El egregor y sus tipos (IX)

La locura tiene método (Shakespeare)

Aquellos que leyeron el post anterior ya saben qué es un egregor: una plataforma informacional no energética que ni se crea ni se degrada y que está disponible como si se tratara de planos de datos que aportan información y que es necesario -a través de la hermenéutica- organizar para que constituyan algún tipo de conocimiento sobre el mundo.

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Zombies y fractales (IV)

Tal y como vimos en el post anterior el lenguaje posee una característica intrinseca muy importante: es capaz de construir realidades a partir del pensamiento. Pero esta realidad generada lingüisticamente no es una realidad en el mismo sentido que esa farola contra la que me rompí la cabeza yendo en mi motocicleta. Se trata de una realidad bien distinta, algo así como lo que entendemos como ficción, algo así como lo que llamamos lteratura.

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Los zombies de tu mente (II)

Los que leyeron el post anterior recordarán que propuse pensar a los eneatipos como zombies, pero esto merece una explicación previa: un zombie es un personaje ficticio que puede conceptualizarse como un muerto-vivo, algo que parece un oxímoron puesto que «vivo» parece lo opuesto a lo «muerto». Sin embargo esta es una trampa de nuestro lenguaje categorial, en realidad lo opuesto a lo vivo es lo no-vivo, aquello que no ha llegado a ser. La muerte es el destino de lo vivo pero no su opuesto. Lo opuesto de la vida no es la muerte, sino aquello que no nació, lo que no llegó a estar vivo. Todos nosotros y todos los seres vivos somos contingentes, un minuto antes de la fecundación que -entre un espermatozoide y un ovulo se produce-, ya no tendría el mismo resultado y es posible que no tuviera ninguno. Yo no tengo hermanos y eso es lo opuesto a la vida que se derramó en mí y me hizo por eso contingente, no somos necesarios, somos producto del azar.

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La sociedad de la mente

Marvin Minsky es uno de los popes de la inteligencia artificial y un pionero en el uso de la cibernética tratando de unir la mente cognitiva con los procesos maquinales que describen a la inteligencia artificial (IA), que no es otra cosa sino la aplicación del modo de hacer de nuestra mente al llevarlo al entorno artificial, a fin de reproducir los procesos naturales de nuestro pensamiento. Pero no sólo eso, sino de alcanzar al mismo tiempo cierto conocimiento sobre ellos, que actualmente nos está vedado. Probablemente este veto esté relacionado no solo con la complejidad de nuestra mente sino también en los pasos intermedios que hay entre un elemento y otro, en entender las relaciones y la jerarquía que hay entre ellos.

Lo que Minsky propone en su libro es descomplejizar, es decir reducir los elementos a su aspecto más elemental. Asi habla de agencias y agentes.

Agencias y agentes.-

Para entender qué es un agente solo hemos de observar qué sucede cuando tenemos sed:

1.-Nos levantamos y nos dirigimos hacia la botella de agua (Aproximación)

2.-Cogemos la botella y ponemos el agua en un vaso o la bebemos directamente de la botella (Prensión)

3.-Nos bebemos el agua. (Beber)

Lo importante de esta secuencia donde intervienen diversos agentes que, por supuesto pueden aun descomponerse en sucesivos sub-agentes, es que ninguno de ellos por sí mismo tiene sed, ni sabe qué es la sed. Esa no es la función de los agentes. Su función es llevar a cabo un algoritmo, es decir una secuencia de movimientos que den como resultado el acto de beber. Podríamos decir que los agentes así tomados de uno en uno son tontos, el que sabe lo que quiere es una agencia llamada ¿Qué hacer cuando tenemos sed? o simplemente SED en una jerarquía superior de mando. Los agentes sirven tanto para un roto como para un descosido dependiendo de la agencia que les reclute. Por ejemplo, la agencia COMER puede convocar a los mismos agentes que la agencia BEBER, pues casi todos esos agentes son movimientos coordinados que tratan de pinzar, elegir, llevarse un bocado a la boca, etc.

En realidad este tipo de ideas son calcadas de los zombies de Eagleman que ya describí en un post anterior.

A los niños de dos años les gusta mucho construir torres con madera u otros materiales pero lo que más les gusta es derribar las torres que nosotros los adultos construimos para enseñarles. Es lógico, un niño de esta edad aun no ha desarrollado la pericia muscular (que requiere de movimientos finos) para hacer una torre lo suficientemente alta sin que fracase en el intento. El estrépito de hacer caer la torre cuanto más alta mejor, llena de júbilo la cara de un niño de 2 años. A los 3 años cuando aprenda a hacer torres por sí mismo el placer por la construcción será similar al que sintió al derribarlas un año antes. Dicho de otra forma la agencia CONSTRUIR y la agencia DESTRUIR, están relacionadas pero una de ellas aparece antes que la otra por el desarrollo neurológico del niño, es por eso que la actividad clástica, romper, arrancar piernas a los muñecos, destrozar juguetes o desordenar un armario es anterior a construir relatos subjetivos con los que jugar con esos mismos juguetes u ordenar una estantería. Podríamos decir que hay una dicotomía para nosotros los adultos en el plano pragmático entre construir y destruir, ordenar o desordenar pero desde el punto de vista de las agencias ambas pertenecen a una metaagencia que podríamos denominar como JUGAR, lo mismo sucede entre pintar y emborronar, entre portarse bien y ser travieso, entre mojar la cama y controlar esfínteres. Ninguna limpieza podría aprenderse sin el concurso de su opuesta: la suciedad. Ninguna agencia podría entenderse sin el complemento de la otra.

Lo interesante de estas agencias (de algunas de ellas) es que sirven a un mismo dueño: los afectos y el aprendizaje. Los afectos se regulan precisamente a través de su contrario. Cuando una emoción es demasiado intensa y necesitamos rebajarla echamos mano de su opuesta. Así cuando un niño se frustra porque no es capaz de terminar con éxito una tarea es muy probable que desande el camino echando mano de la destrucción de las pruebas de su fracaso, a través del derribo o tachado de la misma, la indiferencia o de una rabieta. La meta-agencia RABIETA es precisamente la emoción que tiende a regular el sistema cuando la frustración ha llegado a un cierto limite, algo muy frecuente en los niños de 2-4 años precisamente porque no comprenden que algunas cosas son imposibles o improcedentes. La RABIETA no trata de conseguir un objetivo de manipulación como creemos los adultos sino que es una manera de regular una emoción en ausencia de su contraria que probablemente aun no ha sido construida, por ejemplo la diferencia temporal entre hoy, mañana y la semana que viene explica la imposibilidad de esperar. O la imposibilidad de salir a la calle cuando tuvimos que confinarnos en tiempos de pandemia.

En realidad si escribo este post es como prolongación del anterior dónde abordé las relaciones entre el autodesprecio y otros elementos o emociones sociales como la culpa, la empatía, o la oikofobia. Vimos allí que había dos lineas narrativas que discurrían en paralelo pero que existía una de ellas que era consciente mientras que la otra era en parte inconsciente, como en dos niveles de definición. Así hablé de un paralelismo entre el desprecio y el autodesprecio: ambas se encuentran relacionadas entre sí, del mismo modo sucede con el odio y el auto-odio.

El odio -sea por las razones que sea- contiene a su opuesta el auto-odio, ambas mantienen una relación dialéctica, así cuando una crece demasiado la otra se ocupa de aparecer funcionando como un relé, es decir como una inhibición de la primera. Hay como una relación cibernética entre ambas, en una especie de retroalimentación donde operan factores liberadores y también inhibidores : se regulan entre si, siempre y cuando no se franqueen ciertos limites, en cuyo caso el sistema se caotiza y ya no se pueden predecir los resultados o bien se hace periódico en cuyo caso podemos asegurar que se repetirá .

El odio y el auto-odio van en el mismo pack.

Lo sagrado y lo profano.-

Para algunos autores como Durkheim la aparición de la religión procede de esta dicotomia entre lo sagrado y lo profano. Podríamos definir lo sagrado cómo aquello que por su proximidad con la divinidad o por su relación con lo sobrenatural o “aquello que no puede decirse” merece respeto y veneración. Y aunque nosotros vivamos en un mundo donde lo divino ha perdido peso en nuestras creencias, lo cierto es que lo sagrado sigue existiendo por extensión cívica o respondiendo a un fundamento diferente a la existencia de Dios, y hoy podríamos considerar -a pesar de considerarnos laicos- con que seguimos percibiendo como sagradas algunas cuestiones:

1.- La vida humana

2.- El cuerpo, tanto de la mujer como del hombre.

3.- Los niños.

4.- Los ancianos y los enfermos.

5.- La propiedad privada.

6.- Los muertos.

7.- La patría y sus símbolos.

Naturalmente según cada sensibilidad. esta lista podría rellenarse con otras cuestiones, pero me parece procedente detenerme aquí, con la intención de que pensemos en las razones por las que seguimos considerando sagrados algunos preceptos, como por ejemplo el cuidar o proteger a los necesitados, a los débiles o a los dependientes, respetar la vida humana y los cuerpos ajenos en los que nadie -más allá de la ley- puede entrometerse. Hablamos entonces de profanación. Profanar es:

  1. Tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada.»los que profanaren los cadáveres, cementerios o lugares de enterramiento con hechos o actos serán castigados»
  2. .Dañar con palabras o acciones la dignidad, la estima y la respetabilidad de una persona o de una cosa, especialmente la honra y el buen nombre de una persona muerta.

Y es por eso que solo lo sagrado puede ser profanado, mientras que lo profano no merece este calificativo: no es lo mismo que nos roben el móvil que alguien entre en nuestro hogar para defecarse allí dentro. El móvil es una pertenencia profana, nuestro hogar es un lugar sagrado.Por la misma razón nuestro cuerpo es sagrado, es decir íntimo y secreto y no puede ni debe ser violado, es decir usado contra la voluntad de su propietario. Muchas de las víctimas de violación sienten y sufren precisamente por esta cuestión de la profanación a la que muchos terapeutas no atienden al prestar atención únicamente a las cuestiones profanas del delito o a sus efectos psicológicos más conocidos. La violación es una profanación, un sacrilegio, un atentado a lo sagrado. Peor si se ejerce contra un niño o niña y peor si se atenta contra su vida. Aquí hay una concentración de atentados contra lo sagrado (tres crímenes en uno) que hacen pensar en que el odio ha ido demasiado lejos y ha destruido los relés que pudieron hacer de contención a través de la culpa, el autodesprecio o el suicidio. No hay que olvidar que algunos crímenes no pueden ser purgados, reparados o expiados, solo redimidos a través de la muerte. Pero a veces estos asesinos carecen de culpa subjetiva aunque sepan que son culpables. los más lucidos entre ellos se suicidan.

Y los que no se suicidan están dando la razón al argumento que más arriba expuse: cuando se pasan ciertas lineas rojas el sistema se hace periódico, es decir se vuelve a reincidir pues solo el acto de la reincidencia -otro crimen- puede neutralizar la intensidad de las emociones que se generaron en origen.

Lo que es lo mismo que decir que el odio es el opuesto del auto-odio y su remedio.

Y a veces el auto-odio es algo intolerable que precisa del paso al acto que lo calme.

Nota liminar.-

Si estoy en lo cierto seria posible diseñar un sistema predictivo de recaídas en personas homicidas o delincuentes sexuales. Un sistema que además sería lo suficientemente preciso para señalar esta tendencia a la recurrencia. En realidad este sistema ya existe y es utilizado por los psicólogos forenses y las juntas de evaluación técnica con eficacia. Sólo queda que los jueces sean receptivos con estás ideas y no impongan -sobre estas predicciones- su propio esencialismo jurídico.