Continuidades y discontinuidades de la información (XX)


Después de leer el post anterior el lector sagaz ya habrá comprendido que nuestro cerebro posee dos formas de procesar la información, dos talentos aunque en distinta proporción según la idiosincrasia de cada cual. Recordaremos que una de esas formas era la lógica y otra la paralógica. Lo interesante es que ambas formas se encuentran en una continua tensión entre ellas o dicho de otra manera no son formas de procesamiento colaborativas sino que se encuentran en cierta tensión dialéctica, podríamos hablar  de guerra de sexos o de tensiones entre lo apolíneo y lo dionisíaco, o de lo textual versus la imagen.

En psiquiatría existe también  esta tensión sobre todo en las clasificaciones y las conceptualizaciones de las enfermedades mentales, así hay psiquiatras que tienden a pensar en las enfermedades mentales como entidades discretas, es decir independientes unas de otras; según  esta manera de pensar si una persona sufre una esquizofrenia no debería  sufrir un TOC, pero lo cierto es que las formas puras aun existiendo son poco frecuentes en la clínica.

La regla es la comorbilidad es decir la mezcla entre enfermedades y sobre todo los estados intermedios, aquellos que existen para poner patas arriba cualquier criterio lógico o diádico y que representan algo así como “la rebelión de las entidades”. De entre ellos el más conocido es el binomio neurosis-psicosis. Podría afirmar que el siglo XX ha representado la emergencia de estados intermedios que ni son neurosis ni son psicosis. Para ellos se inventó una nueva etiqueta, los estados “como si”, también conocidos como “psicosis ordinarias”.

De manera que hay dos tipos de psiquiatras: los que creen que las enfermedades mentales son continuas (entidades indiscretas) con la normalidad y los que creen que las entidades son discontinuas, es decir representan estados distintos a la normalidad   y representan entidades discretas, independientes.

Todo pareciera indicar que las enfermedades mentales se resisten a cualquier conceptualización, del mismo modo que las personalidades normales: a pesar de que existen multitud de catálogos sobre este asunto lo cierto es que ninguno de ellos ha resultado ser eficiente para clasificar lo humano. La mayor parte de nosotros somos inclasificables.

Lo que me interesa señalar en este momento es que tal y como sucede con el arte, las formas de expresión sintomáticas se comportan de una forma similar, como si se tratara de entidades fugitivas que pugnan por alejarse de cualquier conceptualización. Otra forma de verlo es a través del concepto de guerra entre el pensamiento lógico (masculino) y paralógico (femenino). No cabe duda de que ciertas enfermedades mentales representan el pensamiento paralógico, por ejemplo el TLP y los trastornos alimentarios (anorexia y bulimia). Ni son psicosis, ni son neurosis, ni son depresiones, ni delirios ni estados maníacos y nadie duda de que estas patologías emergieron en el siglo XX es decir el siglo donde podríamos ubicar l a emancipación de la mujer que equivale decir el pensamiento paralógico.

Obsérvese como la información no siempre sigue el camino canónico del conocimiento pues el ruido (no-información siempre la acompaña)

La pregunta en este momento debería  formularse de este modo ¿Son las enfermedades mentales neoformaciones o campos formativos ruidosos que se expanden de igual forma que los  idiomas y son más fáciles de aprender cuanta más gente los habla?

Rupert Sheldrake es el autor que conceptualizó este concepto de  “campos formativos” y en este post podéis conocer mejor su teoría realmente innovadora.

Características de los campos formativos.-

  • Se autoorganizan, es decir nadie los creó o los puso ahí.
  • Son información,no energía luego no se degradan y quedan más allá del tiempo y del espacio y no se propagan por contigüidad.
  • Tienen historia y tal y como dice Sheldrake constituyen hábitos.
  • Se constelan en lo material imponiendo patrones restrictivos sobre procesos energéticos a través de procesos fisico-químicos.
  • Necesitan una cierta masa critica para que puedan manifestarse, después son acumulativos.
  • Modifican los eventos probabilísticos es decir se comportan caóticamente.

Para mí la idea fundamental de esta teorización es que si las entidades que conforman las enfermedades mentales fueran campos mórficos, del mismo modo que sucede con los rasgos de la personalidad normal podríamos aprender algo sobre la causación formativa de las enfermedades mentales: su persecución científica debería estar más relacionada con la historia del síntoma que sobre el estudio del cerebro.

En esta forma de pensar, las enfermedades mentales no serían averías del cerebro sino entidades en busca de un soporte físico que disminuyera la probabilidad de enfermar basculando hacia la salud. Es quizá por eso que las enfermedades mentales han disminuido su virulencia y su gravedad desde el siglo XIX hasta ahora.

¿Cómo tratamos la información?

Los humanos somos capaces de procesar a información que nos llega del exterior o de nuestro propio interior atendiendo a varios planos. Estos planos son paquetes de información que podemos imaginar como placas base tal y como propone Patricia Churchland y que contiene además su propio bloque de herramientas  de navegación, uno de esos planos es el plano del “cuidado”. Nuestro cerebro de mamífero lleva incluida esa placa base vital y de alguna forma seminal en nuestra especie. Pero la información -aun la innata- debe organizarse de acuerdo a criterios del medio ambiente y sociales. La información se organiza en forma de conocimiento que requiere esfuerzo y más allá del conocimiento aún existe otra placa base de excelencia que conocemos con el nombre de sabiduría o “mente sabia”. Dicho de otra forma: la información por sí misma no brinda conocimiento alguno pero la información en sí misma contiene los planos desde los que puede llevarse a cabo el conocimiento y no puede haber conocimiento sin información.

Todo procede de datos inconexos con los que se construye una información, pero como puede verse en el esquema anterior la información ha de ser transformada en otra cosa para que sea considerada conocimiento. Un descarrilamiento corriente de la información la tenemos en lo que entendemos como delirio. El delirio no es conocimiento sino una creencia, su opuesto, simple ruido tal y como conté en este post donde precisamente argumentaba en relación con el delirio paranoide propiamente dicho (lógico) y el delirio paralógico o metanoide.

Del mismo modo la sabiduría no es simplemente una acumulación de conocimiento sino una nueva organización que se produce por descarte.

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