Poros y Penia: amor de transferencia


El deseo es el deseo del otro

Jacques Lacan

Poros se encontraba pletórico de facultades, sobrado como diriamos hoy y seguramente borracho aquel dia durante la boda de Afrodita a la que fue invitado por ser una de las divinidades del Olimpo. Poros era hijo -segun Platón- de Zeus y de Metis. Pero hay que decir algo de su madre Metis. Probablemente Metis era una deidad preolimpica, una deidad primigenia, sin culto y sin estatuas, sin representación, una deidad abstracta. Tan abstracta que Metis probablemente tiene alter egos diversos, como Tetis, una deidad marina conocida por haber sido madre de Aquiles.

Lo que interesa, sin embargo, más allá de su genealogía es que Metis fue tragada por Zeus dando asi a luz a un hijo en común: Poros. Este episodio que señala las tragaderas de Zeus se repite varias veces en la Teogonia. Al parecer los dioses varones siempre recelaron y envidiaron de las mujeres su poder genésico y las deidades femeninas siempre envidiaron de los hombres su poder. Esta parece ser una constante en toda la cosmogénesis clásica, hombres y mujeres, Zeus y Hera se pasan la vida discutiendo y sospechando que el otro tiene más poder, más placer o más autonomia, como ahora sucede entre los sexos pero proyectado en el cielo.

El asunto es que esta teoria del embarazo digestivo de Zeus es según el psicoanálisis una teoria primigenia del embarazo, efectivamente los niños pequeños -segun Freud- y casi seguro los pueblos primitivos que aun no habian alcanzado un saber acerca de la fertilización por parte de los hombres deberian pensar que el embarazo era un misterio, un misterio vinculado a lo femenino, seguramente el embarazo en un primer momento del desarrollo humano se atribuyó a algo que se comió o a la picadura de un insecto.

En el mito aparece pues el deseo de Zeus de ser padre sin mediación de la mujer, tal y como mucho tiempo después repitió dando a luz a Atenea –la reina de las hilanderas- después de un violento ataque de migraña. De su primera intentona con Metis nació pues Poros, un tipo pagado de si mismo, un Narciso bienhechor que representa la disponibilidad, el recurso, la posibilidad. Efectivamente Poros era un tipo lleno de recursos y poder, un factotum diriamos hoy, un conseguidor, esa persona con influencia a la que nos dirigimos para pedir un favor.

Sucedió que en la boda de Afrodita una mendiga llamó a la puerta muerta de hambre, venia a por las sobras de la comida, se llamaba Penia y después de conseguir entrar en el banquete y acceder a los alimentos que allí sobraban y de hartarse de comer y beber, se propuso seducir a Poros. No le fue dificil pues acudió a aquello a lo que Poros era mas sensible: la adulación. Poros y Penia se refugiaron en el jardín huyendo de las miradas del resto de los invitados y alli copularon una y otra vez.

De esa unión nació Eros: el amor que no debe confundirse con el deseo, hijo del recurso y la necesidad, del exceso y la pobreza. Eros es metafísicamente y metafóricamente aquello que une el hambre y las ganas de comer, el queso y el ratón, el botín y el pirata, el amante y al amado. Es por eso que Eros es un dios alado pues representa un salto, un viaje psicopómpico entre una subjetividad y su contraria.

Es interesante ver en este mito el nacimiento de una nueva subjetividad que va o se sitúa en un lugar que está más allá de la necesidad pura y dura de su madre y más acá de la vanidad de su padre. Se situa justo en medio inventando un registro nuevo: el deseo de la Falta en el otro pues solamente podemos amar o desear algo aquellos que estamos en Falta, amamos pues la falta del otro impulsados por la Falta en nosotros mismos: una falta-en-el-ser, una carencia de algo, no en el mismo sentido de Penia que se encuentra poseida por la necesidad material sino por algo que está más allá de esa necesidad, de algo metafisico, fundacional, que no depende del aprovisionamiento externo. Desde entonces los seres humanos una vez que hemos cubierto nuestras necesidades más perentorias desarrollamos deseos. Somos seres deseantes, erotizados, amorosos y sometidos a una falta que es estructural en nuestra personalidad.

Se simboliza asi, $ como una S barrada que nos divide entre sujetos y objetos.

Lo que entronca con una tradición griega muy interesante -la del Eromenos y el Erastés- y qué nos lleva a la siguiente pregunta ¿Quién ama en el amor? ¿A quien besamos cuando besamos?

Eso mismo se pregunta Magritte.

Los griegos no creian en la mutualidad amorosa y los psicoanalistas tampoco: ellos -los griegos-tenian una nomeclatura muy clara para discriminar al eromenos (el amado) del erastés (el amante) y aunque este termino fue adoptado por la tradición pederástica de aquella sociedad lo cierto es que es posible generalizar su uso con independencia del sexo que ocupe cada uno de los actores de la pareja. El eromenos suele ser más joven y displicente, es pasivo y por decirlo de alguna manera se deja querer, seducir, galantear, adular, regalar. Su compromiso con Eros es menor e instrumental, pues Eromenos cae del lado del objeto, es un sujeto objetalizado por el deseo del Erastés que suele ser mayor, adulto ya y en mejor posición social y que toma al Eromenos bien como discipulo, bien como confidente y casi siempre como amante. El Erastés se situa en el terreno del sujeto, sabe que tiene una falta y de él emerge el deseo mientras que Eromenos no sabe lo que tiene y se conforma con ser deseado.

Erastés está en Falta y Eromenos flota en el vacio. Falta y vacio desde entonces son distintas posiciones, distintos topos, de este dilema entre sujeto y objeto que atrapa al humano, uno del lado del objeto y otro del lado del sujeto.

Tenemos tambien una palabra gracias al mito de Poros, y es “aporía“.

Una aporía es algo que no puede ser, que no puede imaginarse, una especie de paradoja como la idea de “la nada”. Pero la acepción que nos interesa en este momento es la relativa al saber. Una aporía es un saber falso, algo que ha llegado hasta nosotros gracias a la mayéutica platónica.

Platón pone en “El Banquete”, en boca de Sócrates, una frase que resume esta tensión entre Poros y Penia, entre Eromenos y Erastés, entre sujeto y objeto. Y lo hace a proposito de un diálogo entre Alcibiades y Sócrates: en él puede percibirse como Alcibiades ambicioso de saber y celoso de Sócrates se propone llevarlo a un callejón sin salida a través de la mayéutica. Para ello dispone un plan de seducción y se propone como amante de Sócrates, a lo que éste responde:

– Tu quieres cambiar el oro de tu saber por el cobre de mi ignorancia.

Dicho de otra manera Alcibiades pretende situarse como Erastés ubicando a Sócrates como Eromenos, se trata de la tópica de la Falta, de la lógica de la suspensión del vacío. Alcibiades atribuye a Socrates todo el saber y pretende apropiarse de él, Socrates le dice la verdad: “que el saber está en él”, pero probablemente no lo sabe aún. Renunciando a esa ubicación Socrates le da a Alcibiades una suprema lección moral, ética y metafisica, también psicológica.

Una lección que cualquier psicólogo actual debiera saber.

Se llama transferencia, amor de transferencia y en ella el terapeuta jamás debe quedar objetalizado, jamás debe quedar a merced del deseo del otro, jamás debe llenar la falta del otro, porque en realidad al otro -aunque no lo crea- no le falta nada. Pues todo lo que necesita está en su interior, en su saberse a sí mismo.

Es el secreto que hay dentro del secreto.

Para desvelarlo sólo hace falta situarse en un lugar apórico.

La transferencia no debe ser confundida con la alianza terapéutica: ese contrato que dos adultos firman para llegar a un fin terapeutico entre médico y paciente por ejemplo. Transferencia no es el cariño entre dos hermanos, o la simpatía entre dos amigos, ni es el amor de pareja aunque probablemente la mayor parte de los desencuentros amorosos procedan de la transferencia, otros de la realidad. Transferencia es aquello que procede de otro tiempo o lugar y que como su nombre indica se reactualiza (transfiere) a otro objeto del aqui y ahora siempre que ese objeto se caracterize por la neutralidad, la no participación emocional y la escucha activa. La transferencia es motor y al mismo obstáculo terapéutico en el psicoanálisis donde la cura siempre ha de pasar por encima de la transferencia.

La transferencia casi siempre se contempla en términos de sentimientos antiguos reeditados por el tratamiento pero este punto de vista es superficial: en realidad la transferencia es un lugar, una posición, lo que se reactualiza es la posición que el sujeto adoptó con sus figuras de dependencia infantil, es decir su relación con el saber del otro.

La transferencia es una metáfora del amor, un simulacro, una ficción y enseguida aclararé que ficción no es lo opuesto de mentira. Lo transferencial es verdadero pero no es actual, es la repetición de un recuerdo, de una secuencia de hechos que pertenecen al pasado, más una tópica que un evento. Representa la actividad intrinseca del cerebro despojado de objetividad y de objetalidad, el terapeuta en este sentido no es un sujeto ni un objeto sino sólo un espejo en el que el paciente proyecta su necesidad de saber y le atribuye a este sujeto al que ni siquiera conoce un saber, si ubica al terapeuta en este lugar de sujeto-supuesto-saber. Aunque caben otras estrategias que sólo nombraré de pasada:

  • Negarle todo saber al terapeuta como hacen algunos psicóticos o personalidades narcisistas.
  • Ponerse en el lugar de desvelar la falsedad del saber del terapeuta, como hacen los obsesivos, los paranoides y algunas histéricas.
  • La indiferencia frente a cualquier tipo de saber que no esté incluido en el goce propio y actual, como hacen los perversos o los psicópatas.
  • Y atribuirle al terapeuta un saber omnipotente que es lo que hacen el resto de neuróticos, un saber pórico, o mejor el lugar de Poros.

Esto es al menos la teoria psicoanalítica clásica.

Para profundizar en este tema os propongo leer este articulo

Y es necesario leer el Banquete de Platón, lo más profundo que jamás se ha escrito sobre el amor.

El Banquete segun Lacan

Sobre el amor de transferencia

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19 pensamientos en “Poros y Penia: amor de transferencia

  1. Sì, una ficciòn necesaria , se podrìa decir, y que actua, en muchs casos, como facilitadora para acceder al amor

  2. María Inés: aprovecho, con el permiso del autor de esto, para agradecerte tu visita+comment. Y para añadir de paso que por fín, hace muy poco, he comprendido que el eromenos puede ser mañana el erastés y viceversa. Un gran insight 🙂
    Supongo que de facilitadores para el amor hay varios, yo los llamo catalizadores, Eros por ejemplo -según dice Paco en algún otro sitio- es un psicopompo y según otros es el mismo mito quien actúa de puente entre lo humano y lo divino, entre el cazador y el recolector. Agh, cuánta memoria llevamos de bagaje en todo, cuánto caleidoscopio, cuanta mezcla embriagadora.

  3. Oh, Ana, Oh, Paco, cuanta sabidurìa demostràis, cuànta sutil alusiòn a dioses , alelos, psicopompos, memes. Y yo aquì, a solas con mi ignorancia, sin saber de què lado estoy, si lo que me roza es el eromenos, o me està toqueteando el erastès.

  4. Jajajaaaa! Qué linda, María Inés. Paco sí, pero por mi parte de sabiduría nada de nada, yo cada vez sé menos de todo, sólo que en la vida la paciencia tiene sus frutos. No hay lados, María Inés, los erastés y los eromena van y vienen y se nos acomodan como ellos quieren.
    Un abrazo fuerte y cariñoso que viaje por el Atlántico a la velocidad de la luz ahora mismo, ¡zassss!

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  7. ESTUVE EN TRATAMIENTO CON UN PSICOLOGO, QUE DESDE EL PRIMER DÍA ME ATRAJO FÍSICAMENTE, A MEDIDA QUE PASABAN LAS TERAPIAS, LO FUÍ ADMIRANDO, Y DE REPENTE ME SENTÍ ENAMORADA, EL PROBLEMA ESTOY CASADA TENGO HIJOS Y SIENTO QUE AMO A MI ESPOSO, ME RETIRÉ DE INMEDIATO DE LAS CONSULTAS, PERO EL PSICÓLOGO HA RONDADO POR MI CASA CONFUNDIENDOME MÁS. A VECES CREO QUE YO TENGO UN AMOR DE TRANSFERENCIA Y ÉL UNA CONTRANSFERENCIA, POR EL BIEN DE LOS DOS DECIDIMOS HACEE QUE NO NOS CONOCIMOS, PERO ES DIFICIL PORQUE VIVIMOS MUY CERCA Y ES DIFICIL QUE LA CASUALIDAD NOS UNA. USTEDES QUE PIENSAN EXPERTOS.

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  10. Me ha encantado este post, sobre todo por que no tengo conocimientos tan profundos sobre el genero humano; mis conocimientos proceden de la observación y de lo que destilo de las diferentes lecturas que voy seleccionando; la filosofía clásica me gusta, considero que es fundamental conocerla para entender a pensadores más contemporaneos, si bien es verdad que incluso los presocráticos son atemporales, lo cual me parecen más fascinantes todavía dandome la impresión de que vamos modificando nuestro entorno pero los problemas que derivan de la conducta del hombre son los mismos ya que nacen de la peor enfermedad del alma, la ignorancia. (Socrátes).
    Platón nos alerto sobre el peligro que supone dar rienda suelta a nuestra alma concupiscente, por tanto: solo un maestro sabe como administrar sus conocimientos correctamente y no debe, ni puede aprovecharse de un alumno y, de su vulnerabilidad ya que el amor surge de la admiración.

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  13. Él es el objeto de mi deseo
    ¿Cuál es mi deseo?
    La verdad.

    Hay algo en el otro que yo no tengo

    ¿Qué no tengo?
    Aceptación

    Cuando yo acepte que lo nuestro nunca podrá ser
    Entonces seré libre

    Ahí la disyuntiva
    La ilusión absurda destinada a morir
    O la verdad.

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