Las disautonomías (I)


Cuando yo era un niño aun había médicos que diagnosticaban “neurastenia” , una descripción del siglo XIX que corresponde a George Beard. Más tarde -ya estudiante de medicina- me llamó la atención un diagnóstico muy corriente por parte de los clínicos en aquella época: la distonía neurovegetativa.

bellergal

Se suponía que era una oscura “enfermedad de los nervios” que como su nombre indica representaba una disfunción o desequilibrio entre los dos bloques que se reparten el juego nervioso de nuestro cuerpo: el simpático y el parasimpático. Los médicos de entonces trataban la distonía neurovegetativa con remedios baratos y con tranquilización. Aun recuerdo el Distovagal o el Bellergal, -compuestos desaparecidos- a base de pequeñas dosis de belladona. Un principio activo que ha desaparecido de la farmacopea por su toxicidad. Uno de los principales compuestos de la belladona es la atropina que aun se usa en bradicardias o en síncopes vagales pues se trata de un fármaco antagonista (parasimpaticolítico) del sistema parasimpático.

El Bellergal o el Distovagal se usaban cuando el médico no encontraba razones para diagnosticar otra cosa o cuando el cuadro clínico era vago o proteiforme como las dispepsias, las diarreas o las cefaleas, sin causa orgánica que las justificara. Los enfermos de los nervios de entonces tuvieron buenos aliados en estos derivados de la belladona, hasta que desapareció del mercado.

Esta desaparición coexistió con un nuevo diagnostico: la depresión. De repente los enfermos de los nervios pasaron a ser depresivos y tratados con aquellos primeros antidepresivos tan potentes y a la vez con tantos efectos secundario, el Tofranil (imipramina) o Anafranil (desipramina) fueron los pioneros.

Es interesante señalar como la conceptualización de aquellos síntomas vagos y sin explicación médica habían pasado de ser “nerviosos” a ser mentales.

Un sistema nervioso dual.-

El-sistema-nervioso-parasimpático

Nuestro sistema nervioso autónomo o vegetativo se ocupa de inervar sobre todo las vísceras de nuestro tórax y abdomen y se diferencia del sistema nervioso voluntario que nos hace mover músculos y esqueleto en que es autónomo, es decir va a la suya y no depende de la voluntad. Regula los bronquios y el grosor de su apertura y exigencia de aire, nuestro corazón y su frecuencia y la motilidad intestinal sobre todo. Y lo hace a través de esas dos ramas, una de ellas el simpático es la que se ocupa del gasto, es decir de las situaciones de estrés o emergencia, así el simpático aumenta la frecuencia del corazón, la tensión sanguínea, abre los bronquios para que entre más aire e inhibe la digestión. Dicho de otra manera nos prepara para situaciones de exigencia, la carrera, la huida, el esfuerzo.

En el otro lado el sistema parasimpático a través del nervio vago se ocupa del descanso y procura calma y relajación, cierra los bronquios, relaja la frecuencia cardiaca, baja la tensión y estimula la motilidad. Todo esto sucede a través del nervio vago que aun hoy contiene varios misterios como más adelante veremos. Lo importante ahora es retener que este nervio sale del cerebro y vuelve a él: comunica pues el diencéfalo (nuestro cerebro más arcaico) con las vísceras relatadas.

Lo normal entonces es que exista un equilibrio entre ambos sistemas o que uno de ellos se active en las circunstancias apropiadas: así cuando nos disponemos a dormir lo ideal sería desactivar el simpático y sus epifenómenos mentales (como las preocupaciones) y activar el parasimpático y darle trabajo al vago (que también se llama neumogástrico). De manera que esos pacientes que antes se conocían con el nombre de “nerviosos” son personas que manejan mal estos tiempos y ponen a trabajar al vago cuando no toca o al simpático cuando toca relajarse. Es una manera de comprender lo que los antiguos querían decir con eso de la “distonia neurovegetativa”.

La teoria polivagal de Porges.-

El nervio vago contiene no pocos secretos evolutivos  se trata de un par craneal (nace en el cerebro) y es mixto, es decir tiene fibras motoras y fibras sensitivas, y funciona con la acetilcolina. Inerva la lengua posterior, la faringe, la laringe, el esófago, el estómago, el corazón, los pulmones y el intestino. La fibras motoras van hacia abajo , es decir llevan la corriente desde el cerebro a las vísceras (hasta el ombligo) y las fibras sensitivas llevan las impresiones sensoriales viscerales de abajo hacia arriba. Este doble flujo arriba (sensorial) y abajo (motor) tiene una traducción inmediata, el impulso que viaja hacia abajo (eferente) tiene una función motriz y secretora para todas las vísceras que dependen de él mientras que la función aferente tiene como objetivo informar al cerebro como andan las cosas por allá abajo, de manera que nuestro cerebro profundo o visceral tiene información constante de las vísceras alejadas del cerebro y al mismo tiempo es capaz de influir en ellas ralentizando el corazón y la digestión, cerrando el cardias y contrayendo la luz bronquial que para eso es parasimpático, es un nervio muy yin por decirlo en la terminología china.

Lo usual es que pensemos el sistema parasimpático como un ahorrador de energía mientras que el simpático lo relacionamos con el gasto de energía. Y a sus transmisores: la acetilcolina en el caso parasimpático y la noradrenalina en el caso del simpático.

Nos imaginamos a estos sistemas como complementarios y sujetos a una cierta oscilación, cuando nos excitamos estamos bajo los dominios del simpático y cuando dormimos del parasimpático. Pero hay algo que mantiene al sistema dentro de unos parámetros de normalidad y de tensión, por eso no nos morimos de un acelerón de noradrenalina ni de un síncope vagal.

Según Stephen Porges el vago tiene dos secciones, una amielínica y otra mielínica. El vago amielinico es el responsable de los estados de congelación (que veremos después) y fue el primero que evolucionó en la escala animal, se trata de un resto reptiliano, mientras que el vago mielinizado evolucionó como parte del cerebro social y está muy bien representado por la cara. En la cara está reflejada el alma de cada individuo y también los malestares que le aquejan, algo que el propio Darwin investigó en un libro muy citado pero poco leído tal y como conté en este post.

Otra idea importante de Porges es que el SNA (sistema nervioso autónomo) está organizado jerárquicamente, es decir tiene un funcionamiento discreto por niveles de definición donde cada nivel superior abarca a los inferiores, lo que en términos comprensibles significa que el pensamiento (y por tanto la conducta) es algo que emerge de ciertos estados de conciencia que muchas veces pertenecen a niveles arcaicos de pensamiento o de reacción. No pensamos siempre con nuestro cerebro cortical, con nuestro cerebro inteligente sino que las más de las veces estamos prisioneros de una preconceptualización arcaica que impone sus leyes desde niveles inferiores evolutivamente hablando.

El vago, es en este sentido muy traidor.

¿Pero cuales son esos estados mentales?

Pondré primero esta tabla (por cortesía de Manuel Hernandez), donde podemos observar 6 niveles de conciencia que van desde el letargo hasta la congelación (hipo bloqueo)

simpatico-parasimpatico

Lo importante es que el lector entienda que los extremos se tocan. Efectivamente:

1.- Letargo.- Es el estado mental de la somnolencia, de cuando vamos a dormir o

acabamos de comer. Es también el estado mental de los animales que hibernan y tratan

de ahorrar energía durante el invierno. Es el estado del descanso, de la relajación y del

sueño. Es de predominio parasimpático, aquí el vago aparece en toda su crudeza.

2.- Calma. Durante la calma estamos despiertos pero con una suave alerta, no estamos

haciendo nada que requiera nuestra atención, simplemente leemos, oimos música o

miramos una película. Es el estado que no requiere excesivo gasto. Es tambien

parasimpático.

3.- Alerta.– Es el estado que requiere atención, cuando conducimos, trabajamos,

escribimos, hablamos o escuchamos a alguien con interés. Es un estado con una pequeña

activación simpática.

4.- Lucha-Huida.- Es el estado que nos impulsa a huir, escapar, luchar o prepararse para

un ataque. Es lo que nos sucede a algunos cuando vamos a un examen, una prueba, o

nos exponemos a algún tipo de peligro. Requiere la activación aguda del simpático. Es

interesante señalar que algunas emociones como el miedo y la rabia son profundamente

adaptativas en este estado mental pero no en otros.

5.- Hiperbloqueo. Aquí la sobrecarga es extrema y hay una amenaza real sobre la vida,

es lo que llamamos trauma con T: una violación, un accidente de tráfico, una situación

de asfixia, un fenómeno natural letal, etc.

6.- Hipobloqueo.- Es lo que sucede cuando el sistema vagal se pasa de frenada y sucede

un sincope o bien un estado de “congelación” (freezing) Algo que hacen los animales

cuando ven que no pueden escapar de un depredador (hacerse el muerto). Es un

prepararse para la muerte. Es un mecanismo vagal extremo (parasimpático).

Como puede observarse el nivel 1 y el nivel 6 son parecidos y se tocan: ambos son

estados regulados por el vago.

En este post que titulé “El síndrome del ala rota” podéis profundizar más en esa idea de

Porges -que más arriba cité- con las diferencias entre este mecanismo entre animales y

humanos.

Y ahora que ya sabemos que es una disautonomía y que ese es el nombre que ha venido

a sustituir a la vieja “distonía neurovegetativa” ya estamos en condiciones de entender

mejor a un grupo de enfermedades encabezadas por la fibromialgia.

Será en el próximo post.

Bibliografia.-

 

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