Culpa y biología

incognito

Un conocido verso de Walt Whitman afirma lo siguiente:

“Soy inmenso, contengo multitudes”

¿Qué significa este verso, es verdad o no es más que una metáfora poética para expresar las contradicciones humanas?. ¿Qué quiso decir, Rimbaud -otro poeta- cuando afirmó que “Je suis un autre”. ¿Qué quisieron decir Pink Floyd cuando cantaban aquello de ¿Quién habita en mi cabeza?

El primero que abordó el tema de las multitudes de las que se compone nuestro cerebro fue Freud, a través de su conocido esquema tripartito, (Y0, Ello y Superyó), más tarde Mc Lean desde una perspectiva evolucionista tambien incidió en la misma idea de los tres cerebros (reptiliano, mamifero y humano). Julian Jaynes por su parte habló de una dicotomia cerebral izquierda-derecha y de bipartidismo cerebral.

¿Estamos o no estamos divididos?

Estos modelos han sido desmentidos por los neuroanatomistas al no localizar ninguno de estos supuestos “expertos” o poblaciones neuronales especializadas en hacer algo. Sin embargo la ausencia de localización no desmiente la idea principal: nuestro cerebro es un órgano en permanente conflicto -un conflicto de expertos-, queremos hacer y queremos no hacer una misma cosa. Piense usted en lo que le sugiere comer chocolate, muchas personas viven permanentemente en este conflcto, atraidos por el chocolate o los dulces y al mismo tiempo impelidos a evitarlos por aquello de los kilos de más o la diabetes acechante. Este tipo de conflictos de atracción-rechazo por sí mismos bastan para que cada uno de nosotros tengamos la experiencia de que en nuestros cerebro viven al menos dos tendencias que nos impulsan en sentido contrario respecto a nuestra volición, pero tal y como decia Whitman no es necesario que sean sólo dos: nuestro cerebro contiene multitud de expertos que guerrean constantemente entre sí para imponer su opinión de lo que sería mejor para nosotros, el cerebro es una democracia de partidos donde cada cual cree que tiene la razón y trata de imponer su “verdad” al organismo entero y si es necesario a través de una guerra civil.

Estamos divididos pero no solamente por dos, sino por multiples agencias cerebrales que están diseñadas para computar cuestiones similares y que no funcionan como una cadena de montaje sino como un comité de expertos, un parlamento cerebral.

Veremos ahora precisamente donde nos lleva esta cuestión y aprovecho una anécdota que cuenta David Eagleman recientemente en su libro “Incógnito”, traducido al español con el subtitulo: “Las vidas secretas del cerebro”.

Mel Gibson fue detenido por una patrulla de la policia que le sometió a un test para medir su grado de intoxicación alcohólica mientras conducia su coche de forma imprudente por una via publica. Al policia le llamó la atención no solo la cifra de alcohol que habia detectado sino su verborrea inclinada a insultar a los judíos y al propio policia -que era a su vez judío- le llamó tanto la atención, que debido a su estado decidió llevarselo detenido.

El caso es que el informe del policia terminó filtrado a la prensa por lo que Gibson fue acusado de xenofobia y sometido a un intenso linchamiento por parte de los lobbyes judíos que exigieron una rectificación publica.

Asi lo hizo el pobre Gibson que apareció en los medios y en TV para pedir perdón y objetar que no era “xenofóbico en absoluto” que no albergaba ningun rencor hacia ninguna raza y que su propia religión le impedia este tipo de ideas de exclusión de nadie. El caso es que sus apariciones en los medios surtieron su efecto y al final fue perdonado por una inquisitorial “Comisión antiblasfemia”, que dedujo de sus declaraciones que habia sido sincero.

Pero el asunto no acabó aqui y siguió algún tiempo en la prensa junto con declaraciones de expertos acerca de si el alcohol puede o no puede poner en el cerebro de alguien ideas xenofóbicas (o de cualquier otra clase). Los detractores de Gibson pensaban que el alcohol se limitaba a desinhibir lo que de alguna manera ya estaba alli, mientras que sus defensores apelaban al sentido común para llamar la atención de que durante la embriaguez se pueden decir y hacer muchas tonterias o imprudencias, incluso se pueden cometer delitos sin que su autor pueda ser acusado de ser siempre un tonto o un delincuente. Entre los argumentos de sus defensores encontraron el siguiente: si es cierto que “in vino veritas”, es decir si es cierto que durante la embriaguez lo que emerge es nuestro verdadero Yo, el alcohol seria el mejor método para que los delincuentes o acusados de algo dijeran la verdad, bastaria darles a beber cualquier tipo de alcohol (a escoger) para al final saber si lo que dicen es verdad o mienten.

Lo cierto es que el alcohol no es la máquina de la verdad.

Pero es cierto que desinhibe, luego si desinhibe y emergen contenidos racistas debe ser porque en algun lugar de la mente existen tales contenidos. ¿Era o no era Gibson un racista?

Asi es como piensa la mayor parte de la gente, o Gibson es un racista que disimula sus verdaderas ideas o no lo es en cuyo caso el alcohol debe ser una droga racistogénica. Pensar en esta forma dicotómica, o “si o no”, es desde luego muy intuitiva, asi es como catalogamos o clasificamos a los demás (no tanto a nosotros mismos). Pero la verdad cientifica es muy antiintuitiva y las cosas no funcionan asi.

El primero que abordó este problema en el campo de la inteligencia artificial fue Marvin Minsky, en un libro de culto que se llama “La sociedad de la mente” (1987) Minsky propuso que la complejidad del cerebro deberia ser contemplada en una diversidad de subrutinas (o partes mas pequeñas) especializadas en una tarea concreta cuya sumatoria en un nivel superior daría como resultado la inteligencia humana a través de la emergencia de propiedades nuevas. Esta idea de Minsky ha sido retomada recientemente por muchos investigadores evolutivos que han hablado de un cerebro modular y del que hablé aqui en este post sobre la navaja suiza.

La idea de MInsky viene concretamente a apoyar lo que hoy sabemos y responde a la pregunta acerca de la culpabilidad de Gibson de xenofobia.  Es obvio que en el cerebro de Gibson existe un módulo, una subrutina xenofóbica, lo cual no significa que Gibson sea xenófobo puesto que esta rutina existe en todos y cada uno de los cerebros humanos, incluyendo a los del lobbye judio.

Y existe porque se trata un producto de la evolución, de la selección natural. Existe porque evitar los contactos con extraños es para nuestro cerebro esencial y nuestro sistema de alarmas se activa ante lo que detectamos como peligroso. Un extranjero o desconocido es potencialmente peligroso y nuestro sistema de detección de humos está ahi para eso, se trata de una subrutina en el sentido de Minsky.

Ahora bien, es cierto que si bien todos nosotros somos portadores de ese sistema de neurodefensa, no todos lo activamos del mismo modo: unos pueden llegar a matar a alguien solo por ser extranjero y otros, -muchos- se dedican a excluir a ciertas etnias a las que consideran “alienígenas”. La mayor parte como Gibson solo les insultan de modo genérico cuando se embriagan o van al fútbol.

Depende del grado de activación o de importancia que tenga la amenaza en el sentido más primitivo de la palabra: homosexuales, extranjeros, minorias étnicas, religiones distintas o colores de la piel diferentes sirven para disparar la subrutina “xenofóbica”. El grado de socialización que haya alcanzado cada cual es la variable critica que vendrá a inhibir la respuesta fisiológica xenofóbica. La mayor parte de las personas que conozco no son xenofóbicos sencillamente porque no están motivados para ello y han aprendido que es bueno y deseable aceptar a todo el mundo en su diversidad. Pero esta ultima variable es social, un aprendizaje social que debe oponerse a la subrutina biológica de sentido contrario cuya intensidad estará relacionada con multiples ideas y emociones activadas o desactivadas segun la historia personal de cada cual.

De modo que la pregunta que más arriba planteaba respecto a si Gibson era o no era xenofóbico, creo que está mal planteada y tendremos que acostumbrarnos a pensarla de otro modo. Y está mal planteada porque el Estado no puede prohibirle ser xenofóbico, pederasta o nazi, lo que si puede hacer el Estado es castigar el acto, no la intención o la idea. Usted puede pensar lo que quiera con tal de no transformar esa idea en una conducta, en este caso, un insulto.

En resumen Gibson no era culpable de ser xenofóbico sino de conducir bajo los efectos del alcohol y de eso y de ninguna otra cosa debe ser acusado.

Una tarea entre varios

Fruto de la colaboración entre varios amigos on line surgió esta idea del GMS (Global Mind Squeezing) que dio sus frutos con un trabajo colaborativo transdisciplinar que titulamos “Cerebro y códigos” que he resumido en este pdf que abajo cuelgo y que es el resultado de múltiples y saltigrados post que fueron publicándose en este blog durante 2011 y 2012.

Los autores que han participado en esta fórmula “entre varios” son: Agustin Morales, Antonio Grandío, Patricia Cantú, Ana di Zacco, Antonio Rodriguez Sellés, Belen Nieto, Gonzalo Haro, Rosana Peris, Cristina Bernard y yo mismo.

A todos ellos les doy las gracias por su dedicación y entusiasmo por lo nuevo.

Para ser la primera vez que se intenta ir más allá de la multidisciplinariedad el resultado es bastante provechoso, pero debemos seguir investigando las posibilidades de un enfoque entre varios.

GMS (Cerebro y códigos)

El cerebro y la red de Petri (VI)

Desde hace varias semanas se repite en mi cerebro una imagen, es la confluencia de dos ríos, dos afluentes de agua que simulan dos corrientes de información con distinta dirección. Una viene desde abajo y va hacia arriba (bottom-up), la otra del exterior (up-bottom), se trata de dos aguas de diferentes procedencias pero al fin y al cabo las dos son agua. Esta imagen debe ser la clave de la conciencia, a fin y al cabo un equilibrio que discurre seguramente entre capas de neuronas-grafos dispuestas como un sistema de Petri.

Desde la mórula , como un compendio de células sin más objetivo que ir dividiéndose, existe esta confluencia. La información de abajo y la de afuera, arriba y abajo. La de abajo desde el comienzo viene a su vez determinada por nuestros genes, por el ADN (pasado de la especie); mientras que la de fuera viene determinada de la realidad actual: temperatura, ph, nutrientes…. que van entrando dentro y nos modifican (presente).

A medida que el sistema nervioso central se va formando (con la experiencia de nuestra piel, de donde deriva, posiblemente el mejor órgano membrana), se va construyendo una especie de barranco-guia, nudos de paso que permiten la confluencia de ambos ríos de información, el exterior (arriba) a partir de los sentidos y de los propios cambios físico-químicos (frio, calor, ph, etc.) aunque estos últimos el cuerpo los intenta amortiguar todo lo que puede. El otro río, afluente de información, viene de dentro, de nuestro propio cuerpo, a través del sistema nervioso, pero también de las hormonas-mensajeras de la sangre, con toda la fuerza de la química, también de la física, incluso de la vida como virus y bacterias y los entornos –medio ambiente-epigenético.

Y desde el principio, meses antes de nacer, y hasta que va asomando la conciencia, siempre llega una gota de agua de dentro junto a una de fuera, dejando una impronta nueva, entre el pasado y el futuro, entre el interior (abajo) y el exterior (arriba). Esta confluencia se da en nuestro cerebro, el que va construyendo surcos que contienen dicha conexión, esa congruencia continua. Nuestro cerebro empieza a tomar decisiones mucho antes de tener conciencia, en base probablemente al pasado, a su propia configuración, debido al ADN del cerebro, estructura que con los años de evolución aprendió que si se presiona una rodilla en el vientre de la madre hay que moverla para que no se aplaste, un simple reflejo.

Este primer surco está en el hipotálamo, allí confluye la información del abajo, y allí se han descrito alteraciones en patologías tan modernas como el trastorno límite de la personalidad, donde la información de fuera no concuerda con la de dentro, pues en nuestros genes pone que la madre debe estar cerca y con un vinculo estrecho (pues de lo contrario no habrá supervivencia). Hoy la puede haber sin la madre, pero con riesgo de desarrollar emociones extremas, o incapacidad de control por parte del lóbulo frontal, sin autodirección.

Cuando la información genética no está preparada para integrarse con la información de fuera, cuando el cerebro no diferencia bien lo de dentro y lo de fuera, el afluente de información, de agua, da fallos continuamente, que se acumulan, que pueden pasar desapercibidos. Sin embargo, cuando llega la edad adulta, la de la autonomía y la emancipación, los 18-20 años, los fallos se hacen insostenibles, el hipotálamo se desborda, contaminando el tálamo, y las emociones empiezan a mostrarnos que algo va mal, activándose los mecanismos del miedo y el peligro, amenazas inconcretas. Cuando se activan estos mecanismos ancestrales, cuando la huida prima sobre cualquier otro principio (vínculos familiares, territorio, etc.), la inhibición prepulso demuestra que ante un insulto, un grito, un golpe, hay que saltar, hay que parpadear, y aunque estos se repitan, el tálamo no puede aprender, siempre se reacciona como un reflejo, como si hubiera un mecanismo de cortocircuito dispuesto por la evolución para la reacción rápida (se trata del bucle largo descrito por Edelman) donde el aprendizaje de la inhibición parece estar bloqueado.

A este momento los clínicos lo han denominado trema, la obra va a empezar, estamos apunto de volvernos locos. Cuando la situación es insostenible, emocionalmente, tenemos que inventarnos otra realidad, ya no tenemos en cuenta el rio de fuera (arriba), la información que pasa por el surco es sólo la de dentro, y nuestra conciencia retoma la batuta del pensamiento, inventando irrealidades, todos ellos muy comunes entre los locos o de personas con trastornos emocionales, pues vienen de los aprendido en eones de evolución, del ADN, con pequeños aprendizajes “nuevos”, modificaciones de estos ultimos años donde nuestra especie trató de combinar la extrema complejidad de un mundo inventado por nuestros cerebros con las necesidades de nuestro reptil (codigo maquina) que hablan idiomas bien diferentes.

Y aún así, estamos ante la maravilla de la adaptación que busca activamente la homeostasis, sólo que cuando la información de dentro se integra con la de fuera, y la de fuera con la de dentro, sin llegar a fusionarse, salpican unas gotas, todavía más luminosas, que nos hablan del futuro. Esa capacidad nos diferencia del resto de seres vivos, no en blanco y negro, sino porque nosotros lo hacemos en color, no porque sólo podamos anticiparnos nosotros, sino porque lo hacemos mejor, porque el surco permite sobre ese confluir continuo, construir modelos que nos informan de lo que pasará, permitiendo después tomar conciencia incluso de nosotros mismos, ya no como lo de dentro (y menos como lo de fuera), sino como esa confluencia histórica, con nuestra capacidad de modificarla, y por tanto de reconducir un destino.

Nuestra capacidad de adaptación y nuestra capacidad para enfermar mentalmente proceden paradojicamente de la configuración de nuestro cerebro. Y para entender mejor como funciona nuestro cerebro no tenemos más remedio que echar mano de modelizaciones cibernéticas que sin ánimo de ser exhaustivaso exactas nos pueden ayudar a comprender tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades.

Les hablaré a continuación de qué cosa es una red de Petri. Y echaré mano de un ejemplo muy sencillo.

Como el lector podrá obervar los circulos son places o sitios que comunican con flechas en entrada o en salida -con cuadraditos- que son las transiciones ( (acciones) los puestos (sitios) estan activados o desactivados dependiendo de que tengan dentro una marca (token) , a su vez hay otras reglas sencillas (booleanas) que determinan la posibilidad de acción y activar la acción es lo que se llama firing (encendido) .

En este ejemplo puede observarse algo esencial, la noche es un lugar , un topos que puede estar o no activado según la hora del dia, pero no es un evento, es decir no transcurre. Lo que transcurre es el tiempo que va desde la noche hasta el dia y que llamamos amanecer (representado por un cuadradito). Es el amanecer como transcurso lo que llamamos suceso y que necesariamente transcurre en tre dos places, entre la noche y el dia y sólo asi. De donde podemos extraer una primera enseñanza para nuestros fines: lo adaptativo es aquello que sucede, transcurre o se mueve.

Es interesante proponer la idea de si el cerebro no será a fin de cuentas una red de Petri, mejor dicho si lo podemos formalizar como tal.

Aqui por ejemplo podemos observar un esquema de como podríamos formalizar el cerebro-Petri. Existen lugares (neuronas o grupos neuronales) que comunican el sistema córtico-talámico (Edelman, 2000) con los ganglios basales, lo externo (medio ambiente) y lo interno (medio interno) estarían conectados a través de una red similar a un sistema de Petri.

Lo importante es observar que los grupos neuronales están conectados tanto por arriba como por abajo con grupos similares a través de trayectorias (flechas) que a veces son bidireccionales y a veces unidireccionales. Tal y como sucede en el cerebro: hablamos aqui de sistemas excitatorios y sistemas inhibitorios. Ciertas señales son inhibidas y otras son amplificadas para convertirlas en trascendentes respuestas a las exigencias del medio ambiente o de las necesidades internas.

Pero hay más: se trata de la comunicación transversal entre neuronas (o grupos neuronales). Como el lector podrá observar en nuestro cerebro las neuronas de un mismo nivel están conectadas entre sí. Hablamos entonces de reentradas, una neurona cualquiera (o un grupo de neuronas) no es solamente una estación de inputs o outputs sino que puede funcionar como entrada y como salida. Es precisamente esta reentrada la que da al sistema su potencia computacional que se traduce en una enorme capacidad asociativa y colaborativa y es por eso que hablamos de no localidad.

No localidad significa que las percepciones, los recuerdos, los pensamientos no tienen un lugar fijo de ubicación sino que se encuentran distribuidos por toda la red neural, son eventos, transcursos asociados que emergen en la conciencia en tiempo real.

Para entender mejor este concepto de tiempo real valga este sueño descrito por Freud en 19oo (el sueño de la guillotina), respecto a un hombre que soñó que era detenido por ciertos revolucionarios (soñó en tiempo de la revolución francesa) que era detenido, llevado al cadarso y ejecutado enmedio de una pesadilla angustiosa. El caso es que cuando cayó la  cuchilla sobre su cabeza despertó de forma abrupta y se dio cuenta de que la cortina que cubría su cama habia caido sobre su cabeza. Lo sorprendente de este sueño es la coincidencia que existió entre la caida de la cortina y de la guillotina en el sueño. ¿Cómo puede darse esta coincidencia?

Aunque el sueño aparece como una narración, como algo que transcurre sometido al tiempo en forma de secuencias temporales en realidad el sueño se forma todo de golpe a partir de asociaciones irradiadas y aparece en la conciencia a partir del momento en que cae la cortina, si bien es muy posible que hubiera una facilitación previa para soñar en eso y no en otra cosa. Alguna preocupación diurna preparó un sueño persecutorio (tal y como sostiene Freud) pero el sueño completo tal y como nos lo cuenta el soñante es una elaboración secundaria. Una narrativa que añade tiempo (sucesividad) a algo que transcurrió simultáneamente.

Lo que nos lleva a la idea de que el tiempo que sucede en los sueños es bastante distinto del tiempo en que transcurre nuestra conciencia y que podria explicar el hecho de que algo que se llevó a cabo en décimas de segundo aparezca como un recuerdo de algo largo que podria parecer como de horas de duración.

Este decalage entre el tiempo real y tiempo onírico es precisamente otra de las claves de la psicofisiologia de los sueños y sobre la que volveremos cuando abordemos el tema de los sueños traumáticos donde trataremos de averiguar las diferencias entre sueños o recuerdos traumáticos y sueños y recuerdos normales.

Texto, pretexto y apoyo conceptual; Francisco Traver y Gonzalo Haro, Antonio Rodriguez y Agustin Morales.

Proyecto GMS (Global mind squeezing)

Tocando el código máquina (II)

Dicen y aceptamos todos que caminar es muy sano. Y lo es por muchas razones.

Pero a nosotros lo que nos interesa en este momento son sólo las razones de caracter mental. ¿Es sano caminar para nuestra mente?

Si, siempre que se cumpla una condición: no pensar.

En realidad lo que es sano mentalmente es el automatismo, la conducta automatizada, coser, orar, correr, conducir pueden ser igualmente actividades saludables aunque pocas veces conseguimos llevarlas a cabo sin estar al mismo tiempo dialogando interiormente con nosotros mismos, oyendo música, o contemplando simultáneamente las imágenes, canciones o escenas eróticas que atraviesan nuestra mente mientras las llevamos a cabo. Entonces, caminar, coser, o cualquier otra actividad automática dejan de ser saludables y se convierten en peligrosas por la distracción que conllevan. No es aconsejable conducir mientras se piensa en otra cosa, pues cuando se conduce hay que hacerlo prestando atención a la carretera y mantener la mente en blanco. Es muy dificil, ya lo sé.

Y lo es porque las prestaciones de nuestro pensamiento, nuestra imaginación y nuestros diálogos interiores exceden en definición a nuestros códigos reptilianos (código máquina) y a nuestros códigos límbicos o emocionales. Nos damos cuenta d elo que pensamos o imaginamos, lo podemos ver y tocar mientras que nuestro código maquina, binario y  tosco se nos muestra esquivo.

Lenguaje y pensamiento son estructuras de alto nivel, pero a cambio de ese alto nivel de prestaciones de definición podria interpretarse que nuestro cerebro profundo fracasa al representarse simbólicamente la realidad y que precisa de una “prótesis”, una interface que llamamos mente y que opera en cierta manera de abajo-arriba, es decir inventando o enactuando la realidad y no solamente representándosela pasivamente. Evidentemente existe una ventaja al permutar la realidad por su símbolo: una ventaja es que de esta manera superamos el determinismo puro, la huella del oso no es el oso, pero la desventaja más corriente es que en cierto modo somos ciegos para captar esa misma realidad.

Lo mismo sucede con los sistemas cibernéticos actuales: en cierto modo están pensados para compensar la falta de destreza del usuario, haciendo al sistema más ineficiente, lento e incapaz de operar a niveles de detalle para muchos cometidos. Para un ingeniero informático siempre será mejor trabajar con lenguajes de “bajo nivel” en aquellas ocasiones en las que deba resolver ciertos problemas que serian inaccesibles desde lenguajes o sistemas más elaborados.

Lo que es lo mismo que aceptar que una mayor definición no asegura una mayor competencia en apresar la realidad tal y como la realidad es.

De la misma manera podemos suponer que estas prestaciones de alto nivel que nos proporcionan lenguaje y pensamiento no podemos resolverlo todo, más adelante abordaremos como “la palabra” oportunamente dirigida puede tener la potencia necesaria para abrir mágicamente una brecha que modifique instancias inferiores, aunque tambien es necesario señalar que estos “insights” pueden ser espontáneos y que operan de forma acausal. De modo que puede existir una operativa de la palabra (o de la consciencia) sobre el código máquina cerebral que no hemos llegado aun a saber manejar a voluntad.

Podemos cojeturar también que en ese rápido y caótico proceso previo al insight no sólo sea la palabra sino el propio terapeuta a través de otras instancias el que abra esa grieta para penetrar en el Gran programa (usualmente a través de la seducción y de la autoridad), de modo que sin perder de vista lo anterior es interesante abordar el tema de cómo acceder a un código de bajo nivel que pueda ser más eficiente  y resolutivo.

Nuestro sistema cerebral debe responder a una circuitería, a un modelo con puertos de entrada o salida y buses que permiten la circulación de información por vías con distintas velocidades o anchos de banda. Es presumible que existan también distintos lugares de proceso especializado de la información. Asimismo el almacenamiento debe responder a criterios de eficiencia. Un ítem irrelevante irá hacia una zona alejada de la conciencia (inconsciente) y algo que por su inconsistencia o intensidad no pueda ser procesado en tiempo real (un trauma por ejemplo), pasará también a alguna zona alejada de la conciencia primaria. Sin embargo aquellos datos que se presentan como “útiles” para nuestra interacción con el entorno serán los que se vuelquen (dump) a esta consciencia de manera más o menos periódica creando nuestra realidad y su timing. Pero es interesante ver que es todo ese sistema el que habrá contribuido con toda su complejidad, a generar esa imagen que se nos muestra de manera aparentemente sencilla en la pantalla de nuestro consciente.

Pretendemos pues acceder a aquellos datos (bocetos o borradores preverbales y previsuales) que pertenecen a este complejo, pero que no se muestran a la luz de la conciencia.

Una primera estrategia consistiria en entrenar nuestro sistema para cambiar en conjunto el peso de las emociones que asociamos a la información que nos llega.

Un sistema inteligente no necesariamente humano, ha de contar con un proceso de evaluación. La evaluación conlleva a su vez que el dato se asocie con un determinado “peso” asociado con su importancia, es necesario que el dato contenga pues un metadato que señale el peso o valor de lo que contiene, en una especie de etiquetado fuzzy (de lógica borrosa) que ande pegado al dato puramente informativo: hay una sobreescritura pues en el nivel emocional que añade metainformación a cada uno de los datos que proceden de atrás-adelante y de abajo-arriba. Son las emociones las que confieren esta ponderación en el sistema humano y ese es el proceso que tiene lugar precisamente en el tálamo despues del volcado de información. Y eso conlleva que si somos capaces de alterar las emociones asociadas al dato podremos cambiar la evaluación que a un nivel más alto se hacen de las mismas.

La practica de meditación, mindfullness, ciertos tipos de yoga, la hipnosis y el sueño mismo, asi como un buen número de técnicas de este tipo serían un punto de entrada para meterle mano al código máquina. La literatura sobre estas técnicas es abundante y por esa razón no entraremos en el detalle de cada una de ellas. No obstante, podemos decir que una clave que tienen en común es la de “no juzgar”, la epoché . Sólo es posible el juicio desde la palabra o el pensamiento (estructuras de alto nivel) y se trata precisamente de liberar al sistema de la palabra y el pensamiento, pues es así como accederemos al código en bajo nivel. Si somos capaces de vivir en un presente continuo, estaremos continuamente reseteando el sistema; y viceversa.

Pero ¿qué ocurre cuando un código perturbador (por ejemplo, un trauma) ya está instalado en un área de almacenamiento atemporal y alejado de lo consciente? El reseteo continuo no basta. La narrativa psicoterapéutica se ha visto también ineficaz. Una vía plausible es la reescritura de la emoción en un entorno de bajo nivel, una especie de “meditación-diana”. Reescribir una emoción no implica revivirla sino observarla , reconocerla y aceptarla desde una profunda humildad. En ese marco puede ser transformada, reescrita, o sustituida por otra emoción; disolviendo la inconsistencia original.

Otra vía de entrada para tocar el código la constituye el cuerpo mismo. Hay una comunicación de bajo nivel entre cuerpo y mente en la cual el lenguaje y el pensamiento son puenteados. La actividad deportiva es en sí misma una puerta de entrada y en el ámbito de la terapia, técnicas poco conocidas como el “Authentic Movement” o la terapia vibracional de Manuel Almendros deberían ser también seriamente investigadas pues el cuerpo es el escenario sobre el que el trauma representa el teatro un sueño encarnado.

Por no hablar del psicodrama mismo, es decir de construir entornos significativos y personalizados como los que ya se están implementando en tecnologias de realidad virtual. Pero no vamos a ocuparnos de estas técnicas en este momento sino para señalar que gran parte de las patologías mentales humanas se producen por un exceso de pensamiento tal y como conté aqui: el reconocimiento hiperreflexivo es un exceso de modus operandi de nuestro cerebro en un alto nivel de definición. Estos fracasos se deben a la incompetencia de nuestra mente para adaptarse a la complejidad que esa misma mente humana creó: me refiero al hecho de que la cultura que los humanos hemos inventado supera con creces a la capacidad de un cerebro individual de hacerse cargo de ella. Esta es con toda probabilidad el origen de los fracasos individuales a la hora de adaptarse a una realidad que en gran parte es una enacción, es decir un invento, una anticipación tal y como sostenía Francisco Varela.

Proyecto GMS

Texto y pre-texto de Francisco Traver y Agustin Morales.