¿Sabemos defecar?

Por Santiago Ledesma, colaborador de este blog.

Se que el título del post, os va a parecer como poco curioso. Dejad que me ponga en antecedentes antes de empezar. Todo tiene su origen en un tweet del doctor Traver: “He de hacer un post sobre la defecación. ¿Sabemos defecar?. Es obvio que no”. Dicho tweet, excitó mi alma de reportero de guerra, y no pude evitar responder un: “Lo haces tu o lo hago yo” y la respuesta fue: “Hazlo“. Y aquí me hallo metido en semejante lio.

Tengo que reconocer que la primera impresión que me generó el tweet fue diríamos “que risa”, pero enseguida me vino a la cabeza una anécdota personal, que también entendí en dos tiempos y que al final del post os compartiré a modo ejemplo.

Ya que he aceptado el guante de escribir este post, no me queda mas remedio que mojarme y estoy totalmente de acuerdo con el doctor Traver, no sabemos “expulsar”, aunque más bien diría que desaprendemos a hacer algo tan natural y necesario.

El proceso de expulsión de los que sobra en nuestro organismo es proceso natural, que sin embargo ha transformado la cultura. Hasta el punto que consideramos el aprendizaje del control de esos procesos, como una fase crucial del desarrollo psicosexual. La fase anal freudiana, también conocido como fase sádica. Ese proceso de aprendizaje social, conlleva dos descubrimientos fundamentales. El primero, es que es el primer contacto con el control del propio cuerpo y en segundo lugar entra en juego una forma de reconocimiento/ anticipación del placer. El displacer de la obligación de retener, va seguido de la gratificación del placer de expulsar. Cuando no hay control, no hay posibilidad de hacer esa asociación. Por lo tanto podríamos afirmar, que el aprendizaje del control de esfínteres, también nos enseña, que existe una estrecha relación entre dolor y placer y que el displacer puede generar una tensión que se puede convertir en excitación ante la seguridad de un posterior momento placentero. También ese proceso es la primera toma de contacto seria con las costumbres sociales y por lo tanto con la represión. No puedes hacerlo en cualquier sitio, ni en cualquier momento, sino que hay unos lugares concretos para eso y se le suma un aire de intimidad, que a fin de cuentas es  también oscurantismo.

El sapiens tiene una extraña relación de amor odio con las secreciones y olores corporales. Desde el evolucionismo dirían que el día que nos pusimos de pie y alejamos la nariz del suelo, nuestro olfato se empezó a atrofiar, para dar paso a otro sentido dominante: la vista. Ese atrofiamiento del sentido olfativo, probablemente ha hecho que no seamos capaces de distinguir matices olfativos, pero que sin embargo conservemos una especial sensibilidad a modo protección, sobre aquellos olores que nos pueden indicar peligro, como por ejemplo peligro de infecciones o de consumir alimentos en mal estado, aunque en su forma natural esa protección lo único que provocaría tal y como sucede en los animales ignorar y desechar, en los humanos ha dado pie a algo exclusivo, que denominamos: asco. Y el asco, junto al pudor, la vergüenza  son los diques de la represión. En el psicoanálisis los diques de la represión surgen como inhibiciones de la pulsión sexual, para a través de esos diques angostar su camino.

” Lo que se primero en  el asco es la cosa; el objeto y más claramente el objeto parcial. En el sentido que si ese objeto no es, seguramente existe un objeto que lo sea. Es decir la premisa a la base es que hay un objeto que satisface la pulsión y otro que es repudiado por el dique y el rechazo que produce el asco. El resgistro es más bien de lo real.

En el caso del pudor la cuestión tiene que ver con la mirada del otro con los límites del uno y del otro. Se efectúa aquí una primera operación subjetiva de diferenciación. Se impone un operación de velamiento. Lo que los  sentidos atrapan ya es otra cosa que la cosa. La mirada cubre un más allá de lo visto. El registro se da en lo imaginario. Hay una relación de intersubjetividad. Hay un semblante de objeto sexual que se  instala respecto al cual se le reprime o se opone el dique del pudor. Al decir de Hamlet: hay alguien allí.

Finalmente se instala el dique de la vergüenza donde lo que se reprime es algo de índole moral. Es algo que tiene que ver con los otros y distingue claramente unos de otros. Supone que la represión es de un sujeto hacia un objeto de los otros. Es claramente la represión del incesto. Esto supone claramente un sujeto adscrito a la cultura y por ende sirviéndose de la palabra. Supone un ingreso en el lenguaje de lo simbólico y por lo tanto puerta de salida a lo infantil.”

Estos diques se instalan cronólogicamente, el asco tiene su origen en la etapa oral, el pudor en la anal y la vergüenza es herencia de Edipo. En los procesos de eliminación fisiólogica de los residuos que genera el cuerpo, operan conjuntamente los tres diques de la represión: asco, pudor y vergüenza. Sin embargo parece evidente que hasta que no se instala el último no se completa el ciclo.

Los que hemos sido padres, sabemos que una de las pistas del cambio de fase oral a anal en un niño, es cuando este aun sin controlar del todo los esfínteres, busca esconderse por ejemplo en un rincón para evacuar. Es la primer indicio del surgimiento del pudor, pero a la vez también supone el ingreso a la etapa perversa polimorfa y eso unido a la innata curiosidad infantil y experimentación con el propio cuerpo, lleva a situaciones que son inmediatamente reprimidas por los adultos, represión que manda un mensaje claro: “no eres el dueño de tu propio cuerpo, debes aprender a adaptar tus necesidades corporales a los convencionalismos sociales”. El resultado que es que esos diques de represión, junto a la represión externa, nos hacen irremediablemente retentivos. Me atrevería a decir que el 95% de los humanos tenemos fijaciones anales retentivas en mayor o menor medida y que la expulsividad pura, prácticamente solo se da en trastornos importantes. La cultura nos inculca el aguantarnos no solo fisiológicamente, sino por supuesto simbólicamente.

Muy probablemente, esa fijación retentiva vaya en aumento, con los cambios sociales, en otras épocas, donde digamos que no había lugar definido para  hacer las necesidades, cuando no directamente se hacían al aire libre. Lo que conocemos como baño moderno es relativamente reciente y no cabe duda que aumenta la asociación entre expulsión e intimidad absoluta. También hay que tener en cuanta las diferencias entre sexos biológicos, ya que ergónicamente es más fácil y cómodo para un hombre algunas de esas funciones y más complicadas  para las mujeres, además de la influencia cultural. Digamos que la idea de macho primitivo, admite más ciertas funciones corporales, que la idea de señorita correcta y educada. A nivel fisiológico no hay diferencia entre aparatos digestivos masculino y femenino, a parte de la influencia hormonal, sin embargo es bastante más frecuente el estreñimiento en mujeres que hombres y puede ser que guarde relación con esa influencia cultural al respecto de los procesos de eliminación de residuos corporales. Como decía Simone de Beauvoir, el pudor masculino esta delante, el femenino detrás.

La obsesión humana por la pulcritud, choca con el goce arcaico de ensuciarse. Un niño disfruta ensuciándose, chapoteando en el barro o pringándose la cara de chocolate. En el momento en que aparece lo simbólico, ese placer ha sido reprimido, sin embargo encuentra una vía de escape, una fuga: el sexo. El sexo es sucio, tiene mucho de ese goce de ensuciarlo todo, de mancillar al otro, al objeto de deseo. Volvemos a  un arcaísmo, el de marcar territorio dejando tu impronta. Paradójicamente nuestro comportamiento al respecto es curioso. Si tenemos la completa seguridad que vamos a tener un relación sexual, con antelación, a buen seguro vamos a preparar nuestro cuerpo limpiándolo, como dice Anita Philips en Una defensa del masoquismo:

“Quitarse la suciedad como requisito previo para después revolcarse en ella”.

 

 Dentro de ese sexo “sucio”, el sumun seria precisamente para el sexo anal. Que no deja de ser profanar el lugar donde nace el pudor. Y tal vez simbólicamente también sea una regresión a esa etapa. Por sus características, no es una practica finalista, osea no provoca un orgasmo en quien la recibe, pero si en quienes les resulta atractiva mucha excitación, que puede recordar aquella excitación que provocaba ese displacer de la retención cuando anunciaba el placer de la expulsión. Además tiene una carga de dominación/sumisión  muy acusada, no hay zona de cuerpo que provoque más sensación de pudor/vergüenza que el ano.

De todos modos, el tweet del doctor Traver, no creo que fuera en este sentido, aunque todo esta estrechamente relacionado. Cuando el doctor Traver se pregunta si sabemos defecar, lo está haciendo desde el simbolismo, aunque su origen esté en lo fisiológico. La forma en como la cultura nos impone unas normas con respecto a las funciones corporales, encuentra una fuga en forma de sublimación o perversión. Una amplía paleta de opciones que va desde las fantasía sexuales hasta la hipocresía tiene su origen ahí.

Al principio del artículo os iba a compartir una anécdota personal, que creo que va a ilustrar a la perfección la conclusión de este post. Durante largo tiempo, estuve escribiendo semanalmente un relato de contenido sexual a una persona. Evidentemente me unía a esa persona un estrecha relación y un conocimiento profundo de su persona a todos los niveles, sexual incluido. En todo ese tiempo (años) esa persona tan sólo me escribió una vez a mi un relato. Un día me sorprendió con un segundo relato. Estaba redactado con papeles invertidos, osea en vez de hacerlo ella desde su parte, lo escribió como si fuera yo. En una de las escenas de la historia quien supuestamente era yo, la “obligaba” o más bien le aplicaba un microenema de estos de venta en farmacia. Ese pasaje en concreto de la fantasía me llamó la atención y le pregunte por ello, su respuesta fue:

“Bueno es un juego anal más…..”

En un principio, no le di mayor importancia, una fantasía punto. Días después sin embargo los acontecimientos me hicieron descubrir que aquella fantasía escondía un simbolismo más profundo, tras ella se escondía una petición de ayuda pervertida. Aquella persona tenía estreñimiento mental y necesitaba expulsar, ante su incapacidad para hacerlo por ella misma, me estaba pidiendo ayuda. Los diques eran tan estrechos en aquel momento, que impedían un tránsito normal de sus emociones y necesitaba que alguien los rompiese, y expulsar los residuos que acumulaba su mente.

En la tradición católica se conoce el purgatorio como un estado transitorio, donde la almas “purgan”(expulsan) su pecados antes de alcanzar la gloria. El Islam impone hacer las necesidades de espaldas a la Meca. Creo que es evidente, que hay una correlación entre impureza y cuerpo. El cuerpo es impuro porque genera desechos biologicos y simbólicos: los pecados. Y para alcanzar el extásis hay que estar libre de ellos, solo que como el ciclo se repite día tras día, la pureza es un utopía, que intentamos disimular escondiendo.

La respuesta a la pregunta es no. No sabemos o más bien desaprendemos gracias a la cultura.

Bibliografia:

El asco, el pudor y la vergüenza los diques de la represión en lo infantil (Alex Droppelann Petrinovic).

Una defensa del masoquismo (Anita Phillips).

El segundo sexo (Simone de Beauvoir).

https://mariposasdechocolate.blogspot.com.es/2016/09/sorpresa-diario-de-unos-jugadores-por-y.html

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3 pensamientos en “¿Sabemos defecar?

  1. Bueno, no solamente es que la alimentación moderna opere en contra de nuestro diseño fisiológico, solamente hay que comparar la consistencia de las heces de un europeo medio con las de un zulú., sino que además de eso como tu dices interviene una especie de selección positiva de la docilidad, lo que se ve en la teoria de la domesticación. Somos tan dóciles que introyectamos con demasiada facilidad las instrucciones de nuestros cuidadores a la hora de hacer caca en el orinal, de no tocarla con las manos y de no pintar las paredes con ella que es lo que deberiamos hacer para despues de mayores no hacerlo simbólicamente. hay gente especializada en “cagarlo todo” que es el deseo que se reprimió con la instrucción sobre la limpieza.

    • Cuando “estudié” el tema de las fijaciones. Lo primero que me pregunté es si había al menos en nuestra cultura fijaciones anales expulsivas, tal vez en pacientes con trastornos graves se vean, pero en la mayoria de la sociedad no, impera la retentividad y personalmente creo que aún mas si cabe en las mujeres, donde la pulcritud es todavía más inculcada desde la cultura. Supongo que el resultado es o una retentividad extrema o como tu dices expulsar sin ton ni son, como forma de expresar el deseo reprimido. De todas formas en la sexualidad adulta se ven conductas simbolicas regresivas a ese momento, como los ejemplos citados en el post.

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