Dilemas de la moral (y II)

Dos hermanos muy unidos entre sí y adultos deciden en un viaje al extranjero tener una relación sexual. Se protegen para evitar un embarazo doblemente, con píldoras y con condones. Deciden igualmente no volver a hablar de este tema y no volver a repetir la experiencia jamás a fin de no sucumbir a “enamoramientos” más o menos letales que pudieran oscurecer aquella experiencia, para ellos imborrable.

La pregunta que hace Haidt a sus alumnos es ésta. ¿Qué opina usted de esta decisión? ¿La condena o la tolera? Y ¿por qué?

Naturalmente casi todo el mundo condena esta historia, pero lo que Haidt pretende averiguar es en nombre de qué lo hacemos.

Como el lector ya habrá podido entender el experimento (mental) se hace en unas condiciones casi quirúrgicas, evitándose los embarazos (que pudieran dar pábulo a las explicaciones sobre malformaciones) y evita tambien la repetición de la conducta que pudiera llevar a la pareja a un callejón social sin salida. Lo que Haidt quiere saber es qué hacemos para justificar ciertas decisiones. Más concretamente Haidt quiere saber ¿por qué aceptamos la prohibición, el tabú del incesto de una forma casi universal y sin rechistar?

Lo cierto es que sea como sea no existe ninguna otra prohibición que haya tenido tanto éxito como la del incesto, aunque es cierto que existen excepciones, la mayor parte de las personas comunes aceptamos sin pestañear y casi sin pensar esta prohibición, casi tanto como la del parricidio. Pero Haidt lo que quiere es precisamente hacerles pensar. Saber por qué respetamos esa prohibición de forma casi universal, es decir en todas las culturas humanas.

Lo que Haidt pretende demostrar es que existe un juicio moral desconcertado cuando se hacen ciertas preguntas como ésta, aparece una especie de disonancia cognitiva pues el individuo no puede dar razones racionales para justificar su rechazo. Es por eso que Haidt apela a la intuición: hay algo en nuestra intuición que nos hace rechazar este tipo de relaciones, primero las rechazamos y después las racionalizamos con argumentos racionales.

Para Haidt la mayor parte de nuestras decisiones morales se encuentra en nuestras intuiciones automáticas, Más concretamente se encuentra en nuestras tripas, hay algo en el incesto que nos repugna.

Ahora supongamos que un hombre (o mujer ) casado, se siente profundamente atraido por una tercera persona. Ambos pactan encontrarse en un hotel y tener una relación sexual, mantienen entre sí una relación de amistad duradera con algunos encuentros puntuales. Entre sus condiciones se encuentra el pacto de que ninguno quiere divorciarse de su pareja actual, de manera que mantienen su relación de una manera discreta. Nunca nadie supo, intuyó o sospechó nada, ni por parte de ella ni por parte de él.

¿Como valora usted desde el punto de vista moral este supuesto?

Es casi seguro de que en este segundo caso ya no haya tanto consenso. No voy a dar cifras y me conformo con que cada lector saque sus propias conclusiones y encuentre diferencias y similitudes con el supuesto anterior. Aqui no vendría la repugnancia al rescate de la moral salvo en algunas personas muy pulcras. El adulterio ya ni siquiera es un delito en nuestro mundo, de manera que los que categoricen esta actitud como inmoral tienen un problema adherido: ¿Por qué es inmoral esta conducta? ¿A quién perjudica?

Si pongo estos dos dilemas morales como ejemplo es para señalar que las cuestiones morales tienen al menos dos ejes de torsión, uno que está en las tripas, como ya dije antes y otro es la razón aunque se trate de una razón irrazonable. Y no cabe duda de que en el mundo actual donde cualquier cosa es posible, la repugnancia (la fundacion pureza-santidad de la que hablé en el post anterior) es la ultima trinchera que nos queda para moralizar ciertas conductas.

La clave del asunto es que la moral cambia con la sociedad y aunque ciertas conductas como el homicidio, el maltrato, el robo o el abandono de bebés,(daño-cuidado) siguen siendo penalizadas por casi la mayor parte de la población, ciertas cuestiones han sufrido amplios procesos de desmoralización o naturalización miientras que otras conductas han sufrido el proceso inverso: la moralización.

Conductas que han sufrido procesos de desmoralización.- Se trata de conductas que otrora eran consideradas profundamente inmorales, sobre todo mientras la religión fue la guía de estos preceptos y que hoy han pasado a formar parte de decisiones biomédicas o bien se han separado del todo de un cuestionamiento moral pasando a formar parte de eso que se llama vida privada.

1.- El aborto.

2.-El adulterio.

3.-El alcoholismo.

4.-La toxicomanias incluyendo la ludopatía.

5.-La obesidad.

Conductas que han sufrido procesos de moralización.- Se trata de conductas que otrora eran neutras desde el punto de vista moral, (aunque algunas religiones las recogían entre sus preceptos) y que hoy se plantean como opciones morales en algunas formas de vida como por ejemplo el vegetarianismo.

1.-Comer carne

2.- Fumar cigarrillos o cigarros en publico.

3.-La prescripción de hacer ejercicio.

4.-El animalismo y las causas de defensa de los animales.

5.-Los alimentos ecológicos.

6.- Cierto tipo de terapias y de tratamientos alternativos.

7.-El amamantamiento prolongado.

Cuestiones nuevas.-

1.- Todo lo relacionado con las tecnologías reproductivas plantea innumerables enigmas biomédicos. ¿Qué hacer con los embriones congelados? ¿Es moral embarazarse estando soltera? por no hablar de todas las tecnologias futuras que aparecerán como posibilidades técnicas y que aun no hemos sido capaces de plantearnos siquiera su existencia.

En conclusión:

1.- Todo parece indicar que la moral no es un órgano del cerebro como supuso Freud, sino un almacén de posibilidades interpersonales de convivencia con cargas de prohibición/tolerancia que se encuentran dispersas en la cultura y que cada individuo introyecta “para sí” de acuerdo con sus preferencias de vida o concepción del mundo. Del mismo modo es necesario decir que este “Superyó” virtual es muy sobornable y basta con que aparezcan ventajas adheridas a la transgresión para que el individuo incumpla su propio código moral.

2.- La caida de las religiones como guardianas de los preceptos morales ha conformado un desorden moral en el mundo de tal modo que cada persona ha construido una guia moral a su medida no necesariamente vinculada con el bien social sino con su propia percepción de lo que es motivo de sanción y lo que es tolerable.

Sin embargo la desaparición de las religiones no ha impedido que nuevas prohibiciones con carga moralizante hayan aparecido en escena bajo la tutela médica, alimentaria o reproductiva, un ejemplo desconcertante de ello es la prohibición de fumar en lugares publicos bajo el pretexto del daño a los “fumadores pasivos” y cuya contraparte es la tolerancia que se tiene con las drogas ilegales o los contaminantes industriales, de los motores de los automoviles o de la industria textil. La paradoja de este enredo es que usted puede ser multado por fumarse un cigarrillo y es probable que cobre una pensión si tiene un diagnóstico de cocainomania.

3.-Todo parece indicar que ha habido un corrimiento de escenas con carga moral, una vez abolidos el sexo, el alcohol y la comida como vicios eternos del hombre y desplazados a la biomedicina, es necesario inventar otros símbolos sagrados que adorar: el culto por lo natural, el aspecto y modificación del cuerpo por la cirugía o el fitness o el rechazo de las proteinas animales por impuras parecen haber tomado el relevo a las impurezas de antaño.

4.- Todo ello tiene consecuencias para el tratamiento de las desviaciones, aquellos que traspasaron determinados umbrales de tolerancia en la convivencia social pueden ser etiquetados como enfermos mentales, adictos, es decir irresponsables, lo que es lo mismo que decir alienados o inocentes. La mayor parte de los sufrimientos humanos están bien contabilizados, sin embargo las soluciones que se proponen para su atención parecen estar desviadas de su epicentro. Asi no es raro que un problema fundamentalmente moral se despiste en un tratamiento médico que por supuesto no aporta nada sino irresponsabilidad. En este post podemos ver cuales son las causas del sufrimiento de los humanos y las soluciones que se proponen.

Tambien puede el lector visitar este enlace donde el autor se pregunta ¿Son las adicciones enfermedades cerebrales?

En esta misma entrada deje mi opinión sobre este asunto:

“Lo que diferencia una enfermedad verdadera de una adicción, es el hecho de que las enfermedades son espontáneas, es decir suceden más allá de la voluntad del propio sujeto. Algo que se encuentra bastante alejado de la “voluntariedad” que manifiestan las adicciones. En cualquier caso se trata de una “enfermedad” autoinducida lo que la diferencia de las demás y no sólo eso sino que una adicción supone siempre el quebrantamiento de un consenso moral: las drogas son ilegales (casi todas) porque el Estado las ha prohibido por sus efectos adversos y visibles con rapidez, los que caen en ellas antes de ser enfermos son transgresores de una norma civica.

Por otro lado el criterio de cambios cerebrales por sí mismo no justifica el calificativo de “enfermedad”.

No debemos perder de vista que ciertos procesos han sido sometidos a una “moralización” por ejemplo la prohibición de comer carne en ciertas religiones o en los vegetarianos, mientras que otras conductas han sido sometidas a una desmoralización (o una naturalización), significa que las adicciones han pasado de considerarse “vicios” a considerarse “enfermedades”. Mi opinión es que al sustraerles la parte moral a este tipo de conductas les hemos quitado tambien la posibilidad de redimirlas a través de otra conducta moral. Por ejemplo el alcoholismo se cura a través de una especie de “religión” como la que proponen las ordenanzas de “alcoholicos anonimos” que prescriben una supresión del alcohol de por vida (similar a la que postulan las religiones). En mi opinión estas técnicas tienen más éxito que las medicas pues devuelven al individuo cierto control sobre su conducta, mientras que la medicalización de las mismas tiene un éxito muy relativo y menor”.

El tratamiento moral que inventó Pinel no ha sido explorado lo suficiente por las sociedades modernas y nos encontramos hoy con que casi cualquier conducta irrazonable es susceptible de ser catalogada o bien por la psiquiatria o bien por la medicina en general.

Como si no hubieran otros modos de redimir al hombre de sus errores o de su tendencia a saltarse ciertos limites.

5.- La proliferación de morales individuales operan descontextualizando la moral colectiva y los consensos alcanzados sobre las normas colectivas para hacer de las comunidades entidades laboriosas y cooperativas. Ciertamente muchas de esas normas eran posiblemente injustas o están obsoletas por el cambio de mentalidad o los hallazgos de la ciencia o las normas de higiene, lo que explica que ciertas costumbres sexuales se hayan generalizado (felación, cunnilingus, coito anal) y hayan perdido su cualidad defensiva frente al contagio de enfermedades infecciosas.

Actualizar estas normas parece sensato dado los cambios culturales y sociales que se han producido al menos en las sociedades avanzadas. Lo paradójico sin embargo es que pareciera como si una vez que se ha superado un tabú inútil aparece en otro lugar y con otra forma un tabú similar que vuelve a imponerse a los demás como una verdad revelada aunque con otros argumentos distintos a los religiosos.

A propósito de:

La sabiduría de la repugnancia moral de Leon Kass

Tipos de mentes y la hipótesis onírica

Daniel Dennet es un filósofo de la mente que en 1997 escribió un libro titulado “Tipos de mentes” que resultó un libro de culto para todos aquellos que investigan o pretenden explicar la conciencia desde un punto de vista evolutivo.

En uno de los capítulos más interesantes de su libro, Dennett se propone clasificar sistemáticamente los distintos tipos de diseño que ha generado la naturaleza para hacer frente a esa tarea que debe cumplir toda mente, la de -según él- “construir futuro” de forma intencional”. De este modo, los organiza en una “torre de la generación y la prueba” de complejidad creciente. Conforme ascendamos por sus pisos encontraremos mejores soluciones a ese problema, los organismos encontrarán los mejores movimientos de manera más satisfactoria. Vamos, pues, a comenzar nuestra ascensión desde la planta baja de la torre:

Las criaturas darwinianas son los organismos más sencillos desde el punto de vista del comportamiento. Su gama de conductas se reduce a un abanico poco variado y extremadamente rígido, grabado en los genes del individuo. Volviendo a la metáfora de la llave y la cerradura, ante un problema determinado (una cerradura), cada criatura darwiniana dispone de una llave (una conducta innata, obtenida mediante la herencia). Claro está, la llave puede ser la correcta o no, y esa diferencia decide la proliferación de unos individuos y la reducción del número de otros, los de las llaves “defectuosas”, mediante el proceso de la selección natural. Es esa selección natural la que va puliendo la conducta de las criaturas darwinianas (meros autómatas, como las macromoléculas o los seres unicelulares) a través de las generaciones, al escoger para la supervivencia a los portadores de los comportamientos mejor adaptados.

El segundo piso de la torre lo constituyen las criaturas skinnerianas, llamadas así en honor al psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner. Las criaturas skinnerianas presentan la novedad de poseer cierta plasticidad en su comportamiento. Ante un problema dado, pueden ir probando a ciegas -ensayo y error- las distintas variantes de conducta que son capaces de generar (es como disponer de un juego de llaves e ir introduciendo una tras otra en la cerradura), hasta que por casualidad dan con una que funciona y dispara el efecto deseado. Esto por sí sólo ya constituye cierta ventaja, pero es que además las criaturas skinnerianas cuentan con un sistema de refuerzo que hace que las conductas “correctas” aumenten su probabilidad en el futuro. Es decir, que la próxima vez que se enfrenten a la misma cerradura, podrán utilizar la llave correcta a la primera, sin tener que probar con todas las demás. Eso es una forma de aprendizaje. Los psicólogos siempre han hecho notar la interesante analogía entre el proceso de aprendizaje relatado por los conductistas y la selección natural, en tanto que ambos son mecanismos que operan sobre una materia prima (las distintas conductas o los genes) necesariamente variable, y seleccionan aquellos elementos más adaptativos para la supervivencia del ente. Parece ser que la mayoría de los animales son capaces de aprender en estos términos, es decir, que pueden modificar su pauta de comportamiento en función de la historia pasada y el entorno.

El aprendizaje que observamos en una criatura skinneriana no deja de ser útil pero tiene un riesgo evidente, y es que dado que el proceso de prueba y error es ciego, uno de los primeros errores que cometa puede matarla sin más. Necesitamos mayor refinamiento. Una buena forma de evitar ese peligro es realizar una selección previa de las posibles conductas, para descartar aquellas que claramente conduzcan al fracaso. Y esto es precisamente lo que hacen las criaturas popperianas (Dennett las llama así en honor al filósofo Karl Popper), permitir que sus hipótesis mueran en lugar de morir ellas mismas. Es como si las llaves fuesen probándose no en el espacio real, sino en uno imaginado.

Las criaturas gregorianas toman su nombre de Richard Gregory, psicólogo que advirtió la importancia de lo que él llama inteligencia potencial. Según Gregory, una herramienta, como un hacha o unas tijeras, no sólo es un fruto de la inteligencia de su creador, sino que constituye una fuente de inteligencia adicional para aquel que la usa. Cuando le damos unas tijeras a alguien, multiplicamos su capacidad de hacer movimientos inteligentes (aumentamos su inteligencia potencial). Cuanta más inteligencia haya en el diseño de una herramienta, mayor será la inteligencia potencial confiada a su usuario (un hacha sencilla y tosca no es el tipo de herramienta más adecuada para cortar el papel, pero las tijeras, con un diseño más inteligentemente dirigido a ese cometido concreto, permitirán a su usuario mayor habilidad). Vemos así cómo las herramientas (su fabricación y su uso) constituyen un salto importante en la capacidad de los seres vivos para realizar tareas cada vez más complejas y útiles con más eficacia.

Dennett resalta nuestra costumbre como seres gregorianos de descargar en el medio (exocerebro) la mayor parte de nuestras tareas cognitivas, a través de marcas, claves, disparadores de costumbres (la escritura también sería un tipo de estos dispositivos o recordatorios externos), de modo que nuestro cerebro queda libre para trabajar en otra cosa, y siempre puede recuperar esa información que queda almacenada en el entorno para reprocesarla o representarla (por usar otra de las metáforas del libro, nuestro cerebro albergaría sólo unos índices que nos permitirían acceder a la información que hemos ido diseminando en el exterior, en la biblioteca, los cuadernos de notas… la mente humana no se restringiría a las limitadas fronteras físicas de nuestro cerebro, sino que abarcaría todos esos dispositivos externos en los que descargamos nuestras tareas y sin los cuales nos veríamos muy disminuidos).

La idea de Dennet no es sin embargo nada nueva sino que tal y como conté en este post ya Mc Lean habló de un cerebro reptiliano, un cerebro mamifero -al que se habia referido tambien Le Doux en “El cerebro emocional” y un cerebro propiamente humano. En suma un cerebro tripartito. Por otra parte las tesis evolucionistas han ido más allá de esta conceptualñización y han instalado definitivamente la idea (Wilber, Maslow) de que la conciencia humana se expande abriéndose por sus bordes y escalando niveles de complejidad creciente y abandonando modos de funcionamiento automático o semiautomático, como nos sucede en los sueños o en los estados disciativos de conciencia.

Respirar, hacer el amor, comer, o andar en bicicleta son -en este sentido- aprendizajes no inteligentes en donde la corteza cerebral interviene muy poco, pero conscientemente y voluntariamente podemos mantener la respiración, hacer el amor de una manera o de otra, comer o dejar de comer, andar o correr y hacer malabarismos con la bicicleta. Es decir, nuestra corteza cerebral puede hacerse cargo de determinados aprendizajes subcorticales y modificarlos hasta cierto punto: por ejemplo sólo podemos contener la respiración durante algún minuto más allá del cual la respiración exigirá seguir siendo automática.

Conducta e inteligencia son pues propiedades distintas de nuestro cerebro que se encuentran conectadas en paralelo. La conducta es el output, la salida de información del sistema, mientras que la inteligencia es la forma que damos a ese output en cierto modo, pero también podemos desconectarla de toda conducta de todo output como cuando dormimos o reflexionamos.

Es posible afirmar que la inteligencia hace estas tres operaciones con la conducta para hacerla inteligente:

  • Dar intencionalidad y sentido.
  • Ser informativa para otro.
  • Proporcionada y ajustada a la realidad (adaptada).

Y para ello la conciencia humana ha de llevar a cabo síntesis entre las necesidades del organismo y las necesidades del individuo, asi nosotros desde GMS (Global mind squeezing) planteamos la idea de la existencia de al menos dos distintos cómputos cerebrales en el tratamiento de la información, asi existiría un codigo máquina que trajinaría con los algortimos en gran parte inconscientes de nuestra supervivencia, un lenguaje automatizado que presumíamos que podría tratarse de borradores atemporales:

Estos borradores atemporales son el lenguaje máquina manejado por nuestro cerebro profundo: el lenguaje del tronco cerebral o del inconsciente, un lenguaje enfocado a la supervivencia, el lenguaje del organismo que no pocas veces entra en colisión con el lenguaje formal del individuo: la base sobre la que posteriormente se sustenta el pensamiento y el lenguaje, herramientas estas mucho más refinadas, pero también mucho  más burdas en cuanto a la representación de la realidad externa e interna, sujetas a errores de “traducción” de las necesidades internas. Lenguaje y pensamiento son herramientas para hacernos estándar y mutuamente compatibles pagando el precio de la esclavitud que supone que todos seamos copias solapadas y redundantes de un sistema que quiere perpetuarse (Ver el post completo aqui)

El propósito de esta entrada procede de una observación de la vida cotidiana que me vino a la mente hace pocos dias y relativa al modo de funcionamiento “por defecto” de nosotros los humanos. Lo cierto es que el “mode máquina” no es tan raro como pudieramos pensar sino que en realidad es el mode por defecto d ela mayor parte del tiempo en que estamos despiertos. Todos operamos en vigilia como si estuviéramos durmiendo, funcionamos de un modo automático,cuando pensamos y sucede por una razón:

Existen personas que más que pensar operan con la realidad no a través de su inteligencia sino de sus conductas reptilianas, es asi que hablamos de ritualización, de pensamiento operativo, de manías o de preferencias, llevamos a cabo constantemente la misma secuencia de hechos y los identificamos precisamente por su reiteración, por la repetición.

El código máquina se manifiesta a través de la repetición.

Y la baja definición.

Un ejemplo de baja definición es lo que nos sucede en los ensueños. Los ensueños están cargados no sólo de contenidos absurdos sino tambien de emocionalidad,es como si no pudieran separarse o estuvieran muy cercanos a las emociones, es por eso que durante los sueños tenemos miedo, rabia, nos sentimos culpables, indignados, tristes o avergonzados por cuestiones que en estado de vigilia no nos preocuparían lo más mínimo. Aqui hay un post sobre el comportamiento del código máquina durante el sueño.

Mi hipótesis es que soñamos porque tenemos la necesidad de contemplar las cosas de otra manera, soñamos para considerar la experiencia a través de otra dimensión, no necesariamente más verdadera que la verdad de la vigilia como creen los psicoanalistas, sino otra verdad que duermevela en la consideración alternativa de la dimensionalidad de la realidad y que por mantenimiento de nuestra salud mental debemos considerar al menos como hipótesis onirica.

La realidad tiene siempre un haz y un envés y puede ser procesada de dos maneras al menos, es por eso que existen los sueños: para garantizar un equilibrio entre organismo e individuo. Cada cual exige su parte en el botín.

Bibliografia.

Parte de este post (la teoría de Dennet) ha sido extraido de esta web:

http://paginaspersonales.deusto.es/matute/psicoteca/articulos/blanco04b.htm

Lolita y la moral desconcertada

La razón es y solo debe ser la esclava de las pasiones

David Hume

Jonathan Haidt es un psicólogo que se dedica a cuestiones de eso que ahora se llama neurofilosofía, que es otra forma de hablar de decisiones morales desde un prisma psicológico. Aqui en Tercera cultura hay un articulo muy reciente de este autor donde se habla de su último libro “La hipótesis de la felicidad”, que por sí mismo mereceria un post aparte.

En este post voy a referirme a sus ideas sobre moral relativas al tema del incesto y propondré un experimento mental que es el siguiente:

Dos hermanos muy unidos entre sí y adultos deciden en un viaje al extranjero tener una relación sexual. Se protegen para evitar un embarazo doblemente, con píldoras y con condones. Deciden igualmente no volver a hablar de este tema y no volver a repetir la experiencia jamás a fin de no sucumbir a “enamoramientos” más o menos letales que pudieran oscurecer aquella experiencia, para ellos imborrable.

La pregunta que hace Haidt a sus alumnos es ésta. ¿Qué opina usted de esta decisión? ¿La condena o la tolera? Y ¿por qué?

Naturalmente casi todo el mundo condena esta historia, pero lo que Haidt pretende averiguar es en nombre de qué lo hacemos.

Como el lector ya habrá podido entender el experimento (mental) se hace en unas condiciones casi quirúrgicas, evitándose los embarazos (que pudieran dar pábulo a las explicaciones sobre malformaciones) y evita tambien la repetición de la conducta que pudiera llevar a la pareja a un callejón social sin salida. Lo que Haidt quiere saber es qué hacemos para justificar ciertas decisiones. Más concretamente Haidt quiere saber ¿por qué aceptamos la prohibición, el tabú del incesto de una forma casi universal y sin rechistar?

Lo cierto es que sea como sea no existe ninguna otra prohibición que haya tenido tanto éxito como la del incesto, aunque es cierto que existen excepciones, la mayor parte de las personas comunes aceptamos sin pestañear y casi sin pensar esta prohibición, casi tanto como la del parricidio. Pero Haidt lo que quiere es precisamente hacerles pensar. Saber por qué respetamos esa prohibición de forma casi universal, es decir en todas las culturas humanas. En un post anterior ya abordé las insuficientes razones que se han dado desde la ciencia, la antropologia y el psicoanálisis sobre esta cuestión.

Lo que Haidt pretende demostrar es que existe un juicio moral desconcertado cuando se hacen ciertas preguntas como ésta, aparece una especie de disonancia cognitiva pues el individuo no puede dar razones racionales para justificar su rechazo. Es por eso que Haidt apela a la intuición: hay algo en nuestra intuición que nos hace rechazar este tipo de relaciones, primero las rechazamos y después las racionalizamos o apelamos a la repugnancia, etc.

Para Haidt la mayor parte de nuestras decisiones morales se encuentra en nuestras intuiciones automáticas, no en la razón. Después podemos razonarlo, desde luego, pero sólo para preparar la interacción social y no la búsqueda de la verdad. Asi el tabú del incesto es una prohibición automatizada, pero no se encuentra homogéneamente distribuida segun los actores que intervienene en la interacción. De hecho el incesto es más frecuente de padre a hija que de madre a hijo. Y mucho más si el padre es adoptivo.

El lector interesado en averiguar los costes segun los actores intervinientes en el incesto les recomiendo que lean este post.

Padre adoptivo es precisamente Humbert Humbert el profesor de la novela de Vladimir Nabokov, la fascinante Lolita, probablemente la novela mas profunda y bella de todas las que han abordado este espinoso tema del incesto, en este caso entre padre e hija-stra.

¿Cuales son las razones de esta fascinación del viejo profesor por la núbil Lolita?¿Por qué algunas personas son especialmente sensibles a los encantos de muchachos o muchachas prepúberes? ¿Qué hay en las ninfas -muchachas a medio hacer- de atractivo?

Se trata de preguntas imposibles de responder desde la ciencia. Para entender algo de las cárceles del alma no tenemos más remedio que recurrir al arte, en este caso a la literatura, al relato subjetivo de Nabokov. Es obvio que el drama de Humbert es quizá el mismo drama de Nabokov, nada en él hace sospechar que se trate de un psicópata, pero Humbert sabe que es un pederasta, bien distinto al que le roba su “preciosa posesión”, pero un pederasta como él al fin y al cabo. Racionalmente Humbert sabe que lo que hace con Lo es algo execrable, sabe que se llama incesto y que se trata tanto de un delito como de una lacra moral, sabe que no hay lugar para ellos en el mundo y por eso se pasan la novela errantes de aqui para allá, de motel en motel sin encontrar un lugar que les ubique como pareja.

Pues carecen de futuro.

Lo sabe y sin embargo no puede hacer otra cosa sino obedecer a su pasión infantil, viviendo en una continua disonancia cognitiva, una moral desconcertada que no puede sino obedecer al Amor.

¿Pues no es amor lo que siente Humbert por Lolita?

Observe la cara de Jeremy Irons y digame ¿qué ve?

Lo que podemos aprender de la lectura de esta novela y de las reflexiones de Haidt es que el tabú del incesto es un hecho a medio camino entre lo biológico y lo social, pero discrepo con él cuando dice que es un constructo social, la fuerza del tabú no podria proceder tan sólo de esta fuente y necesitamos meter alguna otra cosa en la ecuación. Nada hay de monstruoso en esta conducta que casi siempre está vinculada al amor, un amor inmaduro psicosexualmente hablando pero amor al fin y al cabo. No podemos especular que este automatismo se encuentre en nuestros genes, pero tampoco podemos rechazar de plano las hipótesis evolucionistas que han explicado que esta conducta ha sido seleccionada negativamente por la evolución (dando castigo evolutivo). Lo más probable es que la aceptación de este tabú ancestral sea la consecuencia de la presión social sobre las conductas sexuales individuales y que dicha presión se encuentre facilitada por mecanismos biológicos relacionados con el apego, el reconocimiento de parientes destinado a proteger ciertos alelos letales y a promover la diversidad. Es necesario apelar a un constructo intermedio, donde el automatismo encuentre oportunidades para desplegarse en los cerebros individuales sin necesidad de pasar por el raciocinio. A este constructo le llamamos exocerebro.

Postdata.-

La primera versión de Lolita fue realizada por Stanley Kubrick en 1962, se trata de una versión mucho más contenida y ambigua que la realizada por Adrian Lyne en 1997 y a la que pertenece esta secuencia de youtube.

Amor, celos y exocerebro

La mayor parte de nosotros estamos persuadidos de que el amor es un sentimiento que se cuece entre neuronas, algo que procede de dentro y que se vierte al exterior a través de ciertas flechas que van a dar en la diana de alguna persona que andaba por alli tal y como hemos aprendido de la iconografía del mito.

Me propongo en este post desmentir esta cuestión y apoyar la idea de que ciertos sentimientos abstractos no proceden del cerebro sino del exocerebro. Para aquellos que aun no sepan qué es el exocerebro les recomiendo lean este post donde escribí sobre la conceptualización de Roger Bartra en este asunto.

Los dias navideños suelen manifestarse en forma de ágapes donde las familias concentradas devoran ciertos alimentos que no son otra cosa sino un rito que procede de la Antigüedad y que consiste en compartir excesos de comida, en una ceremonia que nos hace recordar aquellos banquetes rituales donde nos devoramos unos a otros para adquirir mágicamente las propiedades de lo que comemos.

La Navidad es pues un buen escenario donde observar comportamientos y rutinas familiares y donde los niños adquieren una especial relevancia. Observar sus asombros, su júbilo o desprecio por los regalos y su decidida predilección por unos juguetes en lugar de otros. Mi sobrino Victor de dos años y medio fue el protagonista ayer de mis observaciones; decididamente inclinado por su padre, se pasó la comida a su lado, jugando con él y exigiéndole atención. Es evidente que Victor quiere mucho a su padre y si hubiera que hacer una especie de escala de amor o de preferencias amorosas llegaríamos a la conclusión de que Victor quiere más y por este orden: primero a su padre, luego a su abuela-cuidadora y luego a su madre. Los demás, tios y primos estamos en un segundo y tercer plano.

Todo el mundo en la mesa, estuvo de acuerdo en que Victor quiere más que nadie a su padre, pero ¿cómo lo sabemos?

Lo cierto es que esa apreciación no es más que una proyección colectiva, no hay manera de saber a quién quiere más el niño, aunque tenemos algunos datos irrefutables: Victor se tranquiliza, disfruta, juega, requiere, busca, llama, come, rie, muestra, se duerme mucho más y mejor cuando esta en compañia de su padre que de todos los demás.

Dicho de otra forma, sabemos que Victor quiere más a su padre a partir de las conductas que exhibe. El amor no puede esconderse.

Es lógico que asi sea puesto que no hay manera de acceder a sus pensamientos (ni a los de cualquier otra persona), sólo podemos saber lo que otro siente o piensa a partir de su conducta, (entendiendo el lenguaje verbal como conducta). De su conducta observable.

Otra cuestión es ésta: ¿por qué Victor prefiere de entre todos a su padre?

Por semejanza.

Decía Freud que “la anatomia es el destino”, lo que significa que los niños buscan en su medio ambiente a aquellos que se le parecen. Es curioso lo pronto que los niños aprenden a orientarse con respecto a las diferencias sexuales. Los niños prefieren a su padre porque su padre es un similar a él pero lo tiene todo más grande, comienzan así a admirarlo y a querer participar de sus propiedades, a eso le llamamos identificación, se trata del embrión de la identidad sexual. Victor busca en su padre (un otro, fuera de él) lo que el quiere para sí. De tal manera que el amor hacia su padre y su padre son inseparables, son la misma cosa.

No hay pues, un origen, un vuelo o dardo del amor recorriendo el aire y un objeto amoroso, sino que todo el proceso se desarrolla de una forma unitaria y simultánea.

¿Pero si el amor hacia su padre reside en el padre, entonces el amor está fuera de la cabeza de Victor?

Lo cierto es que el truco está precisamente en la palabra “amor”.

No tenemos ni idea de si lo que siente Victor es amor, lo unico que sabemos es de su predilección, de su preferencia o gusto por su padre. Lo del amor es una proyección que hacemos los adultos y que le endosamos al niño. El niño no sabe nada de amoríos porque el amor es una abstracción para la que el cerebro del niño aun no puede dar cuenta, cognitivamente hablando.

Pero si el amor es una abstracción, no puede estar en el cerebro del niño, pues tal y como comenté aqui el cerebro solo puede procesar señales eléctricas o químicas pero no símbolos. En realidad los símbolos no están en el cerebro sino en el exocerebro. Efectivamente el amor no puede residir en el cerebro sino en los patrones o enlaces simbólicos externos y que compartimos los individuos de una misma cultura. A la conducta de Victor le llamamos “amor”, nosotros, los que ya sabemos manejar símbolos.

¿Pero entonces si Victor no puede amar, qué es lo que le impulsa hacia su padre?

Es obvio que el amor (tal y como lo entendemos los adultos) evolucionó desde el apego que es innato y que procede de nuestra incompletud estructural. Nuestra especie (y todos los mamíferos) tuvieron éxito precisamente por nuestra capacidad de apegarnos a nuestras figuras de referencia (usualmente a nuestra madre) que es la que hace de prótesis al apego natural del niño y hay que recordar ahora que el apego eolucionó desde el miedo, es decir desde nuestra sensación de soledad, estupidez  y vulnerabilidad. Sin apego ninguna especie mamifera hubiera progresado y los reptiles poblarían la tierra. Hay que señalar ahora -que en la nuestra- el apego dura mucho más tiempo que en cualquier otra puesto que necesitamos más años para emanciparnos de nuestros progenitores.

De manera que el niño se encuentra en una situación marcada por el apego y por un entorno de vínculos simbólicos, que a su vez, operan sobre su cerebro rebotando en él e introduciendo paulatinamente el tipo de pensamiento que usamos los adultos, el pensamiento simbólico. Victor quiere más a su padre por dos razones, una de orden biológico, el apego y otra de orden simbólico: su parecido con él.

Su parecido con él y su interacciones continuas ejercerán un papel de reentrada de por vida, siempre de orden simbólico y con destino a sus redes neurales que poco a poco irán pareciéndose más a las de un adulto siguiendo el rail de su especie.

Y cuando sea mayor dirá “que está enamorado” y creerá que el amor habita en su cabeza. Habrá atrapado un símbolo pero es inútil buscar el amor entre las sinapsis, alli no hay nada de eso salvo las reentradas simbólicas que a lo largo de su vida irá construyendo en su trajín con su exocerebro.

El amor está fuera y convive con nuestros objetos amorosos y se confunde con ellos.

La siguiente parte del ritual navideño fue de características bastante opuestas. A media tarde Victor se reunió con sus primos de edades parecidas, un niño y una niña, con el objeto de jugar con los juguetes que habian estrenado. El camioncito de Victor competía con la moto con pilas de Andrés y ambos se mostraron los hallazgos. Pero como era de esperar al cabo de cierto tiempo a Victor lo que le interesaba era lo que tenia el otro, es decir la moto de pilas. Mientras que a Andrés lo que le interesaba sobremanera era el camioncito de Victor. Irene, en un rincón jugaba con unas pegatinas imantadas de Bob Esponja observando la trifulca que un poco más tarde se armaría entre los dos primos.

Lo curioso es que ambos niños estaban absolutamente desinteresados de Irene y sus pegatinas y muy interesados en lo que el otro poseía. Es como si la posesión del otro similar (el niño) adquiriera a ojos del otro un valor intangible.

“Tienen celos”, dictaminaron los adultos. Y entonces me puse a pensar si los celos eran -del mismo modo que el amor- algo que sucede en relación con el otro o si por el contrario habita en nuestras neuronas como otras emociones.

Lo cierto es que los celos no son una emoción cualquiera, como el miedo, la tristeza, el júbilo, el dolor o el placer. Los celos son una emoción bastante compleja que necesita un cierto grado de abstracción. Los celos no habitan en el cerebro sino en el exocerebro. Hace falta un otro que haga de prótesis de los mismos y a veces un triángulo.

Si el amor evolucionó desde el apego, los celos evolcionaron desde la agresión. Los celos son una conducta destinada a mostrarse cuyo objetivo está relacionado con la intimidación (aqui escribí algo sobre los celos y sus aspectos evolutivos). De lo que se trata en los celos es de ahuyentar al rival o merodeador y que no nos hurte lo que consideramos nuestro, y si fuera posible, arrebatarle al rival lo que es suyo. La codicia es el deseo innato que mueve esta espiral de sucesos que llamamos celos.

Es interesante señalar de la observación anterior las diferencias entre los celos de los hombres y las mujeres (aqui escribí algo sobre el asunto). Irene parecia comportarse como si no tuviera celos (aunque no se perdía detalle de los regalos ajenos), mientras que Victor y Andrés escenificaban su codicia sin ningún tipo de pudor. Sabemos que los celos de hombres y mujeres son distintos y que incluso inducen en los hombres conductas más agresivas o patológicas (Wilson y Daly, 1982) respecto de los celos femeninos. Lo cual no significa que Irene no sintiera celos (aunque no podemos saberlo), lo cierto es que parecía no sentirlos si bien las niñas son siempre ninguneadas por los niños en sus juegos pues lógicamente las perciben como diferentes, mientras que las niñas anhelan sumarse a los mismos al adjudicarles un mayor valor.

Pues las niñas anhelan lo que no tienen, mientras que los niños temen perder lo que ya tienen. Es por eso que los celos de los hombres adultos se caracterizan por la intimidación y los celos de las mujeres por la manipulación.

Cuando Victor sea mayor seguramente dirá eso de “estoy enamorado”, pero es muy poco probable que acepte la idea de “tengo celos”. Pues los celos curiosamente son siempre detectados por los demás pero nunca por el “celoso”. ¿Por qué sucede esto?

Por una cuestión fundamental: los celos son un sentimiento poliédrico, cargado de simbología, no es una emoción simple de esas que se reconocen a primera vista; para tener celos es necesario hallarse conectado a un exocerebro con significados simbólicos al que acceder pero los celos no están el cerebro, alli esperando a que alguien los identifique. Lo que hay en el cerebro es codicia, territorialidad, posesividad y destructividad. Y es eso precisamente lo que reconstruimos durante nuestra “educación”, aprendemos a manejar estos sentimientos a través de la socialización y a renunciar a nuestra gartificación inmediata a cambio de acdder a otro nivel de complejidad: el compartir sin celos.

Es por eso que los celos no son identificados por el celoso pues las emociones que lo nutren son afásicas, carecen de representación en el cerebro individual y sólo son comprensibles  a través de los consensos culturales.

Los celos son tan complejos y tan abstractos que a veces no sabemos de quién tiene celos el celoso. En el caso de Victor y Andrés el tema está claro pues la trifulca sucede entre dos, pero en el caso de los adultos el tema se complica y siempre suelen aparecer tres protagonistas, me refiero a los celos sexuales, donde siempre cabe la pregunta ¿de quién tiene celos el celoso? ¿De la mujer u hombre infiel o del rival?

El destino y buena gestión de las emociones requiere socializarlas, es decir convertirlas desde algo informe y atemorizador en algo creativo, útil y adaptativo. Algunas emociones son primarias, accesibles a la conciencia y a la autoreflexión mientras que otras aparecen como algo enajenado, “como si alguien las hubiera puesto alli”, como si no fueran nuestras. En ello influye naturalmente la deseabilidad social pero tambien el hecho de que ciertas emociones carecen de representación interna y el individuo ha de echar mano de sus prótesis culturales para internalizarlas.

Como el amor es una emoción positiva y tranquilizadora  suele suceder que la depositamos en el interior de nuestro cerebro siendo como es una metaelaboración del apego y el nepotismo. Con los celos -que son emociones negativas y que apelan la destructividad- lo que solemos hacer es no vestirlas con el ropaje simbólico que procede de nuestros circuitos externos y depositarla en algun lugar inaccesible y enajenado, más o menos defendido por ciertas racionalizaciones que tienden a eludir la responsabilidad de la propia codicia.

Bibliografia.-

Daly M, Wilson MI, Weghorst SJ (1982) Male sexual jealousy. Ethology & Sociobiology 3: 11-27.

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.