Lo normal y lo raro

normal

“Ni son todos los que están ni están todos los que son”

Todo el mundo estará de acuerdo conmigo en que la medicina es una disciplina que se ocupa de tratar y prevenir (cuando puede) las enfermedades. El problema es que no está claro del todo qué es y qué no es una enfermedad. Y no sólo en psiquiatria que es la especialidad donde esa delgada linea roja se hace más gruesa, sino en la Medicina General.

Sin embargo la medicina cuenta con una variable de peso: algunas enfermedades causan la muerte y en cualquier caso causan infirmitas, algo que raramente sucede en las enfermedades mentales. Una de las características de los enfermos mentales es que no saben que están enfermos, se trata de una disfunción que afecta a la consciencia de ser.

Escribo esta entrada después de asistir durante días a varias polémicas en las redes (la ultima la de la gestación subrogada) y de haber leído este post de Pablo Malo donde aborda algunas cuestiones que nos servirán para alumbrar este post.

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Un dilema de filosofía moral de interés en salud mental

alicia

Recientemente he tenido ocasión de leer este post de mi colega Pablo Malo, donde aborda las diferencias entre “maldad” y “enfermedad”. El articulo me ha interesado por varias razones. La primera es el ejemplo que pone Pablo acerca de la intencionalidad y de los efectos colaterales de cualquier acto.

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El egoísmo y los altruísmos

egoista

Un pollo es la forma que tiene un huevo de hacer otro huevo

Este libro que preside el post es una obra maestra que todo lector interesado en el campo de la Neurociencia y de la psicología evolucionista debería leer al menos una vez en su vida. De manera que lo recomiendo encarecidamente si usted aun no lo ha hecho.

Pero este post no va a hablar del egoísmo, sino para señalar que el concepto de egoísmo es intuitivo, consiste “en salirse con la nuestra” al precio que sea, privilegiando los intereses propios contra los ajenos. No es necesario explicar demasiado sobre esta cuestión ni tampoco en por qué los genes son tan egoistas que solo piensan en ellos mismos y en su replicación, tampoco hace falta insistir en que el egoísmo es una conducta comprensible y que fue seleccionada por la evolucion porque daba, da premio reproductivo. ¿Que duda cabe?

Lo que necesita explicación es el altruismo que aparentemente e suna conducta contraevolutiva y es por eso que algunos investigadores como W. D. Hamilton (el segundo Darwin de la historia) dedicó parte de su vida a construir conceptualizaciones que explicaran la conducta altruista.

Y lo hizo con un concepto (inclusive fitness) , y una regla, una ecuación que permitia relacionar y predecir la conducta altruista en base al parentesco.

De manera que está justificado hablar no de un altruismo sino de multiples altruismos, asi:

1.- El altruismo de los progenitores con sus hijos.

2.- El altruismo con los parientes.

3,. El altruismo con los conocidos pero no emparentados (amistad o cousinage)

4,. El altruismo tribal.

5.-El altruismo universal.

6.- El altruismo diferido.

En realidad todas las formas de altruismo proceden o evolucionaron incluyendo a las microsociedades inventadas por la modernidad (sindicatos, partidos, cofradias, profesiones, corporaciones, etc) de un mismo origen: la familia biológica.

“Somos la familia madridista, socialista o barcelonista”, dicen los que quieren hacer piña. Y no se equivocan.

La familia biológica es la matriz sobre la que se asientan todas las formas de pertenencia-filiación de las organizaciones humanas (no relacionadas con el parentesco) y es la que provee de argumentos y significado para la solidaridad, la cooperación y el altruismo.

madre

Aqui en esta imagen podemos observar un tipo de altruismo que tampoco merece una explicación, la madre se ocupa de sus hijos porque son suyos, es decir contienen sus genes (con total seguridad). Otra vez aparece el egoismo del gen.

manboobs

Naturalmente no podemos esperar que el altruismo del padre por sus hijos sea de la misma naturaleza que el de la madre (aunque a partir del aprendizaje social se pueden igualar), a pesar de que a este altruista le han crecido los pechos.

Lo paradójico del altruismo es que se comporta de un modo antidemocrático favoreciendo el nepotismo familiar y es lógico puesto que:

Las conductas altruistas humanas evolucionaron en el contexto de pequeños grupos, y este “altruísmo familiar” o “altruísmo entre hermanos” todavía es una clave de las sociedades humanas, especialmente aquellas que todavía están organizadas sobre la base de clanes o tribus. Se sabe, además, que este tipo de altruísmo contradice las expectativas de cooperación típicas en las sociedades modernas, liberales y democráticas. Cuanto más tribal y familiar es una sociedad, menos probabilidades tiene de desarrollar una forma democrática moderna. Según Woodley y Bell (2012), la consanguinidad, es decir, el matrimonio entre primos segundos o parientes cercanos “favorece un colectivismo rígido que resulta hostil al individualismo y el reconocimiento de los derechos individuales, elementos clave del ethos democrático”.

(Extraido de este post)

Dicho de otra manera, la democracia -nuestra idea de ella- supone una superación de los nepotismos familiares y aunque proceden de ellos se convierten en un obstáculo a la hora de replantear el subjetivismo necesario para mantener una individualidad tal y como la consideramos hoy, con sus correspondencias de responsabilidad y libertad de pensamiento.

Pero hay otros altruismos que se encuentran tan alejados de su origen que nos parecen heroicos, y -en cierta forma- psicológicamente sospechosos. ¿Qué hace que una persona sacrifique sus intereses personales por una solidaridad exótica como la que llevó a cabo esta persona?

calcutaLo primero que nos viene a la cabeza es la razón religiosa, sin duda, es bien sabido que las religiones potencian el desprecio por la individualidad y sacralizan el sacrificio para mayor gloria de Dios. Pero esta explicación deja afuera a otras personas cooperantes, como éstas que en principio suponemos que son laicas.

Se trata de las dos cooperantes españolas que fueron raptadas y recientemente liberadas.

cooperantes

¿Qué hace que unas personas renuncien a su seguridad, sus intereses personales y pasen un tiempo -parcial o completo-  ayudando o socorriendo a personas a las que no conocen y a las que seguramente no podrán ayudar con eficacia?

Naturalmente hay que echar mano de los ideales y del concepto de altruismo patologico.

El altruismo es patológico cuando se sacrifican los propios intereses (seguridad o fitness) en función de perseguir un humanitarismo exótico. Un humanitarismo exótico es aquel que va más allá de las fronteras que las propias naciones han marcado como definitorias de su identidad.

No sería de recibo una madre (o un padre) que abandonara a su familia para atender a los hijos de otros, tampoco es comprensible renunciar a tener hijos propios para entregarse en cuerpo y alma a los “demás”, es decir a desconocidos alejados -cuanto más mejor- de nuestro entorno habitual. Y menos comprensible es abortar en España para ir a atender a una maternidad los niños de una subsahariana con SIDA.

A pesar de ello, existe una verdadera industria del humanitarismo, ( y una trama de corrupcion en sus alrededores) en forma de ONGs, masters de cooperación impartidos por universidades que incluso llegan a implantar verdaderos disparates tecnológicos (tablets) en lugares tan abyectos como Etiopía o premios nobeles destinados a personas que acaban siempre en la mesa de un disidente o el propio Obama.

Dicho de otro modo la cooperación internacional, la solidaridad están bien vistos y venden puntos politicos y mediáticos, pero lo cierto es que aun entendiendo que el propósito de las personas individuales puede ser bueno (aunque psicológicamente sospechoso) el resultado es bastante ineficaz porque no tiene en cuenta la idiosincrasia de cada país, pueblo o nacionalidad.

Y es patológico no ya por razones psicológicas (que cada cual tendrá la suya) sino por razones politicas. En realidad el ethos democrático favorece la cooperación y la solidaridad de los ciudadanos que hemos contribuido a mantener un estado de cosas que entendemos hoy como Welfare, pero contiene una segunda pata: la individualidad personal, sin individualidad no hay democracia. La importación de nuestro modelo de creencias y de costumbres a otros entornos no sólo es algo irreal y utópico sino que está condenado al fracaso.

Los pueblos, las etnias, las comunidades o las nacionalidades no son un constructo inventado por los pueblos colonizadores o por el Capital sino realidades fácticas inabsorbibles por nuestra bienintencionada solidaridad democrática. Se trata de realidades que han evolucionado con sus propias condiciones de vida y sus propias formas de entender lo comunitario, lo politico y lo familiar o personal.

El altruismo diferido.-

Recientemente hemos asistido en nuestro pais a un accidente ferroviario que nos ha mantenido a todos los ciudadanos en vilo durante dias, participando de la angustia de los familiares de las victimas, que en un goteo constante y en cada informativo pasaban a engrosar la lista de fallecidos en tan desgraciado accidente.

Me gustaria señalar que el trato que la prensa ha dispensado a los ciudadanos de Angrois, -el barrio que quedaba más cercano al accidente y que fueron los primeros en acudir a socorrer a las victimas-, me parece sobredimensionado y grotesco. Los habitantes de Angrois no son unos héroes, sino ciudadanos como usted o como yo. Fueron los primeros en acudir al siniestro porque eran los que estaban más cerca. Todos hubiéramos hecho lo mismo y no porque seamos héroes sino porque resulta muy dificil permanecer impasible cuando la gente -victima de un accidente de esta naturaleza- pide socorro. No se puede contemplar una atrocidad y permanecer impasible sino a costa de la propia salud psíquica.

Hay algo en el altruismo que es en realidad egoísmo, su otra cara, como cuando damos sangre u órganos de algun familiar fallecido. Evolutivamente hablando, ese tipo de altruismo es beneficioso para la colectividad (y no perjudica al individuo que dona), pero nótese que sus fronteras quedan bastante limitadas por la proximidad, el sentido común y cierta protección para la propia integridad fisica.

Hoy por ti y mañana por mi, ese es el altruismo insospechadamente sano. Tit for tat.

En conclusion: todos los altruismos contienen sus efectos secundarios, hasta el más elemental -el de la madre- tiene sus estragos particulares sobre la emancipación de los hijos.

La linea roja que parece que delimita el altruismo normal del patológico está relacionado con la perdida de seguridad, renuncia a los propios intereses, renuncia al propio fitness en beneficio de un ideal abstracto.

Y cuanto más abstracto peor.

Dilemas de la moral (y II)

Dos hermanos muy unidos entre sí y adultos deciden en un viaje al extranjero tener una relación sexual. Se protegen para evitar un embarazo doblemente, con píldoras y con condones. Deciden igualmente no volver a hablar de este tema y no volver a repetir la experiencia jamás a fin de no sucumbir a “enamoramientos” más o menos letales que pudieran oscurecer aquella experiencia, para ellos imborrable.

La pregunta que hace Haidt a sus alumnos es ésta. ¿Qué opina usted de esta decisión? ¿La condena o la tolera? Y ¿por qué?

Naturalmente casi todo el mundo condena esta historia, pero lo que Haidt pretende averiguar es en nombre de qué lo hacemos.

Como el lector ya habrá podido entender el experimento (mental) se hace en unas condiciones casi quirúrgicas, evitándose los embarazos (que pudieran dar pábulo a las explicaciones sobre malformaciones) y evita tambien la repetición de la conducta que pudiera llevar a la pareja a un callejón social sin salida. Lo que Haidt quiere saber es qué hacemos para justificar ciertas decisiones. Más concretamente Haidt quiere saber ¿por qué aceptamos la prohibición, el tabú del incesto de una forma casi universal y sin rechistar?

Lo cierto es que sea como sea no existe ninguna otra prohibición que haya tenido tanto éxito como la del incesto, aunque es cierto que existen excepciones, la mayor parte de las personas comunes aceptamos sin pestañear y casi sin pensar esta prohibición, casi tanto como la del parricidio. Pero Haidt lo que quiere es precisamente hacerles pensar. Saber por qué respetamos esa prohibición de forma casi universal, es decir en todas las culturas humanas.

Lo que Haidt pretende demostrar es que existe un juicio moral desconcertado cuando se hacen ciertas preguntas como ésta, aparece una especie de disonancia cognitiva pues el individuo no puede dar razones racionales para justificar su rechazo. Es por eso que Haidt apela a la intuición: hay algo en nuestra intuición que nos hace rechazar este tipo de relaciones, primero las rechazamos y después las racionalizamos con argumentos racionales.

Para Haidt la mayor parte de nuestras decisiones morales se encuentra en nuestras intuiciones automáticas, Más concretamente se encuentra en nuestras tripas, hay algo en el incesto que nos repugna.

Ahora supongamos que un hombre (o mujer ) casado, se siente profundamente atraido por una tercera persona. Ambos pactan encontrarse en un hotel y tener una relación sexual, mantienen entre sí una relación de amistad duradera con algunos encuentros puntuales. Entre sus condiciones se encuentra el pacto de que ninguno quiere divorciarse de su pareja actual, de manera que mantienen su relación de una manera discreta. Nunca nadie supo, intuyó o sospechó nada, ni por parte de ella ni por parte de él.

¿Como valora usted desde el punto de vista moral este supuesto?

Es casi seguro de que en este segundo caso ya no haya tanto consenso. No voy a dar cifras y me conformo con que cada lector saque sus propias conclusiones y encuentre diferencias y similitudes con el supuesto anterior. Aqui no vendría la repugnancia al rescate de la moral salvo en algunas personas muy pulcras. El adulterio ya ni siquiera es un delito en nuestro mundo, de manera que los que categoricen esta actitud como inmoral tienen un problema adherido: ¿Por qué es inmoral esta conducta? ¿A quién perjudica?

Si pongo estos dos dilemas morales como ejemplo es para señalar que las cuestiones morales tienen al menos dos ejes de torsión, uno que está en las tripas, como ya dije antes y otro es la razón aunque se trate de una razón irrazonable. Y no cabe duda de que en el mundo actual donde cualquier cosa es posible, la repugnancia (la fundacion pureza-santidad de la que hablé en el post anterior) es la ultima trinchera que nos queda para moralizar ciertas conductas.

La clave del asunto es que la moral cambia con la sociedad y aunque ciertas conductas como el homicidio, el maltrato, el robo o el abandono de bebés,(daño-cuidado) siguen siendo penalizadas por casi la mayor parte de la población, ciertas cuestiones han sufrido amplios procesos de desmoralización o naturalización miientras que otras conductas han sufrido el proceso inverso: la moralización.

Conductas que han sufrido procesos de desmoralización.- Se trata de conductas que otrora eran consideradas profundamente inmorales, sobre todo mientras la religión fue la guía de estos preceptos y que hoy han pasado a formar parte de decisiones biomédicas o bien se han separado del todo de un cuestionamiento moral pasando a formar parte de eso que se llama vida privada.

1.- El aborto.

2.-El adulterio.

3.-El alcoholismo.

4.-La toxicomanias incluyendo la ludopatía.

5.-La obesidad.

Conductas que han sufrido procesos de moralización.- Se trata de conductas que otrora eran neutras desde el punto de vista moral, (aunque algunas religiones las recogían entre sus preceptos) y que hoy se plantean como opciones morales en algunas formas de vida como por ejemplo el vegetarianismo.

1.-Comer carne

2.- Fumar cigarrillos o cigarros en publico.

3.-La prescripción de hacer ejercicio.

4.-El animalismo y las causas de defensa de los animales.

5.-Los alimentos ecológicos.

6.- Cierto tipo de terapias y de tratamientos alternativos.

7.-El amamantamiento prolongado.

Cuestiones nuevas.-

1.- Todo lo relacionado con las tecnologías reproductivas plantea innumerables enigmas biomédicos. ¿Qué hacer con los embriones congelados? ¿Es moral embarazarse estando soltera? por no hablar de todas las tecnologias futuras que aparecerán como posibilidades técnicas y que aun no hemos sido capaces de plantearnos siquiera su existencia.

En conclusión:

1.- Todo parece indicar que la moral no es un órgano del cerebro como supuso Freud, sino un almacén de posibilidades interpersonales de convivencia con cargas de prohibición/tolerancia que se encuentran dispersas en la cultura y que cada individuo introyecta “para sí” de acuerdo con sus preferencias de vida o concepción del mundo. Del mismo modo es necesario decir que este “Superyó” virtual es muy sobornable y basta con que aparezcan ventajas adheridas a la transgresión para que el individuo incumpla su propio código moral.

2.- La caida de las religiones como guardianas de los preceptos morales ha conformado un desorden moral en el mundo de tal modo que cada persona ha construido una guia moral a su medida no necesariamente vinculada con el bien social sino con su propia percepción de lo que es motivo de sanción y lo que es tolerable.

Sin embargo la desaparición de las religiones no ha impedido que nuevas prohibiciones con carga moralizante hayan aparecido en escena bajo la tutela médica, alimentaria o reproductiva, un ejemplo desconcertante de ello es la prohibición de fumar en lugares publicos bajo el pretexto del daño a los “fumadores pasivos” y cuya contraparte es la tolerancia que se tiene con las drogas ilegales o los contaminantes industriales, de los motores de los automoviles o de la industria textil. La paradoja de este enredo es que usted puede ser multado por fumarse un cigarrillo y es probable que cobre una pensión si tiene un diagnóstico de cocainomania.

3.-Todo parece indicar que ha habido un corrimiento de escenas con carga moral, una vez abolidos el sexo, el alcohol y la comida como vicios eternos del hombre y desplazados a la biomedicina, es necesario inventar otros símbolos sagrados que adorar: el culto por lo natural, el aspecto y modificación del cuerpo por la cirugía o el fitness o el rechazo de las proteinas animales por impuras parecen haber tomado el relevo a las impurezas de antaño.

4.- Todo ello tiene consecuencias para el tratamiento de las desviaciones, aquellos que traspasaron determinados umbrales de tolerancia en la convivencia social pueden ser etiquetados como enfermos mentales, adictos, es decir irresponsables, lo que es lo mismo que decir alienados o inocentes. La mayor parte de los sufrimientos humanos están bien contabilizados, sin embargo las soluciones que se proponen para su atención parecen estar desviadas de su epicentro. Asi no es raro que un problema fundamentalmente moral se despiste en un tratamiento médico que por supuesto no aporta nada sino irresponsabilidad. En este post podemos ver cuales son las causas del sufrimiento de los humanos y las soluciones que se proponen.

Tambien puede el lector visitar este enlace donde el autor se pregunta ¿Son las adicciones enfermedades cerebrales?

En esta misma entrada deje mi opinión sobre este asunto:

“Lo que diferencia una enfermedad verdadera de una adicción, es el hecho de que las enfermedades son espontáneas, es decir suceden más allá de la voluntad del propio sujeto. Algo que se encuentra bastante alejado de la “voluntariedad” que manifiestan las adicciones. En cualquier caso se trata de una “enfermedad” autoinducida lo que la diferencia de las demás y no sólo eso sino que una adicción supone siempre el quebrantamiento de un consenso moral: las drogas son ilegales (casi todas) porque el Estado las ha prohibido por sus efectos adversos y visibles con rapidez, los que caen en ellas antes de ser enfermos son transgresores de una norma civica.

Por otro lado el criterio de cambios cerebrales por sí mismo no justifica el calificativo de “enfermedad”.

No debemos perder de vista que ciertos procesos han sido sometidos a una “moralización” por ejemplo la prohibición de comer carne en ciertas religiones o en los vegetarianos, mientras que otras conductas han sido sometidas a una desmoralización (o una naturalización), significa que las adicciones han pasado de considerarse “vicios” a considerarse “enfermedades”. Mi opinión es que al sustraerles la parte moral a este tipo de conductas les hemos quitado tambien la posibilidad de redimirlas a través de otra conducta moral. Por ejemplo el alcoholismo se cura a través de una especie de “religión” como la que proponen las ordenanzas de “alcoholicos anonimos” que prescriben una supresión del alcohol de por vida (similar a la que postulan las religiones). En mi opinión estas técnicas tienen más éxito que las medicas pues devuelven al individuo cierto control sobre su conducta, mientras que la medicalización de las mismas tiene un éxito muy relativo y menor”.

El tratamiento moral que inventó Pinel no ha sido explorado lo suficiente por las sociedades modernas y nos encontramos hoy con que casi cualquier conducta irrazonable es susceptible de ser catalogada o bien por la psiquiatria o bien por la medicina en general.

Como si no hubieran otros modos de redimir al hombre de sus errores o de su tendencia a saltarse ciertos limites.

5.- La proliferación de morales individuales operan descontextualizando la moral colectiva y los consensos alcanzados sobre las normas colectivas para hacer de las comunidades entidades laboriosas y cooperativas. Ciertamente muchas de esas normas eran posiblemente injustas o están obsoletas por el cambio de mentalidad o los hallazgos de la ciencia o las normas de higiene, lo que explica que ciertas costumbres sexuales se hayan generalizado (felación, cunnilingus, coito anal) y hayan perdido su cualidad defensiva frente al contagio de enfermedades infecciosas.

Actualizar estas normas parece sensato dado los cambios culturales y sociales que se han producido al menos en las sociedades avanzadas. Lo paradójico sin embargo es que pareciera como si una vez que se ha superado un tabú inútil aparece en otro lugar y con otra forma un tabú similar que vuelve a imponerse a los demás como una verdad revelada aunque con otros argumentos distintos a los religiosos.

A propósito de:

La sabiduría de la repugnancia moral de Leon Kass