Identidad y artificio

Frau mit Magersucht sieht sich dick im Spielgel

Recientemente ha caído en mis manos un articulo de Moira Fleming que me pareció muy interesante al comparar la disonancia que acaece en las muchachas anoréxicas -que se ven gordas aunque estén flacas- con los transgénero que sienten que su sexo anatómico y su sexo mental no encajan bien. De ese articulo sacaré algunos párrafos para seguir mi itinerario propio.

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Shame: el arbol de la vergüenza

Seminario de metaformación impartido por el Dr Matias Real en el Consorcio Hospitalario de Castellón el dia 24/2/17, a propósito de la pelicula Shame de Steve Mc Queen y protagonizada por el versátil Fassbender.

No es un relato sino un metarelato, esas historias contadas por imágenes del alto contenido simbólico y que junto a una banda sonora “ad hoc” nos introduce en el mundo de la perversión y sus desescaladas infernales, al tiempo que nos habla de lagunas biográficas que adivinamos como traumáticas. No sabemos cual es el cemento que une a su protagonista Brandon con su hermana, tampoco sabemos porque no es capaz de mantener una relación adulta y sana con Marianne. ¿Qué le sucede a Brandon que parece ser un adicto al sexo?

Aqui aparece precisamente el carácter de metarelato, el espectador ha de rellenar lo que falta de datos y de hechos y cada cual puede improvisar los suyos.

Empatía y simpatía

La empatía es una simpatía donde no hay identificación, es la buena actitud terapéutica. La simpatía estalla por identificación cuando alguien nos cuenta algo que resuena en nuestro interior, por eso se llama sim-patía. Sin embargo la empatía no depende de esa resonancia, se es empático simplemente porque alguien cuenta algo humano, algo que nos sobrecoge con independencia de si lo hemos experimentado por nosotros mismos o no.
En este sentido la simpatía es una empatía caliente, trabajo de la amígdala que convoca la identificación mientras que la empatía es un trabajo de la corteza cerebral y no implica identificación, la buena herramienta de los terapeutas.
Ayudar no significa intentar arreglar la vida a la gente que sufre sino estar presente, tener presencia y resistir ese impulso tan humano que es aconsejar o intervenir demasiado intrusivamente.
La simpatía no cura sino que atrapa, pero la empatía es curativa solo por el hecho de que deja ir.
Pero hay dos tipos de empatía, una es la empatía del cazador (del psicópata) que sabe discriminar bien a sus presas a veces solo por su manera de caminar y luego la empatía del benefactor, ese que cree en la libertad y que no pretende inmiscuirse en el relato del otro, salvo para confrontar con realismo su verosimilitud.

La empatía del que comprende a secas.

La que cura.

Los hallazgos del 2016

perro

1) Para mi el libro del año,se trata de una obra de Bruce Perry que con ayuda de una periodista -Maia Szalavitz- confeccionan al alimón,una extensa casuística de historias de niños traumatizados, supervivientes en todo caso de graves traumas. Casos bastante extremos pero que recorren todos los registros del trauma en edad infantil: el descuido-abandono, el maltrato fisico o el abuso sexual. Al mismo tiempo que se comentan desde el punto de vista neurobiológico como inciden todos estos traumas en el neurodesarrollo, según la teoria neurosecuencial del propio Perry y que se puede entender según un modelo de maduración secuencial de las partes del cerebro, desde la más antigua (el tronco cerebral) hasta las más modernas ( la corteza cerebral) pasando por el sistema límbico sede de las emociones conectada a su vez al tronco a través del mesencefalo. Existe pues una conectividad de abajo-arriba presidida por una jerarquía entre zonas cerebrales, siendo el tallo encefálico nuestro sistema regulador del estrés.

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