La estrategia del gorrión

No cabe duda de que nuestra especie es una especie fundamentalmente monógama como ya saben los lectores de este blog. Me he referido en demasiadas ocasiones a este aspecto de nuestra conducta sexual para incidir de nuevo en las razones (las ventajas) que para nuestra especie ha representado la monogamia.

Es posible concluir que la monogamia es una estrategia reproductivamente estable que ha reportado muchas ventajas a nuestra especie, de manera que es muy posible que se trate de una adaptación o bien se deba a un subproducto de la selección sexual. En cualquier caso lo que sabemos es que es la estrategia reproductiva más representada en nuestra especie si bien en convivencia con la promiscuidad o por decirlo en términos no tan clínicos, con el merodeo.

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Homúnculos y módulos de adicción

hmunculo

En un post anterior ya me referí a la idea original de Jerry Fodor respecto a la multimodularidad de la mente. Se trata de una idea que cuando fue publicada tuvo escaso éxito, sin embargo David Eagleman la retomó recientemente en su libro “Incógnito” si bien en lugar de módulos habla de “zombies”. Un libro que subtitula como “las vidas secretas de la mente”.

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La hipótesis de la competencia social en la depresión

En este blog he citado un buen número de veces a John Price y sobre todo un artículo concreto: “La hipótesis de la competencia social en la depresión”, una teoría de la psicología evolucionista que explica por qué nos deprimimos. De manera que no me resisto a traducirlo al español una vez encontrado el artículo entero en inglés, concretamente aqui en una página con papers de Price y colaboradores cercanos.

Este es el trabajo traducido, sui generis.

Resumen.-

Personalidad depresiva y trastorno depresivo se examinan desde una perspectiva evolutiva, un punto de vista adaptativo.  Se postula que el estado depresivo ha evolucionado en relación con la competencia social, como una estrategia inconsciente e involuntaria de sometimiento que permite a la persona eludir la derrota en encuentros agonísticos y rituales para dar cabida a lo que de otro modo sería una percepción inaceptable de bajo rango social.   Algunas implicaciones para la investigación y el tratamiento se discuten.

El articulo.-

Hay cierto acuerdo en que los estados depresivos representan “un patrón psicobiológico  de respuesta”, que es parte del repertorio heredado del comportamiento del organismo humano (Lewis, 1934; Hill, 1968; Beck, 1987; Nesse, 1990; Gilbert, 1992; Powles , 1992).   Esto significa que la depresión ha realizado alguna función en el transcurso de nuestra evolución y que aquellos de nuestros antepasados ​​que tenían la capacidad de deprimirse sobrevivieron a expensas de los que no lo hicieron. Sin embargo, es más fácil estar de acuerdo en que deprimirse cumplía una función adaptativa que ponerse de acuerdo sobre la naturaleza de esta función. Ignorar el problema sería limitar nuestra comprensión de la biología de la depresión y posiblemente renunciar a la investigación de la etiología, clasificación y tratamiento.

El rendimiento psicobiológico está limitado en la depresión. No hay deterioro de la percepción, de la ejecución y de los procesos centrales que median entre la percepción y la ejecución, experimentada como dificultad en la toma de decisiones (Radford et al., 1986).   Incluso en las depresiones leves existe algún deterioro, sobre todo para las tareas que requieren iniciativa.

Alteración del rendimiento no es incompatible con una función biológica. El rendimiento se altera en el sueño y la hibernación; visto fuera del contexto del cambio circadiano y circanual podemos ser escépticos de su valor adaptativo.

En relación a la competencia social , la depresión puede ser vista con un propósito evolutivo (Price, 1967; Sloman, 1976; Gardner, 1982; Sloman, Gardner & Price, 1989; Gilbert, 1992).   El resultado de la competencia es que los ganadores y perdedores se comportan de forma diferente, y puede ser que el cambio del estado de ánimo sea el mecanismo que media en esta variación en el comportamiento.

La identificación de la depresión como un componente de un sistema de comportamiento que compartimos con otros animales ancla a nuestro sujeto firmemente a las disciplinas básicas de la etología comparada (el estudio de la conducta, como ocurre en la naturaleza) y la ecología del comportamiento (el análisis de la conducta en términos de función ), con lo que se completa el trabajo pionero de John Bowlby sobre la conducta de apego (Goldberg, 1991).

Un trabajo reciente en ecología del comportamiento se ha preocupado con situaciones en las que un animal utiliza solamente una de un conjunto de dos o más estrategias alternativas de comportamiento (Krebs y Davies, 1987).   La depresión puede ser identificada como una estrategia de sometimiento y la elevación del estado de ánimo como una estrategia ganadora o de escalada.

La adopción de una estrategia perdedora a menudo implica recursos anteriores que pueden contribuir a la reproducción, la depresión también pueden caer en la categoría de comportamiento altruista que ha sido de interés en teoría de la evolución reciente (Hamilton, 1963;   Krebs, 1987).

Finalmente, el análisis matemático del comportamiento competitivo animal requiere una variable para expresar el conocimiento de los animales de su propia capacidad de lucha.   Este animal concepto de sí mismo que se ha denominado “recurso de retención potencial” (RHP) y puede ser el “embrión” de la autoestima humana (Parker, 1974; Wenegrat, 1984; Archer, 1988).   RHP determina si un animal intensificará la confrontación y los ataques, o de escalada o si adoptará la “estrategia involuntario subordinado”, que creemos puede ser el antecedente de los estados depresivos.   Por lo tanto estamos en condiciones de utilizar las herramientas de la ecología del comportamiento en el análisis de la interacción mutua de la autoestima y cambio de humor, que impregna gran parte de la práctica psiquiátrica.

Formulación de la hipótesis.-

La hipótesis de la competencia social de la depresión es que los seres humanos comparten con sus antepasados ​​más primitivos un mecanismo para la obtención de ventajas en situaciones competitivas.   Esta “estrategia involuntario subordinado” tiene tres funciones principales:   (1) una función ejecutiva, que impide que la persona tratando de hacer un “come-back” por el comportamiento agresivo inhibir a los rivales y superiores  y creando una sensación subjetiva de incapacidad;   (2) una función comunicativa que indica “ninguna amenaza” a los rivales y “fuera de combate” a cualquier pariente o aficionados que deseen para empujar al individuo a la arena para luchar en su nombre;   y (3) una función de facilitación que pone al individuo en un “abandono”que anima a la aceptación de los resultados de la competencia y promueve la conducta que expresa  entrega o sumisión voluntaria.   Esto conduce a la reconciliación y la terminación de cualquier conflicto a través de la “estrategia involuntario subordinado” destinada a inhibir la agresión.   Pero si la estrategia sumisión-voluntaria está bloqueada por cualquier motivo, la estrategia “subordinado involuntario” puede ser intensa y prolongada y puede ser reconocida como una enfermedad depresiva.

Competencia social puede ser descrita en un número de diferentes niveles y la hipótesis que relaciona la depresión a la competencia social puede ser expresado en términos de cada nivel, como sigue.

La selección sexual.-

Darwin (1871) señaló que, además de la selección natural, un proceso social opera en las especies animales para determinar qué individuos en cada generación se reproducen (Ryan, 1985; Harvey & Bradbury, 1991).   Él llamó a este fenómeno la selección sexual y (se sub-divide en inter-sexual de selección (en la que se elige otro sexo para el apareamiento), y la selección intra-sexual en la que cada sexo compite con miembros del mismo sexo para el acceso al otro sexo (Sloman y Sloman, 1988).   La implicación de esta hipótesis es que en cada generación uno o más procesos sociales dividen la población en los que tienen éxito y los que han fracasado o no puede mantener el éxito que han logrado.   Es evidente que el éxito y el fracaso debe mostrar una gran diferencia en el comportamiento, por ejemplo, el éxito tiene que sufrir una inhibición relativa de la conducta reproductiva.   Estados reconocidas de inhibición incluyen:

a) la muerte, rara en los vertebrados, común en invertebrados (por ejemplo, arañas Huntingford y Turner, 1987).

b) supresión fisiológica del desarrollo sexual, como ocurre, por ejemplo, en la rata topo desnuda y en algunos Nuevo Mundo monos (Abbott et al., 1989).

c) inhibición de cambio de sexo, de forma que el individuo subordinado se mantiene en el sexo opuesto por las señales del individuo dominante, como ocurre en algunos peces (Keenleyside, 1979).

d) algunos síndromes psiquiátricos, incluyendo los fenómenos que reconocemos como la depresión clínica.   Esta depresión puede ocurrir como un fenómeno permanente, en forma de personalidad depresiva, en el caso de los que nunca tienen éxito, o como un episodio de depresión “enfermedad” en los que alcanzar el éxito y luego lo pierden.

La jerarquía social.-

Los roles sociales de los animales exitosos y no exitosos se representan de dos maneras diferentes, pero relacionados.   En algunas especies los dos roles contrastantes son “territorio-propietario” y “no-propietario territorio”.   En otras especies que son de alto nivel y de bajo rango dentro de la jerarquía social.

Se sugiere que la depresión es un componente de la estrategia de comportamiento desarrollado para el papel de propietario y no-territorio.

Nosotros esperaríamos encontrar la depresión se manifiesta en la forma de la enfermedad o la personalidad que refleja el hecho de que algunos individuos logran la propiedad y / o alto rango y luego la pierden, mientras que otros no han logrado estos objetivos en el primer lugar.

Una jerarquía social realiza dos funciones diferentes.   En primer lugar, se regula la transferencia de poder y de las oportunidades de mejoramiento de una generación a la siguiente.   En segundo lugar, se estratifica cada generación en términos de potencia y oportunidades de cría, y es esta segunda función que media la selección sexual.

La más simple es la jerarquía asimétrica relación de dos personas.   Hay muchas maneras de negociación de la posición inferior en una relación (Price, 1988, 1992a) y éstos pueden estar asociados con la distorsión perceptual y cognitiva en el miembro subordinado.  Puede haber adulación en la que se amplía el estado del miembro de un plano, y no es la depresión en la que se disminuye el estado del miembro subordinado.   Tanto asegurar una complementariedad estable de la relación y evitar la perjudicial “carrera armamentista” de esquismogénesis simétrico (Bateson, 1972).   A diferencia de adulación, el mecanismo depresivo permite un interruptor en uno-upness, cuando la depresión crónica en el miembro subordinado puede ser sustituido por una depresión aguda en el miembro anteriormente uno-up (Price, 1991).   La asociación de la depresión con la pérdida de la posición social en animales se ha discutido para las aves (Precio y Sloman, 1987), monos (Price, 1989) y lagartijas (Price, 1992b).

Ritual de comportamiento agonístico.-

El comportamiento agonístico es la interacción social que producen estas asimetrías en la mayoría de las especies de vertebrados.   Un encuentro entre competidores es seguido por la lucha ritualizada.   La ritualización reduce el riesgo físico para ambas partes.   El comportamiento es como un perder ritualizado por los combates.   La depresión puede ser vista como una forma ritual de  producir incapacidad temporal psicológico que indica sumisión al ganador, pero conserva al perdedor sin daño físico.   Se lleva a cabo la función que desempeña la muerte en combate desritualizado, y que el árbitro realiza en competencia cultural ritualizado.

Recurso de retención de potencial (RHP).-

Comportamiento agonista puede ser descrito en términos de un concepto llamado auto recurso de retención de potencial (RHP) (Parker 1974, 1984).   RHP es una estimación de la capacidad de luchar por el individuo y otros.   El tamaño, la fuerza, la destreza, el éxito anterior, las armas y aliados, todos indican una mayor capacidad de lucha.   La salida de una alta auto-percepción de la RHP es una amenaza o ataque.

Todos los fenómenos de comportamiento ritual agonista puede ser descrito en términos de señales de cualquiera de RHP absoluta o relativa (Price, 1988).   Comportamiento agonístico Ritual entonces se puede conceptualizar como un sistema de gestión RHP que produce un orden de clasificación de los individuos de acuerdo a las diferencias de RHP.

La autoestima es lo más cercano que podemos llegar a RHP en términos humanos, y nuestra hipótesis es que la autoestima se desarrolló fuera de RHP.   Esto explicaría por dos aspectos de la autoestima que parecerían ser desconcertantes:   su naturaleza global y la gran variación en la autoestima de la población (Lancet, 1988);   estas dos características son esenciales para la función de RHP.   Refraseo nuestra hipótesis en términos de RHP, se puede afirmar que la depresión en su forma crónica es una función de la RHP bajo, y en su forma aguda en función de la RHP un descenso.  Si ahora sustituimos la autoestima de RHP, y también adoptar la práctica actual con respecto a la variación etológico de comportamiento, estrategias alternativas, podemos formular la depresión como una estrategia de baja autoestima.

Se podría preguntar cómo un sistema puede evolucionar, cuando toda la ventaja parece estar en el lado de la estrategia de alta autoestima.  De hecho, las ventajas de las dos estrategias pueden ser igualados por negativa dependiente de la frecuencia de selección, como se ha demostrado por Maynard Smith (1982) utilizando lo que se conoce como la teoría de juegos evolutiva.   Él llama a la alta autoestima estrategia de un “halcón” La estrategia que se caracteriza por la progresividad de los encuentros agonísticos, y la baja autoestima de la estrategia de una “paloma” la estrategia que se caracteriza por la distensión.   Él ha demostrado en su modelo evolutivo que, dadas ciertas condiciones, una estrategia halcón puro no es “evolutivamente estable”, ya que puede ser infiltrada por una mezcla de halcón / paloma estrategia.   En este modelo se supone que en los encuentros entre halcón y la paloma del halcón tiene el mayor pago inicial, en términos de supervivencia y reproducción, pero cuando se reúne halcón-halcón, el pago es menor, debido al riesgo de una escalada de combate desritualizado con la consiguientes lesiones graves o la muerte.   Cediendo se asegura que el perdedor sobreviva.

La estrategia de baja autoestima puede ser vista como una forma de comportamiento altruista que promueve la supervivencia y reproducción de los familiares cercanos, lo que da “aptitud inclusiva” (Hamilton, 1963; Krebs, 1987).   De hecho, un término alternativo para la estrategia de baja auto-estima podría ser una forma de ayudar a los familiares “kin-helper” en contraste con la “auto-ayuda”  que representaría una estrategia de alta autoestima.

Competencia Social Humana.-

Hemos presentado la hipótesis de rendimiento en términos de comportamiento ritual agonístico, lo que sugiere que los mecanismos de la depresión se desarrolló cuando el comportamiento agonístico ritual era la principal forma de competencia social subyacente en la selección sexual, como lo es en la mayoría de las especies de vertebrados en la actualidad.   Sin embargo, el comportamiento agonístico ritual no es la forma principal de la competencia social humana.   Como ha señalado Barkow (1990) y Gilbert (1992), la competencia por el atractivo ha sustituido en gran medida la competencia por la intimidación, y es la principal forma de competencia que se observa en las tribus primitivas por los antropólogos.  Con el fin de alcanzar el prestigio que garantiza el éxito reproductivo (normalmente la posesión de más de una esposa en el caso de los varones, y el matrimonio de los niños con hombres de alto estatus por parte de las mujeres), las personas tienen que hacerse atractivos a los demás, ya sea con sus compañeros o clientes particulares, y son estos últimos los que toman las decisiones que determinan la asignación diferencial de rango.

Si no fuera por los resultados de la etología, sería dudoso que queramos reconocer el comportamiento agonístico ritual como algo que ocurre en los seres humanos.   Comportamiento agonístico y asimetrías sociales se han atribuido a factores culturales, o para el traspaso a la vida adulta de la asimetría entre padres e hijos y el castigo, que es un componente común de la crianza de los hijos.   Tal era la opinión de Freud, que no tiene el beneficio de las descripciones etológicos del comportamiento agonístico y la asimetría social en una amplia variedad de especies de vertebrados, entre ellos muchos reptiles que no tienen contacto entre padres e hijos en absoluto.   Por lo tanto, era natural para él conceptualizar las neurosis asociadas con el poder adulto y que se debatiera en términos de conflictos infantiles no resueltos, opinión que fue corregida por los neo-freudianos, como Sullivan y Horney (Birnbach, 1962), pero incluso éste vio conflictos de los adultos en términos culturales, y no conciben que la humanidad podría compartir con los animales un mecanismo filogenéticamente antiguo para la creación de la asimetría social entre adultos previamente iguales.

Contabilización de las características de la depresión.-

Nuestra hipótesis tiene que ver con “causas remotas” de la depresión (la función de la “estrategia involuntario subordinado” durante la evolución) y, por tanto, en cierta medida independiente de las causas proximales.   Sin embargo, es compatible con lo que se sabe sobre los orígenes sociales de la depresión (Brown et al, 1986;. Powles, 1992;. Kendler et al, 1993), y es sólo la restricción de espacio que nos impide seguir en longitud este interesante tema.

Los defensores de la hipótesis evolutiva de cualquier condición psiquiátrica también tienen la obligación de demostrar que es consistente con las características conocidas de la enfermedad y que estas características pueden realizar la función postulada.   De hecho, la hipótesis de la competencia social es la única hipótesis evolutiva que explica la incapacidad de la depresión y, de hecho, vemos la incapacidad como la principal característica funcional de la depresión, que es la hipótesis de sustituir el daño fisico por un un ritual (psicológico)  que seria inevitablemente  sufrido por el perdedor de un competencia desritualizado.

La hipótesis de la competencia social también da cuenta de las distorsiones cognitivas de la depresión. Beck (1967) describe una tríada de las distorsiones en las que hay puntos de vista negativos de uno mismo, del mundo y del futuro.    Estas distorsiones son compatibles con una “de-escalada” del estado de ánimo.   El yo deprimido no es un “favorito” para competir con éxito, el mundo de la depresión no es un escenario favorable para la competencia, y el pesimismo de la depresión está en marcado contraste con el optimismo que parece ser necesaria para competir con éxito. El depresivo no sólo es pesimista sobre el futuro,sino que tiene una visión distorsionada del pasado en el  sentido de rango-propiedad, y el éxito en la consecucion de este rango-propiedad parece al paciente como una farsa, que no podrá por tanto ser recuperada.

Aparte de propiedad y RHP, la única variable que es importante en el análisis matemático de comportamiento agonístico es el “valor de los recursos” que expresa el valor de lo que se está librando  (Parker, 1984).   Cuanto más bajo sea el valor del recurso a un concursante, más probable es que se producen (huir o presentar) en lugar de atacar.   En la depresión hay una reducción generalizada en la percepción del valor y la importancia de todos los objetivos e incentivos, que suele ser descrito como una pérdida de interés.   La pérdida depresivo de interés favorece la distensión del conflicto.   Si el recurso que se examina es el general de rango social y el éxito, entonces la reducción en el valor de los recursos es sinónimo de pérdida de orgullo y ambición.

Creemos que nuestra hipótesis representa la mayor parte de las características de los estados depresivos.   En particular, se da cuenta de la incapacidad sufrida por los pacientes deprimidos y las distorsiones en su pensamiento, funciones que no se explican por las teorías que consideran que la función de la depresión es la conservación de los recursos (Beck, 1987; Powles, 1992), el la gestión de las inversiones en el medio ambiente (Nesse, 1990), el abandono de las metas irrealizables (Klinger, 1975, Hamburgo et al., 1975) o la reparación de desequilibrio en el intercambio recíproco (Glantz y Pearce, 1989).

Nuestra hipótesis es consistente con la heterogeneidad subjetiva en la depresión.   No importa si yielders abstenerse de luchar de nuevo porque son demasiado cansado o demasiado miedo, o se siente muy mal físicamente, o creen que no va a ganar, o que no merece ganar, o que sus aliados no se llega a su apoyo.

Observaciones etológicas de los pacientes deprimidos muestran que la sumisión activa (espontáneo, orientado a la persona), como la adulación se reduce, pero la sumisión pasiva, como mirando hacia abajo se incrementa (T. Escalda, comunicación personal, 1993);   que pone de relieve la diferencia entre la “estrategia involuntario subordinado” depresión subyacente y el comportamiento voluntario subordinado que puede adelantarse o reemplazarlo.

Características epidemiológicas.-

Nuestra hipótesis es consistente con el hecho de que la depresión es más común, más grave y más prolongado en la vida más tarde, para los actos más importantes de rendimiento son necesarios cuando una generación está dando paso a la siguiente.   Nos hemos ocupado en otra parte con el hecho de que la depresión tiende a seguir “salida” eventos como el duelo, mientras que se podría esperar que se cediendo más a menudo se requiere después de la entrada de nuevos miembros al grupo (Price, 1988).   Sostenemos que el rango social es tan dependiente de la ayuda de otros que la pérdida de seres queridos se ha convertido en el principal predictor de pérdida de rango.   La dependencia del grado de apoyo de los aliados de parentesco y el otro es una característica generalizada de los primates no humanos (De Waal y Harcourt, 1992), sugiriendo que podría haber solicitado al antepasado común de simio y humano unos 40 millones de años, lo que permite suficiente evolución en el tiempo para las interconexiones cercanas a desarrollar entre los mecanismos cerebrales subserving comportamiento agonístico y afiliativo.

Tenemos también (Price, 1988) se refirió al problema de que la depresión es más común en mujeres que en hombres, mientras que el comportamiento agonístico se piensa que es más común en los hombres.   Nuestro argumento es que el comportamiento agonístico es más visible, pero no más común en los hombres, y, en cualquier caso, no hay evidencia de que cuando las mujeres tienen igualdad de oportunidades, el exceso femenino de la depresión desaparece (Wilhelm y Parker, 1989).

  Implicaciones para la investigación.-

Animales

Nuestra hipótesis sugiere una amplia variedad de modelos animales para la investigación de la depresión.   Rango bajo y el rango que cae en animales han sido utilizados como modelos para la enfermedad física humana, tales como enfermedades del corazón (Henry y Stevens, 1986) y la enfermedad renal (Holst, 1986) y sería sorprendente si la tensión social lo suficientemente intensa como para producir estos física patologías era inocente de inducir psicopatologías.   En su trabajo sobre la tensión social en las musarañas de árbol, Holst (1986) ha observado dos formas distintas de reacción a una subyugación, asociado con un aumento de la actividad suprarrenal y uno con actividad adrenocortical, este último mostrando retirada social extremo que termina en la muerte;   estas reacciones en las musarañas arbóreas tienen un parecido a los síndromes contrastantes lucha / huida y la conservación / retiro clínicos descritos por Powles (1992).

En un trabajo igualmente prometedor en cobayas, y Sachser Lick (1991) han demostrado que el ser criado en una colonia (en oposición a una sola hembra) elimina la agresión que se produce cuando dos hombres extraños se unen en presencia de una hembra .   Esto sugiere que la experiencia de vivir con otros hombres durante la adolescencia puede crear la variación en el potencial de los recursos de retención (RHP) que se requiere para evitar los concursos por parejas entre los adultos.   También se hizo la observación de que el perdedor de un combate puede ser predicha a partir de los cambios en el estado de sus hormonas suprarrenales y otro antes de que hubiera ningún cambio detectable en su comportamiento combates;   esto apoya (1983) Leshner la hipótesis de que el interruptor de escalada a la distensión implica un bucle de realimentación positiva que incluye la corteza suprarrenal.

Algunos animales son prometedores para la investigación debido a que muestran los efectos físicos del cambio de rango.   Algunos reptiles y peces y al menos un cambio mono cambio de color fila siguiente (Price, 1989), algunas de cambio de sexo pescado (Keenleyside, 1979).   Estos podrían no sólo ser posibles marcadores para el cambio del estado de ánimo, pero ofrecen un camino por el cual el mecanismo responsable de los cambios físicos que podrían llevar al mecanismo central.   Tanto bajo rango y la depresión están asociados con una mayor actividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, y hay una interesante asociación entre el rango y el metabolismo indoleamine en los dos monos (McGuire, 1988) y peces (Winberg y Nilsson, 1993).   Un proyecto que se está llevando a cabo en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Tasmania está utilizando bajo rango en un marsupial llamado Sugar Glider como modelo para la depresión (IH Jones y Mallick J., comunicación personal, 1992).

Los seres humanos

Nuestra hipótesis de que la depresión se desarrolló fuera de los mecanismos que median la conducta clasificación arroja una nueva luz sobre la amplia labor que se ha llevado a cabo en la expresión de hostilidad en la depresión, y que ha producido resultados muy contradictorios (Riley et al., 1989).   Algunos investigadores han encontrado que los pacientes deprimidos expresan más ira que los controles (Fava et al., 1993), y esto puede parecer estar en conflicto con nuestra idea de que las funciones de la depresión para inhibir la agresión.

De hecho, nuestra hipótesis afirma que la hostilidad de los deprimidos va de arriba-abajo y afecta a aquellos con un estatus inferior mientras que se inhibe de abajo-arriba,  y es nuestra impresión clínica de que la hostilidad en la depresión por lo general no es expresada o cuando lo es trata de subordinar cónyuges o hijos.   Ningún estudio publicado hasta la fecha se ha planteado si la hostilidad que se siente o expresa con la clasificación más alta o una persona de rango inferior. Sin embargo, desde una perspectiva etológica, la expresión de la hostilidad de una jerarquía es un asunto muy diferente de expresar hacia abajo.   Nuestra hipótesis predice que, si la depresión se produce en una pareja en una relación complementaria, la hostilidad expresada por el paciente para el otro se incrementará si es el socio dominante que se deprime, pero se reducirá si es el socio subordinado que se deprime .

Implicaciones para el tratamiento.-

El análisis de la situación del paciente

La hipótesis de rendimiento ayuda al médico a explorar la situación del paciente, se determinarán las relaciones de conflicto y evaluar las razones de la no resolución de cualquier interacción agonística.   Hay cinco opciones:

1.    El conflicto puede ser resuelto mediante la negociación y el compromiso.   Aquí estamos hablando en términos de reconciliación, lo que implica penitencia, expiación, perdón y otras formas de negociación.

2.    El paciente puede recibir ayuda para ganar el conflicto.   Esto se aplica especialmente a los pacientes que no se sienten lo suficientemente seguro de sí mismos.

3.    El paciente puede recibir ayuda para mejorar su estrategia de sumisión haciendola  voluntaria y obturando asi su sumisión inconsciente.

4.    El paciente puede tener la posibilidad de salir de la arena (abandonar el campo).   Esto puede implicar la separación física de la persona adversaria y ciertamente implica desprendimiento mental.

5.   La ayuda puede provenir de la reducción de la evaluación del paciente del valor del recurso que el que se compitió. Las aspiraciones pueden ser excesivos o demasiado estrechas, el paciente tiene “todos sus huevos en una sola canasta”.   Estas son preocupaciones comunes a la psicoterapia, la filosofía y la religión.

Compartir con el paciente.-

Puede o no puede ser deseable compartir la hipótesis del rendimiento con el paciente;   por ejemplo, el terapeuta puede decir: “Su depresión está cumpliendo una función importante en su matrimonio, le está permitiendo a someterse a las demandas de su marido sin la rebelión, y por lo tanto salvar su relación de ruptura probable”.   Esta es una forma de “connotación positiva” del síntoma, una técnica ampliamente utilizada en la terapia familiar, y es también una reformulación de las formulaciones anteriores del paciente que pueden haber sido en términos de hormonas o enfermedad física.   También es una especie de desafío, lo que sugiere a ella que ella no tiene por qué someterse a las demandas de su marido, y lo pone en su mente la idea de que puede haber formas alternativas de hacer frente a las demandas de los de su marido que ella encuentra inaceptable.

Para los pacientes con un marco más científico de la mente, puede ser útil simplemente  explicar lo que está pasando, ya que la falta de sentido añade otra dimensión morbosa a la experiencia de la depresión.   A veces utilizamos la analogía de la hibernación, y explicó que, si bien la hibernación es la manera natural de ayudar a algunos animales para sobrevivir en condiciones climáticas desfavorables, la depresión es la manera natural de ayudar a ciertos seres humanos para sobrevivir las condiciones sociales desfavorables. Esto a menudo es aceptable para los pacientes con depresión, que pueden ellos mismos se sienten como acurrucarse en una pelota en un agujero en el suelo y permanecer allí durante mucho tiempo.   Y la recuperación de temporada de hibernación ayuda al paciente a creer en la posibilidad de remisión.

Por otra parte, a menudo la situación puede resolverse sin que el paciente sea consciente de conflicto.   Haley (1963), por ejemplo, aboga por la resolución de situaciones agonísticas en el matrimonio por medio de interpretaciones no-agonistas, como la interacción padre / hijo, y nos respalda esta opinión.

Relación con otras psicoterapias.-

Nuestra perspectiva evolutiva apoya las terapias destinadas a resolver conflictos interpersonales (Karasu, 1990; Stravynski y Greenberg, 1992) y las diversas escuelas de terapia familiar que son sensibles a las desviaciones de la jerarquía, como intergeneracionales y coaliciones (Haley, 1963).

La terapia cognitivo-conductual se nos aparece como un medio para elevar los componentes RHP y de otra índole de la autoestima y de hacer que la base de estas evaluaciones auto-realista.   Ambos objetivos están apoyados por nuestro enfoque.   Creemos que nuestra principal contribución es la conceptualización de la depresión como una estrategia a prueba de fallos a los que hay alternativas en los niveles superiores de la organización mental.   Considerando que el psicoanálisis tiene como objetivo hacer que los pensamientos inconscientes se hagan conscientes, la terapia basada en principios evolutivos pretende sustituir las estrategias de comportamiento inconscientes con las más conscientes, elaboradas y sutiles.

El articulo orginal de J. Price.

¿Es nuestro cerebro una chapuza monumental?

Suele decirse que nuestro cerebro es una de las siete maravillas de la naturaleza, en cuanto a complejidad se refiere, más parecido a una nebulosa que a una piedra. Los que asi piensan no se han parado nunca a reflexionar sobre los errores de diseño que nuestros cuerpos soportan, errores que desde luego también presenta nuestro cerebro y que le obliga a unas prestaciones de baja calidad, al menos en el 70% de la población.

El primero que habló de ello fue Julian Jaynes autor de una controvertida hipótesis evolutiva sobre nuestro cerebro que tituló: “La teoria bicameral” y de la que ya escribí aqui. Para Jaynes la chapuza fundamental procede de la asimetria interhemisférica que supone la preexistencia de dos cerebros en vez de uno.

Gary Marcus por su parte nos cuenta en este video de Redes como el diseño de nuestro cerebro parece más relacionado con el engaño y el autoengaño que para otra cosa. De la misma opinión es Robert Gazzaniga.

Aunque probablemente el mayor divulgador de esta idea ha sido Robert Linden que en su libro “El cerebro accidental” se detiene de forma sistemática en señalar los limites de nuestra capacidad para pensar de forma racional a la vez que investiga el factor azar en el desarrollo de lo humano, asi como la relación causal que existe entre nuestros hándicaps y la conciencia. Aqui hay una entrevista que le hizo “La nueva ilustración evolucionista” a Robert Linden.

Gary Marcus: El cerebro es una chapuza (video) por raulespert

El Fantasma en la máquina.-

Para mi personalmente la mayor chapuza de nuestro cerebro -descontando las enfermedades mentales- es la adherencia que presentamos a ciertas creencias que se justifican precisamente por errores en el diseño, asi la teoria del fantasma en la máquina, es decir la suposición de que a las personas las habita una alma inmaterial o una especie de instancia eterna y metafisica independiente del cuerpo y donde está localizado el libre albedrío y la capacidad de elección y que no se puede reducir a una función cerebral. No es imposible sospechar que la tendencia de los seres humanos a enfermar mentalmente sea una consecuencia de ese dualismo que arrastramos desde Descartes y que sostiene la teoria -que comparten muchos de nuestros conciudadanos- de que el cerebro y la mente responden a mecanismos diferentes, uno material y otro espiritual.

En realidad la idea del fantasma en la máquina pertenece a Gilbert Ryle un filósofo de la mente británico cuyo libro “El concepto de lo mental” es clave para entender tanto el éxito de esta teoria como los errores a los que nos conduce militar en ese lado de la trinchera tranquilizante para los teistas que aun buscan a Dios o algun principio inmaterial para justificar su fe. Ryle, precisamente un aristotélico, se encarga de desmontar y refutar las ideas que parecen sostener la ilusión del fantasma en un libro excepcional.

En pura teoria  si lo mental no fuera material no podría enfermar, pues sólo lo material puede averiarse. Sostener la idea de un principio -la mente,  espiritu o alma- que responde a mecanismos distintos al cerebro supone meterse en un lio de proporciones abismales, pues ¿puede el alma enfermar? lo que nos lleva de vuelta al reduccionismo más radical que dice algo asi como que “la esquizofrenia es una enfermedad cerebral”, una de las secuelas del dualismo ha sido precisamente no entender nada de lo mental y mucho del cerebro.

No, la esquizofrenia, ni ninguna enfermedad mental es una avería sin más del cerebro. Lo que ocurre es que sostenemos un principio de “mente” anticuado y ectoplásmico, un concepto que nos resulta intuitivo por las razones que más abajo expondré. Pero es bien sabido que la ciencia es sobre todo un constructo contraintuitivo, es muy contraintuitivo sostener la idea de que procedemos del mono o que es la Tierra la que da vueltas alrededor del sol. No cabe duda de que hemos de modificar nuestro punto de vista sobre lo mental que se encuentra encasquillado precisamente porque nuestras intuiciones más profundas nos llevan a adorar al fantasma de la máquina.

La razón es la siguiente, fíjese en su cuerpo y en los cuerpos de su vecinos, ve usted cabezas, brazos, bocas, narices, pies y abdómenes. Su cuerpo y el cuerpo del vecino pueden chocar, empujarse, acariciarse, olerse, etc. Hay una continua interaccion y convivencia con los cuerpos ajenos y con el propio, sabemos que tenemos un cuerpo y sabemos que el otro dispone tambien de un cuerpo al que puede meterse el dedo: se trata de algo material.

Sin embargo tenemos una experiencia aislada y privada en primera persona sobre nuestra mente, sobre nuestro Yo, pero no sabemos nada de las mentes ajenas, no las podemos ver, ni oler ni tocar, de tal modo que los solipsistas argumentan que de lo único que podemos estar seguros es de que nosotros tenemos una mente, pero no podemos saber nada de las mentes ajenas.

Dicho de otra forma: aunque nuestro cuerpo es material, ocupa un lugar en el espacio-tiempo y es público, nuestra mente es privada, no ocupa lugar, es inmaterial y es inaccesible al escrutinio ajeno.

Ahora bien, la pregunta incorrecta sería, ¿si la mente es inmaterial, entonces qué es? y debe ser sustituida por esta otra ¿pueden dos principios, uno material y otro inmaterial proceder ambos de lo material? o ¿Puede la materia con sus leyes fisicas aparecer en otro nivel como inmaterial?

Lo cierto es que la mente desgajada de su cerebro no puede existir, o dicho de otra forma, no existen los espíritus desencarnados. Existe desde luego una amplio consenso sobre eso, incluso en aquellos que defienden al fantasma en la máquina.

De manera que lo intuitivo es suponer que Yo, mi Yo está constituido de algun tipo de principio distinto a aquel del que están hechas mis orejas, que sigue leyes diferentes a las que gobiernan el mundo fisico o que procede de algun lugar desde donde se infunde un tipo de “aliento” sobrenatural al cuerpo a fin de hacerle vivir.Otra opción es la propuesta cartesiana: dado que la mente no sigue los preceptos mecánicos de la fisica, lo mejor es abandonar su estudio cientifico y pasarle la pelota a los teólogos.

En realidad los solipsistas tambien están equivocados y mucho más claro desde que descubrimos “la teoria de la mente”, es decir la convicción que todos tenemos (a pesar de no poder verla) que mi vecino tiene una mente como yo. ¿Cómo podemos estar seguros de eso?

Dejando aparte todas las evidencias que tenemos sobre las neuronas espejo, es obvio que una mente es capaz de construir inferencias sobre cualquier otra mente y la propia. Ahora bien, estas inferencias no son adivinaciones que se llevan a cabo en el vacío sino que más bien derivan del conocimiento de los procesos que anteceden a una conducta cualquiera o a un pensamiento expresado verbalmente.

Efectivamente yo no puedo saber lo que usted piensa, pero puedo hacer ciertas inferencias de lo que dice o hace (conducta). En realidad su mente solo es muda si usted está mudo, pero en el momento en que hable o actúe, ya podemos inferir algo. Solamente el mutista acinético seria capaz de guardarse un secreto para sí, aunque nosotros podriamos desarrollar -como hace la psicopatología- una hermenéutica del mutismo.

Pero hay algo de cierto en la idea de que entre yo y los demás existe un abismo de discontinuidad, es verdad que no podemos saber cómo piensa o qué siente otra persona en ausencia de rastros verbales o conductuales. Se trata de una diferencia clara entre el principio corporal y el principio mental. Lo mental solo puede ser dicho o actuado, inferido o sugerido pero la certeza de los hechos mentales del otro se esconde entre polisemias, empatías, adivinaciones y velos. Nadie puede saber a ciencia cierta cuales son los procesos que dan lugar a las cogniciones, opiniones, pensamientos o conductas de otro sujeto.

Y sin embargo comprendemos. Y comprender no es inteligir, o percatarse de algo ni  adivinar o anticipar algo, ni sintonizar o resonar con alguien, comprender es saber hacer. Solo podemos comprender en el otro aquello que hemos conseguido aprender a llevar a cabo aunque solo sea con nuestro pensamiento, interiormente o a solas. Saber hacer y llevar a cabo son dos cosas bien distintas. Pondré un ejemplo: una persona puede saber mucho acerca de algo, por ejemplo de literatura y convertirse en un buen critico de novela, lo cual no significa que sea por eso un buen novelista.Tampoco lo descartaria.

Pero el que sabe hacer tiene una ventaja sobre el que simplemente lleva a cabo algo y es que puede repetir el algoritmo de su saber tantas veces como quiera, puede enseñarlo a otros y puede decidir un dia llevar a cabo el proyecto de escribir una novela. Del mismo modo, el escritor de novelas profesional puede empezar su carrera sin saber una palabra o bien poco de las reglas que gobiernan el oficio de escribir una buena novela, pero es seguro que a medida que aprenda mejor su oficio (y automatice sus patrones de como se escriben novelas) las hará sin pensar en las reglas. Más que eso, inventará nuevas reglas (tal y como hicieron Kafka o Cortazar) que otros tendrán que aprender a codificar si quieren llegar a ser buenos críticos de novelas.

Dicho de otra manera, lo que en un principio parecen dos misterios (el hacer qué y el hacer cómo) se funden en un saber hacer que a su vez modifica el “saber cómo” anterior haciendo avanzar la teoria de la novela y aumentando asi el saber sobre la narrativa.

Es en este sentido del “saber hacer” como llegamos a comprender al otro, aunque nuestra intuición -heredera del fantasma de la máquina- nos impulse a creer que o bien hay una comunicación transpersonal, un hilo invisible, un proceso telepático o cualquier otra explicación que podamos inventar para justificar los desencuentros y los reencuentros con los otros.

Efectivamente nuestro cerebro es una chapuza monumental sólo que existe tal vez un más allá del fantasma de la máquina, puesto que aun siendo cierto que la evolución carece de intenciones y planes es bien cierto que nosotros los sapiens tenemos un plan para modificar la evolución.

Y lo haremos.