Tiresias: mismidad y otredad


Cuenta el mito en la Metamorfosis que Tiresias era uno de esos sabios que en su vida atravesó un periplo del que pocas personas pueden dar cuenta: fue hombre y fue mujer, de manera que conocía todos los secretos y los enigmas que sostienen el imaginario de cada sexo.

Resultó que un día yendo por el campo a pasear encontró a dos serpientes copulando y con su bastón las separó. Las serpientes se vengaron de él transformándolo en una mujer y así vivió durante unos cuantos años hasta que un buen día se deshizo el hechizo precisamente de la misma manera en que se había iniciado: separando a otra pareja de serpientes.

Es por eso que Tiresias era consultado cuando alguien quería saber algo del otro sexo. Así Hera y Zeus que siempre andaban a la greña tuvieron una discusión acerca de saber qué sexo disfruta más en las relaciones sexuales. Zeus sostenía que era la mujer, mientras que Hera creía que era el hombre. Como no lograron ponerse de acuerdo decidieron someter el caso a consulta.

Tiresias le dio la razón a Zeus: la mujer disfruta más del sexo que el hombre. Hera que tenía malas pulgas y muy mal perder decidió castigarle como se castigan los héroes griegos: dejándole ciego. Los dioses no puede deshacer lo que otros dioses hacen de modo que Zeus le dio un premio de consolación y le dotó del don de la predicción del futuro.

Daniel Mendelshon es un ensayista, columnista y escritor norteamaricano que escribió este ensayo a medio camino entre la experiencia personal y la teorización acerca del deseo y de la identidad sexual, desde su perspectiva homosexual. El libro es profundo y contiene no pocas claves para entender qué es eso de la identidad y cómo se relaciona esta cuestión con lo Otro, con lo diferente.

Lo cierto es que hombres y mujeres tienen un problema a la hora de relacionarse entre si. Son dos personas diferentes que sobre todo sienten y piensan de manera diferente sobre un sin fin de cuestiones, pero Mendelshon se plantea un área en particular: el encuentro sexual. Un hombre sabe lo que siente cuando penetra a una mujer y una mujer sabe lo que siente cuando es penetrada por un hombre pero el hombre ni la mujer saben lo que siente el otro, su partenaire. Hay como un abismo en la percepción del sentimiento del otro que saltamos gracias a un ejercicio de empatía o aquiescencia pero no podemos saber nada más. Solo Tiresias sabe.

Es por eso que Mendelshon sugiere que cuando un hombre penetra a otro o es penetrado por él sabe exactamente qué está sintiendo y experimentando el otro, ya que posee la experiencia del acto contrario, complementario. El sexo entre hombres disuelve la otredad y la vuelve mismidad, no hay nada que uno no sepa del otro. Si el objetivo emocional del acto sexual es obtener un conocimiento total del otro puede que el sexo gay sea a su manera perfecto. Sin embargo dado que el objeto de este conocimiento ya es perfectamente conocido por ambas partes el acto es también en cierto modo redundante. ¿Para qué repetir?

Mendelshon habla también de sus experiencias heterosexuales cuando asegura que:

“El sexo heterosexual no fue para mi desagradable pero es como practicar un deporte para el que no estás físicamente preparado” (Mendelsohn).

“Lo que recuerdo de aquellos apareamientos indiferentes es esto: cuando un hombre practica el sexo con una mujer, se hunde en ella. Ella es la cosa que él desea o puede que tema, pero en cualquier caso es el lugar a quien se dirige. Ella es el destino, una especie de estación terminal. El hombre gay, durante el acto sexual se hunde en su compañero para regresar a si mismo una y otra vez. Es como si al terminar el abrazo volviera a mi deseo, a mi Yo.

Sugiere que en la homosexualidad hay algo siniestro, amenazador al menos para poner en entredicho la idea generalizada de que para la mayoría de nuestros grupos de pertenencia, la heterosexualidad es innata. La homosexualidad, más concretamente la masculina pone patas arriba la normatividad sexual, mucho más que el lesbianismo que en cualquier caso no se percibe como tan subversivo.

No todos los homosexuales son afeminados como la mayor parte de la gente cree, pero todas las mujeres tienen algo que los hombres homosexuales desean. Ellas parecen tener una especie de magia y ellos (los homosexuales parecen ser participes de este secreto. A las mujeres les gusta comentar con ellos sus problemas -incluidos los de índole sexual- es como si supusieran que ellos disponen de un saber -como Tiresias- que a ellas les resulta vedado. Es como si tuviéramos un amigo con el que practicar un idioma extranjero y que simultáneamente conlleva un cierto desasosiego. Porque para las mujeres el hombre homosexual siempre será alguien que sabe demasiado.

Pocas personas se han planteado de forma seria qué verdad se oculta en el mito de Tiresias y que puede explicar porque los homosexuales se perciben de una forma incomoda por algunas personas (y todas las religiones).

La verdad que Tiresias conoce es que el coito heterosexual supone una contra-inversión narcisista y una imposibilidad de penetrar ese abismo que separa a los sexos, lo que es lo mismo que decir que la heterosexualidad es una alteridad radical y que condena a ambos miembros de la pareja a una especie de alienación donde algo del Yo se pierde en el combate. Por contra el coito homosexual está condenado a la repetición cuando no a la promiscuidad: un intento de perseguir una profundidad que no se alcanza nunca.

El amor y la identidad.-

El amor procede del Yo y no de la identidad, procede de nuestras preferencias, de nuestro deseo que no es otra cosa sino la forma de obtener algo que está en el otro. Las preferencias sexuales no confieren identidad salvo si hay prescripciones políticas que así lo señalen, pues el que ama y elige es el Yo, una melodía neuronal parecida a la identidad (mismidad) pero en otra tonalidad. El amor es un pegamento que nos permite saltar esos abismos que nos separan de lo Otro. Amar desde la identidad es imposible, ningún movimiento identitario se ha construido para facilitar el amor, sino la discordia.

Es por eso que Mendelsohn propone la idea de que la homosexualidad no es una identidad (gay) sino una forma de amor que de alguna forma es el guardián de las desavenencias que complican la vida a hombres y mujeres.

Pues sólo Tiresias sabe que se siente siendo hombre y siendo mujer.

Hoy mismo he leído una noticia donde se afirma que -a pesar del confinamiento- el 2021 no será un año de baby boom. Al contrario, lo que hay el lista de espera para divorcios, lo que viene a señalar que la convivencia entre hombres y mujeres es muy frágil.

¿Que nos diría Tiresias?

O ¿qué nos diría la karamelo?

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