La infancia extendida

El niño es el padre del hombre
(Woodsworth)

axoloteEste curioso pececillo es el ocelote (Ambystoma mexicanum), el lector puede observar que en su parecido a cualquier personaje de Walt Disney radica precisamente su gracia y la ternura que nos inspira. Se trata de una especie neótenica, es decir es un pececillo muy «mono» que parece guardar ese encanto que los niños pequeños y las crias de ciertos mamíferos atesoran y que tanto nos seduce.

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La muerte de la histeria

La histeria es una enfermedad que nunca ha sido ni podrá ser definida (Ch. Lasègue)

La histeria es una enfermedad que nunca ha sido ni podrá ser descrita por un ….médico (L. Israel)

portadalibroProteus es una deidad marina mitológica griega que se caracteriza por adoptar múltiples formas en sus apariciones a los hombres, tal y como sucede en la Odisea. De ahí viene la palabra «proteiforme» que significa adquirir múltiples formas, algo que sin duda está relacionado con el oficio de histrión y con los disfraces y máscaras con que los individuos protegen su verdadera identidad.

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Una reconceptualizacion evolucionista del masoquismo

La palabra «masoquismo» apenas se usa en psicología fuera del contexto psicoanalítico, por el contrario es muy utilizada en la vida común como un sinónimo de conductas que buscan placer en el sufrimiento, la exposición a situaciones desfavorables repetitivas, bien una conducta de enfermedad, o un regodeo en la queja o exhibición del dolor. Lo cierto es que la palabra acumula tantor errores conceptuales que se ha vuelto inútil para utilizarla en la clínica.

El principal contrasentido que envuelve a esta palabra es que los masoquistas serían por definición personas que encuentran placer en el dolor. Es por eso que los clásicos, llamaban algolagnia a ciertas prácticas donde el dolor aparecía del lado de ciertas actividades eróticas calificadas como perversiones, hoy parafilias. ¿Pero son masoquistas los depresivos, los enfermos psicosomáticos, los que se quejan de dolor sin causa médica que lo justifique, los eternamente cansados o los que fracasan en sus relaciones amorosas?

Lo cierto es que los masoquistas, si por masoquistas entendemos personas que extraen placer del dolor, simplemente no existen. No existe ningún placer en el dolor y de hecho ningún masoquista erótico busca el dolor por sí mismo sino que lo soporta como parte de un ritual que tiene otras consecuencias psicológicas.

Es absolutamente inconcebible que los investigadores -incluyendo al propio Freud que escribió dos articulos sobre el masoquismo- no hayan caido en la cuenta de que las prácticas sado-masoquistas, -conocidas hoy genéricamente como BDSM– forman parte de un ritual, es decir de una simulación. Y todo ello a pesar de que la celebre novela de Sacher-Masoch -a quien debemos el nombre de «masoquismo»- es una historia de ficción, la narrativa de un ritual muy elaborado.

No es lo mismo jugar a pelearse que pelearse realmente, hacerse el muerto que morir. Las diferencias son notables, una pelea «verdadera» es sobre todo una confrontación agonística (o tú o yo) y se termina con la muerte o el «fuera de combate», las heridas o la invalidez del contrincante. Una pelea ritualizada tiene como objetivo eludir los daños graves entre ambos, y suele saldarse con la rendición (yield) de uno de ellos que se da a la fuga o se somete dejando al otro como vencedor. Eso sucede en la naturaleza, rara vez los enfrentamientos entre dos individuos se saldan con la muerte o heridas importantes en uno de ellos y eso sucede porque la mayor parte de las conductas agonísticas (competitivas) se encuentran ritualizadas.

¿Qué es un ritual?

Un ritual es una conducta demostrativa que tiene lugar entre dos o más individuos y que se lleva a cabo en función de su valor simbólico. Por ejemplo el homenaje a una bandera, las tradiciones, las celebraciones familiares en Navidad o los ritos y liturgias religiosos se llevan a cabo a través de la captura facilitada por las creencias o los recuerdos compartidos de aquellos que conviven en un determinado entorno y que consensuan como definitorios de su cultura o de sus expectativas.

Caracteristicas de los rituales.-

1.-Son conductas que escapan a la razón y mantienen un cierto aspecto de supersticiones

2.- Son repetitivas y automáticas.

3.- Su supresión desencadena perplejidad, confusión, ansiedad o agresión.

4.- Son antieconómicos, en el sentido de que representan conductas redundantes, hacen perder tiempo y representan esfuerzo.

5.- Son reconocidos por los miembros de la misma especie o por los individuos que comparten una misma cultura.

6.- Son extraños para aquellos que no comparten una misma cultura o para individuos de distintas especies e inducen conductas de desasosiego o de interpretaciones erróneas.

7.- Su propósito es inhibir la agresión, señalar la jerarquía o la disponibilidad sexual, además de por efecto contrario profundizar los vínculos entre individuos.

8.- Son exagerados, dramáticos y exhuberantes y recuerdan a la farsa teatral.

El cerebro social.-

Admitir que somos seres sociales supone admitir dos cuestiones, una de ellas está relacionada con el apego, el eje horizontal de esta carta ortogonal que aparece más abajo. Cada uno de nosotros ocupa un lugar en ese eje, unos son mas dependientes -de las recompensas del mismo- que otros (extremo izquierdo o integración), mientras que en el extremo contrario ciertos individuos permanecen aislados, independientes o marginales. Pero también que en nuestra especie (eje vertical) funcionan jerarquías sociales y que cada uno de nosotros ocupamos en esa jerarquía un rango determinado. La jerarquización social no es una consecuencia del capitalismo ni de la politica sino una consecuencia de nuestro linaje de simios que no hemos sido capaces aun de liquidar a través del aprendizaje social. Más bien lo que hemos hecho es introducir modificaciones y nuevas definiciones del rango de carácter cultural, por ejemplo el dinero concede a quién lo posee más rango que a quién no lo posee, pero esta es una causa proximal y artificial de la jerarquización social que es algo biológico y que viene de serie en nuestra estirpe. Ubicarse en esa jerarquía supone una de las mayores dificultades de nosotros los humanos. Ascender o medrar en ella una de las tareas que más recursos consume en nuestra vida.

Existen cuatro estrategias de interacción entre individuos y que definen el lugar que ocupamos en esa jerarquía que por otra parte se encuentra modulada por el apego y son los siguientes: la cooperación o la lucha, el apaciguamiento, el escape (flight) y la rendición (yielding) y que nos permiten entender como nos relacionamos con aquellos que tienen más rango que nosotros, el mismo rango o un rango inferior.

Para entender mejor estas cuestiones volveremos a J. Price (del que hablé en el post anterior) a fin de ilustrar los dos grandes grupos de maneras de competir que tienen los individuos: el modo agonístico donde la estrategia es la lucha con o sin ritual y donde de lo que se trata es de vencer o de imponerse al rival. Hay un ganador y un vencedor, uno que gana y otro que pierde, es por eso que se llama agonística.

Pero la manera más común de competencia en nuestra especie es la hedonística, aqui el subordinado (que sabe que ocupa un lugar inferior en cuanto a rango) trata de seducir, agradar, apaciguar, someterse o adular al dominante merced a ciertos gestos o actitudes que podemos observar en todas las especies de animales vertebrados y sociales. Se trata de una conducta que tiene como objetivo desactivar la agresión y aumentar la confianza del dominante a fin de conseguir recursos, favores o prebendas que en nuestra especie se encuentran bien diversificados y son a veces muy sutiles.

Las estrategias hedonísticas tienen muchas ventajas sobre las agonísticas, para empezar no hay vencedores ni vencidos, sino una especie de complementariedad donde el miembro subordinado obtiene ciertas ventajas de su posición «de favor» y el miembro dominante un reconocimiento de su lugar en la jerarquía. Ambos ganan y no hay heridos, ni secuelas.

La sumisión como estrategia hedonística.-

Los que se encuentran en los niveles más bajos del rango social (cuadrantes inferior izquierdo e inferior derecho) disponen de ciertas estrategias para escalar en el eje del rango según sus gustos, más integrados y sociales en la izquierda y más aislados en la derecha, pero en cualquier caso es necesario que estas personas sepan qué lugar están ocupando en cada momento en ese eje dominancia-sumisión. Bien entendido que no siempre estamos ocupando el mismo lugar y que según entornos las personas concretas se mueven arriba y abajo. Basta con pensar en el lugar que ocupamos en nuestro trabajo por ejemplo (y que no suele coincidir con el que ocupamos en otros entornos), todos tenemos la experiencia de tener un jefe al que debemos respeto y cierta sumisión, es una buena estrategia llevarse bien con el jefe.

Pero lo cierto es que no todo el mundo opta por esta estrategia, existen tambien los rebeldes, los que se mueven por el cuadrante superior izquierdo que buscan «guerra», el enfrentamiento agonístico (llevado siempre hasta el limite de lo razonable) y están tambien los evitadores, los esquizotipicos o los que se limitan a negar la jerarquia sin cuestionarla, alejándose de ella (cuadrante superior derecho) o repudiándola. Lo cierto -como todo el mundo sabe- es que las jerarquías existen y todo el mundo sabe también cual es mejor estrategia para medrar en lo laboral.

Lo cierto es que algunas personas por la razón que sea son incapaces de relacionarse con los elementos dominantes de su entorno de un modo «educado» o «socializado», dando señales de humildad y de sometimiento (por ejemplo callarse cuando el que habla es una autoridad o el jefe que te paga). Sea por lo que fuere, estas personas tienen bloqueada la capacidad de someterse en aquellas condiciones en las que someterse sea lo que aconseje el sentido común. Dicho de otra forma son incapaces de jugar la estrategia de «sumisión voluntaria consciente».

Segun Price (Price, Slomam et alters, 1994) son estas personas las que tienen un mayor riesgo de deprimirse cuando se confronten a una situación agonística que les obligue a reconocer su derrota. Pues recordemos que este tipo de personas son incapaces de jugar estrategias hedonísticas, algo que sucede cuando existe una percepción de descenso del rango (por ejemplo en una jubilación, un despido, un abandono amoroso, etc), pero también en aquellos casos en que la derrota parece haberse instalado como modo o expectativa de vida, diríamos en la personalidad. Price ha llamado a esta estrategia «sumisión involuntaria inducida». Se trataria de lo que nosotros hoy entendemos como depresión clinica.

La sumisión como ritual erótico.-

Ahora que ya sabemos qué son y para qué sirven los rituales y también que existen dos formas de sumisión, una involuntaria y otra voluntaria y consciente, es necesario recalcar que la conversión de una estrategia inconsciente en una consicente es por sí misma terapéutica. Asi el propio Price usa la metáfora del ordenador al referirse como «a prueba de fallos» el funcionamiento del cerebro de un depresivo. Se trata de un funcionamiento estandard, seguro, pues suele conservarse el principio de realidad pero al que le falta algo: como al ordenador le faltan los controladores, que en el modo «a prueba de fallos» no se cargan a fin de dejar memoria libre para el funcionamiento normal. En este sentido la depresión sería un modo de funcionamiento de bajo nivel pero no defectuoso, en el sentido de que lograria eludir la competencia (rivalidad) con aquellos que al detectar las señales de derrota del depresivo le dejarían en paz al comprobar que no dispone de fuerzas para llevar a cabo un ataque. La depresión a través de signos de sumisión involuntaria logra comunicar a los demás la baja actividad, el humor bajo y la escasa energía e iniciativa para la competencia o una escalada de hostilidades.

Sin embargo conviene no olvidar que a pesar de sus concecuencias inadaptativas el depresivo puede conseguir mucho poder a pesar de aparentar no tenerlo. (Price y Gardner, 1995),.

Algunas personas utilizan ciertos rituales en sus relaciones eróticas, una serie de actividades que se conocen con el nombre genérico de BDSM. Se trata de un juego de roles donde el elemento sumiso se pone a disposición del elemento dominante a fin de conjurar el eterno dilema del poder en la pareja. Dado que se trata de un juego pactado, las claúsulas que lo conforman pueden establecerse de común acuerdo asi como los limites de la humillación, el dolor o las sevicias.

No cabe ninguna duda de que este ritual proporciona beneficios a quienes lo practican siempre y cuando no se pierda de vista que se trata de una confrontación agonística ritualizada donde «la sangre no debe llegar al rio», no es lo mismo el BDSM que el maltrato o abuso de la pareja, en este caso el funcionamiento pasaría a definirse como «a prueba de fallos» y estaríamos en el mismo lugar que en la patología: simplemente los controladores no han sido instalados.

Los juegos BDSM permiten a sus jugadores optar a roles que quizá en su vida real solo conozcan de pasada. Mujeres sumisas u hombres dominantes, no son patrones políticamente correctos según en qué entornos y menos aún hombres sumisos y mujeres dominantes: ambos roles están censurados en la vida publica y muchas personas ni siquiera pueden optar a ellos, bien por el misticismo de la igualdad o bien por ocupar bajos niveles de rango. Y de ahi el aumento de practicantes de este juego. Hay algo en el BDSM que resulta transgresor.

Y que permite conectar quizá a una mujer rebelde, competitiva y asertiva con su parte más arcaica y femenina y a un hombre mediocre o atemorizado por su jefe en un dominante macho alfa. Lo importante es saber que el juego de dominación-sumisión no es mas que una simulación de lo que en la vida real sufrimos con más dolor.

Pero cuando digo simulación no debe entenderse que estamos ante una formula teatral, por más que el perfomance fetichista de los entornos BDSM asi lo hagan creer, un ritual tiene como objetivo ser dramático, exhuberante y exagerado, de lo contrario carece de efectos sobre la percepción que se pretende alcanzar. Nuestro cerebro no lo computaría como tal si no es creible

De modo que hablar de sado-masoquismo es algo ya obsoleto, la psicología evolucionista nos ha permitido por fin entender que el yielding (rendición) es una estrategia de alto nivel que nos permite reestablecer conexiones con nuestro verdadero lugar en la pirámide social.

Pues nuestro cerebro no distingue las fórmulas ritualizadas de las desritualizadas. Es por eso que los rituales son atajos a una comprensión racional: se trata del poder de los símbolos de los que dependemos.

Bibliografía.-

Price, J.S. (1992) The agonic and hedonic modes: definition, usage, and the promotion of mental health. World Futures, 35, 87-115.

Price, J.S. & Gardner, R. (1995) The paradoxical power of the depressed patient:  a problem for the ranking theory of depressionBritish Journal of Medical Psychology, 68, 193-206.

El psicólogo placebo

Hay dos clases de psicoterapia una que actua «via di porre», es el cobre de la psicoterapia y otra que opera «via di levare» es el oro de la psicoterapia.
Sigmund Freud

Hace algunas semanas una paciente que llevaba viendo algun tiempo me comentó -como quien no hace la cosa- que estaba acudiendo simultáneamente a un psicólogo un tanto especial. El caso es que el psicólogo no era un psicólogo profesional sino un coacher. Fue asi como me enteré de qué cosa era eso de los coachers, una especie de entrenadores que intentan maximizar los resultados de una empresa, un grupo de competición deportiva, una organización o una persona cualquiera o sea una especie de psicólogo que ejerce la psicología sin saber nada de psicología, al menos en aquel caso concreto. En palabras de mi paciente » es como un estilista pero en lugar de enseñarte a vestir te enseña a vivir y a sacar rendimiento de tus potencialidades». Tambien pongo aqui algunas de sus afirmaciones de defensa del coacher, «el no se mete en mi subjetividad ni intenta resolver mis problemas psicológicos, sólo me aconseja». Trataba la paciente de convencerme sobre la compatibilidad entre aquel coacher y yo mismo que tambien soy un coacher pero sin titulo de coaching, si es que eso existe.

Le pregunté a continuación como le iba con él a lo que me contestó que le iba muy bien, que habia aprendido mucho de sí misma y que se encontraba mejor, de manera que le di el alta ante tamaño éxito de la terapia compartida entre yo y el coacher en cuestión. La paciente creyó que yo habia tenido un ataque de celos, pero la tranquilicé con la siguiente idea: yo no comparto mis pacientes con ningun profesional, sea o no sea coacher. Me parecia bien que tuviera un entrenador ¿pero qué sentido tenia entonces seguir conmigo?

– Es que usted está para otras cosas -afirmó la ingenua muchacha.

Le anuncié que era muy poco probable que mi ayuda profesional sirviera para algo en aquellas condiciones, ella habia escindido la transferencia en dos partes y en esas condiciones lo que podia esperar de mi era más bien poco. Me habia quemado como terapeuta.

Cuento este preámbulo porque los pacientes actuales combinan con mucha frecuencia muchos tratamientos, de psicólogos, médicos, homeópatas, naturistas, acupuntores, reikinianos y psiquiatras y es conveniente volver sobre los fundamentos de la psicoterapia -que debemos, cómo no, a Sigmund Freud- y que aunque no fue el primero que utilizó la psicoterapia tal y como la entendemos hoy fue al menos el primero que instituyó las condiciones en que podía y debia desplegarse una psicoterapia propiamente dicha a la que nunca consideró un entrenamiento o un diálogo al estilo platónico sino una emergencia de hechos reprimidos bastante desagradables y que de alguna forma inauguraban el hecho de que cambiar es difícil y no puede hacerse sin dolor.

Y este es el principal problema: las terapias actuales discurren casi siempre en una bicefalia, siempre hay otro profesional implicado, en el mejor de los casos un psicólogo o un psiquiatra.

En nuestros entornos postmodernos existen pocas personas que sean capaces de soportar los encuadres psicoterapeuticos reglados que conocemos por las películas de psicoanalistas aunque sabemos que la potencia terapéutica de una psicoterapia procede de la asimetria en la distribución del poder. Si uno puede elegir siempre elegirá a un terapeuta blando, a un igual para que le haga de coacher y con el que pueda seguir sus prescripciones de compadreo o irse de copas con él. La mayor parte de la gente que conozco mantienen con sus terapeutas (sobre todo con estos pseudopsicólogos llamados coachers) una relación ambigua que da lugar a no pocos equívocos, como contaré mas abajo.

Pildoras de placebos psicológicos.-

Pongo el ejemplo de Alejandro Jodorowsy porque me parece un paradigma de esto que he llamado pseudopsicología y que en realidad extraen toda su potencia terapéutica del efecto de la catarsis, más conocida como sugestión, no es de extrañar puesto que Jodorowsky es en realidad un hombre de teatro y la catarsis está indefectiblmente unida a la tragedia: «que no pase en mi realidad lo que está sucediendo en escena». La catarsis o purificación es una técnica conocida y utilizada desde la antigüedad en ritos colectivos con sentido en la tradición de un pueblo cualquiera y que dejó de usarse en psicología cuando Freud y Breuer descubrieron los efectos parciales y recortados de la misma. Los pacientes después de una sesión catártica parecian mejorar pero inmediatamente después volvian con sus síntomas u otros nuevos, de manera que este tipo de experiencias parecian mejorar a aquellos que no tenian nada para mejorar, es decir las personas normales y comunes.

Más tarde Freud descubrió la transferencia y dejó de utilizar tanto la hipnosis como la catarsis y la sugestión como herramientas terapéuticas: habia descubierto -según sus propias palabras-el oro de la psicoterapia su herramienta noble, el cambio que es impuesto, seducido, o sugerido desde una posición de dominio como sucede en el teatro o en la hipnosis es una psicoterapia menor.

La catarsis es el corticoide de la conciencia, alivia pero no cura y a veces puede empeorar las cosas como sucede cuando tratamos una enfermedad crónica con corticoides.

Recientemente he visitado la web de este dramaturgo y me ha hecho mucha gracia esta tabla de equivalencias entre los síntomas somáticos y los traumas psíquicos o la relación entre emociones y síntomas, asi como un sencillo mantra autoaplicativo para «curarse» el mal.

En un post que escribí sobre esta cuestión afirmaba en relación a los sintomas psicosomáticos que:

Caeríamos en un error muy “new age” si tratáramos de hacerlo equivaler a algo -a una emoción o agente concreto- pues se encuentra demasiado alejado de lo voluntario y motor, también de lo simbólico, no existe una supuesta tabla donde cada malestar estuviera asociado a un conflicto o una emoción. Simplemente no podemos saberlo pues un síntoma es polisémico y su hermenéutica imposible de refutar. Solamente nos queda el sentido que para el paciente tenga determinada revelación y la relación de ayuda a través de la cual (la transferencia) es posible recontextualizar el mundo.

Al parecer Jodorowsky ignora que la relación entre una emoción y un síntoma fisico no está determinado linealmente sino que obedece a las leyes de la complejidad, lo que quiere decir que en una persona puede tener un sentido y en otra persona otro diferente y lo peor: que el hallazgo de sentido es terapeutico pero no implica la verdad de la equivalencia pues ni siquiera la verdad subjetiva es lineal sino que se encuentra enrosacada en multiples nudos o bucles que hay que ir deshaciendo poco a poco y siempre desde la confrontación y la máxima honestidad interpersonal teniendo en cuenta que: tanto el terapeuta como el paciente están sujetos al engaño y al autoengaño: dicho de otro modo, el sentido se revela en la transferencia, en la relación interpersonal y no en la explosión emocional del teatro, del eureka, el insight o la comprensión súbita.

Y si hago esta mención a la honestidad es para señalar que una relación terapéutica debe discurrir sobre lo que Freud llamaba la regla de la abstinencia.

La regla fundamental de una psicoterapia.-

No se pueden mantener relaciones sexuales con los pacientes, ni relaciones íntimas, más allá del encuadre terapéutico donde deben discurrir las sesiones de forma programada y predecible. De donde se desprende que no es posible irse de juerga, ni compartir momentos de ocio con nuestros pacientes o visitarles en su casa o aceptar otro tipo de regalos o pagos que no estén estipulados en el contrato profesional. Por supuesto el paciente y le terapeuta está marcados por las leyes de la confidencialidad: no puede compartir sus confidencias con otra persona sea profesional o no, no puede «vaciarse» o aliviarse con un terapetura ortopédico o alternativo al suyo propio. Nada fuera del encuadre.

Si se cumple esta regla -que como el lector podrá apreciar es muy costosa tanto para el paciente como para el terapeuta- entonces las cosas funcionan más allá del placebo que existe en toda psicoterapia y de lo que hablé en este post.

Pero no crean que sólo los coachers o los pseudopsicólogos se saltan a la torera la regla fundamental. Existen casos históricos muy bien documentados sobre amoríos, romances, fascinaciones, e incluso acoso de médicos, psicólogos, psiquiatras a sus pacientes, baste recordar el caso de Sabina Spielrein, paciente de Jung supuestamente esquizofrénica con la que el gurú del inconsciente colectivo vivió un apasionado e incluso obsesivo romance. Aqui pueden leer los detalles del caso junto con la complicidad epistolar de Freud hacia los abusos de su discípulo preferido.

Con todo -y aun sin haber desaparecido- en la actualidad las relaciones sexuales entre terapeutas y pacientes no son la principal causa de fracaso en una terapia sino la mas sutil experiencia de complacencia entre terapeutas y pacientes. Me refiero a la experiencia que más arriba relaté con respecto a mi paciente compartida, la mayor parte de la gente elegirá antes a un terapeuta que le diga lo que quiere oir, que aleje de él los sentimientos de culpa, que ponga las dificultades en el exterior o que simplemente haga de abogado defensor de su causa antes de someterse a una terapia que ponga en jaque sus creencias, o su concepción del mundo o simplemente que ponga en orden su responsabilidad con su enfermedad o sufrimiento. Esos son los psicólogos placebo que hoy tienen éxito pues juegan con la ventaja de no tener oposición, las resistencias que usualmente nos encontramos aquellos que tratamos que los pacientes se aproximen a su verdad.

Pero no me gustaria terminar este post dando la impresión de que desprecio a los pseudopsicólogos o a los placebos psicoterapeuticos. No es esa mi intención precisamente porque defiendo una hipótesis que seria contraria a esta manera de pensar: si pienso que toda relación interpersonal está presidida por las leyes de la complejidad no puedo conformarme con la idea de que -tal y como sostuvo Freud- hay psicoterapias de cobre y psicoterapias de oro. Es cierto que hay resultados aúreos y resultado plomizos pero ambas categorías son muy borrosas y al trazar lineas de separación entre ambas dejariamos de contemplar la evidencia de que algunas personas poseen ciertas dotes de «sanación natural», son, por asi decir terapeutas naturales, mientras que otros sesudos profesores no curan ni un resfriado. El asunto está esbozado pero es seguro que volveré tratando de explicar ¿cómo cura la psicoterapia? y ¿como cura la pseudopsicoterapia?

Bibliografia citada.-

Para todo aquel que quiera saber más sobre escándalos y cotilleos entre pacientes y terapeutas les recomiendo el libro de Jeffrey Masson titulado «Juicio a la psicoterapia«, muy poco objetivo y que parece escrito como un ajuste de cuentas personal pero indiscutible en los testimonios históricos que aporta.