Acaparadores


Suspender, conservar, elevar (la dialéctica de la vida según Hegel)

diogenes

El “trastorno por acaparación” ya tiene, desde el DSM-V, entidad propia. Hasta ahora estaba considerado como un subtipo de TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) pero los ponentes de la APA han decidido que ya existe suficiente evidencia de que el citado trastorno existe y es independiente del TOC clásico.

Lo cierto es que no todos los obsesivo-compulsivos son acaparadores y -como veremos más tarde- no todos los acaparadores son obsesivos. Acaparar es una trastorno que induce una conducta de acumulación, usualmente de objetos en forma excesiva acompañado además de una incapacidad para deshacerse de ellos. Un apego excesivo a objetos materiales acompañado de una angustia a que otros los toquen o manipulen y una conducta francamente evitativa con respecto al hecho de desprenderse de ellos. Los objetos son tratados como si tuvieran un valor que no tienen objetivamente.

Como puede observarse de la definición anterior todos podríamos ser descritos como acaparadores. No cabe duda de que cada uno de nosotros desarrolla un apego excesivo frente a objetos, fotografías, libros u otros cachivaches. De ahí la dificultad para una definición objetiva que queda como casi siempre sucede en Psiquiatría oculta detrás del adjetivo “exagerado”, “inadaptativo”, etc.

Nuestra tendencia a acaparar puede verse en una cierta escala analógica, en un extremo estarían los coleccionistas, esas personas que disfrutan viendo sus colecciones de sellos (filatelia), monedas (numismática), libros (bibliofilia), dinero, música en distintos soportes o distintas posesiones de carácter subjetivo. Pero esta conducta no se considera patológica y suele acompañarse de un cierto placer por las cosas que se poseen. En el centro de esa escala ya podríamos encontrar personas que compran artículos que posteriormente no desembalan, que llenan pasillos o cuartos de baño, es decir “acaparadores compulsivos” propiamente dichos. El desorden de sus viviendas suele estar acompañado de racionalizaciones sobre los valiosos de estos artículos que muchas veces son porcelana, muñecos, maquinas, etc. Es interesante señalar que los pacientes que sufren este desorden gastan mucho dinero en suscribirse a colecciones que siguen recibiendo a veces después de morir. Incluso es interesante señalar que estas personas si viven solas pueden sufrir lesiones derivadas de avalanchas de objetos e incluso incendios si guardan material inflamable como son los periódicos o los libros.

Aun así, lo que distingue al trastorno por acaparación del síndrome de Diógenes, -en el extremo más severo de la escala-, es que los objetos acumulados si bien en exceso son de algún modo útiles, aunque muchas veces esa utilidad se vea emborronada por el desorden.

acaparamiento_de_animales

Existen además otros cuadros de acaparación emparentados con esta manía compulsiva. Me refiero al llamado “sindrome de Noe”. Se trata de personas que comparten su vivienda con multitud de gatos o perros (usualmente) que el paciente rescata de la indigencia o compra y que a veces es necesaria la intervención de la policía o los servicios municipales a causa del mal olor de las viviendas o las dificultades higiénicas de mantener esas viviendas de una forma practicable. Naturalmente los animales en esas condiciones no tienen tampoco demasiado buenos cuidados y es frecuente que incluso algunos de ellos mueran. Es bien sabido el efecto que causa el hacinamiento o el confinamiento en los animales y en nosotros en espacios reducidos. En mi vida profesional incluso conocí un caso donde la paciente -que presentaba un síndrome esquizoafectivo- y que vivía sola metía en el frigorífico los cadáveres de los perros que iban muriendo debido a la inanición o a distintas enfermedades no tratadas.

De donde se deduce que no existe una patología unívoca que explique estos fenómenos de acaparación. En su forma más grave se encuentra el síndrome de Diogenes.

El sindrome de Diogenes.-

Se trata de la forma extrema de esta conducta de acaparación. Si bien llamábamos acaparación a una forma de coleccionismo compulsivo de objetos que tomados de uno en uno son razonables, el síndrome de Diogenes se caracteriza por la acumulación de objetos inservibles, basuras, excrementos y desperidicios de la mas variada índole.

Lo cierto es que no se de donde procede este nombre de “Diógenes” para nombrar a este síndrome pues lo cierto es que Diógenes no tenia ninguna voluntad de acaparación, vivia con cuatro o cinco objeto personales y no deseaba tener nada propio. Quizá -y aunque sabemos poco de su vida- se debe a que Diogenes no cultivaba demasiada higiene para consigo mismo y era capaz de defecar, orinar o masturbarse en público, haciendo de esta manera pública indiferencia por las recomendaciones sociales. Diogenes era un “epatante” y lo que le gustaba al parecer era escandalizar a sus conciudadanos. Una escuela filosófica que llamamos cinismo. 

El síndrome de Diogenes aparece mayormente en demencias, esquizofrenias y personalidades esquizotipicas, así como en obsesivo-compulsivos, del mismo modo también hemos visto casos en personas aparentemente normales. Lo que caracteriza a este tipo de pacientes es la soledad.

La dificultad para desprenderse de lo viejo es una característica de los depresivos y muchos acaparadores no son depresivos pero si obsesivo-compulsivos. Es como si los objetos de apego estuvieran sustituyendo otro tipo de apegos que no se pudieron elaborar con los cuidadores de la infancia. Se ha descrito el apego inseguro como un antecedente común para varios subtipos de acaparadores, pero a mi la explicación que mas me gusta es la que procede de la dialéctica hegeliana.

Para Hegel dialéctica es el movimiento mediante el cual la vida se abre paso a través de las contradicciones: todo conocimiento contiene el germen de la contradicción, lo que se nos oculta son las transiciones , el cómo resolvemos esta tensión entre contrarios.

Hegel adelanta en su Lógica que este proceso de superación de los contrarios tiene tres tiempos, tres fases que están contenidas misteriosamente en el verbo aufhebenSuspender, conservar y elevar. Vamos a verlos más de cerca.

Necesitamos suspender (dejar de hacer o empeñarse en) aquello viejo, obsoleto que ya no nos sirve y sustituirlo por algo nuevo. Pero lo viejo no se destruye, se conserva de una u otra forma. La transición de lo nuevo a lo viejo se realiza para encontrar un nivel de definición nuevo que pueda abarcar lo que se suspendió y lo que se conservó (lo suspendido), algo así es el metabolismo alimentario: unas cosas se aprovechan, otras se guardan y otras se desechan.

Piense en este dilema muy frecuente en la vida de todos nosotros: una mudanza. Usted compra un piso nuevo porque puede permitírselo económicamente, porque su familia se ha ampliado o simplemente porque ha cambiado de ciudad. La mudanza, es una traslación emocional que puede contemplarse desde el punto de vista dialéctico. Lo viejo es abandonado o vendido (pero no destruido o aniquilado), lo viejo dejará huellas emocionales en su memoria y usted podrá conservarlo o no dependiendo de sus recuerdos. Pero usted se ha mudado para vivir mejor (u obligado por las circunstancias en caso de ser un menor), para mejorar aun sabiendo que quizá echará de menos a sus vecinos. Esta es la evaluación que solemos hacer cuando nos mudamos de domicilio, estamos felices porque ese cambio de vida nos eleva hacia un lugar supuestamente más feliz, cómodo o amplio que el anterior, pero no somos demasiado conscientes de ciertas operaciones que también hacemos en nuestro intus psicológico y sobre las que podemos aprender si contemplamos la interioridad de las depresiones por mudanza (descritas por Lange en 1934).

Lo que les sucede a estos pacientes es que se deprimen después de haberse mudado y quedan presos de una especie de perplejidad pues ellos mismos no comprenden su estado de ánimo, reconocen que han mejorado y sin embargo están deprimidos. Esta es una de esos tipos de depresión que no pueden ser explicados a través del duelo entendido como pérdida sino de ganancia. En mi opinión se han dado explicaciones muy exóticas a este fenómeno que para mi tiene sólo una explicación: la dificultad del depresivo en desprenderse de lo viejo y su tendencia a conservar lo inservible.

Un desprenderse de lo viejo distinto a lo que sucede en el síndrome de Diógenes o en el TOC donde está dificultad parece más bien relacionada con objetos que sustituyen a algo de valor a lo que no se tuvo acceso, aquí la dificultad parece que está relacionada con lo simbólico, el depresivo acapara basura, colecciona trastos inservibles en el sentido de que es incapaz de dejar de hacer algo que hizo durante mucho tiempo tal vez porque es incapaz de mudar de deseo. Se trata de un desprendimiento al que nosotros, los seres humanos comunes ni siquiera codificamos puesto que los tres tiempos de la dialéctica en realidad transcurren en un mismo momento dialéctico.

Es bien sabido que los depresivos toleran muy mal la ambigüedad lo que es lo mismo que decir que carecen de resistencia frente a las contradicciones dialécticas, mostrándose por lo general incapaces de integrar el episodio anterior, es por eso que los ataques depresivos suelen ser recurrentes con o sin alternancia maníaca. El depresivo parece no haber aprendido nada de su crisis y es precisamente este hecho el que perpetua la oscilación tímica hasta el infinito.

En mi opinión al trastorno por acaparación es un mecanismo para eludir las consecuencias de la depresión y la angustia. En tanto funciona -de algún modo adaptativo-, sirve de prótesis a este agujero que se abre en algunas personas atrapadas por un pasado que no son capaces de abandonar.

Vaciar una vivienda habitada por un enfermo de estas características no es fácil. Aquí hay una empresa que se dedica a hacerlo asesorada por psicólogos (según dicen). En su misma web hay una buena “colección” de datos y consejos para lidiar con este problema, del mismo modo hay tambien casos de esos extremos que sirven para hacer una serie de terror.

 

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7 pensamientos en “Acaparadores

  1. Quizás todos podríamos ser descritos como acaparadores porque el ‘ethos’ de nuestra sociedad es individualista y procede del denominado individualismo posesivo.

    En su obra Teoría política del individualismo posesivo (1962), el profesor canadiense de Ciencias Políticas de la Universidad de Toronto, Crawford Brough Macpherson (1911 – 1987), traza el surgimiento y desarrollo de las líneas de este individualismo posesivo en el marco de la filosofía política del siglo XVII (Hobbes y Locke).

    Las bases de lo que es el individualismo posesivo fueron planteadas por Thomas Hobbes, que a pesar de no ser en puridad un liberal, sí que era individualista. Siguiendo sus premisas podemos definir el individualismo como una concepción de la esencia y la sociedad humana, por la que se considera al individuo como un ser propietario de su propia persona y capacidades, de manera que no debe nada por ellas a la sociedad. De esta forma, no se considera parte de un todo moral o social más amplio, si como un propietario de su persona. Esta será la fuente de la libertad, mientras tenga en propiedad su persona y sus capacidades, un individuo será libre.

    De forma lógica, un tipo determinado de individuo formará una clase de sociedad. En este caso, es una sociedad formada por individuos propietarios de sí mismos y capacidades, que no deben nada a la sociedad, así que las relaciones entre sí serán del tipo de intercambios entre propietarios. Así que la sociedad política no será más que una herramienta para mantener la propiedad y el orden en esas relaciones de intercambio. Sociedad denominada por Macpherson: “sociedad posesiva de mercado”.

    De este modo nuestra sociedad posesiva de mercado capitalista del siglo XXI tiene un problema real. Cuando sus cuadros comienzan a entender que el funcionamiento concreto no es el adecuado, y ya no culpan, como de costumbre, a los gobiernos y a los partidos populistas, sino a las propias dinámicas internas del sistema, es porque algo está pasando. Los problemas se identifican en cuatro puntos: “El colapso financiero, la primacía del valor para los accionistas a expensas de cualquier otro propósito de las empresas, la evasión de impuestos y los elevados salarios para los directivos”. Todos ellos son consecuencia del mismo individualismo posesivo acaparador que causa el síndrome de Diógenes.

    Dada la diversidad en energía, destreza o posesión entre los individuos, la sociedad posesiva del mercado no puede más que dividirse en clases: un pequeño grupo de poseedores que compran la “capacidad de trabajo” y la mayoría que se la vende. Esta gran mayoría de personas denominadas eufemísticamente como ‘recursos humanos’, están obligadas a vender la capacidad de trabajo de su cuerpo, provocándoles una continua depresión. Es por esto que todos somos acaparadores más o menos frustrados de algo, y si; muy probablemente el trastorno por acaparación sea un mecanismo para eludir las consecuencias de la depresión y la angustia.

    Quizás sería interesante investigar cuando podría caracterizarse por vez primera el “trastorno por acaparación”, pues seguramente no encontraríamos muchos acaparadores antes del siglo XVII.

    • Efectivamente seria interesante ver si en ese siglo había acaparadores, lo que es cierto es que entonces no se había conceptualizado ese trastorno y por tanto no podemos saber si los había o no, pero es posible que existiera en otras formas, no en la posesión de objetos sino en otras cosas.

  2. Hay algun sindrome contrario a la acaparacion, digamos gente que siempre esta deshaciendose de cosas…..que no quiere tener cosas superfluas…..y despues se arrepiente porque tiro algo que necesita…
    Gracias!

  3. Una no puede comprenderse a si misma por que aquello que comprende no tiene espacio, no esta separado de lo que soy. Ser y conocer por tanto no son dos palabras, es literalmente una.

    Para comprenderme racionalmente tengo que utilizar la herramienta del lenguaje, pues conceptuar una forma equivale a objetivarla, creo un objeto definido. Así emerge el concepto Yo como sujeto que se divide a la vez en el objeto de estudio. Un extraño circulo vicioso ad infinitum, donde el sujeto objeto entiende que la propiedad de todo objeto es la impermanencia y su disolución como forma, donde acaparar objetos por tanto son los osos de peluche, una manera indirecta de preservarse una y calmar el miedo, el miedo a la muerte, a no ser.

    Lo interesante es que lo anterior a la objetivación del sujeto como objeto es ser_conocer, y si se viviera desde esa panoramica, me preguntaba e intentaba imaginar como se reflejaria en el mundo externo material?. Al fin y al cabo todo acaparar lleva incorporado un sentimiento de propiedad, algo que seria visto como una patologia consustancial a la división sujeto_objeto.

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