Arquetipos, Tarot y fractales (VI)


Los símbolos arquetipicos pueden ser y de hecho son interpretados pero lo mejor es contemplarlos para conocer cual es aquel con el que resonamos.

¿Qué es un arquetipo?

Un arquetipo es un modelo, una estructura mórfica o eidética ancestral que procede del origen de la humanidad, señala hacia un inicio sobre el cual han ido añadiéndose relatos e imitaciones. Un arquetipo es un modelo original que sirve como pauta para imitarlo, reproducirlo o copiarlo, un prototipo ideal que sirve como ejemplo de perfección de algo.

Un arquetipo puede contener imágenes, eventos, tipos humanos o símbolos. En cierta forma el arquetipo es similar a lo que Platón llamó «las ideas» que según su filosofía eran formas creadoras de materia: las Ideas eran anteriores a la materia. También se parece mucho a lo que Rupert Sheldrake ha llamado «campos mórficos» aunque su uso en Psicología viene determinado por la conceptualización de Carl Gustav Jung en su psicología arquetipal.

La idea fundamental que recorre este significante es su persistencia en distintas cosmogonías, mitologías, religiones y sueños, así habría arquetipos supervivientes en los mitos, religiones y sobre todo -en el terreno individual- a través de los sueños.

El arquetipo es pues una estructura informacional, es decir algo que contiene información y que se desplaza con el tiempo entendiendo al tiempo como una fuerza como pensaba Kozinev y no solo como una contabilidad del cambio como pensaba Aristoteles. Una fuerza que contiene información.

Existen pues:

Eventos arquetípicos, como el matrimonio, el nacimiento, la muerte y en realidad todas aquellas transiciones de una edad a otra.

Personajes arquetípicos, como la Gran Madre, el Padre furioso, el anciano sabio, la bruja malvada, o la doncella eterna. Todos estos personajes aparecen en los cuentos y mitos, pero también en la vida personal de todos nosotros con añadidos personales tal y como demostré en mi libro «Del mito a la clínica».

Símbolos arquetípicos, como el circulo, la cruz, la pirámide, la media luna, o los sólidos platónicos.

Este es el símbolo de Mercurio (Hermes). obsérvese la media luna (mente) el circulo (la unidad) y la cruz (la intersección entre el cielo y la tierra)

Lo importante es comprender cómo se comunican entre sí los arquetipos. Lo hacen a través de la resonancia, es así cómo Sheldrake pone ejemplos extraídos de la vida cotidiana para explicar en que consiste la resonancia que -según él- es el mecanismo de comunicación entre campos mórficos e individuos. La resonancia es un fenómeno que afecta a los sistemas que disponen de movimientos periódicos sometidos a oscilación, así hay una resonancia química y una resonancia acústica o eléctrica. En realidad resonancia significa el reforzamiento de una señal, una especie de amplificación como sucede en acústica con los armónicos o con el láser en la luz, donde la coherencia de fase parece tener mucho que ver con el termino resonancia, al menos tal y como lo emplea Sheldrake. En cualquier caso es evidente que “resonancia” implica un cierto grado de sintonización entre emisor y receptor de una señal cualquiera que esta sea.

A nivel popular también tenemos una palabra para designar este curioso y conocido efecto, “estar en la onda” significa ese algo más de simpatía o empatía que hace que una persona aun desconocida nos produzca “buenas vibraciones”. Hay algo extrasensorial que está provocando ese fenómeno que no puede ser explicado de una forma racional: la antipatía o el prejuicio también podrían ser explicadas a través de este mecanismo de la sintonización o mejor de la desintonización o interferencia.

La resonancia no es una propiedad esotérica, sino algo que nos permite por ejemplo reconocer una voz concreta. ¿Cómo reconocemos una voz? Lo hacemos gracias a sus armónicos. Un armónico es el componente sinusoidal de una señal. Y caracteriza el timbre de una nota cualquiera, por eso sabemos que un do3 del piano y un do3 del saxo son diferentes aunque la nota tenga la misma frecuencia. El armónico es la individualidad de cualquier nota cuyo rango esté dentro de lo audible. Es por eso que no todos los individuos que pertenecen a un mismo eneatipo son iguales, cada uno contiene su propia individualidad.

Recientemente Sheldrake ha publicado un libro titulado “El séptimo sentido: la mente extendida” donde da forma a una idea que venia rondando por su cabeza desde tiempo atrás según he podido observar a través de diálogos con Krishnamurti, Mc Kenna o David Bohm y que se encuentran disponibles en español en youtube. También podéis visitar la web del propio Sheldrake que en mi opinión ha llevado el concepto de arquetipo hasta la ciencia general, más allá de la psicología..

Hasta el punto de que podríamos hablar de una mente extendida.

1El Mago10La rueda de la fortuna19El sol
2La sacerdotisa11La fuerza20El juicio
3La emperatriz12El colgado21El Mundo
4El emperador13La muerte
5El Papa14La templanza
6El enamorado15El diablo
7El carro16La Torre
8La Justicia17La estrella
El eneatipo 9 tiene al ermitaño y la luna como arcano en la siguiente octava

Y el Loco que tiene el numero 0 pero también el 22.

El loco es el comodín o el jojker de la baraja francesa, un joven que combina sabiduría e insensatez.

El tarot como fractalidad.-

El Tarot es un juego de naipes con 78 cartas, 22 de las cuales son los arcanos mayores (que en nuestra baraja española llamamos triunfos) el resto son arcanos menores. Arcano es una palabra que designa un misterio. Los arcanos son pues misteriosos y a cada cual le corresponde una interpretación, se trata de simbolos arquetipales, quizá por esta razón el Tarot se conoce más por su aspecto advinatorio , mistico o esóterico que por su aspecto de juego.

Lo interesante del Tarot es que sus arcanos forman una secuencia fractal que se repite al menos en dos escalas según el numero que las preside. Asi el Mago (1) representaria la escala inferior del 10 (La rueda de la fortuna) y del 19 (El sol), que estarian representando escalas superiores. Esta idea de escalas o de personalidades (en este caso del eneagrma) que ocupan un mismo lugar aunque pueden estar representando rasgos opuestos o a veces muy distintos del original, me parece uno de los hallazgos más interesantes del eneagrama.

Efectivamente en el eneagrama pueden existir rasgos bien distintos ocupando un mismo lugar, algo así como sucede con los isótopos químicos: ocupan el mismo lugar pero en escalas diferentes. Y me parece un hallazgo interesante porque de alguna manera rompe con la idea estática que impregna todos los intentos de clasificación de la personalidad, una idea que recorre de principio a fin cualquier sistema clasificatorio. Lo cierto es que si el carácter fuera algo totalmente fijo, inmodificable y estático nadie podría cambiar nada de su personalidad pero la evidencia está del lado de reconocer que las personas cambiamos a lo largo de nuestra vida, en función de la experiencia, de nuestras preferencias y de nuestras relaciones interpersonales. Nuestro cerebro es muy plástico.

Y lo es porque el tiempo es una fuerza que -conjuga en una trinidad- al pasado y el futuro en el presente. Y toda materia se manifiesta en el presente.

Y hablando psicológicamente significa que la salida a los conflictos que pueden presidir a un individuo de cierto eneatipo puede estar en las características de otro individuo o en las actitudes y cambios de sentido que proporcionan esos caminos.

El eneagrama reconoce este hecho, el hecho por todos conocido de que algunas personas nos resulten favorecedoras de nuestro desarrollo mientras que otras se constituyen en una rémora pesada de sostener. E incluso que algunas personas y relaciones puedan resultar providenciales para nosotros.

El eneagrama tiene 9 vértices pero cada uno de ellos se comunica con sus vecinos (alas) pero también con otros dos. En esta figura podemos observar como el eneatipo 4 se relaciona de ida con el 2 y de vuelta con el 1. Lo que significa que ciertos eneatipos pueden beneficiarse de las virtudes de otros o que por el contrario pueden empeorar con sus déficits. Así el eneatipo 5 mejorará o sanará con el 8 y empeorará con el 7.

En el próximo capitulo me propongo abordar la descripciones múltiples de los eneatipos (la triada de eneatipos) viscerales o instintivos que se caracterizan por el uso que dan a la necesidad de control, cada uno de ellos está especializado en una manera bien diferente (una motivación) de ejercer el control sobre si mismo o sobre sus relaciones interpersonales o su medio ambiente. El eneatipo 8 está interesado -su motivación es- el poder, el dominio. El eneatipo 9 sin embargo está interesado en mantener su medio ambiente o sus relaciones sin conflictos, aspira a la armonía y gasta muchos recursos personales en propiciarla, incluso a través de la abnegación. El eneatipo 1 sin embargo utiliza el control como un medio de obtener la perfección, no solo la suya sino la de su entorno actuando de forma impositiva.

De manera que para concluir retomo esta idea o tripleta: cada eneatipo tiene una fijación (en el caso anterior el control). Una estrategia (conducta) como el dominio en el caso del 8. Y por fin una pasión (el pathos) que opera como la gasolina de este dispositivo: en el caso del 1 la ira.

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