nos pasamos gran parte de nuestra vida. El excesivo control, el temor a equivocarse y la dilación o retardo que ahora se llama procrastinación.

Dudas y creencias.-

Las personas razonables tienen pocas creencias y mantienen una mente abierta hacia afuera, modificando puntos de vista y dudando siempre de lo que se sabe, se cuenta o se explica con o sin pruebas. Pues aunque el conocimiento científico es el mejor compañero para no cometer errores garrafales lo cierto es que el científico practica la duda razonable puesto que todo saber es por definición provisional y coexiste con otro saber consolidado y lo inefable. Por ejemplo sabemos que los virus existen pero no sabemos aun nada del coronavirus que es en este sentido un “cisne negro”, es decir algo nuevo que hemos de aprender a explicar a medida que se vayan acumulando las evidencias, sabiendo que probablemente nunca lo sabremos todo, pues la ciencia tienen también sus limites. O dicho de otra forma: la ciencia es una actividad que habla de los limites del conocimiento humano, hay preguntas que nunca podrá responder la ciencia.

Pero hay personas que toleran muy mal la incertidumbre y es por eso que existen las creencias, algunas de las cuales representan atajos mientras que otras son profundamente letales y antisociales. La duda es la simiente de las creencias, al menos de las creencias secundarias. La duda es como el hambre, algo punzante, irritante y desagradable que nos obliga a posicionarnos. La creencia disipa la duda pero la creencia es una opinión y la ciencia se ocupa sobre todo de aquellas cosas que no son opinables. La creencia tenaz es la cura individual de la duda, es por eso que toda creencia se resiste a modificarse sobre todo las creencias políticas, las más resistentes al cambio y que generan adhesiones inquebrantables en la población ingenua. Es inútil combatirlas pues se formaron para defenderse de la incertidumbre sistémica y desde luego ninguna idea política es científica: la politología no es una ciencia sino una actividad económica destinada a ganar votos y poder.

Según Peirce hay una segunda oportunidad de construir creencias y están relacionadas con la autoridad. El gobierno nos manda ahora llevar máscaras obligatorias y la mayor parte de nosotros le obedecemos, no solo porque casi todo el mundo las lleva sino porque se trata de un argumento de autoridad,. La mayor parte de la población sigue estas recomendaciones de los expertos, el gobierno o los clérigos. Se trata de una obediencia poco eficiente en tanto que se halla mediatizada socialmente y no precisa de razonamientos individuales como en el caso anterior donde se necesita de cierta tenacidad y creativa para construir una versión alternativa o conspiranoica: “la epidemia de coronavirus no existe”. Esta es una creencia cercana al delirio paranoide, es un delirio metanoide, pues los delirios no se construyen para disipar las dudas sino que se trata de creencias primarias, aquellas que se construyeron por otro tipo de razones. Hay quien obedece ciegamente a la autoridad pero también existe una tercera opción: los “a priori”.

El ” a priori” es el sentido común, una mezcla de conocimientos propios y de argumentos racionales. Yo llevo máscara porque está prohibido no llevarla pero aunque no lo estuviera la llevaría, al menos mientras no se disipe la pandemia. Y lo hago porque creo en los virus (aunque nunca he visto ninguno), creo en que la pandemia existe y no es un engaño de ciertas élites (aunque creo que la han aprovechado para sus planes) y además pertenezco a un grupo de riesgo de manera que lo razonable por mi parte es reducir los contactos sociales y protegerse. Este es un argumento “a priori” que mezcla la idiosincrasia de los dos anteriores y que se apoya en la ciencia aun admitiendo que la ciencia aun no ha dicho la ultima palabra sobre este dichoso virus.

Y es la creencia que menos recursos consume, es lógica y paralógica. Y está destinada a un objetivo: sobrevivir.

 

Bibliografia.-

A. Peirce: La fijación de la creencia

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