El sentimiento crónico de vacío

vasos

La libertad es una abstracción que se desliza entre un Absoluto y el Vacío. (@pacotraver)

El sentimiento crónico de vacío no es un síntoma clásico de la psiquiatría. El síntoma que más se aproxima al sentimiento de vacío es la anhedonia, si bien no son exactamente la misma cosa.

La anhedonia se caracteriza por una imposibilidad: la de encontrar placer en cualquier cosa que otrora nos lo produjera, es característica de la depresión y también de la esquizofenia con sintomas negativos, sin embargo el sentimiento crónico de vacío es un síntoma nuclear de ciertos trastornos de la personalidad, mas concretamente del TLP y del trastorno narcisista de la personalidad.y también es común en las adicciones e incluso en la bulimia.

Aqui hay un buen post (en inglés) sobre las diferencias entre el vacío del límite y el vacío del narcisista.

Pero antes de averiguar por qué podemos sentirnos vacíos hemos de saber qué queremos decir con esa experiencia subjetiva y en cualquier caso ¿de qué nos llenamos cuando nos sentimos llenos?¿Qué significa la experiencia de plenitud?

Lo interesante de la experiencia de vacío es que arrastra una serie de creencias sobre su causa, todos tenemos una narrativa que nos permite explicarnos el “vacío” en clave interpersonal. “Es mi marido o mi mujer el/la que no me llena, es ese trabajo estúpido, es la vida que llevo”, etc.

Lo importante es saber que nada de eso explica la experiencia de vacío, el vacío es una consecuencia ontológica del Ser y de ningún modo la consecuencia de la insatisfacción de una vida cualquiera. También es conveniente saber que ninguna de las estrategias que implementamos usualmente nos va a aliviar este sentimiento: comer, drogarse, ver pornografia, ver televisión, emborracharse, los juegos de azar o el chocolate no podrán más que de manera puntual consolarnos de ese desagradable sentimiento.

El vacío es como un agujero negro que tratamos de rellenar con todo tipo de adicciones pero que ninguna de ellas puede rellenar o resolver.

Dicho de otra manera: el vacío no puede rellenarse con nada literal, el vacío no puede rellenarse con cosas, el vacío solo puede rellenarse con símbolos.

Y un símbolo es un intangible, una abstracción, aquello que representa a algo en su ausencia.

Fíjese por ejemplo en su pareja, se trata de un persona, un cuerpo y una mente, pero no se trata de un cuerpo o una mente mecánica o inanimada sino en principio de un cuerpo y una mente sexuada, que tiene sus propios deseos y sus propias experiencias internas, se trata en cualquier caso de un ejercicio de alteridad, algo que nos saca de nosotros mismos y que nos introduce en el mundo de lo simbólico, pues su pareja no es solo un cuerpo sino tambien un simbolo, ese Otro que es padre o es madre, es hermano o es hijo. Es posible afirmar que con nuestras parejas mantenemos relaciones imaginarias (con su cuerpo y su mente) y simbólicas con aquello que representan más allá de si mismos.

Estamos rellenos de símbolos, son los simbolos los que nos constituyen como humanos.

En un post anterior describí los tres registros de la mente y su anudamiento, de manera que en este momento recordaré en que consiste este registro que llamamos simbólico:

Lo simbólico es una red que atrapa significados, una red tejida con las reglas del lenguaje con sus normas lingüisticas, semánticas y ciertamente equívocas. Metáforas y metonimias (desplazamiento y condensación) señalan lo esquivo del lenguaje, una red que deja pasar el agua y los peces de pequeño tamaño (no significativo) pero diseñada para pescar grandes piezas o de mediano tamaño y otras piezas que no podrian ser pescadas con otros artilugios de pesca.

Lo simbólico es un toldo que nos protege de lo intempestivo de lo Real y de la pulsión desnuda, algo así como el sistema inmune de nuestra mente, un ejército de salvación que nombra, etiqueta y conceptualiza convirtiendo las amenazas de lo Real en conceptos y símbolos.

Y los símbolos nos protegen de los embates tanto de lo que imaginamos, como de la realidad-real o de la realidad ignota.

El debilitamiento de lo simbólico se caracteriza por tener los siguientes efectos:

“Lo real acaba succionando el aparato simbólico de los humanos haciéndonos cada vez más vulnerables a nuestras propias pulsiones que sin ese colchón de seguridad que es la abstracción acabamos siendo devorados por la imagen como sustituto de lo imaginario y la realidad como prótesis del deseo. Las neurosis de hoy no representan ya conflictos entre las pulsiones y la Moral sino la necesidad de que hagan realidad nuestras pulsiones junto con la convicción, la idea casi delirante de que todos tenemos derecho a que asi sea”.

Es por eso que podemos enfermar de vacío, de anomia y de sin sentido.

La psicosis, los estados transicionales y lo simbólico.-

Un psicótico puede definirse como una persona que no tiene acceso a lo simbólico. La razón de esta inaccesibilidad es múltiple y no hay una causa única, pero lo que sucede en ciertos trastornos de personalidad no es exactamente lo mismo.

De hecho en los trastornos de personalidad como los TLPs está bien documentado que mejoran con la edad, es decir cuando disminuye la impulsividad y el individuo logra conectarse con algun fleco de lo simbólico, sea la maternidad/paternidad, la religión, el trabajo o cualquier otra cosa que sirva de prótesis. El pronóstico se ensombrece cuando hay antecedentes familiares de psicosis, sea esquizofrenia, suicidio, trastorno bipolar o alcoholismo grave. No cabe duda de que los trastornos de personalidad son estructuras intermedias entre la psicosis y la neurosis, pero no todos tienden a empeorar con el tiempo, pues cada sujeto tiende a anudarse a algo simbólico que usualmente conlleva tambien una parte de literalidad.

Por ejemplo el dinero. El dinero es literal y es simbólico. Las personas que disponen de dinero disponen a su vez de la capacidad para gastarlo, es decir para ponerlo a disposición de sus pulsiones, al tiempo que pueden tambien aumentar su contractualidad social, su poder o su estatus. No es de extrañar que el dinero sea perseguido de forma tan insistente por aquellos que precisan de una prótesis externa que venga a ejercer una suplencia de su carencia en la capacidad de anudarse a un símbolo adecuado. El dinero puede ejercer de balsámico y puede impedir que una psicosis se desencadene, al tiempo que permite que un trastornos de personalidad grave se adapte a su entorno.

Usualmente algunos autores han escrito que la única forma de rellenar ese vacio es el amor. Personalmente creo que existe una sobrevaloración del amor como balsamo de Fierabrás, como un “curalotodo” pero en realidad estos autores pasan por alto la evidencia de que el amor es algo que no todo el mundo puede aprovechar. Los enfermos mentales que conozco y que presentan esta carencia simbólica ni aman, ni pueden amar, ni pueden beneficiarse del amor que les llega, precisamente porque el amor es uno de esos sentimientos que se encuentra acabalgado entre lo simbólico y lo imaginario. Eros hizo concreta a Necesidad. De modo que el amor es literal y concreto al tiempo que es mítico y simbólico. Amor es lo que nos anuda al otro, un intangible.

Estas personas son capaces y aun requieren y necesitan compañeros dedicados a ellos por completo que les hagan sentir vivos, pues no pueden soportar la soledad. Y no pueden soportar la soledad porque no son capaces de transformar el amor en confianza, de modo que utilizan las estrategias de control, de dominio o de manipulación ya conocidas para evitar quedarse solos. Y llegan a hacerse tan odiosos que terminan por cumplir su propia profecía -quedarse solos- a pesar de necesitar tanto el apoyo y el amor de otros.

De manera que el amor por sí mismo no cura a nadie, se trata de esa sobrevaloración de lo emocional tan new age sobre la que volveré en mi proximo post.

¿Hacia una psiquiatria postmoderna? (y II)

asedioNo cabe duda de que existe una enorme desconfianza ante la ciencia, una desconfianza que es comprensible pero tambien injusta si pensamos en los beneficios que nos ha aportado, tanto en tecnología como en bienestar y longevidad.

Por referirme solo al campo de las ciencias biomédicas no cabe duda de que las sospechas -algunas con cierto fundamento y otras sin él- afectan a ciertos campos del saber, nombraré tres de ellos: la oncología y sus tratamientos, las vacunas y los tratamientos psiquiátricos se situan en la primera linea de sospecha junto con las multinacionales farmacéuticas a quienes se les acusa incluso de “inventar” o propiciar nichos diagnósticos para promocionar sus productos.

De estos temas ya he hablado en otros post, de modo que no voy a volver a referirme a ello sino para situar mi análisis en lo que entiendo que es un posicionamiento ambivalente del publico en general frente al progreso de la medicina. Las personas dudan en cierto modo de los avances -innegables- de la medicina quizá porque se han visto decepcionados por las altas expectativas que tenian sobre el tratamiento de ciertas enfermedades.

Y es cierto que aunque haya habido avances fascinantes en casi todos los campos del saber médico existen y cada vez hay más bolsas de sufrimiento vinculados a la cronicidad o a la incapacidad y tambien mucha controversia frente al precio de ciertos medicamentos. La medicina no lo resuelve todo y de ahi, la decepción.

Y es por eso que surgen por doquier tratamientos alternativos,medicinas exóticas, de imposición de manos, todo tipo de terapias, florales o gestálticas, homeópatas y naturistas, chamanes y curanderos, sexo tántrico, medicinas cuánticas, aromatoterapéuticas y dietistas que hacen recomendaciones contradictorias entre sí cuando no nos someten a la dictadura del placebo. Dicho de otra forma: existe una infoxicación de remedios para cualquier tipo de malestar. En el tema de las creencias la gente vuelve sus ojos hacia oriente y se hacen taoistas, budistas, practicantes del tai-chi o cualquier otra disciplina cargada de sentido espiritual. A pesar de que sigue sirviéndose de ella, el publico ha estigmatizado por desconfianza a la tecnologia y vuelve a creer en cosas que parecian ya amortizadas por la modernidad. ¿Qué ha sucedido? ¿No es paradójico que en el mejor de los momentos para la medicina aparezcan tantos pseudomédicos lanzando sus proclamas?

Lo cierto es que la ciencia deja ciertos fenómenos sin explicar o lo que es peor: los oculta. Por poner algunos ejemplos de esa ocultación (y no necesariamente los más candentes), los sueños, la compulsión repetitiva, la causa de la esquizofrenia, la dualidad cerebro-mente carecen de explicación.

¿Es la esquizofrenia una enfermedad cerebral o mental? ¿Y si es mental como se distingue de las enfermedades neurológicas puras como el Parkinson o el Alzheimer? ¿hay algo más que neurotransmisores y circuitos deficitarios? ¿Qué papel juegan los factores ambientales, de la vida fetal, la pobreza o los exilios forzosos de lo social?

Aqui hablé precisamente de la debilidad epistemológica de la psiquiatria. ¿Sabemos de qué va la psiquiatria?

Lo cierto es que el paradigma médico induce muchas confusiones sobre nuestra especialidad haciendo equivaler la neurología con la psiquiatría y llevando nuestra disciplina a una ineficaz práctica que remeda lo que hacen los médicos en general: prescripciones básicamente farmacológicas en el contexto de hipótesis neurobiológicas. Este es el paradigma en el que no movemos.

Dicho de otra forma: la psiquiatria -al igual que otras especialidades médicas- se mueven en un territorio incierto, un paradigma anticuado, una debilidad epistemológica fundamental. Y todo parece indicar que nos hallamos en un momento histórico de cambio, un cambio que aun no puede percibirse en lo nuevo que no acaba de emerger mientras lo viejo no acaba de abrirse a las nuevas influencias. ¿Qué sucederá?

Los peligros de la postmodernidad.-

Personalmente creo que la postmodernidad es un lugar minado, lleno de peligros y de atascos, que Wilber ha llamado “cuellos de botella”. Y que más que una superación de la modernidad representa la amortización de todos los valores que encarnó la misma, un borrón y cuenta nueva. Una suspensión de sus avances.

De esta opinión es Juan Jose Sebreli quien en este post nos da algunas pistas a través de su libro “El asedio a la modernidad”.

Tanto si es una regresión como si es un estadio nuevo nombraré algunos de los lugares que representan para nuestra especialidad un atasco en el v-meme verde.

El meme verde puede resumirse diciendo que es pluralista, relativista, tolerante, antibelicista e igualitarista. Y narcisista.

Si bien el meme verde atrae ideales bien conocidos desde los 60, lo cierto es que no ha podido desprenderse de un cierto tufillo narcicista. La razón de esta contradicción es la dificultad del meme verde de integrar a sus antecesores sobre todo al meme azul (orden, jerarquia, trascendencia) y el meme rojo (dominancia, control). El resultado del ejercicio del meme verde es que se encuentra desconectado de su tradición, de alli donde procede. Existe como una amputación de todo lo que dio lugar a la afiliación verde, altos ideales y pasión por el igualitarismo a consecuencia de su negación o repudio de la jerarquia, de los absolutos y de la tradición.

Lo cual representa un socavamiento del la autoridad y de la transmisión de la experiencia, representa una ruptura y la no-integración de otros estadios de conciencia, supone un corte, una escisión. El meme verde se caracteriza por su ineficacia, su falta de proyecto colectivo.

Por ejemplo el igualitarismo es un valor interesante que impulsa a la conciencia humana hacia una amortizxación de una autoridad tiránica, inspirada por el dogma, medida por las herencias o el nepotismo, pero el igualitarismo no significa que todas las opiniones tengan el mismo valor, aunque todos puedan ajercer su derecho a exponerlas. Las ideas no salen todas en el mismo puesto de salida de valor. Las personas tampoco.

La psiquiatria es un mal lugar para la postmodernidad es la hora de la new age.

Y ha venido para quedarse con nosotros un cierto tiempo: el necesario hasta que un nuevo paradigma emerja.

¿Será este, el que defiende Kapra en su libro “La trama de la vida”?

 

¿Hacia una psiquiatría postmoderna? (I)

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Recientemente he leido un artículo muy interesante (Bracken y Thomas, 2013) acerca del estancamiento de la psiquiatría y de las razones para el mismo. Según el autor de este post las razones de tal estancamiento hay que ir a buscarlas a la fundación misma de la psiquiatría, al decir de Foucault una disciplina que emergió simultaneamente con los manicomios y cuya función era más bien segregar, separar a los locos de la sociedad. En palabras del propio Foucault “Vigilar y castigar”.

Personalmente no estoy del todo de acuerdo con las ideas que se vierten en el citado artículo y no lo estoy por razones históricas: la primera de estas razones es que el primer manicomio del mundo fue fundado por un valenciano llamado padre Jofré allá por el siglo XV y sus intenciones fueron mas bien caritativas y cristianas: proteger a los locos, oligofrénicos, y discapacitados como diriamos ahora del maltrato, el abandono y la chanza públicas. El problema que tuvo el padre Jofré con su asilo de Jesús es que al poco tiempo aquel lugar se llenó de excluidos sociales (prostitutas en gran número) y ya es sabido que mezclar enfermos mentales verdaderos con excluidos sociales da lugar a situaciones perversas, casi una reproducción de lo que sucede fuera de sus muros, unos -los más fuertes- explotan a los más débiles.

La segunda corrección que introduciré es tambien histórica: la explosión de los manicomios no tuvo lugar como concecuencia de una epidemia de esquizofrenia o enfermedades mentales severas sino por la explosión de la sífilis (Hare 2002), que como es bien sabido tiene formas tardías psiquátricas y que se extendió en Europa a través de las guerras napoleónicas. La construcción de manicomios estuvo justificada por la necesidad de atender a los veteranos en esas guerras y es por eso que prosperaron en Francia y no en España. El lector interesado puede consultar este post sobre la neurosífilis y las investigaciones de Hare.

Posteriormente la epidemia de sifilis cesó (por razones desconocidas) y los establecimientos psiquiátricos se llenaron otra vez de pacientes psiquiátricos y otros como en la época del padre Jofré: de excluidos sociales, hay que recordar que en la Salpetrière en época clásica la mayor parte de los ingresados en aquellos lugares eran histéricas, es decir pacientes abandonadas a su suerte que no padecian enfermedad mental alguna sino más bien trastornos emocionales o traumáticos diversos: violaciones, maltrato y abusos diversos. “Sin vivires” diriamos hoy.

Mi idea se opone a la de Foucault en el sentido de que por los datos de los ingresos de los que disponemos de aquellos asilos, más bien parece que los manicomios eran una especie de aliviaderos sociales en un época donde no existía ningun tipo de cobertura para los parias, rojo o negro eran las unicas instituciones sociales, es decir la Iglesia o el ejército. Fueran estos enfermos mentales, alcohólicos, personas sin recursos  o simples delincuentes. Si habia una función manicomial vigilante y castigadora similar a las cárceles debió ser muy periférica al no haberse establecido formalmente las diferencias entre enfermedad mental y delito, qué era y qué no era imputable. La clinica psiquiátrica estaba emergiendo.

Si bien comparto algo de su atmósfera, una atmósfera que reclama un cambio de paradigma en la psiquiatria. Lo que sucede es que no sabemos a qué paradigma aferrarnos, una vez ya hemos comprobado que la psiquiatria no va a beneficiarse de los hallazgos de la neurociencia en general y de las disciplinas fuertes en particular y más aun desde que hemos comprobado que los progresos en las disciplinas biológicas del cerebro nos alejan cada vez un poco más de una concepción holistica del hombre y nos acercan al paradigma mecánico una vez que el citado paradigma haya resultado en nada. Es posible afirmar hoy que: en los ultimos 40 años no ha habido ningun hallazgo con hueso que haya servido para curar o aportar alguna innovacion en el tratamiento de las enfermedades mentales. Si tomamos a la esquizofrenia como modelo de una enfermedad compleja es posible decir que no sabemos nada relevante sobre ella, que nuestros tratamientos son paliativos, y que no resuelven la mayor parte de los casos que siguen avanzando hacia la previsible cronicidad.

Necestamos una revolución cientifica, pero las prisas pueden llevarnos a retrasar todavia más si cabe la emergencia de lo nuevo. En mi opinión la psiquiatria deberia saltar por encima de la postmodernidad, por las razones que mas abajo expondré.

Asi serán las cosas según Kuhn:

En 1962 Thomas Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, introdujo el concepto de la ciencia normal como parte de su teoría de que el conocimiento científico avanza a través de los cambios de paradigma construidos socialmente, donde la ciencia normal es lo que más hacen los científicos todo el tiempo y lo que todos los científicos hacen la mayoría del tiempo. El proceso de cambios de paradigma es básicamente como sigue:

  • En la ciencia normal, las reglas sean acordadas o no dan lugar a debates que no se pueden concluir, la ciencia es la resolución de puzzles, pero algunas contradicciones en la teoría no puede ser resueltos ni algunos fenómenos explicados y tienden a ser negados u ocultados.
  • a la ciencia revolucionaria, ciertas normas importantes se le cuestionan: lo que lleva a que ciertas contradicciones pueden resolverse a través de paradigmas de reemplazo.
  • a la ciencia normal de nuevo: las nuevas normas son aceptadas, vuelve la ciencia a la resolución de puzzles a la nueva normativa.

Dicho de otra manera la ciencia en un determinado momento no sirve para explicar un determinado fenómeno, emerge un nuevo paradigma científico que puede o no resolverlo pero ofrece explicaciones sobre el mismo disminuyendo la disonancia de las personas que lo sufren haciéndolo a veces desaparecer, la ciencia oficial lo combate y ridiculiza acusándolo de esotérico. Más tarde este paradigma exótico se reorganiza discriminando lo verdadero de lo falso y pasa a formar parte de la ciencia que termina por aceptar sus propuestas, aunque eso. si, pasando por un periodo de tiempo de grandes contradicciones y enfrentamientos, parece que estamos en uno de esos momentos.

¿Es la locura algo interno?

Esa es una de las preguntas que se plantean Bracken y Thomas y es verdad que aqui asoma el hocico la ideología médica en que se fundó nuestra especialidad: los trastornos mentales serian enfermedades parecidas a las fisicas, emergerian pues de cerebros averiados por alguna causa endógena, es decir “de dentro” y desconocida cuando no degenerativa o constitucional.

Este punto de vista, desde luego es muy discutible y deja afuera otras variables, la más importante de las cuales es el contexto, es decir el entorno donde emergen estas patologías. Dejar el contexto fuera ha sido una de los grandes errores de la psiquiatría de la modernidad, la psiquiatria no es una especialidad medica sin más, lo cual no significa que sea otra cosa distinta sino que mas bien precisa de un paradigma distinto al médico que cura enfermedades fisicas con remedios casi siempre quimicos o quirúrgicos.

Es más que obvio que la psiquiatria presenta más complejidad y más problemas endemoniados que el resto de las especialidades médicas y que nuestra actividad asistencial se encuentra constantemente bajo sospecha. Por una parte la ciencia normal extiende sus redes en forma de nuevas entidades clinicas y de otra la ciencia postnormal trata de acotar espacios de comprensión y de sentido más allá de las etiquetas diagnósticas aunque negando los conocimientos anteriores.

Personalmente no creo que exista mala ciencia tal y como dice Rupert Sheldrake aqui, lo que hay son atascos de paradigma. Y sin paradigma la psiquiatria no solo no avanza en la investigación de nuevos remedios sino que es dificil saber qué es lo que tenemos que curar. Si se cuestiona la enfermedad mental, si se niega su existencia y se coloca la enfermedad mental en el mismo lugar de salida que cualquier otra manera de estar en el mundo humana, entonces estamos en un callejón sin salida, en uno de esos cuellos de botella que Wilber describió en el meme verde.

¿Es la psiquiatría una forma de coacción?

Los autores del artículo arriba indicado señalan que:

“La conexión entre la exclusión social, el encarcelamiento y la psiquiatría se forjó durante la Ilustración. En el S. XX, la promesa de la Psiquiatría de controlar la locura a través de la ciencia médica, encontró eco en la aceptación social del rol de la experiencia técnica”.
Dicho de otra manera si existe la enfermedad mental, la exclusión social y el encarcelamiento es porque existe la psiquiatría. Se trata de una falacia bien conocida, en realidad la pregunta que yo haría ahora sería ésta ¿Para qué necesitaba el Estado a la psiquiatría y sus manicomios si ya tiene cárceles y galeras? ¿Si disponía de pena de muerte y de castigos ejemplarizantes como el exilio?
En realidad lo que sucedió fue todo lo contrario: la mentalidad moderna (la ilustrada) ya no se conformaba con las explicaciones que la antigüedad venia dando sobre la locura y se produjo una revolución cientifica en el sentido de Kuhn, ya se sospechaba que la posesión demoníaca, el castigo divino, la brujería, la forma del cráneo o los ancestros judíos no podian explicar la locura. Fueron los médicos ilustrados los que sacaron a los enfermos de las cárceles y no los que las fundaron. Una institución psiquiátrica no es una cárcel sino un asilo, algo que emergió de la mentalidad ilustrada y que bebió de las fuentes de la caridad cristiana.
Esta es la verdad histórica con independencia de que haya habido puntuales abusos de poder, encierrtos injustificados, diagnósticos equivocados, o abandono social por parte de las autoridades o incluso tratamientos brutales no justificados con lo que sabemos hoy.
La pregunta hoy seria la siguiente ¿siguen habiendo tratamientos coactivos?
Si, los hay a través de lo que la ley prevé a través de los internamientos involuntarios (con tutela judicial), pero comparar a estos internamientos o tratamientos involuntarios con una pena regular de un delincuente es un exceso verbal y que además ignora el inmenso poder que puede acumular un enfermo mental o ignora que a veces la enfermedad mental en si misma es una forma de coacción. Se necesita una herramienta muy poderosa para contener la locura y es por eso que existen las instituciones psiquiátricas y los tratamientos forzados. Pues sin contención la locura no se puede validar.
¿Hacia una psiquiatría potmoderna?
Esto es lo que proponen los autores, ignorando que la mayor parte de psiquiatras, al menos los que yo conozco ya somos postmodernos instalados en ese cuello de botella que Wilber tan acertadamente describió. Para entender esta idea hay que remontarse unos cuantos años atrás y comparar la mentalidad moderna con la postmoderna.
Un psiquiatra moderno no atenderia las razones psicológicas indivividuales a la hora de interpretar el malestar de un paciente, si un paciente delira el psiquiatra moderno se conformará con filiar ese delirio en los conocidos (celos, envenamiento, influencia. persecución, etc) sin preguntarse qué relación existe entre este delirio y el periplo vital, familiar y emocional del paciente. Al interpretar el delirio en clave endógena, es decir algo “que ha emergido porque tenia que emerger” y que es fruto de una patologia cerebral concreta y subyacente, el delirio carece de sentido, es el subproducto de una averia. ¿Existe algún psiquiatra asi?
Yo no conozco a ninguno, aunque he conocido a algunos con este tipo de mentalidad.
Todos somos postmodernos, escuchamos empáticamente, atendemos a familiares francamente perturbados y sin diagnóstico, gestionamos su vida hasta donde podemos, algunos incluso se hicieron psicoanalistas molestos por la psiquiatria de la modernidad y sus insuficiencias para acabar cayendo en la cuenta de que el psicoanálisis no resolvia las grandes patologias. De la postmodernidad procede pues nuestro desvarío epistemologico: de vivir en los estertores de la modernidad y no haber alcanzado aun una epistemología segura. La postmodernidad no es un buen lugar para instalarse sino más bien una plataforma para despegar. De modo que dedicaré el proximo post a desvelar cuales son los v-memes (memes de valores) tipicos de la postmodernidad y que pueden influir en la psquiatría para que siga estancada.