¿Curan las palabras?


El psicoanálisis es el oro de la psicoterapia (S. Freud)

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Imagínese un campo de fútbol sin limites de banda o de fondo, un campo por así decir inconmensurable en el que existen -sin embargo- dos porteros con sus porterías, once jugadores por equipo y los árbitros correspondientes. Usted solo podría ver en un campo así,  y a través del apoyo de ciertas tecnologías lo que está pasando en un determinado “horizonte de sucesos”, según donde enfocara podría ver una escena de regate aquí, un remate de cabeza allí, un portero aburrido en una portería o una falta de algún defensa malintencionado, pero seria usted incapaz de contemplar todo el campo, no podría tener un esquema de toda la jugada y tan solo podría presenciar alguna escaramuza suelta de los jugadores, mientras que la mayor parte del tiempo lo pasaría contemplando solo césped, allí donde no hay nada, ni pasa nada.

Eso es la realidad. Y es por eso que la realidad no le interesa a nadie más que a la ciencia.

Sin embargo la ciencia para poder ver el campo más grande, para hacerse una idea  panorámica (imposible por definición, dado que el campo es inconmensurable) necesita reducir la escena a ese horizonte de sucesos que llamamos determinismo. Sólo haciendo la realidad más pequeña, fraccionándola o troceándola en múltiples enfoques podemos ver algo de lo que sucede en ese campo.

El resultado es que no podemos ver un partido tal y como estamos acostumbrados a hacerlo por TV, sino que solo vemos escenas. Escenas sin sentido.

Es por eso que alguien inventó las lineas de fondo, de meta y de banda. A alguien se le ocurrió acotar el terreno de juego.

E inventó el arte. Es decir inventó la narrativa o mejor aun: la ficción.

La mayor parte de ustedes creerán que la ficción es una mentira, pero se equivocan en parte, porque efectivamente hay ficciones destinadas al engaño pero no todas las ficciones tienen este fin. De hecho la etimología latina “fictio-nis” significa “creación”. La “fictio es por ejemplo el trabajo de un escultor, el de un músico o el de un novelista.

Cualquiera de nosotros es un arquitecto de ficciones. No e necesario tener dotes artísticas pues todos somos capaces de construir una narrativa sobre nosotros mismos más o menos compatible con la salud o el bienestar.

El problema es que no sabemos una palabra de qué cosa es la realidad (pues no podemos percibirla en su totalidad) y cuando hablamos de un hecho histórico aun menos, no podemos saber si lo que entendemos como realidad realmente sucedió o fue como nos lo contaron. Y estoy hablando de un campo de futbol que llamamos Historia.

Y sucede por algo importante: la realidad es inexplicable en términos de sentido.

Y nosotros lo que buscamos es sentido, no la verdad.

Uno va un día por la calle y le atropellan, otro amigo nos traiciona o nos abandona, los amores se disipan, nuestros familiares y nosotros mismos nos morimos. ¿Qué sentido tiene todo eso?

No hay nada más real que la muerte, todos moriremos, algunos ya están muertos aunque solo civilmente, otros emocionalmente, pero no lo saben y no lo saben porque la muerte no admite ningún trámite o excusa. Todos iremos a parar ahi, a esa lona donde caen los hombres knockeados víctimas del tiempo.

Para mi, esta contradicción tiene que ver con el significado que le damos a la palabra “realidad”. Muchas personas afirman hoy “que la realidad no existe sino que es un constructo de nuestros sentidos” de ahí a proclamar “que si piensas que estas bien, estas bien” o “si decides pensar en clave positiva el mundo se convertirá en algo positivo”, etc. Se trata de recetas de estilo new age que siendo como son falsas contienen algunas gotas de verdad.

Pues no hay que confundir la realidad, la verdad, el medio ambiente o el hábitat. Si usted va por la calle y sufre un atropello, este atropello es de verdad pero no procede de la realidad sin o del hábitat urbano en que usted se desenvuelve. Si un familiar se le muere, muchos le dirán que es ley de vida y es cierto: forma parte de nuestra realidad como humanos.

Pero no es a esta realidad/verdad a la que apelo sino a la otra , a la que construimos. Nosotros no somos sólo animales más o menos hacinados en la gran ciudad, de manera que no estamos solamente sometidos a ese hábitat que puede atropellarnos, sino que vivimos en una cultura.

Y una cultura no es ni hábitat, ni medio ambiente, es un constructo humano tejido por aposiciones, por acumulación de saberes, tradiciones, rituales, expectativas, etc, una especie de herencia lamarckiana que es el resumen de millones de años de evolución gradual . Es una base de datos acerca del mundo de la que echamos mano para comprender y representarnos esa realidad que carece tantas y tantas veces de sentido y que nuestro cerebro no puede procesar.

Pues la realidad solo puede ser representada.

haley

¿Qué papel juega la psicoterapia en devolver la salud a un enfermo?.-

Hay dos clases de enfermos, los enfermos de verdad y los que creen estar enfermos, es decir aquellos que han construido un relato de enfermedad y han llegado a identificarse con él. No voy a entrar ahora en las razones por las que algunas personas “deciden” creerse enfermos sino para declarar que a veces estar o sentirse enfermo es un relato. Es decir una ficción que acota la realidad y la hace entendible. Y hay dos clases de ficciones, unas se construyen para engañar u obtener beneficios de ella y otra que se construye de forma inconsciente, donde no se busca engañar u obtener ventajas sino simplemente no se ha encontrado un relato mejor acerca de lo vivido.

Aqui es donde la psicoterapia ofrece su mejor versión, pues psicoterapia es como decía Anna O (la paciente de Freud y Breuer) una logoterapia, una cura por la palabra.

En realidad las psicoterapias (más de 200 escuelas descritas por Jay Haley), no curan por la palabra sino por factores comunes (Frank 1961) a todas ellas, y ciertas condiciones inconscientes de la personalidad del terapeuta. Las psicoterapias tampoco curan a nadie (como hacen los antibióticos) sino que inducen estados mentales de cambio, es decir modificaciones del estado mental en el sentido de una modificación del nivel de conciencia. Si no hay modificación del nivel de conciencia podemos ajustar ciertas variables de personalidad pero no podemos hablar de cambio.

El paradigma de cambio ha venido a sustituir al paradigma de cura.

El paciente cambia y por eso mejora o no cambia y por eso no mejora en absoluto aunque puede (para agradarnos) construir una ficción de mejora.

Freud pensaba que la mejor forma para curarse era comprender las razones de la propia neurosis: de lo que se trataba en la cura original era de encontrar las razones (usualmente en la infancia) que constituyeron el embrión de la neurosis actual. Hoy sin dudar de esta afirmación la mayor parte de terapeutas ponen el énfasis en el aquí y ahora más que en el pasado. Sin embargo en ciertas neurosis establecer un vinculo entre lo que sucedió y lo que sucede puede ser una polea de enorme fuerza para el paciente que usualmente desconoce los enlaces entre lo que vició y sus dificultades actuales.

Los pacientes que vienen a terapia usualmente no están enfermos (aunque estén diagnosticados de algún trastorno mental) sino que viven un desacoplamiento entre su vida interna y su vida real. No han podido construir una ficción eficaz para moverse en esa realidad que es un campo de futbol sin limites.

Una psicoterapia es la oportunidad de construir otro relato.

Naturalmente la dificultad está en discriminar a los pacientes verdaderos que no se beneficiarán de un psicoterapia de aquellos que si lo harán.

El cliente ideal para una psicoterapia.-

El paciente ideal es un adulto joven, comprometido con la vida, que gana dinero y tiene una vida mas o menos exitosa pero en cualquier caso adaptada, que tiene ciertos gusto por lo psicológico, que viene por propia voluntad y quiere saber qué le pasa, quiere entender y quiere proveerse de nueva información. Hay en él una búsqueda de conocimiento, una búsqueda epistemológíca. Más allá de sus síntomas, si los tiene, no busca deshacerse de ellos sino saber por qué los tiene.

Se trata del perfil ideal, un individuo que no es del todo feliz pero que no está demasiado enfermo como para poner en juego -durante su tratamiento- todas las estrategias de sabotaje que ponen en marcha los individuos narcisistas, masoquistas o aquellos que han decidido no cambiar de relato.

¿Por qué algunas personas deciden seguir estando enfermos? ¿Por qué el cambio asusta?

Estar enfermo genera muchas prebendas y ventajas, no sólo sociales sino pretextos para hacer (sin responsabilidad) o no hacer cosas que se deberían de hacer y no se llevan a cabo. La mayor parte de los enfermos sufren porque quieren hacer algo al mismo tiempo que quisieran no llevarlo a cabo, notase que desear hacer algo y llevarlo a cabo son equivalentes en las personas normales pero no en aquellos que no han aprendido a  mentalizar.

Es decir, viven en un continuo antagonismo que procede del nivel de conciencia al que han podido llegar por sus propios medios. Así, aquellos que viven en este estado de prementalización que llamé (en el post anterior) “como sí”, “equivalencia psíquica” o “prementalización teleológíca” deben de sufrir las consecuencias de esa confusión entre el deseo y la realidad. El campo de fútbol no va a hacerse más pequeño solo con desearlo ni vamos a poder ver mejor las jugadas imaginando como son en otro lugar. Tampoco convertirnos en futbolistas nos hará mejorar la visión del campo.

Imagine que vive usted en el siguiente enredo de la equivalencia:

“Si me muestro como soy me rechazarán” luego entonces lo mejor es “quedarme en casa aislado”. Como puede verse en este ejemplo “quedarse aislado en casa” es el mejor remedio cuando el cerebro nos plantea el dilema de un modo incompleto, sin la suficiente definición por así decir.

Es por eso que algunas personas prefieren no salir de casa y seguir viendo el partido fragmentariamente creyendo que eso es la realidad.

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11 pensamientos en “¿Curan las palabras?

  1. Gracias, don Paco.
    Mire usted que venía de leerme algo que me escribí y decía “Poner en palabras el dolor, no lo hace menos ni más. Las palabras no tienen sentimientos en sí mismas. Son pura abstracción”, cuando de repente, a través de un enlace a este post de otro colega, leo su escrito sobre “otras palabras”.
    Agradable sincronicidad.
    Me ha gustado mucho la analogía realidad-ficción de su escrito. Y lo que más, el primer y tercer tercio de todo él.
    Mientras leía, imaginaba una pequeña parte (un regate) de una parte (area de portería) de uno (estadio inaprensible, inconmensurable), que objetivizada junto con un terapeuta, se desarrollaba a través de las palabras para hacer el gol perfecto (creación) en propia portería.
    Muy interesante.
    Un abrazo, tocayo.

  2. Pingback: ¿Curan las palabras? — neurociencia neurocultura – Sonrisas Lore

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