Trastornos del deseo estético (III)


Recordaré a mis lectores que estamos hablando de los CTE que se encuentran en el tercer cuadrante, entre los extremos del colectivismo o gregarismo que habíamos identificado con la sobresocialización y el otro extremo que definimos como altruismo.

En realidad el altruismo es una condición de orientación socializante que tiene mucho que ver con la teoría de la mente (ToM) y con la empatía y a veces con la generosidad.

La empatía es un sentimiento mediante el cual somos capaces de inferir (como hacemos con la ToM) e identificar-nos con los estados mentales de los demás y a hacerlo desde dentro, es decir desde las entrañas, es por eso que empatizar con alguien es llegar a sentir lo mismo que ese alguien, lo cual es bastante utópico si se plantea de forma radical, hemos de tomarlo pues como algo aproximativo. Cuando nos sentimos tristes por alguien que ha perdido a un familiar y le acompañamos en su dolor en un funeral, se sobreentiende que no sentimos lo mismo ni con la misma intensidad que él, pero podemos entender como se siente porque nosotros hemos pasado o pasaremos por la misma situación. Es pues un sentimiento «como si».

No cabe duda de que entre nosotros, la empatía es un sentimiento muy valorado y que se encuentra relacionada con aspectos éticos, emocionales pero sobre todo sociales de nuestro comportamiento. Solemos pensar que la falta de empatía es propia de los psicópatas o degenerados y solemos creer que el mundo necesita de una mayor empatía para neutralizar el sufrimiento de muchas personas abandonadas a su suerte , bien por las guerras, bien por la pobreza o bien por otras causas. Tampoco cabe ninguna duda de que hay personas que nos dan  testimonio práctico de su empatía cuando militan en organizaciones dedicadas a salvar náufragos del mar y traerlos a nuestras costas, llevar medicinas o comida allí donde se necesita u organizar esos campamentos donde se hacinan miles de refugiados. ¿Hay alguien que pueda estar en contra de estos actos de solidaridad?

La verdad es que pocos de nosotros encontraremos razones para estar en contra de estas actividades casi siempre calificadas de heroicas o al menos humanísticas. Lo cierto -sin embargo- es que la mayor parte de nosotros no lo hacemos. ¿Es por qué somos egoístas o porque nos falta empatía?

La verdad del asunto es que tal y como dice Bloom, al mundo no le falta empatía sino que le sobra. La mayor parte de estos filántropos son hiper-empáticos (descarto a aquellos profesionales que cobran por su actividad), no cabe duda de que -aparentemente, al menos- son mucho más morales que el termino medio de los europeos. Y lo cierto es que la empatía contiene ciertas sombras que conviene aclarar.

En realidad la empatía es un sentimiento al que le podemos seguir una pista evolutiva: emergió para comprender mejor las necesidades de los nuestros , es por así decir un sentimiento nepotista y etnocéntrico. El caso más radical de empatía es la madre puerpera. Ella sabe, conoce o intuye las necesidades de su bebé que no puede verbalizar lo que quiere y solo puede expresarse con el llanto. basta contemplar a una madre en interacción con su bebé para aceptar axiomáticamente que existe algo innato en ese reconocimiento. Los padres también son capaces de empatía pero a un menor nivel que las madres y por supuesto todos somos capaces de sentir empatía por los miembros de nuestra familia y mucho menos o nada por los extraños.

La neurociencia -en su afán reduccionista- y a partir de ciertos estudios en animales ha identificado a la empatía con una hormona: la oxitocina. Son muy interesantes en este sentido los hallazgos de Carsten de Dreu que vino a demostrar en humanos que la oxitocina no solamente es una hormona del apego sino de ciertas formas de apego: favorece el apego entre los «nuestros» pero nada en el apego a los otros. Lo que demuestra que es una hormona afiliativa pero etnocéntrica, pues evolucionó para defender nuestro territorio y nuestra familia frente a las amenazas externas.

De manera que las muestras de empatía «mundocéntrica» o globalista son en realidad sospechosas. No es posible pensar en una empatía que alcance a todos los seres humanos. Estamos diseñados para vivir en entornos de unos pocos individuos relacionados entre si por vínculos de familiaridad y nuestra empatía evolucionó para favorecer a estos individuos y no a otros.

Un testimonio muy interesante es el de Rebeca Sommers del que escribí aqui.

Lo que dice Paul Bloom sobre la cara oculta de la empatía es:

La empatía, además, está sesgada y suele limitarse además a nuestro grupo. Es más fácil que ayudemos a gente guapa o de nuestra etnia o país. La empatía es estrecha, dice Bloom. Lo tenemos muy difícil para que un seguidor del Betis empatice con la suerte de los del Sevilla. En el plano político el problema tampoco es de falta de empatía sino de que la izquierda empatiza más con unos y la derecha con otros. Por ejemplo, los liberales USA están en contra de las armas y empatizan con las víctimas de la violencia por armas. Los conservadores empatizan con las víctimas desarmadas de un crimen que se quedaron indefensas frente a la crueldad de otros. Por lo tanto, si aumentáramos la empatía en el mundo no creas que tus oponentes ideológicos pensarían como tú.

Bloom aplica el mismo argumento al calentamiento global. Nuestro cerebro no está diseñado para enfrentarse al calentamiento global porque nos fijamos en el corto plazo y en lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos, y el cambio climático es casi imperceptible a simple vista y va a afectar a personas en el futuro que no conocemos, o que ni siquiera existen. Nos preocupamos de individuos específicos en el presente y no nos afectan crisis que pueden dañar a gran cantidad de personas en el futuro.”

Lo que propone Bloom es un camino que vaya más allá de la empatía, un camino de compasión racional, post-kantiana. Para Bloom la empatía es mala porque funciona como un reflector que se enfoca en algunas personas pero no en otras. Por ejemplo en la guerra de Siria hemos visto imágenes de niños muertos en aguas del Egeo que fueron difundidas hasta la saciedad por los medios dejando muy clara la intención de manipular los sentimientos de los que vieran las imágenes. Esto nos hace insensibles a las consecuencias a largo plazo de nuestros actos y nos ciega frente al sufrimiento de aquellos con los que no empatizamos o no podemos hacerlo. Es por eso parcial, es miope porque nos obliga a hacer cosas que parecen ser buenas a corto plazo pero que convocan grandes malestares en el futuro. Efectivamente los hiperempáticos no se plantean qué hacer una vez se han salvado a las víctimas. ¿Es que creen que traerles a tierra firme y dejarlos vagar por la geografía europea sin documentación o recursos es una buena solución?¿O mantenerles en campos de concentración?

La empatía puede crear violencia: la mayor parte de crímenes tienen un componente moral como ya vimos en otros lugares. Y sobre todo es corrosiva, agota el espíritu y como se ha evidenciado en el caso de Rebeca Sommers agota el espíritu y las fuerzas del empático e incluso se ha hablado de un síndrome de desgaste por compasión..

Patologías hiperempáticas.-

La hiperempatía también se ha estudiado en entornos clínicos y se ha identificado como un síntoma de algunos de ellos, por ejemplo en el trastorno border-line o trastorno limite de la personalidad.

En realidad este tipo de personas capaces de intuir o «adivinar» las necesidades de los demás no son capaces de sentir sus propias necesidades. Comprenden a los demás  pero no se comprenden a si mismos.

Además hay otra cuestión adyacente y sigamos imaginando: estas personas hiperempáticas además de serlo tienen un déficit adyacente: no saben leer sus propias emociones, al vivir inmersos en el océano de las ajenas. Lo que en la comprensión de los demás se revelaría como una ventaja -suponiendo un mayor número de aciertos-, el analfabetismo emocional con respecto a sí mismo sería una desventaja y quedaría subordinado a las ajenas a fin de regular su propio estado de ánimo. Además estas personas serian incapaces de construir una narrativa coherente sobre sí mismos dado que sus inputs emocionales procederían siempre de los demás pero no de sí mismos. Estas personas tendrían también un grave déficit de su identidad.

Simplemente no saben quienes son o qué o cómo son. En otro lugar le hemos llamado a este fenómeno difusión de la identidad. Puesto que la identidad es:

Ese sentido de continuidad en la experiencia de nosotros mismos, una continuidad histórica, generacional, nacional, que incluye valores, creencias y un sentido de pertenencia a algo supraindividual, a algo que está más allá de nosotros mismos trascendente o banal pero que en cualquier caso es una experiencia compleja que incluye a la memoria, a la autoimagen, a la vivencia del tiempo y a las emociones y valores, sobre todo a esa difícil síntesis entre el apego y a la autonomía personal.

El trastorno border-line no es una patología unívoca sino un síndrome transclínico que nos podemos encontrar en todos y cada uno de los cuadrantes o estructuras anteriormente descritos. Hay TLPs con predominio de lo afectivo, otros con predominio de lo moral o lo a-moral (lo perverso) y otros con predominio de la hiper-empatía y que en cualquier caso está señalando frente al extremo de la hipersocialización. Un paciente afecto de TLP es sobre todo un paciente que ha sido sobresocializado es decir, sometido a una experiencia -no necesariamente a partir de su propia experiencia familiar- de ruptura de su psiquismo. Una ruptura que procede del hecho de que el único fundamento para un ser humano actual es su propio deseo o necesidad, es por eso que:

En sus grados más avanzados el individuo sobresocializado se convierte en su propio policía del pensamiento, siempre atento para censurar sus propios pensamientos y emociones. Un ser que ha internalizado hasta tal punto la auto-vigilancia, la autodisciplina, la culpabilidad y el masoquismo que ha hecho un hábito de la demolición de su propio psíquismo. No es descartable pues que, de forma análoga a la indefensión aprendida, la sobresocialización sea un síndrome socialmente inducido.

Es cierto que esto era posible antes y se encontraban estas características en ciertos individuos que padecían de una personalidad débil, normalmente debido a una historia personal problemática o traumática que no les permitía el desarrollo completo de su individualidad. Lo que llama atención es su actual generalización en la sociedad: el ciudadano de personalidad débil o infantiloide ya no es la excepción sino la regla.

La anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa participan también de algunos elementos de este cuadrante (hiperempatía y sobresocialización) que veremos en el post siguiente.

Bibliografia.-

La oxitocina promueve el etnocentrismo.

Una entrevista a Carsten de Dreu

 

1 comentario en “Trastornos del deseo estético (III)

  1. La vida es un continuo movimiento creciente de complejidad, lo que se traduce en que siempre vamos un paso atrás. Es obvio que el sentido ultimo que nos mueve ha actualizarnos es la necesidad de orden. La necesidad es la regla del juego sine qua non, lo que nos introduce de lleno en nuevas complejidades creativas para sostener estos nuevos equilibrios dinámicos. Si no se observa esta regla, ninguna observación vale un carallo. El Ser es y, a su humanidad le precede una voluntad innata de orden, el cual además vive en un medio de ideas objetivas y subjetivas, lo que expande a la «Necesidad» a campos mas abiertos que un entorno natural. Los humanos por tanto sólo aprehenden siendo determinados por esta clausula contractual. No es posible por tanto recular en ningún caso a soluciones pasadas para problemas nuevos mas complejos. Suponiendo que este generalizado el infantilismo en nuestra sociedad, lo que apunta directamente a la familia y la escuela como responsables primarios, apoyados secundariamente a través de los medios e instituciones , seguimos y seguiremos moviéndonos por el cuadrante, que no es un fin en si mismo, si no el campo de batalla de la necesidad de orden, siendo sea la razón objetiva de la ley o el idealismo subjetivo de una sociedad empática, meros actores intercambiables que se apoyan mutuamente. No son ninguno la verdad aunque sean fiscales enfrentados, por que ellos mismos son producto de la necesidad, pero permite investigar toda una ilimitada panoplia de combinaciones sin posibilidad alguna de trascender el cuadrante, sin desmerecer por supuesto el excelente trabajo de su presentación como un medio para conocernos.

    !Gracias profesor el encierro es menos encierro.

    Esto va de belleza, de amor a esa belleza robada que dota de una empatía genuina, que no esta implícita como parte del guion que muestra el cuadrante y sus terribles a veces implicaciones compensadas por maravillosas experiencias. Esto va de que la tragicomedia humana es una obra de arte inmensa; una representación onírica que finaliza como todo sueño con su disolución mortal. Esto si va de algo es de lucidez a esta gratuita belleza dada, sin este despertar solo seremos frágiles sombras con la esperanza de morir abrazados a una mano amiga, que no es tan amiga ni la de la mas cercana, en tanto se mueve entre el individualismo, el egoísmo, el gregarismo y el altruismo. La Belleza enredada en la necesidades básicas no es incompatible, pero la persona que es un saco de necesidades superfluas es lo que en mi opinión es un ciudadano infantilizado con una variable debilidad mental por muy ciencias que sea, al que le han robado la belleza y, eso si que esta generalizado, no se salva ni Kant.

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