La privatización del matrimonio

Poliamor

La palabra “privatización” tiene mala prensa, al menos en nuestro país, cuando la oímos enseguida nos viene a la mente esta otra: “corrupción”, favores políticos o nepotismo familiar. Los españoles entendemos la “privatización” de algo que otrora fuera púbico como un negocio entre pocos, cuñados, hermanos, queridas y cosas asi, pero en realidad “privatizar” es un cambio de titularidad, un cambio o delegación en la prestación de un servicio, una especie de cese de actividad que se delega en otro agente a fin de que se haga cargo del mismo servicio, lo mejore y abarate, eso en teoría claro.

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El lado oscuro de la oxitocina

Suele decirse que la oxitocina es la hormona del amor, de la afiliación, de la fidelidad y de la sociabilidad pero la oxitocina tiene un lado oscuro. En realidad conocemos muy poco de los genes implicados en la conducta social, lo que sabemos es que pertenecemos a una especie social y que la cooperación y la rivalidad son dos de los rasgos paradójicos más importantes de nuestro linaje.

Quizá por ese desconocimiento de los genes implicados en nuestro cerebro social, los medios de comunicación se han empeñado en poner el énfasis en la oxitocina. Pero la oxitocina tiene su cara y su cruz como el lector podrá comprender enseguida.

La oxitocina es una hormona que tiene dos efectos bastante distintos en su efecto sobre el cerebro y el resto del cuerpo. En el cuerpo  se dedica a promover los cambios uterinos (contracciones) en el parto, probablemente también en el orgasmo y en la lactancia promoviendo el apego de la madre hacia su bebé. También tiene efectos en el hombre pero estos efectos son mucho más sutiles debido a que en el hombre sus efectos son cerebrales y no corpóreos.

La oxitocina es una especie de hormona opuesta a la testosterona de modo que asegura que el padre de un niño recién nacido no se dedicará a merodear por ahí cuando su mujer se ponga de parto e incluso se ha hablado de una especie de «sindrome de la couvade», un remedo masculino de las actitudes maternas durante el embarazo y puerperio..

La oxitocina, sin embargo, a ese nivel de sutileza tiene su parte oscura. Se trata de una hormona de afiliación, si pero con lo propio. Fortalece los vínculos con el grupo o los parientes pero debilita los vínculos con los grupos extraños o ajenos. Es por eso que Carsten de Dreu ha hablado de que la oxitocina en realidad es una hormona que favorece el nepotismo por un lado y el etnocentrismo por otro.

En un experimento ya bastante conocido de Dreu exploró los sentimientos morales basados en ciertos test como el del tranvía o del puente. Se trata del famoso experimento de Joshua Greene:

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvia arrojando sobre los railes de la via a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la via.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

La novedad de de Dreu es que llevó a cabo este experimento antes y después de darles a esnifar oxitocina a los probandos.

Además introdujo otra novedad: asignó nombres a las víctimas. dado que de Dreu es holandés y como todo el mundo sabe los holandeses odian a los alemanes y a los árabes. Puso un nombre alemán al tipo del puente. Y más tarde un nombre árabe, Mohamed.

¿Que creen ustedes que pasó?

Pues lo que sucedió fue que antes de esnifar la oxitocina los probandos respondieron más o menos como se esperaba al margen de los nombres, pero sometidos a la oxitocina intranasal, la mayoría estaban dispuestos a sacrificar a un individuo extraño o foráneo para salvar a los compatriotas que por supuesto eran holandeses.

Pero no es que la oxitocina promocione la xenofobia o el prejuicio interacial sino que lo que promueve es la defensa del grupo propio. Así la oxitocina puede convertir al promiscuo en monógamo y al manso en defensor de su grupo.

Lo que hace la oxitocina es promover los vínculos de cooperación entre el individuo y su entorno conocido: sus parientes, amigos y conocidos. Dicho de otra manera el etnocentrismo.

Claro que no hay que fiarlo todo a la oxitocina por dos razones: la primera es que no conocemos qué otros genes están implicados en la sociabilidad. La segunda es que la sociabilidad no es sólo genética. Lo genético es solo un impulso, un empujoncito, una tendencia, el resto es aprendizaje social, es decir hacer lo que hacen nuestros vecinos, copiar aquello en lo que creen, compartir con ellos valores e ideas y esto a pesar de que pueda parecer social es también un rasgo heredable y por tanto genético.

Bibliografia.-

La oxitocina promueve el etnocentrismo.

Una entrevista a Carsten de Dreu

¿Multicausalidad o complejidad?

complejidad

Aquellos de ustedes que leyeron el post anterior quizá se hayan quedado con una duda importante. ¿Entonces no existe la causalidad? ¿No es cierto que en medicina, en química o en física hablamos de causas y efectos?¿No es cierto que gran parte de la investigación biomédica busca desesperadamente las causas de las enfermedades?

 

Claro que si, nadie negará que el bacilo de Koch sea el responsable de la tuberculosis, pero no es sólo el bacilo de Koch el responsable de la enfermedad, hay condiciones higiénicas y de hábitos alimentarios que tambien influyen. Hablamos entonces de policausalidad. Pero si le adjudicamos al bacilo de Koch la causa de la TBC es para abreviar y porque es eficaz para encontrar tratamientos eficaces. Nos conformamos con esta explicación:  matar el bacilo concreto es una estrategia eficaz.

La causalidad ha dado a la biomedicina enormes éxitos sobre los que no voy a volver una vez más sino para recordar que los antibióticos han sido una buena estrategia de lucha frente a múltiples gérmenes y enfermedades. Nombraré el tifus, la sifilis, la gonorrea, la tos ferina, la fiebre de malta,o la TBC. Un éxito de nuestra idea de la causalidad: una vez identificado el germen, la causa, es el turno de encontrar un remedio contra el mismo.

Pero no todas las enfermedades son asi de causal-dependientes. En la mayor parte de ellas sobre todo las mentales, el cáncer, las enfermedades autoinmunes y los trastornos psicosomáticos, las cosas no funcionan asi.

La multicausalidad.-

Nosotros, los médicos hablamos mucho de multicausalidad, el problema es qué entendemos como multicausalidad y más que eso: como nos representamos esta multicausalidad.

Lo cierto es que la pensamos como una suma, asi:

C1+C2+C3…..=E1 (E2,E3)

(siendo C, correlaciones y E, efectos), cualquiera de nosotros está acostumbrado a pensarlo de este modo: causa no es correlación.

Un ejemplo de esta idea es la siguiente:

1.- Las sociedades opulentas (C1)

2.- Alli donde existen altas tasas de divorcio (C2)

3.-Alli donde existen bajas tasas de natalidad (C3)

Correlacionan con una alta prevalencia de anorexia mental.

De este modo, los médicos pensamos que ciertas enfermedades no tienen una causa única sino que existe como una nube de causas que dan lugar a ciertos efectos. Lo interesante de esta manera de pensar la causalidad es que ya no necesitamos para nada la idea de «causalidad» lineal, sino que pensamos en términos de haces causales que crecen, se expanden o se extinguen dando lugar a otros efectos intermedios que llevan el sistema hacia la incertidumbre, de tal manera que aun sumando -si pudiéramos identificar todas las correlaciones- todas las C que operan en este sistema no podríamos predecir un resultado E, en este caso la aparición de una anorexia mental. Existe pues una relación espúrea entre las C y los E.

Dicho de otro modo: la anorexia mental seria un trastorno que emerge de un cluster de potencialidades que pueden estar o no estar en el sistema, ninguna de estas potencialidades por sí misma es exigencia concreta y al mismo tiempo su exclusión no nos permite predecir nada sobre el comportamiento de una determinada entidad (en este caso la existencia o no de una patología).

Diríamos entonces que la patología emerge de las condiciones del sistema y de las relaciones que establecen entre si las variables (C) que intervienen en él. A esta idea la llamamos complejidad.

O por decirlo de una forma más concreta: ciertas enfermedades parecen emerger de un caldo de cultivo social, cultural o interpersonal entendiendo que las relaciones interpersonales están contextualizadas a través de mecanismos ocultos en el propio sistema.

Ahora bien,¿cómo es posible que la organización social, cultural o interpersonal logre intervenir en algo biológico como es un organismo vivo y provocarle una patologia?

Ciertamente ninguna organización social podria hacer eso sin una facilitación «Preparedness» biológica. Eso que ha venido en llamarse «construcciones sociales», no podria tener efecto alguno en los cerebros individuales si no existiera una facilitación para ello. Y al contrario: todo lo social, lo cultural procede de lo biológico, sólo que lo biológico (lo genético y sus diferencias adaptativas) tiende a construir sociedades y culturas afines con las condiciones de adaptación de los organismos vivos. En este sentido cabe recordar la frase de Sapolsky de que el monoteismo es un invento del desierto.

Por ejemplo, las culturas del desierto tienden a regularse socialmente a través de la vergüenza, mientras que las sociedades urbanas europeas se regulan mejor a través del sentimiento de culpa. Las razones para morir en la guerra para un legionario romano o un kamikaze japonés son muy distintas a las razones por las que lucharon los nazis o los soldados aliados en la segunda guerra mundial. Expresar afecto está prohibido en ciertas culturas mientras que para los europeos del sur el exceso e familiaridad es la norma, etc.

Todo parece indicar que las razas son el resultado de adaptaciones ancestrales muy diferentes entre las distintas culturas. Lo que me permite añadir en este momento que los roles desempeñados por la mujer, sobre todo la ascensión contractual de género que ha tenido lugar en el mundo occidental durante el siglo pasado y su incorporación al mundo del trabajo, asi como la independencia económica y la regulación de la natalidad son otras C, que podriamos añadir a las anteriores y no me propongo identificarlas a todas, salvo para señalar que estas C no existen en otras culturas, se ha señalado con razón que en las culturas musulmanas la anorexia mental es muy poco frecuente.

Dicho de otra forma: investigar la anorexia mental requiere investigar las sociedades donde esta enfermedad es prevalente, necesitamos las ciencias sociales y menos neurobiologia. Es necesario un cambio de paradigma.

Sin embargo es necesario salvar algunos escollos, me refiero sobre todo al cierre categorial entre disciplinas.

Una forma de entender este concepto de «cierre categorial» es señalar que la Música y la Termodinámica estudian fenómenos bien distintos, algo así parece suceder con las ciencias sociales (sociología, antropología, etc) y las ciencias biológicas, como la medicina, psicología, etc. Si tomamos como mal ejemplo la psicología es para señalar que esta disciplina se encuentra tan distante de las ciencias sociales como de las biológicas (naturales) y todo ello a pesar de que -en teoría al menos- la psicología debería haberse propuesto a sí misma como puente entre ambas. Lo cierto es que no lo ha hecho y hoy  podemos atisbar que la psicología, al menos la clínica en realidad es una medicina de bajo nivel de resolución.

Lo mismo ha sucedido con la sociología o la antropología llamadas «culturalistas», al divorciarse definitivamente de los hallazgos de las ciencias naturales han terminado por ofrecer ideologías más que explicaciones. Hay que recordar que hoy la mayor parte de nuestros ideales democráticos se basan en teorizaciones de estas disciplinas muchas de las cuales ya han sido refutadas por la neurociencia: el ejemplo que suele ponerse siempre es la idea de la «tabla rasa», algo que no es baladí porque la educación de nuestros hijos se encuentra secuestrada por esta falsa idea.

La psicología evolucionista es probablemente la disciplina que puede tender puentes y superar el cierre categorial entre las disciplinas (que sólo atienden a sí mismas) y que contribuirá a ensanchar los horizontes que acaso hoy se muestran esquivos en la traslación de unos fenómenos a otros.

En el próximo post me propongo abordar estas cuestiones de la complejidad y del caos abordando un concepto psicológico bien conocido: la sublimación, que me parece muy adecuado para entender como se las arregla nuestra mente para superar los opuestos de una manera creativa.

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Hacia una taxonomía de las emociones (XI)

pieta

Contaba en el anterior post de esta serie, el duelo de Lucy frente a la perdida de Gorj, decía alli, donde me ocupé de los aspectos intrapsíquicos del vínculo y de su pérdida que:

«El dolor y la pena son una defensa del vínculo»

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