El lado oscuro de la oxitocina


Suele decirse que la oxitocina es la hormona del amor, de la afiliación, de la fidelidad y de la sociabilidad pero la oxitocina tiene un lado oscuro. En realidad conocemos muy poco de los genes implicados en la conducta social, lo que sabemos es que pertenecemos a una especie social y que la cooperación y la rivalidad son dos de los rasgos paradójicos más importantes de nuestro linaje.

Quizá por ese desconocimiento de los genes implicados en nuestro cerebro social, los medios de comunicación se han empeñado en poner el énfasis en la oxitocina. Pero la oxitocina tiene su cara y su cruz como el lector podrá comprender enseguida.

La oxitocina es una hormona que tiene dos efectos bastante distintos en su efecto sobre el cerebro y el resto del cuerpo. En el cuerpo  se dedica a promover los cambios uterinos (contracciones) en el parto, probablemente también en el orgasmo y en la lactancia promoviendo el apego de la madre hacia su bebé. También tiene efectos en el hombre pero estos efectos son mucho más sutiles debido a que en el hombre sus efectos son cerebrales y no corpóreos.

La oxitocina es una especie de hormona opuesta a la testosterona de modo que asegura que el padre de un niño recién nacido no se dedicará a merodear por ahí cuando su mujer se ponga de parto e incluso se ha hablado de una especie de “sindrome de la couvade”, un remedo masculino de las actitudes maternas durante el embarazo y puerperio..

La oxitocina, sin embargo, a ese nivel de sutileza tiene su parte oscura. Se trata de una hormona de afiliación, si pero con lo propio. Fortalece los vínculos con el grupo o los parientes pero debilita los vínculos con los grupos extraños o ajenos. Es por eso que Carsten de Dreu ha hablado de que la oxitocina en realidad es una hormona que favorece el nepotismo por un lado y el etnocentrismo por otro.

En un experimento ya bastante conocido de Dreu exploró los sentimientos morales basados en ciertos test como el del tranvía o del puente. Se trata del famoso experimento de Joshua Greene:

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvia arrojando sobre los railes de la via a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la via.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

La novedad de de Dreu es que llevó a cabo este experimento antes y después de darles a esnifar oxitocina a los probandos.

Además introdujo otra novedad: asignó nombres a las víctimas. dado que de Dreu es holandés y como todo el mundo sabe los holandeses odian a los alemanes y a los árabes. Puso un nombre alemán al tipo del puente. Y más tarde un nombre árabe, Mohamed.

¿Que creen ustedes que pasó?

Pues lo que sucedió fue que antes de esnifar la oxitocina los probandos respondieron más o menos como se esperaba al margen de los nombres, pero sometidos a la oxitocina intranasal, la mayoría estaban dispuestos a sacrificar a un individuo extraño o foráneo para salvar a los compatriotas que por supuesto eran holandeses.

Pero no es que la oxitocina promocione la xenofobia o el prejuicio interacial sino que lo que promueve es la defensa del grupo propio. Así la oxitocina puede convertir al promiscuo en monógamo y al manso en defensor de su grupo.

Lo que hace la oxitocina es promover los vínculos de cooperación entre el individuo y su entorno conocido: sus parientes, amigos y conocidos. Dicho de otra manera el etnocentrismo.

Claro que no hay que fiarlo todo a la oxitocina por dos razones: la primera es que no conocemos qué otros genes están implicados en la sociabilidad. La segunda es que la sociabilidad no es sólo genética. Lo genético es solo un impulso, un empujoncito, una tendencia, el resto es aprendizaje social, es decir hacer lo que hacen nuestros vecinos, copiar aquello en lo que creen, compartir con ellos valores e ideas y esto a pesar de que pueda parecer social es también un rasgo heredable y por tanto genético.

Bibliografia.-

La oxitocina promueve el etnocentrismo.

Una entrevista a Carsten de Dreu

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19 pensamientos en “El lado oscuro de la oxitocina

  1. Siempre me ha parecido que la diferente respuesta entre el primero y el segundo supuesto no obedece tanto a que el primero sea impersonal y el segundo no, sino a que en el segundo lo que realmente no parece aceptable moralmente es que tires a un tercero cuando te podrías tirar tu.

  2. ___El experimento es muy interesante… y muy tramposo a su vez… je je. Sin embargo creo que se está haciendo incapié en algo distorsionado pues: “la conducta humana no obedece sólo a patrones químicos que puedan circular por el cerebro. En el Ser Humano, existe un , y que no obedece a los impulsos que pudiera otorgarle la oxitoxina”. Si las decisiones humanas fueran tomadas en base a químicos… entonces ya habrían descubierto “la droga de la felicidad y la cooperación”. Un abrazo a todos.

    • Hombre no concordar en nada es bastante dificil, tal y como digo en el post, “no hay que fiarlo todo a la oxitocina”,puesto que existen seguro alelos desconocidos que están implicados en la sociabilidad y tambien los aprendizajes sociales. Pero de ahi a decir que el experimento es tramposo…..se trata de un experimento mental, un clasico de la toma de decisiones. Yo no veo la trampa donde está.

      • ___Hola Paco… ¿Cómo estás?…
        ___Lo que yo veo en el ejemplo, es que se obtiene una conclusión en base a una clásica toma de decisiones, que a su vez, está muy condicionada “para cometer un error”, es decir, no existe otra posibilidad que equilibre esa toma de decisiones, que contemple al menos a otros posibles escenarios.
        ___Yo me lo estuve preguntando…y mi respuesta sería, bien detener al maquinista, o bien enviar al tren hacia una vía libre sin accidentes.
        ___Creo que está “dirigida y/o condicionada” para que el que responde asuma obligadamente una decisión torpe. (Algo así como tener en una vía a tu padre, y en la otra a tu madre, y que elijas por dónde pasará el tren. Ergo… no tiene sentido).
        ___Como tú bien dices… “es un experimento mental”…. bien… entonces no veo porqué no contemplar otras opciones.
        ___Un abrazo para tí amigo.

      • Hola: los experimentos mentales siempre nos parecen forzados y pocas veces caemos en la cuenta de que en nuestra vida diario tomamos elecciones entre lo malo y lo peor. Lo que sucede es que nos resistimos a examinar nuestra conciencia moral porque nos pone en un aprieto. Abrazos.

  3. No hay que dramatizar este experimento. El altruismo humano, al tener como origen el comportamiento humano, es lógico que incluya los comportamientos típicos del hombre prehistórico, que para eso es la base genética de donde surge todo nuestro comportamiento.

    Lo importante es que estas tendencias nepotistas y etnocentristas pueden ser refinadas culturalmente. Por ejemplo, en el tema de los apellidos, el holandés tira al de nombre musulmán o alemán, muy bien (y muy mal), pero hace cien años tal vez hubiera tirado también al de apellido judío o francés. Los nacionalismos y cualquier otra tendencia grupalista van siendo desgastados por el uso cultural. Si el experimento se hubiera hecho en Estados Unidos, ¿a quién hubieran tirado? Hace cien años, no hay ninguna duda de que a cualquiera que no tuviera apellido inglés u holandés. Hoy el resultado habría sido otro. En Estados Unidos, el voto es secreto, y han votado como presidente a un negro (hace cincuenta años votaron a un católico, que por entonces era más o menos como un negro ahora).

    Está bien (más que bien) estar al tanto de todo esto, pero si la intención es pretender que no existe base instintual para el altruismo y la empatía solo acertarán con el público menos inteligente.

    • ___Me agrada tu respuesta Francisco Martín, sólo agrego que el altruísmo no es solamente una cuestión de comportamiento humano conductual y/o instintivo. A mi entender, tal cosa, tiene más elementos “pensantes”, es decir, que provienen del “Sujeto que Piensa” y no tanto de los genes.
      ___Un abrazo.

  4. A decir verdad, a Neurona calva le haría bien un par de textos sobre causalidad no lineal (me refiero aquí a la teoría del caos y a la teoría sobre holones). Ya que (no sé si seré el único que lo atisbe) tengo la impresión de que tiene una idea muy rígida de lo que es «determinismo» y de lo que hablamos cuando hablamos de “ésto es determinante para explicar ésto otro”.

  5. Pingback: El lado oscuro de la oxitocina | neurociencia neurocultura | tu angel humano informativo

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