El código máquina y el cerebro profundo (I)

Un proyecto colectivo de varias neuronas que un dia salieron a comer juntas y desde entonces se activan juntas. Un proyecto cooperativo, un cerebro global. El proyecto 3.0 GMS (Global mental squizzing), un proyecto de exprimición de cerebros individuales que intentan construir uno más potente.

Autores de este primer capitulo: Agustin Morales y Francisco Traver

“Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla.” (Fernando Pessoa)

El jamais-vu es la sensación de no reconocer algo ya conocido; y en una línea más extrema, lleva a un estado de percepción de aquello atemporal que “hay afuera”, de desconexión con el sistema que procesa la realidad y de percepción sutil de  cómo la mente genera esta misma realidad.  Trataremos en este texto de transmitir alguna de las conclusiones que hemos extraído de nuestras experiencias personales .

El cerebro procesa información todo el tiempo, este proceso pasa inadvertido de la misma manera que  la gran mayoría de los procesos del organismo. No obstante la evolución ha determinado que puede ser muy útil que tengamos un modelo fiable de la realidad que nos rodea y a la escala sensible de nuestros sentidos. Este modelo nos permite interactuar con el entorno y crear sistemas de gran complejidad que perpetúen y multipliquen la información de forma exponencial. Tengamos en cuenta que la transmisión de información sea quizás el objetivo último del fenómeno evolutivo.

Para dotarnos de un “modelo de realidad” nuestro cerebro profundo (reptiliano) realiza un  volcado (dump) a intervalos más o menos regulares de una pequeña parte de su información a nuestra memoria consciente. Esta sucesión de volcados es la que crea la percepción de “vivir una realidad” por dos razones, una que procede del hecho de que la realidad es en gran parte una construcción, una anticipación de nuestro cerebro y otra que procede de las sincronías y las expectativas de ese volcado de información que nos proporciona la sensación de continuidad y de unicidad en nuestra experiencia consciente.

El volcado no puede ser inmediato, sino que ha de depender de unos tiempos de latencia, unas secuencias y unos procedimientos no necesariamente lineales. Es precisamente durante este proceso donde probablemente se produzcan las alteraciones que hagan que algo nos resulte familiar sin haberlo visto o sentido (deja vu)  o nada familiar habiéndolo conocido (jamais-vu), experiencias por otra parte comunes a la población general.

Igualmente un error persistente en este procedimiento podría generar un delirio,  síndromes relacionados con la identificación erronéa (Fregoli, Capgras) o la desrrealización presente en algunas enfermedades y también en algunas experiencias normales, por ultimo no cabe duda de que es el TEPT el modelo más interesante para conocer cómo funciona este volcado  einformación.  Todos estos casos son distorsiones de una realidad que antes que externa es interna, y por tanto es en este acontecimiento primero donde quizás habría que buscar la primera causa, pues cualquier conflicto con la realidad lo es en realidad con el mapa que lo representa y que de alguna forma lo anticipa.

Nuestra percepción de la realidad es una de entre una infinidad de representaciones posibles, una sombra platónica de aquello que “está ahí fuera”. Pero no es la fidelidad del original lo que el sistema busca, sino la consistencia entre sus elementos y la sincronización con lo externo. Si vemos las cosas de manera similar unos y otros, no es debido a que nuestros mapas representen fielmente la realidad, sino más bien porque ha de haber una compatibilidad entre los distintos sistemas para que la interacción pueda llevarse a cabo. Ahí fuera probablemente solo hay partículas, ondas, e información inefable que mantiene una biyección con nuestro mapa en base a una matemática prohibida donde los axiomas estallan.

Por otro lado nuestro sistema nos protege de esa percepción externa pues la realidad exterior carece de tiempo y aquello que es atemporal se empareja con lo muerto y lo inanimado, lo opuesto de la vida. Es por ello que su visión podría ser aterradora.

No obstante es con esa misma realidad atemporal con la que nuestro cerebro no consciente computa, opera y realiza sus procesos. La naturaleza de los “datos” con los que la información es manipulada  “ahí dentro” ha de ser casi por definición de preverbal y previsual ( sensorial), pues son anteriores a cualquier percepción formalizada. Algo parecido a bocetos de sonidos y de imágenes inconclusas, cuya comprensión nos está vedada, pues es la propia consciencia la que le da el carácter inteligible, emergiendo su significado en el mismo momento en que esta pasa a la conciencia.

Estos borradores atemporales son el lenguaje máquina manejado por nuestro cerebro profundo: el lenguaje del tronco cerebral o del inconsciente, un lenguaje enfocado a la supervivencia, el lenguaje del organismo que no pocas veces entra en colisión con el lenguaje formal del individuo: la base sobre la que posteriormente se sustenta el pensamiento y el lenguaje, herramientas estas mucho más refinadas, pero también mucho  más burdas en cuanto a la representación de la realidad externa e interna, sujetas a errores de “traducción” de las necesidades internas. Lenguaje y pensamiento son herramientas para hacernos estándar y mutuamente compatibles pagando el precio de la esclavitud que supone que todos seamos copias solapadas y redundantes de un sistema que quiere perpetuarse.

Podemos imaginar -no obstante- estados de conciencia que nos permitan entrar directamente en contacto con ese código interno.  Tocar ese código podría originar una sucesión de eventos en cascada que podrían afectar a nuestro consciente o a la manera en que la realidad es percibida y por tanto a nuestra vida. Una materia que podría tener efectos de gran alcance para nuestra vida y evolución futura y cuyo desarrollo tecnológico merecería especial atención.

Como una de las aplicaciones de esta tecnología conjeturamos que la curación de ciertos estados que hoy llamamos “enfermedades mentales” podrían realizarse actuando directamente sobre este código, pues estas “enfermedades” quizás no sean más que ligeras variaciones que no han tenido ocasión de ser modificadas en su entorno intemporal.

Pensemos por ejemplo en un TEPT, en el cual el sujeto tuvo acceso no sólo al evento traumático sino paralelamente a aquel estado de conciencia que le permitió insertar un código inconsistente de bajo nivel. Esta información podría ser volcada  una y otra vez a la consciencia arrastrando siempre el mismo error y dejando a la persona en un bucle irresoluble desde instancias superiores tal y como intentamos hacer infructuosamente en una psicoterapia. Habríamos por tanto de intentar acceder a él desde un estado similar a aquel en que la perturbación se introdujo.

¿Pero como acceder a ese código interno?

La experiencia nos ha enseñado que la comprensión del fenómeno de inserción de ese código en nuestro consciente no sirve de mucho más que para iluminar el problema. El problema suele resolverse sólo a través del arrastre fisiológico de la propia actividad cerebral. Para resolver el problema de un modo eficaz es necesario re-evocar las condiciones mentales donde el código se inscribió. Hay algunas técnicas prometederas en este sentido tales como las terapias y técnicas como PEMF (Pulsed Elctromagnetic Field Therapy), EMDR (Eye movement desensitizacion and reprocessing); DBS (Deep Brain Simulation) que aun no sabemos manejar con eficiencia.

Una de las razones por la que estas técnicas aun no son eficaces del todo es por qué no hemos conseguido aislar qué es lo que estamos buscando, no sabemos hacer las preguntas importantes, por ejemplo la meditación es un estado de desconexión de la conciencia vigil y una disminución de su frecuencia a bajas intensidades, está tan demostrada su eficacia como caminar ¿pero eficacia para qué? ¿Puede curar la meditación una depresión? ¿Y si es así como lo consigue? ¿Qué hacemos durante la meditación que no podemos hacer durante la conciencia vigil?

Todo parece llevarnos de la mano en la dirección de que determinados estados mentales son el semillero del cambio tanto para la patología como para la curación y que en cualquier caso de lo que se trata es de saltar por encima de nuestra tendencia hacia las limitaciones propias de la autorreferencia del lenguaje y del pensamiento.

El código máquina.-

El código de nuestro cerebro profundo es el que contiene las instrucciones precisas para la autopreservación, instrucciones groseras que evocan sobre todo al movimiento. Es el que se pone en marcha (volcado de datos) cuando nos tropezamos por ejemplo en la calle. Inmediatamente nuestro cuerpo trata de poner en marcha servomecanismos musculares y articulares para minimizar los daños. Lo mismo sucede en las situaciones traumáticas emocionales por así decir. Lo que se pone en marcha en esos momentos es el miedo, una emoción ancestral a la que debemos gran parte de nuestra supervivencia como especie, de no ser por ella y gracias a haber sido seleccionada positivamente por la evolución, nuestra especie ya se hubiera extinguido.

Cuando estamos en una situación de peligro real como por ejemplo en un accidente de tráfico suceden dos cosas interesantes, un volcado de datos de nuestro cerebro profundo (cargas emocionales de miedo y de movimiento) que llamamos fight or flight (lucha o huye) y otra cuestión aun más importante: el marcapasos de nuestro cerebro –el tálamo- se acelera, propiciando un tempo rapidísimo (un prestísimo musicalmente hablando) que hace que la experiencia consciente se ralentice a fin de dar tiempo a nuestro organismo de autoprotegerse.

Lo que suele suceder dependiendo de la intensidad del peligro vivido , es que el trauma que se volcó en nuestro consciente se convierta en un chicle, una especie de cuerpo extraño que contiene instrucciones para la supervivencia cuando ya no son necesarias para ello, es decir que se reexperimente (sobre todo durante los sueños) a fin de poderse arrastrar hacia el olvido.

Algunos traumas de disuelven solos (la mayor parte de ellos) pero existen dos tipos de traumas que no se resuelven espontáneamente:

1,.- Los que han tenido una intensidad suficiente o donde ha habido perdidas importantes o se han cometido o presenciado atrocidades.

2.- Cuando hay elementos discordantes: lo que en un lugar resulta traumático puede que en otro lugar produzca beneficios o placer.

No vamos ahora a ocuparnos de esta segunda posibilidad y la dejaremos anotada para hablar de ella en otra ocasión.

Vamos a decir sin embargo algunas palabras sobre la primera opción:

1.- Es necesario un estado mental concreto para que el trauma (instrucciones para la supervivencia) se vuelquen en el consciente y se convierta en un cuerpo extraño (amenaza para la vida o integridad y aceleración del marcapasos cerebral).

2.- Una vez establecido el trauma lo que sucede es que espontáneamente y después de varios reprocesamientos se extingue a través del arrastre cerebral dejando un recuerdo que ya no es traumático en sí mismo y representa un aviso para ir con más cuidado en otras ocasiones, aquí se nos revela el carácter adaptativo del miedo.

3.- La reexperimentación del trauma es la forma fisiológica de disolución del mismo y es a través del sueño como nos deshacemos de sus efectos nocivos, luego hay algo en el sueño benefactor para el reprocesamiento de la información.

4.- La desaceleración de la actividad consciente parece ser necesaria para la disolución de los traumas pero no suficiente. La meditación o la EMDR por sí mismas no pueden conseguir el arrastre de ciertos traumas por si mismas, hace falta algo más.

De ese más hablaremos en un nuevo post (el próximo).

Cerebros matemáticos: Fibonacci y Gödel

Donde hay un patrón existe una razón

Douglas Hofstadter

Asi piensa un matemático:

Si es demostrable es verdadero o lo que es lo mismo:

«Es verdadero porque es demostrable».

O:

Si es indemostrable es falso o lo que es lo mismo:

«Es falso porque es indemostrable».

Asi estaban las cosas hasta que llegó Kurt Gödel abriendo una grieta en los Principia Matematica de Russell y Whitehead a través del siguiente principio:

Es verdadero y es indemostrable y más allá de eso:

Es indemostrable (precisamente)  porque es verdadero.

Para entender a Gödel es necesario ir más allá de las matemáticas (de la lógica matemática) y adentrarse en la filosofía y en la lingüistica. La mejor forma es visitar esta web que me parece de las mejores y donde se explican las ideas godelianas de forma comprensible para el publico en general. Aqui hay otra explicación igualmente clara.

En honor a Gödel llamamos «bucle godeliano» a cuaquier bucle, es decir algo que posee realimentación y que además es recursivo, los nuevos elementos de una serie nacen a partir de otros predefinidos que llamaremos semillas o axiomas.

La serie Fibonacci es otra de esa curiosidades matemáticas que se constituyen de forma recursiva pues cada nuevo elemento se forma sumando los dos anteriores, cada numero Fibonacci contiene no pocos misterios:

1,1,2,3,5,8, 13, 21, etc

¿Encuentras algun patrón en esa sucesión?

A primera vista parece que los números no tienen nada que ver entre sí, pero:

  • La razón entre cada par de términos consecutivos va oscilando por encima y por debajo de la razón áurea, y que conforme va avanzando la sucesión se va acercando más a este valor.
  • En el reino vegetal su aparición más llamativa en la implantación espiral de las semillas en ciertas variedades de girasol. Hay en ellas dos haces de espirales logarítmicas, una en sentido horario y otra en sentido antihorario, formados por dos términos consecutivos de la conocida serie.
  • El cuadrado de cada número F se diferencia en 1 del producto de los dos números F situados a cada uno de sus lados. Conforme se avanza en la sucesión, esta diferencia va siendo alternativamente positiva y negativa.
  • La suma de los cuadrados de dos números F consecutivos cualesquiera, Fn2+Fn+12 es F2n+1. Puesto que el último de estos números es de subíndice forzosamente impar, resulta de este teorema que al escribir en sucesión los cuadrados de los números de Fibonacci, las sumas de los pares de cuadrados consecutivos formarán la sucesión de números de Fibonacci con subíndice impar.
  • Cualesquiera cuatro números de Fibonacci consecutivos A, B, C, D verifican la siguiente identidad: C2 – B2 = A x D.
  • La sucesión de las últimas cifras de los números de Fibonacci tiene período 60. Si se toman las dos últimas cifras, la sucesión tiene período 300. Para la sucesión formada a partir de las tres últimas cifras el período es ya 1.500; para cuatro, el período tiene 15.000 cifras; para cinco el número asciende ya a 150.000, y así sucesivamente.
  • Para cada entero m hay una colección infinita de números de Fibonacci exactamente divisibles por m, de los cuales al menos uno se encuentra entre los 2m primeros términos de la sucesión.
  • El tercero de cada tres números de la sucesión es divisible por 2; al contarlos de cuatro en cuatro, el cuarto es divisible por 3. El quinto de cada cinco es múltiplo de 5; el sexto de cada seis, es divisible por 8, y así sucesivamente, siendo los divisores números F en sucesión.
  • A excepción del 3, todo número F que sea primo tiene subíndice primo. Dicho de otra forma, si el subíndice es compuesto, también lo será el número F correspondiente (Por ejemplo, 233 es primo y porta subíndice 13, también primo). Pero la recíproca no es cierta. Hay números de Fibonacci con subíndices primos que son números compuestos. El primer ejemplo es F19 que vale 4.181, siendo éste último múltiplo de 37 y 113.
  • Con las excepciones triviales de 0 y 1, tomando 0 como el elemento de subíndice 0 de la sucesión, entre los números de Fibonacci hay solamente un cuadrado perfecto, el elemento 12, que es 144, muy curioso, pues su valor es el cuadrado del subíndice.
  • En la sucesión de Fibonacci hay solamente dos cubos: 1 y 8.

De manera que las series recursivas esconden un patrón que se encuentra -eso si- bastante oculto pero haberlo haylo.

Observe esta definición y veamos si está bien construida gramaticalmente y si es recursiva:

Castellón es una ciudad pequeña

¿Lo es?

Bueno, es una frase que se refiere a sí misma de una manera superficial, pero no es recursiva. Pues para ser recursiva necesitariamos encerrar Castellón en unas comillas.

«Castellón» es una ciudad pequeña.

¿Hemos ganado recursividad ahora?

No, porque  Castellón no es una ciudad sino una palabra (encerrada en comillas).

«Castellón» es una palabra trisilábica.

¿Y ahora?

Ahora si hemos construido una frase recursiva que se refiere a sí misma.

Si pongo estos ejemplos de los numeros naturales y de la gramática es para señalar en la dirección de que estamos rodeados de mensajes (de que la comunicación humana) es necesariamente equívoca, pues está construida de mensajes tan paradójicos como este:

«Castellón es una ciudad pequeña y trisilábica».

Como el lector podrá comprobar la frase anterior es incorrecta dado que en un momento determinado (en la misma frase) hay algo recursivo y algo denotativo que al mezclarse entre sí constituyen una incorrección gramatical. El problema es que no hay manera de construir esta frase de un modo correcto.

Algo parecido nos sucede cuando nos dicen:

«Defínete a ti mismo».

¿Cómo hacer eso, ¿quien soy yo? Podemos hablar de nuestros atributos, de nuestra profesión, de nuestra filiación o procedencia ¿Pero sabemos contestar a esa pregunta?

No, ni sabemos, ni podemos precisamente porque el Yo es un bucle extraño y sólo podemos recurrir a la tautología, «Yo soy yo», ese que habla y se muestra. Y no es ninguna broma porque realmente en el Yo se encuentran agazapadas todas las características del teorema de Gödel:

Yo soy indemostrable porque soy verdadero.

Los cerebros humanos son los únicos cerebros que han sido capaces de crear a lo largo de la evolución, un bucle extraño y recursivo, que puede referirse a sí mismo y que al mismo tiempo imposibilita al humano de dar una autodefinición que no sea recursiva, paradójica o redundante.

Condiciones para la emergencia de un bucle godeliano en el cerebro de un simio.-

  • La existencia de semillas (o axiomas) que están garantizadas por nuestra genética que recoge, y es, un recapitulación de la filogénesis.
  • Que exista realimentación, es decir un otro que opere como extremo del bucle (la madre o el criador).
  • Que exista una cerebro capaz de procesar símbolos y que a su vez esos símbolos sean introducidos progresivamente desde el extremo del bucle, es decir que no exista deprivación.
  • Que exista la capacidad de establecer categorías.
  • Que exista la capacidad de imaginar escenarios, pasados, presentes o futuros, memoria y anticipación.
  • Que exista un aparato sensorial (reentradas) capaces de decodificar los estímulos ambientales y los estímulos internos.

Entonces aparece un bucle recursivo, un Yo autoconsciente que va emergiendo poco a poco desde las semillas: desde los axiomas de la indiferenciación.

Pero ese Yo, tiene límites, y uno de esos limites es la relativa incapacidad de observarse a sí mismo.

No solamente existe este límite a la autodefinición sino que somos capaces de ignorar activamente cadenas de nuestros pensamientos que los otros Yoes pueden ver y que nosotros podemos negar. Gracias a la empatía somos capaces de conectar con los Yoes ajenos de una forma más eficaz de lo que lo hacemos con nosotros mismos. Desafortunadamente -y al mismo tiempo- nuestras hipótesis sobre los Yoes ajenos son indemostrables aunque -siguiendo el principio de Gödel- pueden ser muy coherentes (y necesariamente incompletas).

La aproximación de Gödel tiene pues muchas aplicaciones para entender eso que llamamos conciencia (El Yo), por lo que es seguro que volveré sobre este asunto alguna otra vez.

Fotografías obtenidas de esta web.

Kurzweil y la neurociencia

Ray Kurzweil es uno de esos gurúes de la tecnología que se ha hecho famoso y tambien rico gracias a múltiples inventos relacionados con la electrónica y la música electrónica compuesta por ordenador. Pero Kurzweil no es solamente un ingeniero de las máquinas  sino un tecnólogo de la información y una especie de profeta de las cosas que aunque ahora nos parezcan ciencia ficción están mas cerca de nosotros de lo que parece, recientemente estuvo en España invitado por la Fundación telefónica para dar una conferencia. Esta conferencia puedes verla aqui en este video.

Tambien Punset le hizo una entrevista en el 2008 que está aqui y que habla de una de las ideas más inquietantes de Kurzweil: me refiero a un futuro de fusión entre el hombre y la máquina, de la biologia con la tecnología, es decir la emergencia de un hombre biónico.

Más allá de eso Kurzweil está convencido de que los seres humanos podremos trascender la propia biología, ir más allá de nuestras fatalidades genéticas y reproducir y copiar los genes benevolentes para trasplantárselos a otros (no dice a qué precio), pero el futuro que dibuja es realmente escalofriante y plantea numerosas dudas éticas, empresariales, de investigación médica y aun metafísicas.

Será por eso que su ultimo libro ha sido llamado «La era de las maquinas espirituales» y que nace como continuación del anterior «La era de las máquinas inteligentes». Kurzweil toma prestados ciertos argumentos de Julian Huxley y del transhumanismo para hacernos llegar ese mensaje predictivo que parece reposar en una verdad axiomática:la tecnología es un invento del hombre que nos permite construir nuevas tecnologías y que por tanto se desarrolla a una velocidad creciente y exponencial, muy veloz  si la comparamos con la velocidad de las adaptaciones biológicas que precisaron eones de tiempo para establecerse.

En este post abordé precisamente la distancia que separan al hombre moderno de sus adaptaciones ancestrales y las posibilidades fácticas o imaginarias propiciadas por la tecnología: para el hombre de hoy es más fácil hablar sin cables con alguien de un pais extranjero que curarse una diabetes tipo II debido a portar el maldito gen de la resistencia a la insulina, naturalmente esta disonancia es dificilmente explicable en terminos técnicos, pero hay algo que no sabemos hacer más allá de los paternales consejos sobre la dieta, el ejercicio o la abstinencia del tabaco.

La idea es que el desarrollo tecnológico impulsará necesariamente la invención de tecnologías de soporte por un lado pero también la emergencia de nuevas propiedades de nuestra conciencia tal y como hizo la rueda, el lenguaje o la maquina de vapor, que se verá fortalecida por el uso médico de estas misma tecnología y que arrastrará de algun modo la investigación hacia su zona de influencia.

Pero para Kurtzweil –ley de Moore en mano- el futuro ya está aqui.

Sustituir un gen averiado por un gen nuevo (en todas y cada una de nuestras células) no parece representar demasiadas complicaciones que no vengan derivadas de la nanotecnologia y del precio de esas prótesis de ADN necesarias para la permuta. El problema no es tanto encontrar ese gen averiado (que en gran parte ya se conoce) sino introducirlo en nuestro organismo con garantias de que llegue al lugar adecuado. Es por eso que Kurzweil supone que el avance de las tecnologías tienen mucho que ver con las tecnologias de soporte que le son necesarias para que sostengan a las primeras.

Quiere decir que ya sabemos mucho, pero que en algunos ámbitos de nuestro conocimiento es necesario aun un pequeño empujón para hacer que los inventos trascendentes sean asequibles y baratos y logren internalizarse en su uso diario, como ya ha sucedido con el ordenador, el móvil o el fax.

La ley de los rendimientos acelerados permite establecer y predecir cuando y cómo lograremos alcanzar una determinada tecnología; asi mientras nuestros conocimientos en computación crecen en una proporción logarítmica, las industrias de soporte y la manufacturación de ciertos artilugios retrasan los efectos del cambio: piénsese en el coche eléctrico por ejemplo, si aun no es el único modelo en el mercado del automovil no es porque no se haya conseguido ya la suficiente tecnologia para hacerlo en serie, sino que lo que obstaculiza su difusión es el tamaño de la pila eléctrica y los puestos para recargar de energia sus depósitos.

Se trata de un claro ejemplo de lo que Kurzweil llama los saltos «de puente a puente». En ocasiones el siguiente puente aun no ha sido inventado, pero sucede a veces que lo que falta es un camino fácil para transitar el camino de puente a puente sin meterse en el agua.

Personalmente estoy bastante de acuerdo con algunas de las predicciones de Kurzweil o al menos a su modelo predictivo pues aluden y recuerdan tangencialmente al concepto biológico de exaptación del que hablé aqui en este post.

La exaptación es un concepto evolucionista que segun la wikipedia:

En Biología, se conoce como exaptación a aquella estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación a unas determinadas condiciones o que no es adaptativo (neutro), y una vez que ya está consolidado (generalmente, varios millones de años después) comienza a ser utilizado y perfeccionado en pos de una nueva finalidad, en ocasiones no relacionada en absoluto con su «propósito» original.

El concepto fue usado por primera vez en el artículo Exaptation – a missing term in the science of form de Stephen Jay Gould y Elizabeth Vrba, donde se trataban de explicar el origen de adaptaciones sumamente complejas a partir de estructuras sencillas sin caer del todo en la idea de la preadaptación.

El lenguaje podria ser visto como un proceso de exaptación a partir de cambios en la posición de la laringe humana -que no necesariamente fueron adaptativos en su comienzo- y que terminaron por ser usados para hablar, creando el lenguaje de símbolos que nosotros conocemos y que usamos para comunicarnos unos con otros.

La idea de Kurzweil es que las tecnologias llegan a ser útiles cuando se han convertido en información, eso fue precisamente lo que sucedió con los cambios anatómicos de nuestra laringe y nuestra corteza cerebral: terminaron por resultar útiles cuando la tecnología (uso de armas y herramientas, fuego y caza comunal) lo permitieron.

Todo lo cual permite especular que no hay tecnología banal y que es muy probablemente algo trivial lo que pueda hacer de puente entre lo que ya sabemos y lo que podemos llegar a hacer con nuestros conocimientos actuales.

¿Existen los zombies?

Cuando ellos comen el cuerpo de Cristo realmente se comen a Cristo

Debemos a David Chalmers la idea o mejor el planteamiento del dilema filosófico que conocemos con el nombre de «dilema del zombie», un experimento mental que ideó para iluminar si la consciencia es algo autonómo de lo material o por el contrario si era algo inevitablemente vinculado a la materia.

En este post podemos ver el planteamiento de Chalmers y al mismo tiempo una refutación de esta idea que por cierto es uno de los experimentos mentales más refutados de todos los que conozco siendo como es sólo un planteamiento teórico relacionado con el desarrollo de la inteligencia artificial. En síntesis el dilema que plantea Chalmers es éste:

1. Podemos imaginarnos un mundo con seres como nosotros, que hagan lo que nosotros, pero que no sean conscientes: los zombies (o autómatas).

2. La física no podría dar cuenta de la diferencia.

3. Por tanto, la consciencia es una propiedad fundamental y ontológicamente autónoma.

Significa que aunque ese tipo de seres son en principio imposibles lo cierto es que es posible imaginarlos, se trataria de que usted pudiera pensar en un doble de usted mismo aunque carente de subjetividad, una especie de robot duplicante que seria en todo caso indistingible de usted mismo.

Lo que nos lleva de cabeza a la cuestión principal: la consciencia es algo que sucede en primera persona, de forma inmediata, tal y como comenté en otro lugar, una experiencia cercana a lo que entendemos como mismidad:

Me experimento a mi mismo como el origen de mis experiencias. Esta forma de acceso a mí mismo es una forma primitiva de egocentrismo que es preverbal y prereflexiva, se trata de una experiencia inmediata en tanto que resulta una evidencia que no se da a manera de inferencia o criterio, no es un pensamiento, ni una emoción ni una cognición, es una experiencia de contacto primordial con uno mismo o autoafecto.

Lo que significa que la consciencia de sí , la mismidad -la experiencia de que somos y tenemos un cuerpo al mismo tiempo- es una experiencia primaria, directa, que no tiene que ver con el aprendizaje y que representa el bordado o enlaces entre nuestro cuerpo y nuestro Yo, los puentes que unen mente y cuerpo,  a esa experiencia le llamamos mismidad y se supone que es innata aunque plástica y versátil, todos podemos dar cuenta de ella y estar seguros al mismo tiempo de que aunque el otro es inaccesible intuimos que tiene tambien una consciencia parecida a la nuestra , a este fenómeno le llamamos teoria de la mente (ToM).

¿Es posible imaginar que alguien careciera de mismidad o que tuviera fallos, interrupciones en la conectividad entre la mente y el  cerebro? ¿Que le sucederia a una persona asi?

Es posible imaginarnos a ese alguien y más abajo daré algunos ejemplos reales, pero asi y todo esa persona no careceria en absoluto de consciencia, se trataría en todo caso de una consciencia descarnada, desconectada, distinta pero no ausente..

¿Es posible imaginarse a un autómata, a alguien programado para comportarse de manera similar a nosotros  y que obedeciera a un programa instalado en él para hacer, decir o actuar como un ser humano pero que careciera al mismo tiempo de una subjetividad propia?. ¿Es posible imaginar un robot, un zombie o un autómata de esa guisa?

Hace cierto tiempo reflexioné sobre esta cuestión en un post que llamé «Robots enamorados» a propósito de un libro escrito por David Levy y donde me pronuncié sobre el éxito de los robots sexuales, que podrían ser programados de acuerdo con las necesidades o preferencias del cliente. Estoy seguro de que la profecía de Levy será realidad, otra cosa es si esos robots siliconados serán capaces de sentimientos genuinos, es decir si serán capaces de subjetividad propia.

Antes de responder con un no rotundo a esta cuestión, me gustaria abordar qué significa la palabra «genuino», ¿como saber lo que es verdadero de una simulación? ¿Como saber si las personas que nos quieren nos quieren en realidad?.

Para amar y tener la experiencia de que somos realmente amados de forma genuina es necesario tener una experiencia de mismidad. El que tiene intacta esa experiencia sabe cuando el otro -que tambien tiene su proxima mismidad- nos ama.

¿Cómo lo sabemos?

Lo sabemos porque hemos renunciado a la hiperreflexión computacional y lo hemos hecho porque hemos aprendido a manejarnos en un horizonte de probabilidades donde la certeza suficiente -después de múltiples pruebas y demostraciones de amor- se situa en torno al 60% de probabilidad, no pretendemos ir más allá.

Nótese que la certeza se situa muy próxima a la incertidumbre absoluta (el 50%)

Puesto que la consciencia humana no es una sumatoria de cómputos sino que posee un plus, un algo más que llamamos comprensión o autoconciencia -hechos discontinuos no computables- , somos capaces de, con este añadido, obetener una prótesis de certeza adicional, lo que nos aporta la suficiente verosimilitud para dar algo por seguro.

En el caso anterior podríamos hablar de robots sexuales pero no robots enamorados, la ventaja de estas máquinas sobre los humanos es que estos robots carecerian de ambivalencia -y por tanto de conflictos- al carecer de libertad.

Hay que entender ahora que para amar hace falta libertad, es decir un sistema que sea capaz de moverse y tomar decisiones en un entorno de incertidumbre y no en la necesidad de la programación. Significa que un robot podria ser programado para amar a su dueño pero eso no podría ser considerado amor pues el robot carecería de libertad para elegir y estaría obligado a amar a cualquiera que se pusiera a tiro con tal de darle un click.

Incertidumbre significa un 50% de probabilidades entre el si y el no, la máxima libertad del sistema, ningun robot podria funcionar de ese modo pues pronto o tarde introduciria su «subjetividad» para tomarse la revancha como sucede en las peliculas de ciencia-ficción: seria entonces un humano-like.

Hace algunos años tuve un paciente que presentaba dificultades emocionales importantes de tipo obsesivo y que habia ya «quemado» varias parejas siempre atormentado por la siguiente duda ¿como saber si ella me quiere por mí o por mi dinero?

Se trata de una duda obsesiva, es decir de un síntoma cognitivo relacionado con la tendencia de este paciente hacia la hiperreflexión cartesiana, es decir a una sobreinterpretación y sobrevaloración racional de los hechos, mi paciente se comportaba como un robot, es decir como una máquina puramente racional que arruinaba sus sucesivas parejas siempre atormentado por esta duda.

En realidad y si usamos tan sólo la computación clásica (la computacion cognitiva), mi paciente tenía razón: no hay manera de saber si le amaban por su dinero o por sí mismo (ambas cuestiones eran inseparables) y puesto que un simulador seria indistingible de un amante altruista y devocional la duda parece razonable.

Ciertamente la consciencia humana es incapaz de distinguir entre un amor verdadero y uno bien simulado si trata de hacerlo de forma racional pues quedaria instalado, para averiguarlo, en esa incertidumbre que le enjaula convirtiéndole en un obsesivo.

Todos estamos capturados por la incertidumbre puesto que la subjetividad del otro es inaccesible. La incertidumbre es la esencia de lo humano y es porque existe la incertidumbre que existe libertad.

¿Entonces por qué algunas personas sufren por eso?

En un post anterior que titulé «La dualidad radical de la esquizofrenia» expliqué que la esquizofrenia -al menos sus formas más graves- es la situación patológica más aproximada a la zombificación en humanos que aqui se nos plantea y además de forma espontánea. La esquizofrenia es una enfermedad mental que separa y aniquila las conexiones o enlaces entre la mente y su cerebro e instala al individuo que la padece en una dualidad radical cuerpo-mente. Tal y como decía alli -siguiendo la teoria de Stangellini- ,el esquizofrénico es un ser incorpóreo o una mente desencarnada:

Es precisamente la incorporeidad la que unifica las diversas dimensiones de la experiencia esquizofrénica, el centro de los centros. Hay una incoporeidad del Yo, y una incorporeidad de las relaciones del Yo con el objeto e interpersonales. La persona esquizofrénica se comporta como un cuerpo sin alma o dicho de una manera menos metafisica como si el sujeto sintiera que es un espíritu -una conciencia- adherida a un cuerpo que no es suyo, un cuerpo inanimado, un autómata.

Pues el esquizofrénico carece de sentimiento de mismidad.

La consecuencia de esta falta de contacto corporal inmediato es la experiencia de perdida de presencia, en los casos más leves se siente separado de sí mismo, pero en los casos mas graves existe un hueco, un agujero, un profundo desgarro, una experiencia de vacio nihilista “No hay nada en mi vientre” o “Soy solo un marco”. Un estado que lleva a una mecanización del cuerpo con tal de mantener unidas sus partes que han perdido entre sí sus enlaces.

Naturalmente y aunque la esquizofrenia representa la forma conocida más grave de separación entre  la mente y el cuerpo, la dualidad resultante no es privativa de esta enfermedad. El paciente que más arriba cité era un neurótico común y sin embargo presentaba indicios de fallos en esta conectividad cuerpo-mente al menos en cuanto a su comprensión de las pruebas de amor de sus parejas: su duda era el síntoma de esa desconexión.

La mecanización del pensamiento en este sentido puede ser contemplado como un efecto de mantener unida la experiencia sensorial (en los esquizofrénicos) o cognitiva en los obsesivos que se ven incapaces de desconectar ese módulo racional que opera en incertidumbre absoluta. El resultado es la asunción de la dualidad como método de trabajo predominante con un exceso de hiperreflexión y de sobreinterpretación junto con una tendencia a la proyección de los contenidos más indeseables -subproducto de la dualidad-, algo que daria lugar a los fenómenos elementales de la esquizofrenia y a los excesos de racionalidad y control en los obsesivos.

De manera que creo que sí existen los zombies y que habitan entre nosotros, no tanto los que Chalmers imaginó sino esos otros que identifican las palabras con cosas, las metáforas como realidades fácticas y que no usan más que las prestaciones del raciocinio o de la hiperreflexión (pensamiento operativo) para entender el mundo, algo imposible porque la mente por sí sola, a través de procesos computacionales es incapaz de entender la realidad, al menos esa realidad tan compleja que hemos tejido los humanos para relacionarnos entre nosotros.