La invención de la locura


Del diccionario de la lengua española:

alienación.

(Del lat. alienatĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de alienar.

2. f. Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.

3. f. Resultado de ese proceso.

4. f. Med. Trastorno intelectual, tanto temporal o accidental como permanente.

5. f. Psicol. Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

La locura es un invento y no un descubrimiento: no es que los locos no estuvieran ya allí antes de cualquier forma de conceptualización sino que esta misma conceptualización moldea las formas de la locura, de la extravagancia o de la alienación. Lo que es nuevo pues no es la locura sino el término “enfermedad mental”. Antes de eso, se usó durante algunos años -los más productivos de la psiquiatria- el término alienación mental que al menos no presuponia patologia alguna. Durante el siglo XIX los psiquiatras no existiamos sólo los alienistas hasta que un médico alienista de la Salpetriére llamado Falret inventó el término que ha llegado hasta nuestros dias, “enfermedad mental” en lugar de “alienación”.

locura.

(De loco).

1. f. Privación del juicio o del uso de la razón.

2. f. Acción inconsiderada o gran desacierto.

3. f. Acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa.

4. f. Exaltación del ánimo o de los ánimos, producida por algún afecto u otro incentivo.

con ~.

1. loc. adv. Muchísimo, extremadamente.

de ~.

1. loc. adj. Extraordinario, fuera de lo común

No se trata de términos intercambiables o mucho menos baladís, no es una cuestión academica el distinguirlos porque evidentemente no es lo mismo estar loco o alienado que estar enfermo. Cuando digo enfermo mental debe entenderse que esta palabra “enfermedad” remeda o se parece a las enfermedades del cuerpo, es decir a las enfermedades somáticas y ese es el paradigma actual: las enfermedades mentales son como las enfermedades del cuerpo, es decir tienen causas desconocidas pero seguramente articuladas en la materia cerebral aunque hasta la fecha nadie sabe a qué patologia cerebral remiten estas enfermedades. Lo que Falret inventó es una nueva conceptualización que cambiaría el rumbo de la alienación mental, Falret equiparó las “enfermedades mentales” con las otras con las verdaderas, con las anginas o las hemorroides. El órgano afectado es evidentemente el cerebro aunque no crean que este descubrimiento es algo lineal y directo, ¿por qué no del corazón como decía Aristoteles?

Y fue una desgracia por un lado -al restar responsabilidad al loco- y un acierto por el otro al asegurar su asistencia, pero en cuaquier caso fue una arbitrariedad. Bien es cierto que la alienación ya existia como la electricidad también preexistió a la bombilla, pero es seguro que el invento de Edison contribuyó a domesticar y a cambiar nuestro concepto de la misma, una energia que hasta entonces se manifestaba de cualquier modo y sin eficacia o utilidad para el hombre. Del mismo modo la conversión de la alienación en “maladie” tuvo una serie de consecuencias prácticas que aun arrastramos, me refiero a cierta falacia que hace que entendamos que las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro, especies naturales que están ahi precisamente para que un sabio las descubra, algo que nadie cuestiona y que ha pasado a formar parte de las verdades creenciales que todo el mundo abraza ciegamente. Nada más opuesto a la realidad: las enfermedades mentales ni son entidades naturales ni están ahi pasivamente esperando a alguien que las fotografíe, se crean en contacto entre el ambiente y el individuo y no podemos olvidar que un individuo es sobre todo un ser hablante, esto nos diferencia de los animales y esto nos aliena a todos en relación con el lenguaje.

Nada de naturales, son siempre culturales y no son reducibles a un trastorno neurobiológico, antes al contrario las enfermedades mentales son sobre todo accidentes de la subjetividad y sobre todo conceptualizaciones teóricas, constructos que unos hacen – los alienistas- para intentar clasificar lo inclasificable: la subjetividad humana. Los enfermos por el contrario son esas personas que se encargan de demostrar que nuestras clasificaciones son todas ellas incompletas o simplemente falsas.

Ya lo dijo Foucault en su tesis: “Historia de la locura en la época clásica”, (aqui puedes bajartelo gratis), en un momento determinado de la historia el término razón se opone al término locura. Nadie sabe por qué se pusieron frente a frente estos dos conceptos y se endosaron a la medicina y no por ejemplo bondad-crimen, pero lo cierto es que desde que el poder decidió esconder a los que carecían de razón en aquellos asilos que han permanecido abiertos hasta hace recientemente muy poco tiempo, la grieta dialéctica entre aquellos que razonan y aquellos que están locos no ha hecho más que agrandarse silenciando las evidencias de que el loco razona perfectamente en determinadas ocasiones y que los razonantes hacen cosas locas y aun monstruosas. De manera que aquella dialéctica se ha mostrado de lo más inoperante para dilucidar qué es y qué no es enfermedad y aun qué cosas tienen tratamiento y qué cosas no lo tienen.

Por ejemplo, como vivimos en un estado asistencial y la responsabilidad individual se ha restringido hasta limites insopechados hay quien plantea tratamientos para los delincuentes sexuales e incluso les llama enfermos, en esta noticia de hoy podeis ver como la mentalidad asistencial oculta hipocritamente la necesidad de una condena de por vida. Yo me pregunto por qué la gente llama enfermos a los delincuentes sexuales, por qué no llamarlos por su nombre: criminales y darles el “tratamiento” que merecen, el encierro proporcional a su crimen, la reparación bienhechora que desde el derecho se conoce desde tiempos de Cicerón. ¿Qué necesidad tenemos de aumentar la nómina de las enfermedades mentales? ¿Es que cualquier conducta que se oponga a la razón va a ser considerada enferma? ¿Tendremos que ser los médicos los que “castremos” a los delincuentes?.

Para tratar a alguien es preciso que ese alguien tenga una enfermedad, un pathos, y lo que esas personas exhiben es un trastorno ético, una patologia de la responsabilidad que ha ido creciendo a partir de los “beneficios secundarios” que cualquier conducta antisocial halla en nuestro entorno acostumbrado a pensar cualquier transgresión en términos de patología y por tanto susceptible de un tratamiento médico. O lo que es lo mismo como algo no imputable al individuo mismo.

A aquellos que quieran profundizar en este tema les recomiendo el libro de Jose Maria Alvarez, “La invención de las enfermedades mentales”, un libro erudito y esclarecedor.

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3 pensamientos en “La invención de la locura

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